Marilyn Manson ha tenido una carrera profesional irregular, pese a su prometedor inicio. Su segundo disco 'Antichrist Superstar' (1996), producido por Trent Reznor, agitó los cimientos del metal con un sonido potente y vanguardista, inclasificable y sublime. Rabia incontenida en forma de acordes crudos. De este modo, arrancaba una trilogía musical que situó al grupo estadounidense en lo más alto. La estrella del rock, que siempre deseó ser, lucía mucho a finales del siglo XX.
Todo lo que sube, baja; y en este caso planea. Las idas y venidas de miembros importantes en la formación, como Twiggy Ramirez, y los vaivenes discográficos, algunos más acertados que otros, como ese elegante 'The Pale Emperor' (2015), han hecho que pasara de llenar estadios y aparecer en todas las portadas a conformarse con giras en pabellones de tamaño mediano y ser noticia por otras circunstancias.
Brian Hugh Warner, el nombre real de Marilyn Manson, siempre ha vivido en el filo de la navaja, y disfrutaba de esa controversia. Era el hombre al que había que temer. La provocación era parte de su espectáculo, de su teatro de emociones sobre los escenarios. Hasta que la polémica salpicó a su vida personal de manera pública, acusado de agresiones sexuales.
La llegada de Tyler Bates a la formación dibujan una nueva etapa, menos rebelde y más reflexiva, más acorde con el devenir de los años. No va a haber una segunda parte del Antichrist Superstar porque la expectación no es la misma que el 1996, ni siquiera la banda es la misma. Tampoco el público es el mismo. La crisálida quedó atrás y la metamorfosis ha traído un nuevo mundo. Y ese nuevo mundo no parece necesitar a Marilyn Manson.
Marilyn Manson + Dead Posey en el Palacio Vistalegre (Madrid), 28 de noviembre de 2025
El cariño y el amor muchas veces no se puede explicar. Uno quiere a
veces al que no puede y otras veces al que no debe. Se puede apreciar mucho la música de Marilyn Manson, entender a las víctimas y señalar al verdugo de este juicio popular. Se puede separar arte de artista, y en ese proceso nos encontramos.
Como polillas que se acercan a la llama, el Palacio Vistalegre se fue llenando para asistir a otro concierto del 'reverendo' en la capital, quien va camino de cumplir las tres décadas de actuaciones en Madrid. Algunas mejores y otras mejorables, porque su relación con esta ciudad siempre ha sido singular.
La simbología siempre ha tenido mucho peso en Marilyn Manson, especialmente el tarot y la imaginería cristiana. Siete Cruces de Lorena parpadeaban en tonos rojos y blancos entre la oscuridad para indicar el inicio del ritual, el cual necesitaba magia tras el fuego avivado por Dead Posey, cuya cantante Danyell Souza, una mujer con mucho carisma, se llegó a entremezclar por la pista en su brillante actuación.
Marilyn Manson salía a las 21:00 horas entre la penumbra luciendo un evidente gran estado físico, después de varias giras donde su aspecto era menos saludable, y lo hacía con Nod If You Understand el cual parece una pista descartada de finales de los 90, pero sin la fuerza de entonces. El objetivo era presentar el último álbum y así lo constataba con esta apertura que pillaba todavía fría a la audiencia que ya rebosaba la Plaza de Toros.
Pronto asomaba la particular Santísima Trinidad discográfica del que fuera sacerdote de Satán en su día. Sonaban la potente Disposable Teens, del 'Holy Wood (In the Shadow of the Valley of Death)', esas guitarras afiladas con las que rasga el Angel With The Scabbed Wings, del 'Antichrist Superstar', y la vuelta a la superficie con el Great Big White World del 'Mechanical Animals'. Tres muestras de su mejor época, y el público lo agradecía. Y enloquecía.
Si algo caracteriza tradicionalmente a Manson en los directos es la escasa interacción con el público, un repertorio lleno de sorpresas, con ausencias notables, y una duración por debajo de dos horas. Cumplió con casi todo el guion, menos con su actitud. De hecho, estuvo dialogante, reivindicativo, dirigiéndose a los fans y muy metido en su papel.
One Assassination Under God, el título homónimo del último trabajo, era de esperar que sonara en el setlist. Y lo hizo que ese tono muy cinematográfico, oscuro y gótico gracias al apoyo de los teclados y que lleva el inconfundible dirección de Tyler Bates. Temazo envuelto en terciopelo negro que habría aplaudido David Lynch.
Como si fuera una ruleta rusa con pocas balas y muchos huecos, This Is The New Shit precedía a The Reflecting God, otra de esas piezas de orfebrería que tiene el Antichrist. Un álbum difícil de escuchar al principio pero difícil de olvidar después. Sacrilegious es como un autoplagio de éxitos anteriores en su carrera. En directo gana más, pero sigue siendo menos de lo que apunta.
El espectáculo ya había cruzado su ecuador en un visto y no visto. The Dope Show y I Don't Like The Drugs (But The Drugs Like Me) se solapaban y recuperaban la época glam de la formación para llegar al As Sick as the Secrets Within. Una confesión hecha canción, una temática que se repite en el álbum, y que destaca en este último disco, especialmente por los primeros riffs, marca de la casa.
Marilyn Manson es muy dado a las versiones. No hay duda que con el Sweet Dreams de Eurythmics lo bordó. El tono tétrico y pausado fue un tremendo acierto para modernizar y oscurecer un hit ochentero del synth pop. Un clásico que no debe de faltar nunca en un concierto suyo, donde le añade un tono aún más lúgubre cantando ante un micrófono iluminado. Aquí Vistalegre pidió su turno para cantar y Manson concedió el deseo.
Antes del doble bis llegaba mOBSCENE, que bebe mucho, demasiado, del Be Agressive de Faith No More, especialmente en los coros, y The Beautiful People, el himno de Marilyn Manson por el que fue aclamado en su momento por crítica y público. Y el público siempre desea botar, vibrar y dejarse las gargantas en el estribillo.
Tras la pausa, se abrían las heridas de nuevo con Tourniquet, el cual conducía de nuevo a Vistalegre por esa colosal sinfonía industrial que es el 'Antichrist Superstar'. Lo hacía como antaño, subido en unos interminables zancos y conservando el equilibrio. Meritorio y circense.
Antes de que las trompetas del Apocalipsis llamaran al final del mundo, Coma White cerraba la noche bajo unos copos llovidos, como si fuera Vistalegre una gran bola de nieve agitada, con ese críptico mensaje "eras de un mundo perfecto, un mundo que me desechó hoy", aunque por esta noche sigamos teniendo a Marilyn Manson entre nosotros, por fortuna para el arte y para su verdadera 'gente guapa', quienes han disfrutado de un renovado artista.



No hay comentarios:
Publicar un comentario