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martes, 24 de marzo de 2026

Suede: sensualidad, verdades y cintas de vídeo

 Así como hay cuatro jinetes del Apocalipsis, 4 fantásticos y cuatro tortugas ninjas, en el rock también hay cuatro grandes: los del thrash metal (Metallica, Megadeth, Slayer y Anthrax), los de Seattle (Nirvana, Pearl Jam, Alice In Chains y Soundgarden) y los del brit-pop (Oasis, Blur, Pulp y Suede).

Suede era el más elegante de este cuarteto de grupos británicos, como ese chaval que no se mete en problemas mientras sus compañeros de viaje hacen el gamberro, especialmente Oasis y Blur, con esa pugna que recordaba al pulso que mantuvieron en su momento los Rolling y los Beatles. Suede era ese chico triste que dibujaba en el recreo mientras fumaba. Pura sofisticación.

Eran la enésima banda favorita del Reino Unido, justo en el instante en el que surgían muchas bandas favoritas para algunas generaciones. Los dos primeros discos, 'Suede' (1993) y 'Dog Man Star' (1994), fueron dos obras maestras, muy similares en algunos aspectos y distintas en otros, pasando de publicar un disco crudo, directo y con aires juveniles, a un trabajo más reflexivo, nihilista y musicalmente recargado con arreglos orquestales. El virtuosismo del guitarrista Bernard Butler encajaba en la sensualidad que impregnaba Brett Anderson. Una fórmula que apuntaba a ser más exitosa que la de Coca-Cola.

La química entre ambos se rompió en 1994 con la marcha de Butler, pero no la trayectoria del grupo, el cual reclutó a un jovencísimo y talentoso Richard Oakes para seguir seduciendo. Sería en 2004 cuando la formación se tomó un largo paréntesis que se abriría de nuevo en 2010. Así hasta el presente, tras muchos aciertos, algunos errores y un sinfín de recuerdos sobre el asfalto.

 'Antidepressants' (2025) es el décimo disco, con Brett Anderson al micrófono, Mat Osman al bajo y Simon Gilbert a la batería, tres de los pilares del grupo desde su fundación; Richard Oakes a la guitarra y al piano, y Neil Codling como guitarrista y teclista. Quinteto actual de garantías para otra nueva gira. Aquel chico que fumaba y dibujaba en el recreo ha crecido, pero no ha perdido la intensidad en su mirada.


Suede + Swim School en la Sala La Riviera de Madrid, 23 de marzo de 2026

 Parafraseando al protagonista del libro de Alta Fidelidad, escrito por Nick Hornby, no sé si escuchamos a Suede porque estamos tristes, o si estamos tristes porque escuchamos a Suede.

En un universo musical donde los grupos suelen calcar el repertorio de una ciudad a otra, Suede está cambiando el patrón en este tour, demostrando que son un grupo distinto, ajeno a las reglas. Es una metáfora perfecta de su propia propuesta: personal e impredecible. 

Tras una buena actuación de los escoceses Swim School, muy en la onda de Garbage, Suede saludaba a La Riviera con dos muestras del último álbum: Disintegrate, con una fuerte papel en la percusión, y el tema homónimo al último trabajo Antidepressants, con aires post-punk a lo Joy Division o New Order. Mientras que Trash y Animal Nitrate devolvían al grupo al siglo anterior con un estilo pop y más indie.

A Brett le ha cambiado la voz, ahora es más áspera y menos aterciopelada, será cosa de la edad o del tabaco, o de ambos factores, pero sigue siendo un timbre igual de magnético. Porque él es de esas personas que conquistan con su cuerpo, su carisma y su voz. Bendita voz, aunque esta noche no estuviera en su mejor versión.

Concierto de Suede en La Riviera, vía www.setlist.fm

The Drowners fue el single con el que debutó Suede en un ya lejano 1992. Lo bueno es que se mantiene fresco, actual y cercano, máxime si la estrella baja de los cielos para mezclarse con el público, para delirio de sus fans masculinos y, especialmente, femeninos.

El combo británico no quería dejarse ninguna etapa, aunque ello supusiera sacrificar clásicos, y diluir la actuación. It Starts And Ends With You, Pale Snow, con esa interesante atmósfera que dan los sintetizadores, y I Don't Know To Reach You rebajaban la frecuencia cardiaca hasta la aparición de la siempre alegre Filmstar, recibida con un tono festivo, al igual que Can't Get Enough, con esos coros que buscan y encuentran complicidad.

Brett no paraba de moverse, contornearse, hacer girar al micrófono sobre sí mismo o subirse a los monitores como un Cristo del Corcovado sobre un pedestal. A estas alturas, llevaba la camisa tan ceñida y empapada que más que ropa parecía un océano de su propia deshidratación, como un sufrido veraneante disfrutando de la playa.

Pocos grupos encajan tan bien en una tarde lluviosa como Suede. Pocos grupos suenan tan bien en un coche, en una carretera oscura. Pocos grupos pueden hacerte llorar de emoción, ya sea bajo la lluvia o conduciendo. Eso es Suede: una banda que convierte cualquier momento en algo íntimo, especialmente si suena June Rain, de los mejores temas que han compuesto en las últimas décadas.

 She Still Leads Me es una elegía a la madre de Brett. Instrumentalmente es positiva, muy en la línea armónica de Echo & The Bunnymen o The Cure, pero frágil en su esencia.

  Trance State rezuma a escena de Miami Vice, ochentera, con los sintetizadores sonando mientras la brisa te despeina en un descapotable. Michael Mann al imaginario volante en este tema tan cinematográfico. 'Autofiction' es la versión punk de Suede, potente pero sin perder el glamour.

 The Wild Ones llegaba en formato acústico, con Richard a la guitarra, y Brett a capela, permitiéndose el lujo de cantar una parte sin la ayuda del micrófono, pese a que tenía la voz tomada. Otro logro más que desbloqueaba el artista, que sigue en su prime gracias a la implicación.

El tramo final era un maravilloso discurrir entre nuestra vidas, entre las adolescencias y etapas juveniles de los presentes. Todo a ritmo de palmas y de éxitos como Everything Will Flow, Beautiful Ones, Metal Mickey o So Young. Ya no somos tan jóvenes como cuando sonaba, pero Brett sabe que es eternamente atractivo y arrebatador y juega con ello, y los que no somos guapos y arrebatadores jugamos a serlo a veces, aunque sabemos que perdemos esa partida. Él es el Dorian Grey del rock alternativo.

 Todavía había tiempo para un bis, aunque en el camino se quedaran tantas joyas sin asomar. Decía Brett Anderson que escribió Dancing With The Europeans por la inspiración que tuvo en España por su especial conexión con el público, como el de esta noche de Madrid, que después de tanta nostalgia y melancolía no ha parado de bailar con sensualidad al ritmo de Suede.


domingo, 15 de marzo de 2026

Grey Daze: el legado grunge de Chester Bennington está vivo

 Sustituir a un cantante es una de las tareas más complicadas que existen para un grupo musical. Sustituir a un cantante por fallecimiento es una labor todavía más delicada. Linkin' Park ha sufrido ese trance tras la pérdida de Chester Bennington en 2017, quien dejó huérfanos a millones de fans.

Antes de que Linkin' Park se convirtieran en ídolos de masas, Chester había hecho sus primeros pinitos musicales en la década de los 90 junto al baterista Sean Dowdell, en una época marcada por el estilo grunge que impregna el sonido de aquel proyecto musical llamado Grey Daze, heredero del estilo de Alice In Chains y Stone Temple Pilots.

Tras dos décadas de silencio prolongado y tras dos álbumes de estudio 'Wake Me' (1994) y 'No Sun Today' (1997), Grey Daze volvió en 2016 a la actividad, pero la muerte de Chester truncó el plan. Tras un concierto homenaje en 2023, con gran recibimiento de los seguidores, reavivaron la llama que ya había empezado a crepitar con 'Amends' (2020), una versión instrumental modernizada manteniendo la voz de Chester, al igual que con 'The Phoenix' (2022).

Ahora, con un nuevo EP y ya con la voz de Cris Hodges como pieza angular desde 2023, han llegado a España por primera vez, en una gira de escenarios pequeños con la que conectar mejor con su fiel audiencia, y ver cuál es su dimensión. Empezar nunca fue fácil. Empezar cuando ya habías empezado es todavía más complicado.

Grey Daze, Madrid, Sala UNI

Grey Daze + Jack Bennett en la Sala UNI de Madrid, 14 de marzo de 2026

La Sala UNI es un pequeño local en Madrid, en el corazón de Chamberí, que pasa bastante desapercibida desde el exterior. Una bonita metáfora que encaja con la carrera profesional de Grey Daze, quienes han tenido una discografía bastante inadvertida en el mundo del rock, pese a su calidad, pero conocida entre los adeptos de Chester y Linkin' Park.

Unos cuantos privilegiados pudimos asistir previamente a un breve epílogo a cargo de Cristin Davis y Kenny Bulka a la guitarra, Evan Nichols al bajo, Cris Hodges al micrófono y Sean Dowdell en la batería, fundador en el pasado y líder espiritual presente de Grey Daze. El quinteto de Phoenix, Arizona, tocó Monster You Adore y Shadows, esta última elegida por una seguidora.

Grey Daze, Madrid, Sala UNI, 2016, live

 Antes de la descarga definitiva de Grey Daze, Jack Bennett actuó él solo como telonero, y se bastó, con sus guitarras eléctricas y un cartón de gazpacho que no le terminó de convencer. Mucho arte y paciencia para el neoyorquino, que sí convenció a los presentes.

Se iba llenando la sala para comprobar el directo de la banda, que no ha defraudado en absoluto, tanto en fondo como en forma, con una entrega de las que se echan últimamente de menos en el panorama musical.

Arrancaban con More Than I Can Offer, del nuevo EP homónimo, con un Cris desatado que se mostraba como un león enjaulado, dando vueltas entre sus compañeros, pese a la estrechez del escenario. La tranquilidad asomaba parcialmente con She Shines, con esos vaivenes que seducen constantemente. Saturation con los años, y tras la remasterización, se ha vuelto más electrónica y fascinante; cruzando el siglo con estilo.

El vértigo seguía con Fake Little Lies, que pertenece también a su reciente EP y muestra la ruta que puede conducir al grupo en los próximos años: algo menos 'grunge' y más experimental, pero igual de contundente.  

Grey Daze, Madrid, Sala UNI, setlist, 2016,

Las sombrías guitarras de Just Like Heroin, tan poéticamente derrotistas, recuerdan a las baladas de Nirvana. Por su lado, Holding You en su reciente versión es un pelotazo que pone patas arriba cualquier escenario. Ese "Stop Me, If You Can" del estribillo es premonitorio, porque a partir de ese punto la canción se acelera. Cris se había metido al público en el bolsillo, con su alegría contagiosa y sus ganas de congeniar con todos.

Sometimes arranca muy suave para dar gas después, como una Ducati en MotoGP. Un tema que podría haber firmado perfectamente Alice In Chains en los 90. Una década tan creativa como autodestructiva para las estrellas musicales, pero tremendamente estimulante para los que seguimos aquí.

Cris Hodges, Grey Daze,

La melancolía se iba brevemente para dar paso a la felicidad con ese cover popero y divertido que es el Anything, Anything (I'll Give You). Sin descanso, Wake Me y Monster You Adore, aportaban lo viejo y lo nuevo, como las tradiciones de las bodas. Para levantar las copas con Drag, la cual era solo una voz en la sala, con unos coros espectaculares llenos de desolación.

Cada grupo tiene un tema bandera, a veces tres o cuatro para ondear, por lo que Morei Sky podría izarse como una de ellas. No es solo una canción, es también una confidencia hecha en un diario imaginario. Frases que se tatúan en el alma como "If I had a second chance, I'd make amends. Only to find myself Losing in the end". Y Cris se lo tomó al pie de la letra, porque abandonó el escenario para perderse literalmente entre la gente en otro de los momentos de la noche. Una catarsis grupal.

 

Cris Hodges, Grey Daze, live, Madrid,

Still Screaming es otra muestra de lo más reciente del quinteto, perteneciente al recién publicado EP 'More Than I Can Offer' (2026). Justo antes de la sorpresa en forma de Man In The Box, de otra gran voz desaparecida del rock como era la de Layne Staley y sus Alice In Chains.

Más recuerdos y miradas al cielo con Soul Song, otro corte intimista, de los que invitan a ser escuchados en la soledad de la noche y que se quedan perennemente en la cabeza en estado latente, aquí llegó uno de los grandes homenajes a Chester, y es que la canción lo merece, y el artista también. 


Sickness ponía el primer cierre del repertorio con su alternancia de riffs pesados y cambios en el registro de voz, donde se lucía de nuevo Cris, cuyo timbre es muy similar al de Chester, no en vano participó en una banda tributo a Linkin' Park.

El bis final lo rubricó Shadows, y si se alguien necesitaba un chute de vitamina, B12, tan apropiado por el nombre como por el ritmo que marca el bajo y la batería. Es de esos cortes que provocan maremotos sonoros sobre mareas humanas; y en el epicentro, la voz de Cris. Una gran elección para cerrar una grandísima actuación, de las que crean adeptos.

Con Grey Daze siempre uno se plantea lo siguiente: por qué no tuvieron tanto éxito en el pasado y cuándo van a tenerlo en el futuro. El mundo necesitaba a Chester y el circo del rock necesita a grupos como Grey Daze: honestos, con un puñado de grandes canciones y con mucha energía.