Las etiquetas en la música siempre crean controversia. El movimiento emo tuvo una nueva explosión a principios del siglo XXI, justo en el instante en el que el grupo estadounidense My Chemical Romance arrancaba su historia musical.
Etiquetados por momentos como emos, debido a la emotividad y un dramatismo recargado de sus canciones y a la estética usada —caracterizada por largos flequillos y el uso de rímel—, se han pasado buena parte de su vida desubicados o maltratados por parte de la escena metalera, mientras sus éxitos no dejaban de aparecer con fuerza.
Especialmente en 2006, cuando el interesantísimo álbum conceptual 'The Black Parade', con un rock alternativo con algo de base punk, ecos de Queen y una banda en estado de gracia compositivo, convencían a algunos escépticos y enamoraban a las multitudes.
Ahora, años después, y tras el anunciado regreso en 2019, MCR engrasa la maquinaria para una gira de recuerdo del 'The Black Parade'. Un álbum que cumple 20 años; curiosamente, la misma edad que tenían muchos de aquellos primeros incondicionales que descubrieron a la banda en sus orígenes, allá por el año 2001.
My Chemical Romance + Mogwai en el Iberdrola Music (Madrid), 18 de julio de 2026
Sobre el mismo emplazamiento en el que unos días antes se había celebrado el décimo aniversario del Festival Mad Cool, los escoceses Mogwai abrieron camino con su post-rock muy elegante con guitarreos continuos que generan una atmósfera instrumental densa, con cambios de ritmo y mucha clase.
Gran preámbulo para la ejecución completa del 'The Black Parade', la ópera-rock perpetrada por MCR para una parte de la generación triste, desencantada y desenganchada de la vida, y que encontraba en estas melancólicas letras, a modo casi de epitafio, la alegría, la fe y el vínculo con una banda que parecía leer sus pensamientos.
Un disco al que se le caen los temazos y que merecía esta gira personalizada donde se mezclaban actores, coristas y un grupo recordando un estado de gracia: la teatralidad de Welcome To The Black Parade, el drama de I Don't Love You o Mama, el exceso de Sleep, la pausa con Disenchanted... todo ello con un tono distópico y orwelliano, con ese ojo que lo ve todo, y circense en algunos instantes, mientras la banda lucía las chaquetas militares negras con las que los hermanos Way, Gerard y Mikey, Ray Toro y Frank Iero conquistaron el mundo y millones de corazones.
La segunda parte del concierto se realizaba en otro escenario, algo más pequeño y más centrado, donde interpretaban una curiosa selección entre éxitos de otros álbumes y canciones menos esperadas, como cuando pides un filete y te sorprende el arroz de la guarnición, pero no contabas con la zanahoria. Las reacciones iban por momentos, por oleadas que llegaban a las tres pistas del recinto Iberdrola. Eso sí, la voz de Gerard Way había ganado fuerza tras la pausa de hidratación.
Aquí ya no había ropa marcial ni se guardaba el orden del disco; aquí era la anarquía y una ruleta de canciones que han sonado en unas ciudades sí y en otras no, con la salvedad de que algunas sí han estado en todas las citas, como si fueran las estrellas de un equipo dentro de una convocatoria.
¿Entre las sorpresas? The Foundations Of Decay o Our Lady Of Sorrows, que no son muy habituales en sus repertorios.
¿Entre las más esperadas? Obviamente Na Na Na (Na Na Na Na Na Na Na Na Na), I'm Not Okay, SING o Helena, con ese ritmo endiablado y ese inolvidable videoclip muy cinematográfico que es imposible de quitar de la cabeza. No en vano obra del director Marc Webb. Un himno con el que cerraron su actuación, de un modo algo abrupto y sin posibilidad de bis.
Todas no podían estar, pero algunas deberían haber estado. Desgraciadamente en Madrid no sonó Boy Division, ese secundario de lujo que es como un gregario que podría ganar el Tour, ni tampoco Demolition Lovers, esa poética y rebelde versión personal de Bonnie & Clyde tan alocada como la vida de esos famosos prófugos. O The Kids From Yesterday, algo imperdonable viendo el setlist de otras ciudades.
Y es que los chicos de ayer ya son los adultos de hoy. Las lágrimas del pasado en unos casos son sonrisas y en otros sigue habiendo dolor. El seguidor de My Chemical Romance ha madurado, pero ansiaba ver junto a su padre —o sin él, desgraciadamente— a su banda marchando en este oscuro desfile al que ha acabado dando una calurosa bienvenida.


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