viernes, 30 de abril de 2021

El cuarto título de Ayrton Senna llegó con Brasil en el Mundial de fútbol

Hay fechas grabadas en el corazón de los aficionados. El 1 de mayo de 1994, el día que murió Ayrton Senna en Imola (Italia) es una de ellas. Un día en el que además del mundo del motor, lloró un país entero. Brasil era una nación inconsolable. 

Una serie de fatalidades convirtió al GP de San Marino de 1994 en uno de los más luctuosos de toda la historia. Arrancaba el viernes con un joven Rubens Barrichello sufriendo un grave accidente, como queriendo presagiar la fatalidad que vendría después, con el austriaco Roland Ratzenberger perdiendo la vida en la jornada de clasificación del sábado y Senna falleciendo el domingo en la curva de Tamburello.




Cerca del propio muro donde impactó Senna, junto al río, es donde se encuentra la estatua del tricampeón del mundo de F1. Su imagen serena y sempiterna siempre está acompañada de banderas brasileñas y del Corinthians. Porque el fútbol era otra de sus pasiones.



El conjunto paulista de Corinthians nunca se olvida del gran Senna. Muchos homenajes ha realizado el ‘Timao’ al piloto de F1, como saltar todo el once con el casco amarillo que habitualmente lucia, o incluso imitando los colores del monoplaza Lotus, ese negro y oro tan característico que se trasladaba a la camisola corinthiana, con su firma en el pecho. 



Aquel accidente de 1994 impactó a la sociedad brasileña., dejando huérfano a un país que abraza a sus ídolos como pocos en el mundo. La selección brasileña de fútbol no fue ajena a este dolor. La ‘Seleçao’, que participaba ese verano en la Copa del Mundo, tenía en mente dedicar el triunfo al piloto paulista.

La Copa del Mundo de Estados Unidos 1994 dejó a todos los aficionados del planeta varias imágenes para la posteridad. Desde la caída de la portería en el México - Bulgaría, pasando por el codazo del italiano Tassotti a Luis Enrique en el Italia - España para terminar con el baile de Bebeto, acunando al aire, como homenaje a su recién nacido, gesto al que se sumaron Mazinho y Romario. A estas tres instantáneas se les sumaría una última muy especial y emotiva. 



La ‘Canarinha’, que al igual que Senna era en aquel momento tricampeona del mundo, llegaba a la final contra Italia. Los nervios propios de la cita se acentuaban con el empate sin goles en los 120 minutos y por el hecho  decidir el ganador desde el punto de penalti, la primera vez que esto ocurría en una Copa del Mundo.

Los dos primeros lanzamientos desde los once metros fueron fallados por parte de Baresi y Marcio Santos, pero fueron Massano, con parada de Taffarel, y especialmente Roberto Biaggio, con ese balón que se perdía en la grada, los errores que condenaron a Italia en la tanda. Dado que Romario, Branco y Dunga anotaban sus disparos y hacían que Brasil se proclamara campeón.

Precisamente era Dunga el que alzaba al cielo de Pasadena el título de campeón del mundo para Brasil. El ansiado tetracampeonato. Y mientras el levantaba alzaba el trofeo, varios internacionales de Brasil sacaban una emotiva pancarta que después sirvió de fondo para la foto de todo el equipo. En ella rezaba el siguiente mensaje: “Senna, aceleramos juntos ¡El tetra es nuestro!”.    

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