domingo, 17 de septiembre de 2017

El primer título de Liga de la Real Sociedad fue el más corto de la historia del Real Madrid

Antes de que el Real Madrid convirtiera a Tenerife en su isla maldita, dejándose dos campeonatos de Ligas en tierras canarias, el conjunto blanco vivió una situación similar, e incluso peor, cuando se precipitó en celebrar un título que terminó convirtiéndose en el primer alirón de la Real Sociedad.

Real Sociedad, Real Madrid y Atlético mantenían un bonito duelo por el campeonato en la temporada 1980-81. A dos jornadas del final, el triunfo blanco en el derbi dejaba a los colchoneros fuera de combate y a los madridistas como la única amenaza donostiarra para alcanzar el título.

La Real Sociedad afrontaba la última jornada con 44 puntos y una incómoda visita al Molinón, mientras que el Real Madrid viajaba con 43 puntos a Valladolid, un rival que tradicionalmente se le da bien a los merengues como visitante. Para lograr el campeonato español, el cual sumaba por aquel entonces dos puntos por triunfo, el Real Madrid necesitaba ganar y que la Real perdiera, dado que el empate a puntos beneficiaba a los vascos.

Los blancos no empezaron bien su partido ante los pucelanos en el viejo Zorrilla aquel 26 de abril de 1981. Un gol anulado al Real Valladolid suponía el primer susto blanco de una tarde dominical que estaría repleta de sobresaltos. Mientras, la Real Sociedad, que disputaba su encuentro a la vez, a las 17:30 horas, se adelantaba en el Molinón tras un claro penalti a López Ufarte de Maceda, posteriormente jugador del Real Madrid, anotado por Kortabarría, famoso también por ser uno de los jugadores que portara la ikurriña -todavía prohibida-, junto a Iribar, en el césped de Atotxa en el célebre derbi vasco de 1976.

Sporting - Real Sociedad, en la última jornada de la Liga en 1981.

La tensión y los nervios eran palpables. Por ello, el colegiado Pes Pérez había pedido en la primera mitad que la megafonía del estadio vallisoletano no volviera a informar de los resultados que venían desde Asturias para así no inquietar más tanto a los aficionados como futbolistas. 

Dos goles al unísono y justo antes del descanso, Mesa en Gijón bajo un césped encharcado y Santillana en Valladolid aprovechando una indecisión blanquivioleta, devolvían la emoción al desenlace del campeonato, que todavía estaba en manos guipuzcoanas por tener un mejor goalaverage en los duelos particulares -3-1 había ganado la Real en San Sebastián frente al 1-0 del Real Madrid en Chamartín-. Con los resultados vividos en ambos campos, la primera parte terminaba con el título momentáneo a favor de la Real Sociedad.


Alineación Real Madrid esa jornada: Agustín; Camacho, García Navajas, Sabido, García Cortés; García Hernández, Stielike, Del Bosque, Isidro; Santillana, Juanito (Cambios: Miguel Ángel, Pineda) Entrenador: Boskov.

Alineación Real Sociedad esa jornada: Arconada; Olaizola, Górriz, Kortabarría, Celazeta; Zamora, Perico Alonso; Diego, López Ufarte; Satrústegui, Idígoras (Cambios: Larrañaga, Bakero) Entrenador: Ormaetxea.

Las segundas mitades arrancaron con mucho ritmo. Otro gol de Mesa en el minuto 46' cambiaba la alegría de ciudad y de estadio. El tanto del Sporting, 2-1 en aquel momento, hacía al Real Madrid líder. El empate de Moré para el Real Valladolid ofrecía el enésimo cambio de guión de la tarde, que no el último, porque Santillana en el 72' y Stielike en el 84' echaban tierra de por medio y aseguraban un sufrido triunfo merengue en Valladolid. A la espera de que el resultado en El Molinón siguiera siendo el mismo para poder cantar el alirón.



En el minuto 89 se registraba un 1-3 del Real Madrid en Valladolid y el 2-1 del Sporting frente a la Real, justo la fórmula que hacía campeón a los blancos. Y eso es lo que creyó la plantilla del Real Madrid, porque las informaciones de aquel entonces, en una época sin móviles, con marcadores que eran cambiados manualmente y con menos intercomunicación, eran confusas pero hablaban de la victoria sportinguista, celebrada con énfasis por parte de la parroquia madridista, quienes incluso daban entrada al mítico portero Miguel Ángel en un cambio con sabor homenaje para que celebrara el supuesto título.

El resto del plantel vivía un éxtasis mayor. García Hernández se lanzaba al césped para ser abrazado por Sabido. Para complicar más la situación, alguien confundió a Juanito al mencionar un tercer tanto del Sporting, haciendo que '7' brincara de alegría y extendiera a sus compañeros la 'noticia', preparado para cumplir la promesa que de desplazarse de rodillas hasta el vestuario. El pitido final desató la locura entre los merengues, abrazados y disfrutando del alirón más corto en la historia del Real Madrid. Porque aquella edición 50ª de La Liga se marcharía definitivamente a San Sebastián, pocos segundos después.

Jugadores del Real Madrid abrazándose al pensar que eran campeones de Liga.
El encuentro en El Molinón no había terminado todavía, marchaba con algo de retraso, y en una embarullada jugada, en la que el barro ya era otro invitado más al partido, y tras un intento de pase sobre Perico Alonso, padre del futuro madridista Xabi Alonso, llegaba un balón muerto a Jesús Mari Zamora para que batiera al guardameta Castro, hermano de Quini, situando el empate y devolviendo el trofeo liguero a la Real Sociedad. La noticia del empate fue poco a poco llegando a Valladolid, convirtiéndose en un jarro de agua fría para los madridistas.

Más emociones no se podían pedir a una tarde irrepetible de fútbol auténtico donde las falsas informaciones, hasta el mítico portero vasco Luis Miguel Arconada reconocería después que a le habían dicho que el Valladolid iba ganando todo el partido, fueron tan protagonistas como el gol de Zamora o la corta, pero efusiva celebración, de un Madrid que fue campeón por unos minutos de una edición legendaria. La Real Sociedad conseguía, de este alocado modo, su primera liga de la historia.

viernes, 4 de agosto de 2017

Hamman puso el punto seguido al antiguo Wembley

El antiguo Wembley pertenece a ese selecto club de estadios que se han convertido en templos del fútbol. Inaugurado en 1923, y derruido en 2002 para ser reconstruido sobre el mismo terreno, vivió y vive grandes momentos tantos en la historia del deporte como de la música. Tuvo que ser un futbolista alemán, Dietmar Hamman, el que pusiera punto seguido a la magia de esta catedral futbolística en su primera etapa.

El viejo Wembley fue el escenario de todas las finales de la F.A. Cup, con el paréntesis de 1970 cuando se repitió la final en Old Trafford. Precisamente fue una cita copera, en 1923 entre Bolton y West Ham, la que sirvió de estreno al estadio. Aquel partido pasó a la historia no solo por ser el primero celebrado en Wembley, sino también por la imagen icónica de un caballo blanco de la policía, cuyo color realmente sería grisáceo, dividiendo a la multitud, la cual rebasaba cualquier expectativa de afluencia.

La policía trata, sin éxito, de contener al público en la final del 'caballo blanco'.
Bajo las legendarias torres gemelas del feudo londinense, tan míticas como los 39 escalones de distancia que había hasta el palco, Wembley fue acrecentando su fama como casa de la selección inglesa y por acoger hasta cinco finales de la Copa de Europa, entre ellas la que significó el primer título para el Barcelona en 1992, también de la Recopa, además de ser sede del Mundial de 1966, incluyendo la polémica final ante Alemania Federal e Inglaterra con el gol fantasma de Hurst que dio el único campeonato mundial a los británicos, y de la Eurocopa de 1996, donde Alemania cobró su particular venganza al llevarse un título que ansiaban los ingleses como los anfitriones.


El último partido disputado en Wembley no podía ser otro que un Inglaterra contra Alemania, correspondiente a la fase de clasificación del Mundial 2002. El único gol del encuentro de aquel 7 de octubre de 2000 fue anotado por Hamman de violento disparo, quien por entonces jugaba en la Premier, para dar mayor morbo a la derrota, defendiendo los colores del Liverpool.



El hogar de todos los deportes
Wembley no solo ha sido la cuna del fútbol inglés. El recinto londinense albergó los Juegos Olímpicos de 1948 y también se disputaron encuentros de rugby internacionales, así como pruebas hípicas y encuentros de exhibición de lacrosse, fútbol gaélico o fútbol americano. Además de atletismo o pruebas olímpicas, en Wembley también ejerció regularmente de canódromo o acogió pruebas de velocidad de coches, como si fuera un circuito más del calendario automovilístico.

El mejor escenario del mundo
Wembley se transformó también en el escenario más deseado de la música pop y rock. Llenar las gradas, o simplemente tocar en el estadio era sinónimo de éxito. Muchos de ellos terminaron grabando dichos directos para convertirlos en discos, casos de Queen o el famoso Live Aid, concierto multitudinario de carácter benéfico celebrado en 1985. Aunque de todos los artistas que más veces actuaron fue Michael Jackson, encabezando una lista en la que asoman nombre tan variados como Celine Dion, Tina Turner, Madonna, Guns N’ Roses, David Bowie, U2, Bruce Springsteen…

Tampoco el cine se olvidó de Wembley, como en la escena inicial de ‘El Discurso del Rey’, con Colin Firth interpretando al monarca Jorge VI, quien libró una dura batalla para superar los trastornos del habla que padecía.

En octubre de 2002 comenzaron las obras de demolición de una de las fachadas del estadio, concretamente la que contenía a las dos torres, símbolo antiguo del recinto que daba su relevo al gran arco que actualmente da personalidad al nuevo estadio, reinaugurado en 2007 sobre el escenario del antiguo emplazamiento, tratando de perpetuar la magia del viejo Wembley.

lunes, 5 de junio de 2017

Guns N' Roses pone el broche de oro al Vicente Calderón

Si el mundo del rock se equipara al del fútbol, Guns N' Roses encarnaría la historia de un histórico que llegó a lo más alto y se terminó descomponiendo para después regresar de nuevo, un cruce entre el Milan, por su regreso a la élite, y el Forest, porque al fin al cabo fue un periodo victorioso breve pero intenso, con una discografía exigua que dejó huella, suficiente para ocupar puestos en el Olimpo de la música y discutirle en trono a Metallica durante la década de los 80 y 90.

En esta vuelta de Guns N' Roses a los ruedos casi con la alineación inicial, contando al menos en la formación con Axl Rose, Duff McKagan y Slash, y brevemente con Izzy Stradlin, regresaban al Vicente Calderón 24 años después de su recordado show en la capital correspondiente a la etapa del 'Use Your Illusion', cuando dominaban el mundo a través de sus guitarras y su fama era más que justificada.

Guns N' Roses, Madrid, Vicente Calderón, GN' R, 1993,

La banda angelina cumplía de este modo el sueño de muchos seguidores de reunir a Axl y Slash sobre un mismo escenario bajo el nombre de Guns N' Roses, después de haber protagonizado numerosos rumores e innumerables riñas durante años, alimentando páginas de revistas y generando multitud de hipótesis.

La publicación del álbum 'Chinese Democracy' en 2008 por parte del vocalista Axl, como único miembro fundador presente, y la posterior gira sirvieron de aperitivo para muchos, de sucedáneo, con un envoltorio parecido al original pero sin llegar a tener el mismo efecto. Un guión parecido al que escribía Slash en paralelo, solo que sin el nombre comercial a sus espaldas, y con la diferencia de que al virtuoso guitarrista los proyectos no paraban de llamar a sus puertas, pero sin el eco del pasado, sin llegar a triunfar por todo lo alto, pese a que el grupo Velvet Revolver, junto a Duff, recibiera siempre elogios por parte de la crítica, pero sin terminar de calar del todo en el público.

Sumar fuerzas siempre ha sido el mejor método para hacer más ruido. Y es lo que pensaron Slash y Axl para 2016, recuperando las antiguas giras de la banda, desempolvando las pistolas y con las rosas cambiadas por estar marchitas, pero llevando en las maletas las mismas viejas melodías, que no son muchas y que caben en los cinco discos que plasmaron juntos, más ese pomposo álbum que firmó Axl. Un quiero y no puedo que siempre echó de menos a Slash, Duff e Izzy y que no paraba de echarlos guiños en la distancia.


Guns N' Roses en el Vicente Calderón, 4 de junio de 2017

El legendario guitarrista Brian May, exmiembro de Queen, y los inclasificables Suicidal Tendencies fueron la curiosa y extraña combinación que sirvieron de teloneros en 1993 a unos Guns N' Roses en pleno apogeo. Ahora, más de dos décadas después, eran Mark Lanegan, antiguo líder de Screaming Trees -grupo clave en la historia del grunge- y Tyler Bryant los que ejercían de maestros de ceremonias ante el regreso de uno de los grupos más míticos del rock, los Guns N' Roses.

Con una puntualidad británica, y desconocida para Axl y compañía, arrancaba un concierto que iba de menos a más, no por los primeros temas elegidos, que eran bastante potentes, It's So Easy, Mr. Brownstone o Welcome To The Jungle, sino por la pobre voz que mostraba el cantante estadounidense, voluntarioso pero sin dar el tono. A este comienzo desdibujado se le sumaba las apariciones de los temas del 'Chinese Democracy', carentes de la popularidad del 'Apettite For Destruction' o del doble álbum 'Use Your Illusion', y los primeros bamboleos en un repertorio con bastantes versiones intercaladas y algún himno propio, como la grandilocuente Estranged, la canción que en su día se convirtió en el videoclip más caro de la historia, hasta que Madonna y Michael Jackson volvieran a hacer saltar la banca posteriormente.


Tuvo que ser precisamente un tema del 'Chinese', This I Love, y tras haber desperdiciado la bala del You Could Be Mine, el que mostrara al Axl más reconocible, en su versión idónea, la cual no paró de ir creciendo a medida que avanzaba la noche, pese a que se noten los estragos de la edad. Y es que como un ave nocturna, Axl iba calentando la voz y dominando la situación, mientras no dejaba de moverse de un lado a otro del escenario, como un quinceañero enamorado, ni de realizar sus habituales cambios de vestuario, muchos de ellos con su habitual estética de camisa de cuadro anudada a la cintura y bandana en la cabeza al que incluyó brevemente una bufanda rojiblanca de una peña heavy del Atlético de Madrid como guiño al lugar donde estaba.


A Civil War le siguió el Black Hole Sun, como homenaje al músico recientemente fallecido Chris Cornell y Coma, justo antes de dar paso al solo de Slash, luciéndose en la oscuridad de la capital con su reinterpretación personal de la melodía de la película 'El Padrino', haciéndose gustar y demostrando que este regreso de GN'R es histórico por contar con su guitarra de vuelta.



La fiesta era casi completa, ya solo faltaba que tanto Axl como Slash aparcaran sus diferencias y egos para salir ambos en el mismo plano, una instantánea que todos buscaban, y que obtendrían al final, pero que olvidaron cuando sonaba Sweet Child O' Mine, haciendo vibrar a un público que pocos minutos después encontraba su lado más tierno con November Rain, evidenciando Axl que es mejor pianista que cantante, pese a que su nivel ya había superado el suficiente alto a esas alturas, como demostró con Knockin's On Heaven's Door, actualmente tan de Guns N' Roses como de Dylan, y Nightrain, ambas a buen nivel acústico.

Axl Rose, Guns N' Roses, Vicente Calderón, Atlético de Madrid,

Casi sin tiempo a descansar, ni a reaccionar, y tras una breve presentación, a Axl parecía que las energías le duraban, por lo que el apoyo de la corista ya casi desapareció en este tramo donde Don't Cry y Patience llegaban de la mano. La mejor dupla para dar paso a Paradise City, que finalizaba las tres horas de concierto con un espectacular castillo de fuegos artificiales y una lluvia de confetis, como si se tratara de un 4 de julio en cualquier lugar de los Estados Unidos, el broche de oro a la historia del Vicente Calderón, cuyo penúltimo servicio ha sido el de acoger a uno de los dinosaurios del rock cuyos miembros cerraban la actuación con un postrimero abrazo, más protocolario que afectuoso, con el que despedir a Madrid. ¿O será un hasta luego? Lo que sí es seguro, es que no será en el Calderón. No en esta vida.

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