domingo, 19 de julio de 2026

MCR conquista Madrid reinterpretando el 'Black Parade'

 Las etiquetas en la música siempre crean controversia. El movimiento emo tuvo una nueva explosión a principios del siglo XXI, justo en el instante en el que la formación estadounidense My Chemical Romance arrancaba su historia musical.

Etiquetados por momentos como emos, debido a la emotividad y al dramatismo recargado de sus canciones y a la estética usada caracterizada por largos flequillos y el uso de rímel, se han pasado algunos periodos de su vida desubicados o maltratados por parte de la escena metalera, mientras sus éxitos no dejaban de aparecer con fuerza.

Especialmente en 2006, cuando el interesantísimo álbum conceptual 'The Black Parade', con un rock alternativo con algo de base punk, ecos de Queen y un grupo en estado de gracia compositivo, convencía a algunos escépticos y enamoraba a las multitudes.

Ahora, años después, y tras el anunciado regreso en 2019, MCR ha engrasado la maquinaria para una gira de recuerdo del 'The Black Parade'. Un álbum que cumple 20 años; curiosamente, la misma edad que tenían muchos de aquellos primeros incondicionales que descubrieron a la banda en sus orígenes, allá por el año 2001. Y otros tantos que todavía estaban creciendo o no habían nacido, pero que iban a convertirse con el tiempo en adeptos.

My Chemical Romance + Mogwai en el Iberdrola Music (Madrid), 18 de julio de 2026

Sobre el mismo emplazamiento en el que unos días antes se había celebrado el décimo aniversario del Mad Cool aunque en esta ocasión con mayores errores logísticos que el festival, como el nefasto acceso a los servicios desde una de las pistas, los escoceses Mogwai abrieron camino con su post-rock muy elegante, basado en densas atmósferas de guitarras continuas, cambios de ritmo y mucha clase

Gran preámbulo para la ejecución completa del 'The Black Parade', la ópera-rock perpetrada por MCR para un sector de la generación triste, desencantada y desenganchada de la vida, y que encontraba en estas melancólicas letras, a modo casi de epitafio, la alegría, la fe y el vínculo con unos ídolos que parecían leer sus pensamientos. 

Un disco al que se le caen los temazos y que merecía esta gira personalizada con un espectáculo a lo grande, al estilo estadounidense, donde se mezclan sobre el escenario actores, coristas, llamaradas y hasta un toque gore, mientras se va desgranando la teatralidad de Welcome To The Black Parade, con púlpito incluido, el drama de I Don't Love You o Mama, el exceso de Sleep, la pausa con Disenchanted... todo ello con un tono distópico y orwelliano, con ese ojo que lo ve todo, y un aire circense en algunos instantes, mientras la banda lucía las chaquetas militares negras con las que los hermanos Way, Gerard y Mikey, Ray Toro y Frank Iero conquistaron el mundo y millones de corazones.

La segunda parte del concierto se realizaba en otro escenario, más pequeño y más centrado, donde interpretaban una curiosa selección entre éxitos de otros álbumes y canciones menos esperadas, como cuando pides un entrecot y te sorprende el arroz de la guarnición, pero no contabas con la zanahoria. Las reacciones iban por momentos, por oleadas que llegaban a las tres pistas del recinto Iberdrola. Eso sí, la voz de Gerard Way había ganado firmeza y seguridad tras la pausa de hidratación.

 Aquí ya no había ropa marcial ni se guardaba el orden del disco; aquí era la anarquía y una ruleta de canciones que han sonado en unas ciudades sí y en otras no, con la salvedad de que algunas sí han aparecido en todas las citas, como si fueran las estrellas de un equipo dentro de una convocatoria.

¿Entre las sorpresas? The Foundations Of Decay o Our Lady Of Sorrows, que no son muy habituales en los repertorios de los chicos de New Jersey.

¿Entre las más esperadas? Obviamente Na Na Na (Na Na Na Na Na Na Na Na Na), I'm Not Okay, SING o Helena, con ese ritmo endiablado y ese inolvidable videoclip muy cinematográfico que es imposible de quitar de la cabeza. No en vano fue obra del director Marc Webb. Un himno con el que cerraron su actuación, de un modo abrupto y sin posibilidad de bis.

Todas no podían estar, pero algunas deberían haber estado. Desgraciadamente, en Madrid no sonó Boy Division, ese secundario de lujo que es como un gregario que podría ganar el Tour de Francia, ni tampoco Demolition Lovers, esa poética y rebelde versión personal de Bonnie & Clyde tan alocada como la vida de esos famosos prófugos. O The Kids From Yesterday, algo imperdonable viendo el setlist de otras ciudades.


Y es que los chicos de ayer ya son los adultos de hoy. Las lágrimas del pasado en unos casos son sonrisas y en otros sigue habiendo dolor. El seguidor de My Chemical Romance ha madurado, pero ansiaba ver junto a su padre —o sin él, desgraciadamente— a su banda marchando en este oscuro desfile al que ha acabado dando una calurosa bienvenida.


jueves, 9 de julio de 2026

La gran noria de Villaverde: 10 años girando con el Mad Cool

 En una época donde varios festivales han tenido que cancelar su cartel por falta de financiación público o privada y por falta de público, evidenciando que la oferta supera a la demanda y que el público demanda otro tipo de oferta, el Mad Cool sigue afianzándose como uno de los colosos en España, junto al Sónar y el Primavera Sound (ambos en Barcelona), el BBK Live (Bilbao), Festival Internacional de Benicàssim, el FIB (Castellón), el Arenal Sound de Burriana, también en la provincia de Castellón o el Resurrection Fest Estrella Galicia (Viveiro, Lugo), cuya apuesta metalera pasó de ser arriesgada a un rotundo acierto. Un camino que quiere emular el Rock Imperium, en Cartagena (Región de Murcia).

El Mad Cool, asentado actualmente en el distrito madrileño Villaverde tras su periplo por Valdebebas y la Caja Mágica, ha soplado las velas por sus diez años de música, diversión, gastronomía y entretenimiento. Todo ello bajo la atenta mirada de su característica noria, nuevo símbolo de la capital.

Para celebrar esta fecha tan redonda, la organización ha pasado de ofrecer tres días de actuaciones a los cuatro de esta edición. Más de 70 artistas y cinco escenarios donde disfrutar y vivir la música: un parque de atracciones musical para adultos con noria incluida.


Mad Cool Festival en Villaverde (Madrid), del 8 al 11 de julio de 2026

El cartel, tan variado como siempre, ha contado con cabezas de cartel como Foo Fighters, Moby, Florence And The Machine, Lorde, Twenty One Pilots, Kings Of Leon, Pixies, A Perfect Circle -el otro proyecto musical del cantante de Tool-, Nick Cave & The Bad Seeds, las tres hermanas mexicanas que forman el grupo The Warning, Arde Bogotá, que apareció por sorpresa bajo un seudónimo, Pulp o The Black Crowes, entre otros.

Un popurrí de bandas que han seducido a distintas generaciones, y a veces a las mismas, que se mueven entre el pop y el rock, entre el indie y la electrónica, entre los elementos más tradicionales a los más vanguardistas.


Y, en parte, es uno de los encantos del Mad Cool. Un lugar de reunión de fanáticos de la música que encuentran en varios días a algunos de sus grupos favoritos, mientras descubren otros que estaban fuera de su radar.

Dicen que la vida es una tómbola, y también una gran noria donde disfrutas del panorama para bajarte cuando quieres. Lo mismo que en el Mad Cool.


lunes, 6 de julio de 2026

Haga calor o llueva; todos somos felices con Garbage

Los años 90 vivieron un repunte para el papel de las mujeres en el rock. Varios grupos o solistas de distintos estilos, como The Cranberries, Hole, Skunk Anansie, Alanis Morissette, Portishead, Dover, The Cardigans, L7, Guano Apes y No Doubt, entre otros, reinaron en el panorama musical con voces femeninas liderando sus formaciones en ese decenio.

 Garbage fue uno de ellos, con la polifacética Shirley Ann Manson al frente. Una escocesa pelirroja, al más puro estilo de la princesa Mérida en 'Brave', cuyo carisma contribuyó al éxito del grupo, convirtiéndose sus dos primeros álbumes 'Garbage' (1995) y 'Version 2.0' (1998) en auténticos referentes del rock alternativo, lo que les llevó a escribir, posiblemente, uno de los mejores temas principales para una película del agente 007 James Bond: The World Is Not Enough (El Mundo Nunca Es Suficiente).

Casi tres décadas después de su creación y con un reciente disco publicado, 'Let All That We Imagine Be The Light' (2025), el octavo de estudio del grupo estadounidense al que se le añade ese toque escocés de Shirley, como un buen trago de whisky, Garbage vuelve a Madrid, en esta ocasión, no al Mad Cool —su 'jardín' festivalero habitual—, y sí al Botánico, el rincón verde más doctorado de la capital.

Garbage Botánico Madrid

Garbage en el Festival Noches del Botánico de Madrid, 5 de julio de 2026

El gran aval de la formación es la actitud rebelde de Shirley Manson, cuyo apellido es real y no tiene ningún vínculo familiar con el cantante apodado como Marilyn Manson, una casualidad que los llevó a conectar más allá de su imagen oscura. De hecho, ambos llegaron a trabajar juntos en una canción que nunca vio la luz. 

Había empezado a anochecer cuando Garbage empezaba su actuación, bonita metáfora para este grupo de rock alternativo con múltiples variantes: como la música electrónica, el trip-hop, toques industriales, densos y tenebrosos. Un cóctel musical que bien venía para refrescar otra noche tropical. Y lo hacía tras la hermosa melodía que Angelo Badalamenti escribió para el personaje Laura Palmer de la icónica serie Twin Peaks. Otro guiño a los noventa y a la figura de la mujer misteriosa de la mano de David Lynch.

Mejor embrujo musical no podría haber escogido el cuarteto, convertido en este tour en quinteto con la presencia de Nicole Fiorentino, para este repaso discográfico personal, desde los años 90 hasta la actualidad, de una banda cuya fama sigue en el anterior siglo y no ha sabido, quizás, replicarlo en las últimas etapas.

No en vano, fueron más celebradas las apariciones de himnos como Stupid Girl (1995) o I Think I'm Paranoid (1998) que el fatalista There's No Future In Optimism o la pegadiza e industrial Hold (2025) con las que empezaron el set. Entre medias se cruzaban cortes que no eran tan antiguos ni tan modernos, pero que han calado hondo, como ese melancólico It’s All Over But The Crying (2005) o ese guitarrero Empty (2016).

Shirley no paraba de interactuar, bromear y hablar sobre la Copa del Mundo de fútbol, acerca de política, destacando la belleza de Pedro Sánchez, también había hueco en su discurso para el feminismo y el edadismo, centrado en la figura de Madonna, a través del tema Chinese Fire Horse, que le sirvió de excusa para mostrar su amor por Escocia y España, un país que siempre le recibe con calor, real y metafórico. 

Shirley Manson abanicándose en su actuación en Madrid


La noche se prestaba también para un homenaje directo a The Cure en forma de Lovesong y uno indirecto a Joy Division con No Horses, cuya densa atmósfera post-punk puede recordar a un cruce entre Depeche Mode y Nine Iinch Nails.

Pocos artistas tienen esa vitalidad que posee Manson entre tanta atmósfera sombría y recuerdos tristes. Pocos artistas tienen el bagaje de Butch Vig, uno de los cerebros del grupos, además de productor, con un bagaje tan sobresaliente a su espalda como el 'Nevermind' de Nirvana, culmen del grunge, o el 'Siamese Dream' de Smashing Pumpkins, otro referente de la época junto a la ópera prima de Garbage.

Un dueto así, junto a los habilidosos Duke Erikson y Steve Marker, no podían decepcionar, por ello guardaron para el tramo final la artillería pesada que el público madrileño rugía por escuchar When I Grow Up y Push It. Haciendo vibrar a todo el mundo para luego meterlo en formol con esa adictiva confesión íntima llamada The Day That I Met God. Una lluvia de notas hechas con sintetizadores y entremezcladas con melancolía.

 Para terminar, no podía faltar la ironía hecha temazo con un título tan sugerente como I'm Only Happy When It Rains, precisamente una crítica a ese grunge al que contribuyó Butch Vig a hacer internacional y con el que tuvo que pelear Garbage para sacar la cabeza desde los más profundo de la 'basura' a todos los rincones del planeta, aunque el mundo nunca parezca suficientemente grande.


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