lunes, 6 de julio de 2026

Haga calor o llueva; todos somos felices con Garbage

Los años 90 vivieron un repunte para el papel de las mujeres en el rock. Varios grupos o solistas de distintos estilos, como The Cranberries, Hole, Skunk Anansie, Alanis Morissette, Portishead, Dover, The Cardigans, L7, Guano Apes y No Doubt, entre otros, reinaron en el panorama musical con voces femeninas liderando sus formaciones en ese decenio.

 Garbage fue uno de ellos, con la polifacética Shirley Ann Manson al frente. Una escocesa pelirroja, como al más puro estilo de la princesa Mérida en 'Brave', cuyo carisma contribuyó al éxito del grupo, convirtiéndose sus dos primeros álbumes 'Garbage' (1995) y 'Version 2.0' (1998) en auténticos referentes del rock alternativo, lo que les llevó a escribir, posiblemente, uno de los mejores temas principales para una película del agente 007 James Bond: The World Is Not Enough (El Mundo Nunca Es Suficiente).

Casi tres décadas después de su creación y con un reciente disco publicado, 'Let All That We Imagine Be The Light' (2025), el octavo de estudio del grupo estadounidense al que se le añade ese toque escocés de Shirley, como un buen trago de whisky, Garbage vuelve a Madrid, en esta ocasión, no al Mad Cool —su 'jardín' festivalero habitual—, y sí al Botánico, el rincón verde más doctorado de la capital.

Garbage Botánico Madrid

Garbage en el Festival Noches del Botánico de Madrid, 5 de julio de 2026

El gran aval de la formación es la actitud rebelde de Shirley Manson, cuyo apellido es real y no tiene ningún vínculo familiar con el cantante apodado como Marilyn Manson, una casualidad que los llevó a conectar más allá de su imagen oscura. De hecho, ambos llegaron a trabajar juntos en una canción que nunca vio la luz. 

Había empezado a anochecer cuando Garbage empezaba su actuación, bonita metáfora para este grupo de rock alternativo con múltiples variantes: como la música electrónica, el trip-hop, toques industriales, densos y oscuros. Un cóctel musical que bien venía para refrescar otra noche tropical. Y lo hacía tras la hermosa melodía que Angelo Badalamenti escribió para el personaje Laura Palmer de la icónica serie Twin Peaks. Otro guiño a los noventa y a la figura de la mujer misteriosa de la mano de David Lynch.

Mejor embrujo musical no podría haber escogido el cuarteto, convertido en este tour en quinteto con la presencia de Nicole Fiorentino, para este repaso discográfico personal, desde los años 90 hasta la actualidad, de una banda cuya fama sigue en el anterior siglo y no ha sabido, quizás, replicarlo en las últimas etapas.

No en vano, fueron más celebradas las apariciones de himnos como Stupid Girl (1995) o I Think I'm Paranoid (1998) que el fatalista There's No Future In Optimism o la pegadiza e industrial Hold (2025) con las que se empezaron el set. Entre medias se cruzaban cortes que no eran tan antiguos ni tan modernos, pero que han calado hondo, como ese melancólico It’s All Over But The Crying (2005) o ese guitarrero Empty (2016).

Shirley no paraba de interactuar, bromear y hablar sobre la Copa del Mundo de fútbol, acerca de política, destacando la belleza de Pedro Sánchez, había hueco en su discurso para el feminismo y el edadismo, centrado en la figura de Madonna, y en el tema Chinese Fire Horse, también mostraba su amor por Escocia y España, un país que siempre le recibe con calor, real y metafórico. 

La noche se prestaba también para un homenaje directo a The Cure en forma de Lovesong y uno indirecto a Joy Division con No Horses, cuya densa atmósfera post-punk puede recordar a un cruce entre Depeche Mode y Nine Iinch Nails.

Pocos artistas tienen esa energía que posee Manson entre tanta atmósfera oscura y recuerdos tristes. Pocos artistas tienen el bagaje de Butch Vig, uno de los cerebros del grupos, además de productor, con un bagaje tan sobresaliente a su espalda como el 'Nevermind' de Nirvana, culmen del grunge, o el 'Siamese Dream' de Smashing Pumpkins, otro referente de la época o la ópera prima de Garbage.

Un dueto así, junto a los habilidosos Duke Erikson y Steve Marker, no podían decepcionar, por ello guardaron para el tramo final la artillería pesada que el público madrileño rugía por escuchar When I Grow Up y Push It. Haciendo vibrar a todo el mundo para luego meterlo en formol con esa adictiva confesión íntima llamada The Day That I Met God. Una lluvia de notas hechas con sintetizadores y entremezcladas con melancolía.

 Para terminar, no podía faltar la ironía hecha temazo con un título tan sugerente como I'm Only Happy When It Rains, precisamente una crítica a ese grunge al que contribuyó Butch Vig a hacer internacional y con el que tuvo que pelear Garbage para sacar la cabeza desde los más profundo de la basura a todos los rincones del planeta, aunque el mundo nunca parezca suficientemente grande.


jueves, 2 de julio de 2026

Pennywise: pogos, payasos y un himno punk

 California ha sonado durante varias décadas a punk. El sol golpeando en el cielo, las ruedas del skate surcando el asfalto y las tablas de surf jugando con las olas, mientras muchas bandas se protegían bajo la sombrilla de Epitaph, el sello discográfico fundado por Brett Gurewitz, guitarrista de Bad Religion.

Uno de esos grupos que salieron a la luz a finales de los 80 fue Pennywise, homenajeando al terrorífico payaso creado por el novelista Stephen King, con un punk, hardcore melódico, tan habitual de esas calles y playas, sin la fama internacional de otros paisanos, como NOFX, Blink-182, Green Day, The Offspring o los propios Bad Religion, pero con un directo demoledor y son autores de uno de los himnos más representativos del género.

Con este enorme legado se presentaba el cuarteto estadounidense en su gira por la Península Ibérica, una parada poco habitual en sus tours, especialmente en Madrid, que convertía todavía en más especial su visita por la capital española.


Pennywise + End It + Bladders en la Sala La Riviera de Madrid, 1 de julio de 2026

Los madrileños Bladders fueron los encargados de calentar motores, en otro sofocante día en la capital. Su punk-rock fue una agradecida brisa sonora. Los siguientes en pasar por vicaría eran End It, procedentes de Baltimore con un hardcore tan crudo que el bajo parecía afilarse con los amplificadores. La peculiar voz de Akil Godsey ofrece un resultado final distinto a otros grupos del gremio.

Pocas presentaciones necesita Pennywise. A estas alturas de la película, ninguna. Peaceful Day sonaba a una cruel ironía, porque la pista de La Riviera se convertía en una improvisada zona de combate con pogos, crowd surfing, empujones, cuerpos sudorosos y gargantas que amenazaban con resquebrajarse.

A las canciones propias, como Same Old Story o Waiting, se le sumaban chascarrillos entre Fletcher Dragge y Jim Lindberg, confesiones políticas y proclamas anti-Trump, además de homenajes a un sinfín de grupos: por un lado, los improvisados al ver qué bandas llevaba el público en sus camisetas, y por el otro, algunos más preparados como el popurrí dedicado a NOFX o el Do What You Want de los admirados Bad Religion.

Tampoco podía faltar el tema homónimo Pennywise, también el Society, con los fans haciendo los coros e incluso una versión distinta del popularísimo Stand By Me, que empezaba calmado para transformarse en un vendaval que parecía difícil de superar. Pero sí, obviamente había una bala más.

Muchas canciones tienen el calificativo de himno, pero pocos himnos pueden calificarse en un nivel tan alto como Bro Hymn. Una catarsis colectiva, una gota de sudor cayendo lentamente mientras suena el bajo y crece un coro mágico donde grupo y público rompen la cuarta pared para unir el alma y cuerpo en esta oda afligida a la amistad ideada por Jason Thirsk, que con el paso del tiempo se ha transformado en un festivo homenaje póstumo a él mismo. De esas paradojas que tiene la vida. De esas contradicciones que tiene el punk.


miércoles, 24 de junio de 2026

Linkin Park ya no empieza de cero con Emily Armstrong

 Olvidar a alguien que ha sido muy importante en tu vida es muy complicado. Sustituirlo es todavía más complejo. Cuando el grupo Linkin Park se planteó volver a la carretera tras el suicidio de su guía Chester Bennington, pocos podían sospechar que el relevo iba a ser una mujer. Una manera de acabar con las especulaciones para elevar el debate a otra dimensión.

Las comparaciones son siempre odiosas. Es algo que sabemos todos y que Emily Armstrong también asume. Su papel no es fácil, y hay aficionados que no se lo ponen sencillo, pero el resultado está ahí. El nuevo disco, muy inteligentemente llamado 'From Zero' (2024), es un regreso a los orígenes sabiendo lo que eres y lo que puedes ofrecer. Un álbum que mira al futuro pero asentándose en el pasado.

Desde el fallecimiento del cantante Chester Bennington, 20 de julio de 2017 —justo el mismo día en el que su gran amigo Chris Cornell hubiera cumplido años, lo que demuestra que el vínculo de amistad entre ambos músicos era extraordinario—, el silencio se apoderó lógicamente de la banda y las giras quedaron como recuerdos en papel y fotografías. 

Huérfanos de su música y viudos del nu metal, Linkin Park devolvía la ilusión con el último disco y el posterior tour que vuelve a traer a los californianos a España. La cuenta se ha vuelto a iniciar.

Linkin Park + Clipse + Phantogram en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas Vaciamadrid, 23 de junio de 2026

El dúo estadounidense Phantogram, Sarah y Josh —muy en la línea de Massive Attack con unas elegantes atmósferas de trip-hop—, y los también norteamericanos Clipse hip hop urbano a cargo de los hermanos Thornton con mucha temática racial que quizás no cuaja tan bien en Europa—, ambas formaciones pelearon contra el calor y encendieron a la audiencia con sus bailables propuestas musicales. Quizás el cambio de orden de los teloneros hubiera sido un acierto.

Si uno vuelve, que sea a lo grande. Una máxima que ha aplicado Linkin Park en esta gira por España. Un concierto largo, espectacular y donde no han faltado los grandes clásicos ni los nuevos temas. Más de veinte canciones y dos horas tocadas con pasión e intensidad ante un público sediento de su música, especialmente en un día tan tórrido como el que asolaba España.

Si el Barça superó la salida de Messi y el Real Madrid la de Cristiano Ronaldo, los grandes grupos musicales también se reinventan para hacer frente a la marcha de sus ídolos, aunque ese ídolo sea Chester Bennington. 

Porque era una noche para centrarse en el 'From Zero', pero sin olvidarse del 'Meteora' o el 'Hybrid Theory', las dos columnas de Hércules de los estadounidenses en su carrera musical y los dos grandes referentes para algunos despistados que siguen encerrados en aquellos discos, aunque el grupo no haya parado de evolucionar, como un sistema operativo con sus actualizaciones y parches de seguridad.

Desde cero comenzó el show con varios actos divididos en canciones de distintas etapas y un desenlace. Pronto las guitarras se fusionaron con los teclados y los samplers de Joe Hahn. Pronto las voces de Emily y Mike Shinoda se empezaban a solapar y relevar, cada vez con mayor complicidad. Linkin Park había regresado en una nueva versión tras nueve años de ausencia en Madrid. 

The Emptiness Machine o Up From The Bottom se mezclaban con Points Of Authority y Somewhere I Belong. El segundo acto lo arrancaba The Catalyst, que bien podría aparecer en el Sonar, con algunas sorpresas como Where'd You Go, que incluso queda mejor en este formato que con Fort Minor, y un ramillete de canciones nuevas y alguna que otra versión, como ese bonito guiño a Tears For Fears.

La sentida versión de Lost fue acortada, y fue una auténtica lástima, aunque se compensó con Breaking The Habit y What I've Done, porque tirar de clásicos es algo que ha funcionado siempre. El grupo se gustaba, especialmente Emily, cuya actitud punk es muy notoria e iba a más. 

Cualquiera podría pensar que sonarían pocos temas más, pero siempre hay que dejar sitio para el segundo plato y el postre, porque a todos nos gusta el dulce. From The Inside, Numb, Heavy Is The Crown y Bleed It Out daban la oportunidad a las nuevas generaciones de probar este material vintage en vivo junto a las nuevas propuestas, porque se notaba gran presencia juvenil entre el público, evidenciando que hay una nueva hornada de fanáticos.

Papercut, In The End y Faint hacían vibrar definitivamente las cuatro pistas, algunas muy alejadas del escenario, y las también remotas gradas del Miguel Ríos, aquejadas de problemas de sonido. Un desenlace muy bienvenido que ponía fin a la actuación.


Al final de la noche, con los ecos de los viejos himnos flotando en el aire caluroso de Rivas, quedó claro que no se trataba de olvidar a Chester, sino de homenajearlo de la única manera que una banda y sus aficionados saben hacerlo: reviviendo su legado musical. Las lágrimas, ya casi secas, siguen ahí, pero la música ha vuelto a sonar. Linkin Park ha restablecido su sistema y la cuenta, efectivamente, se ha iniciado. Con fuerza. Ya no desde cero.


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