No hay nada como estar en el momento justo y el lugar adecuado. Suecia posee muchísima tradición musical, especialmente desde que ABBA se coronara como reyes del pop, después llegaría el dúo Roxette, el indie de The Cardigans y el ritmo más bailable de Ace Of Base. Entre medias se colaba el rock melódico de Europe y un sinfín de artistas relacionados con el dance y el metal: desde Avicii o Swedish House Mafia a Ghost u Opeth. Un país donde se aprecian los buenos discos sin importar el estilo. Y ahí, en casa, es donde despuntó Europe en sus dos primeros trabajos.
El tercer álbum llegó en el instante oportuno. A mediados de los 80 el rock era popular. A mediados de los 80 el pelo largo era atractivo. En cualquier momento un hombre sueco joven con el pelo largo iba a ser popular y atractivo. Este quinteto de nórdicos conquistaban Europa, haciendo honor a su nombre, y particularmente a España, con un hard rock muy accesible, similar al que ejecutaban Bon Jovi o Whitesnake, cuyas fotografías empezaban a compartir espacio en las paredes de muchos adolescentes.
'The Final Countdown' (1986) fue un éxito absoluto. Un trabajo notable con un ramillete de temas muy interesantes por parte de un grupo que ha luchado muchas veces por no ser considerado un One Hit Wonder, es decir, una banda a la que solo se le conoce por una canción, la cual pudo quedarse escondida en un cajón acumulando polvo y que pasó a ser todo un icono global.
Con motivo de los 40 años de la publicación de 'The Final Countdown' y después de idas y venidas de los integrantes y de silencios creativos, Europe se ha embarcado en una gira para recordar los grandes éxitos, interpretar entero su mejor vinilo, uno de los más importantes de aquella era, para cerrar el espectáculo con un himno Patrimonio de la Humanidad. Un plan perfecto.
Europe + The Damn Truth en La Cubierta de Leganés (Madrid), 10 de octubre de 2026
El hard rock con aroma añejo de los canadienses The Damn Truth precedía a los escandinavos en una noche de sonidos de otras décadas, aunque Europe también quería mostrar en el coso de La Cubierta de Leganés, en esta ocasión parcialmente descubierta, lo que han sido capaces de hacer desde 2003, cuando volvía la alineación clásica con Tempest, Norum, Levén, Michaeli y Haugland para firmar una segunda etapa muy desconocida para el gran público.
La guitarrera Scandinavian Eyes, sacada del 'Come This Madness' (2026), y con ramalazos a lo Medina Azahara o Triana en los teclados y orquestación, ejercía de tarjeta de presentación de los suecos junto a Walk The Earth, otro corte moderno y sinfónico, de 2017, con el objetivo de mostrar su más reciente legado.
Superstitious tiene un estilo descaradamente ochentero y un aire a Whitesnake en el tono de voz de Joey Tempest muy parecido al de David Coverdale. El viaje de vuelta al siglo XXI se realizaba con Last Look At Eden, menos épica que en estudio, y War Of Kings recordaba que no siempre han abrazado el rock más melódico y a veces se han pasado a un lado más experimental e incluso progresivo, gracias a las seis cuerdas que tan bien toca John Norum.
Prisoners In Paradise se asomaba como una cara conocida en la fiesta ante los menos conocedores de la discografía de la banda. Un bonito medio tiempo que arrancaba sin guitarras y encajaba bien con las pegadizas The Cult Of Ignorance —con trazas de Def Leppard en los coros— y On Broken Wings, una antigua cara B de 1986, para que hubiera un poco de cada.
Era el instante del concierto en el que un radiocasete imaginario se ponía en marcha para darle al reproductor y tocar 'The Final Countdown' en el mismo orden que la obra original, solo que empezando por Rock The Night y siguiendo con la grandísima balada Carrie, aunque los mecheros iluminados hayan sido sustituidos por luces artificiales de móvil. Estéticamente hemos perdido, aunque se haya ganado en seguridad.
Danger On The Track ofrecía un divertido número teatral y humorístico, como si el quinteto estuviera en un local de ensayo, con el personal de la gira apareciendo para ofrecer comida, cambiar el pie del micrófono, con el que Joey Tempest jugaba como si fuera una majorette, o incluso los platos de la batería.
La aplaudida Ninja, junto a Cherokee, con una atmósfera muy a lo Van Halen, tenía su contrapunto en Time Has Come, con Tempest luciéndose con la guitarra acústica. Ahora Heart Of Stone, On The Loose y Love Chaser no cerraban el álbum, porque el último brindis estaba reservado desde hace mucho tiempo.
La cuenta atrás marcaba el desenlace con este regreso a mediados de los 80, como si fuera un DeLorean, a través de este himno atemporal e intergeneracional que suena a otra época, por ejemplo a las campanadas en Estocolmo en el fin de milenio, porque The Final Countdown es una radiofórmula eterna con su mítico estribillo que seguro estás tarareando en este instante, aunque no hayas estado esta noche en Leganés.





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