lunes, 28 de mayo de 2018

La juventud nunca dejará de ser salvaje con Skid Row

Skid Row fue uno de los últimos grupos en tomar la buena ola musical del rock duro en la década de los 80 y 90, cuando el rock movía a las masas y cada poco tiempo se fraguaba una estrella dispuesta a conquistar el planeta. El grupo nació en el momento y lugar adecuado, en la New Jersey que había vuelto internacional Bruce Springsteen, al abrigo de otro de los talentos musicales de la ciudad, Jon Bon Jovi.

Skid Row fue fundado en 1986 por Dave Sabo, quien incluso llegó a ser el primer guitarrista del grupo Bon Jovi antes de la llegada de Richie Sambora, y el bajista Rachel Bolan, para más tarde sumar al proyecto al batería Rob Affuso y al guitarrista Scotti Hill, el joven cantante Sebastian Bach completaba el póker de miembros reclutados.

La formación debutó en 1989 con un disco de título homónimo que resultó un abrumador éxito de ventas y su lanzamiento directo al Olimpo debido al éxito de sus singles y de sus poderosas baladas, que pasaban a convertirse en himnos del hard-rock y el heavy-metal de finales de los 80, con un sonido que podría ser un cruce entre Poison, Mötley Crüe y Guns N' Roses.

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La gira conjunta entre Bon Jovi y Skid Row en 1989 deterioró la amistad del grupo con Jon Bon Jovi y Richie Sambora, quienes recientemente también rompieron los lazos, y la relación profesional, donde incluso se reclamaba dinero por los derechos de autor en el álbum de debut de Skid Row. Todo ello precedió a la publicación de 'Slave To The Grind' (1991), que suponía la confirmación absoluta de este diamante, de este grupo de chicos de barrio capaces de componer grandiosos temas e interpretarlos con un cantante con sobresaliente magnetismo, tanto por su característico timbre de voz como por su angelical aspecto, convirtiéndose en un icono sexual que rivalizaba con el mismísimo Bon Jovi por conquistar al público femenino.

La apuesta de Skid Row de clásico hard-rock ochentero llegaba justo a tiempo del cambio que estaba por venir, de la influencia que el grunge iba a realizar sobre la música más dura, oscureciendo los sonidos y volviéndolos más crudos y directos. Incluso Skid Row se sumaba a esta revolución con el infravalorado 'Subhuman Race' (1995), capaz de mezclar el heavy, el metal alternativo y el grunge que practicaban Alice In Chains y Soundgarden con un producción que buscaba un sonido tosco, casi recién sacado del garaje.

Este tercer disco era el final discográfico de la formación clásica. El inicio del divorcio con Sebastian Bach, expulsado de la banda por disparidad creativa, y quien comenzaba una interesante carrera profesional, alternando la música con el teatro en Broadway, el cine o la TV.

La ausencia de Sebastian Bach no impedía que ni el cantante canadiense ni el resto de Skid Row, quienes han usado hasta el momento a tres sustitutos al micrófono y dos discos más de larga duración -2003 y 2006- además de varios E.P. , siguieran interpretando sus viejas canciones o realizaran giras, como este tour denominado 'United World Rebellion', con Sabo, Nolan, Hill todavía en la carretera, sin Affuso ni Bach, pero con el sudafricano ZP Theart como nuevo miembro y nueva voz.




Skid Row y Double Crush Syndrome en la Sala Mon de Madrid, 28 de mayo de 2018

Las puertas de la Sala Mon, antigua Penélope, se abrieron con exquisita puntualidad para degustar a uno de los principales exponentes del rock de los ochenta y noventa. Antes de que Skid Row resucitaran sus antiguos himnos sobre el escenario del local madrileño, los alemanes Double Crush Syndrome movilizaron al personal con notable éxito, a base de una buena dosis de rock impregnado de punk y de un saber hacer encima de las tablas, ejerciendo el papel de perfecto anfitrión. Uno de los tatuajes que lucía el cantante germano en su costado decía 'Youth Gone Wild', explicando la pasión compartida que tenía este trío alemán y el público español por el combo de New Jersey.

Double Crush Syndrome, 2018, Skid Row, Sala Mon, Madrid,

Skid Row arrancaba con algo de retraso y tras los acordes del Blitzkrieg Bop, obra de sus vecinos en la 'Gran Manzana' y grandes referentes musicales del quinteto. Y no sería el único guiño de los Skids a los Ramones en una noche donde los norteamericanos comenzaban con un ritmo endiablado, dejando caer un tema tras otro de su etapa más clásica, de los dos primeros álbumes, con la única excepción del We Are The Damned, la única obra dentro del muevo milenio que entraba en la lista de elegidas.



El sonido de la sala fue el gran contratiempo al que se tuvo que enfrentar la banda estadounidense en la primera media hora, dado que el repertorio funcionaba a las mil maravillas por interpretar los temas más famosos del grupo, casi a modo de grandes éxitos, a excepción de dos imperdonables olvidos con In A Darkened Room y Wasted Time. Pero la cita estaba más para agradecer que para exigir, y por ello todos mostraron sus mejores caras, especialmente Dave Sabo y el cantante Zp Theart, el cual tenía la difícil papeleta de luchar con la eterna sombra de Sebastian Bach, cuya voz siempre será el listón que se marque a cualquiera que pretenda llevar el micrófono de los 'Skids'.

Skid Row, Dave Sabo, ZP Theart, Madrid, 2018, Sala Mon,
Dave Sabo (izquierda) y Zp Theart al micrófono (derecha).

A medida que se fueron solucionando los problemas con el volumen de la voz de Zp Theart, y que las canciones más aclamadas iban asomando, como las brillantes 18 & Life y Quicksand Jesus, incluyendo ambas una introducción acústica por parte de Sabo, la temperatura del concierto iba también creciendo, provocando una unión más estrecha entre la audiencia y el grupo.

Como buenos conocedores del mundo del espectáculo, Skid Row fue dejando para el final lo más granado de su cosecha, precediendo a este momento con una versión más larga del Monkey Business, donde las guitarras de Sabo y Hill mantuvieron un improvisada dueto a través de las seis cuerdas.

Dave Sabo, Scotti Hill, Skid Row, Madrid, 2018,
Dave Sabo y Scotti Hill deleitando con sus guitarras.
La nota romántica de la noche la puso I Remember You, con esa crónica rosa de un amor pasado veraniego que todos hemos vivido, breve pero intenso, y con sabor a arena y agua salada, pero siempre dejando huella, como este tema.

Mientras que el lado emotivo fue la conversación que mantuvieron Sabo y Theart, principalmente, con una niña de 11 años, presente en el concierto junto a sus familiares, y a la cual invitaron a participar con el quinteto el célebre himno que, hoy más que nunca, tomaba sentido, porque el Youth Gone Wild representaba a un grupo de veinteañeros que ahora han dejando atrás su juventud y su lado más salvaje, al igual que mayoritariamente su público ha alcanzado la madurez dejando atrás una inocencia que quedaba perfectamente reflejada por esta chica, quien parece haber heredado la pasión por el rock y por unos viejos himnos de los noventa que se resisten a ser olvidados, si las nuevas generaciones los abrazan.

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