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viernes, 17 de enero de 2014

Maljkovic y Obradovic reparten Copas por Europa en los 90

La década de los 90 supuso el final del dominio de los clubes yugoslavos en el palmarés de la Copa de Europa. La guerra de los Balcanes y el mayoritario éxodo de sus estrellas al extranjero hizo ceder el testigo al resto de potencias del continente, las cuales contaban en gran parte con técnicos balcánicos dirigiendo sus banquillos. Antes de que ello ocurriera, dos equipos escribían su nombre en el palmarés de vencedores como parte de Yugoslavia.

El mencionado trienio del KK Split (1989. 90 y 91) firmaba su último capítulo en 1991, confirmando la calidad de un colectivo muy compensado en todas sus líneas -Perasovic, Tabak, Radja, Savic, Ivanovic y Kukoc- y por el buen hacer en los banquillos, tanto a través de Maljkovic como posteriormente de Pavličević.

Camiseta de Kukoc, Kukoc's shirt, Split, Jugoplastika
La Jugoplastika o Pop 84 pasaba a ser otro de los obstáculos que el Barcelona se encontraba en la Copa de Europa. Los azulgranas eran un club condenado por aquel entonces a quedar fuera del premio final, a pesar de contar con uno de los mejores aleros españoles de todos los tiempos, Epi, y uno de los mejores foráneos de la historia de la ACB, Audie Norris.

Último partido de Yugoslavia como nación
El Eurobasket de 1991 servía de colofón y abrupto punto final a una generación a la cual se le robó la oportunidad de haber aumentado su leyenda. Drazen Petrovic era uno de los principales ausentes de aquella edición dentro de una selección que se desquebrajaba por las tensiones políticas y que seguía aplastando a sus rivales. En aquella cita continental, sólo España terminó el partido a menos de 10 puntos de los flamantes campeones. Italia, que jugaba como anfitrión, terminó segunda.


El Partizán de Fuenlabrada
El equipo blanquinegro de Belgrado paladeó en 1992 su temporada más extraña y a la vez más mágica. A causa de la guerra de los Balcanes, la FIBA había prohibido a los clubes yugoslavos disputar sus partidos en casa obligando a los conjuntos clasificados aquella temporada para Europa -Slobodna Dalmacija (antigua Jugoplastika de Split), Cibona de Zagreb y Partizan de Belgrado- a buscar cobijo en algún pabellón en el resto del continente.

Los tres equipos balcánicos eligieron como sede España: Coruña, Cádiz y Fuenlabrada hicieron de provisionales canchas de la Slobodona, Cibona y Partizán, respectivamente. Los dos primeros no lograron su objetivo de clasificarse para la Final Four. Todo lo contrario que los partisanos.

El cariñosamente denominado Partizán de Fuenlabrada convirtió el Fernando Martín en su segunda casa, en un nuevo Pionir trasladado miles de kilómetros de distancia de Belgrado y con fuenlabreños en la grada haciendo de improvisados seguidores. La comunión entre los jugadores y afición iba en aumento consiguiendo 6 de sus 7 triunfos en 'casa', sólo Estudiantes pudo ganar al Partizán en su destierro.
Partizan de Fuenlabrada
Aquella plantilla expatriada se componía de Aleksandar Djordjević, Predrag Danilović, Nikola Lončar, Igor Perović, Zoran Stevanović, Igor Mihajlovski, Dragiša Šarić, Željko Rebrača, Mladan Šilobad, Slaviša Koprivica, Vladimir Dragutinović, Ivo Nakić, Branko Sindjelić. Todos ellos bajo la dirección de un jovencísimo Željko Obradović, otro de los nombres que golpearían con fuerza en este decenio.

Los cuartos de final fueron el único momento en el que el Partizán pudo regresar a Belgrado en la eliminatoria a tres partidos ante la Knorr Bolonia que sirvió de antesala para la Final Four de Estambul, donde pasaron de llevar el papel de cenicienta a campeones de Europa, merced a la canasta en el último segundo de Djordjević ante el Joventut de Badalona, cuyo momento de gloria estaba por venir. Antes de que eso pasara, su cancha iba a ser testigo del mejor espectáculo jamás visto.

Partizan de Fuenlabrada, Belgrado

La fiesta de ensueño de los JJ.OO.
El permiso de la FIBA, otorgado en 1989, para que los jugadores profesionales de la NBA participaran en los distintos campeonatos internacionales posibilitó que los JJ.OO. de Barcelona disfrutaran del mejor plantel posible: el llamado 'Dream Team', que transformó el Pabellón Olímpico de Badalona en la fiesta del mejor baloncesto.

La convocatoria estaba formada por:
    Dream Team, Barcelona 1992
  •     Charles Barkley de Philadelphia 76ers
  •     Larry Bird de Boston Celtics
  •     Clyde Drexler de Portland Trail Blazers
  •     Patrick Ewing de New York Knicks
  •     Magic Johnson de Los Angeles Lakers
  •     Michael Jordan de Chicago Bulls
  •     Scottie Pippen de Chicago Bulls
  •     Christian Laettner de la Universidad de Duke
  •     Karl Malone de Utah Jazz
  •     John Stockton de Utah Jazz
  •     Chris Mullin de Golden State Warriors
  •     David Robinson de San Antonio Spurs
Entrenador: Chuck Daly de New Jersey Nets

Los norteamericanos se alzaron con un oro que tenía su nombre grabado en el metal. La lucha encarnizada por la plata cayó del lado de la joven nación croata, debutante, que contaba con su particular selección de ensueño liderada por Petrovic, Perasović, Cvjeticanin, Kukoc, Tabak, Vrankovic, Komazec, Radja o Naglic. El bronce fue a parar a otro gran plantel, Lituania, en el que brillaban Chomicius, Kurtinaitis, Sabonis, Karnisovas o Marčiulionis.

La nueva configuración política había resquebrajado a la U.R.S.S. y Yugoslavia en multitud de repúblicas. Croacia y Lituania aprovechaban la oportunidad en esta cita donde Serbia y Montenegro no tenían permiso para participar por la sanción impuesta por la ONU. Mientras que doce de las quince ex repúblicas soviéticas, a excepción de las tres bálticas, lo hicieron bajo bandera olímpica y con la denominación de 'equipo unificado' en un último brindis al pasado soviético.

La revolución del Limoges y el luto croata
Si el baloncesto a nivel de selecciones no daba lugar a sorpresas, el de clubes se llevaba la palma en 1993. Limoges no era un desconocido en el basket europeo -7 ligas francesas. dos Copa Korac y la Recopa- avalaban a un equipo con tradición al que faltaba la guinda definitiva, un postre final servido por el gran estratega Božidar Maljković quien repetía después de la experiencia exitosa en Split.

El conjunto amarillo basaba su juego en posesiones largas -agotando los 30 segundos reglamentarios, que pasaron a 24 a partir del curso 200-01-. Aquel basket control daba sus frutos bajo la dirección de Michael Young y la ejecución de Bilba o Dacoury en partidos que rara vez sobrepasaban los 65 puntos por equipo. No en vano, el club francés se imponía en la Final Four de Atenas al Real Madrid de Sabonis -semifinales- y a la Benetton Treviso de Kukoc -en la final-, dejando a sendos equipos en 52 y 55 puntos respectivamente. 

Limoges, 1993, campeón de Europa

En junio de 1993, el baloncesto mundial se ponía el traje de luto con el fallecimiento de Drazen Petrovic en accidente de tráfico. El 'genio de Sibenik, con 28 años de edad, estaba recuperando su confianza y juego en la NBA con la camiseta de los Nets tras haber pasado por el ostracismo en Portland. Se iba uno de los grandes genios europeos de la canasta; un jugador irrepetible y único.

La selección croata, debilitada por la muerte de Petrovic, quedaba tercera en el Eurobasket ganado por Alemania, deshaciéndose en la final de Múnich de Rusia. El triunfo germano se añadía al del Limoges en un año sorprendente en cuanto a victorias.

Doblete español con dos clásicos de la ACB
Joventut de Badalona y Real Madrid pasaban a ser los nuevos dominadores del continente con Olympiacos como rival en ambas ocasiones y Obradovic en sendos banquillos. Los dos equipos que más tiempo han permanecido en la élite de la Liga española de baloncesto recibían su recompensa en la máxima categoría europea.

Se trataba del primer entorchado de los verdinegros, habituales en Europa y en la Final Four pero sin el 'punch' final para ser candidatos a levantar el trofeo. En 1994, la 'Penya' había contratado a uno de sus recientes verdugos, Obradovic, responsable del triunfo de Partizán dos años antes. Junto al entrenador serbio se encontraban los hermanos Jofresa, Villacampa, Morales, Ferrán Martínez, Mike Smith y Thompson. Cuatro jugadores de la casa, talentosos, sumados a grandes fichajes lograban sobreponerse a los favoritos del torneo: Barcelona y Olympiacos.

El conjunto del Pireo repetía, al año siguiente, con otro equipo español en la final de 1995. El deja-vu para los griegos crecía al tener a Panathinaikos como contrincante en la semifinal y a Obradovic de nuevo como entrenador rival en la final, en esta ocasión dirigiendo al Real Madrid de Arlauckas y Sabonis.

Los blancos inscribían por octava vez su nombre en el continente. Como curiosidad, la Final Four de Zaragoza sirvió para que una de las peñas madridistas, Orgullo Vikingo, estrechara su amistad con la sección 'Gate 13' de Panathinaikos, cuyos hinchas animaron a los españoles con el objetivo de evitar un triunfo de su rival, Olympiacos.

Panathinaikos

Estados Unidos y Yugoslavia, un mano a mano constante
A pesar del éxito a nivel de clubes, España no refrendaba su privilegiada posición con el combinado nacional dentro de una época en la que los EE.UU. dominaban con autoridad a sus rivales en sus distintas versiones del 'Dream Team' con nuevas oleadas formadas por Charles Barkley
Anfernee Hardaway, Karl Malone, Reggie Miller, Hakeem Olajuwon, Shaquille O'Neal, Gary Payton, Scottie Pippen, David Robinson o John Stockton.

El Mundobasket de 1994 y los JJ.OO. de Atlanta de 1996 concluyeron con las barras y estrellas ondeando por encima de las clásicas potencias como Croacia, Rusia y Yugoslavia, manteniendo su nombre y legado a través de las repúblicas serbias y montenegrinas. Un palmarés que crecía con el oro en el europeo de 1995. Las heridas de la guerra de los Balcanes no se habían cerrado y se demostraba con los croatas, bronce en esta edición, abandonando la ceremonia de entrega de medallas justo en el momento en el que sus antiguos compatriotas se subían al cajón más alto de aquel Eurobasket de 1995.

Dos años más tarde, repetían experiencia en el torneo disputado en España en 1997, sin Divac pero con un experimentado sexteto de ases  Dejan Bodiroga, Predrag Danilović, Zoran Savić, Aleksandar Djordjevic, Zeljko Rebraca y Dejan Tomašević.

La inversión y el talento se dan la mano en Grecia
El poder económico en la década de los 90 residía en la península helena. La liga griega aglutinaba los mejores traspasos de la época y las más sonadas incorporaciones. De hecho, toda una estrella de la NBA como Dominique Wilkins se buscaba un incentivo económico antes de sus jubilación para llevar a Panathinaikos al Olimpo frente al Barcelona en un duelo polémico que pudo decidirse bajo otro signo si los colegiados hubieran dado como buena una canasta legal de Montero en el último segundo.

Por encima del glamour del norteamericano se encontraban sobresalientes referencias del deporte de la canasta como Panagiotis Giannakis, Alvertis o Vrankovic. Todos ellos baja la batuta de Božidar Maljkovic. Un seguro para el éxito con su cuarta copa de Europa como técnico -dos con la Jugoplastika Split, una con Limoges y Panathinaikos-.

Los culés firmaban su quinta final perdida en el siguiente curso, 1997, con otro trágico desenlace ante una escuadra griega. Olympiacos era el encargado de echar otro nuevo proyecto azulgrana capitaneado por Djordjevic, Karnisovas y Andrés Jiménez, y a cargo de Aíto García Reneses. Los griegos grababan su nombre en el palmarés del torneo con otra plantilla base de hombres de la casa y de talonario: Fassoulas, Papanikolau y Sigalas, entremezclados con Nakic, Tarlac, Rivers y Welp.

El técnico rojiblanco Dušan Ivković reivindicaba el saber hacer de los balcánicos con la pizarra, siendo el cuarto entrenador de la antigua Yugoslavia -junto a Pavlicevic, Maljkovic y Obradovic- en ganar el máximo trofeo continental en los 90. Una de las características de este decenio.
Olympiacos, escudo

La coronación de Italia
Varese, Cantú y Roma eran las ciudades que habían dado a Italia la posibilidad de coronarse en el viejo continente a nivel de clubes. Un listado incompleto en el que faltaba la ciudad más apasionada por el baloncesto, una ciudad que vive el deporte de la canasta con especial devoción a través de dos colores y dos escudos: Virtus y Fortitudo.

La Virtus levantaba en 1998 el trofeo de campeón de campeones al imponerse al AEK dentro de una final rácana que concluyó con un atípico marcador, 58-44. Los boloñeses, dirigidos por Ettore Messina, se componían de dos duplas: la italiana formada por Abbio y Binelli más la serbia de Danilovic y Savic, junto a Rigaudeau (Francia), Nesterovič (Eslovenia) y Sconochini (Argentina). Una plantilla que acudía a otra Final Four en el curso siguiente tras derrocar a su eterno enemigo, el Fortitudo Bolonia, en unas fraternales semifinales.


La final de 1999 iba a parar al Zalgiris de los Zukauskas, Stombergas y Bowie. El legendario cuadro lituano -donde habían jugado Kurtinaitis, Homicius y Sabonis- se sobreponía al poderío transalpino que confirmaba su edad de oro con el Eurobasket celebrado en aquel verano ante España.

Era la 'azzurra' de Gregor Fučka, Carlton Myers, Andrea Meneghin, Roberto Chiacig, Denis Marconato, Alessandro Abbio, Alessandro De Pol, Gianluca Basile, Giacomo Galanda, Davide Bonora, Marcelo Damiao y Michele Mian. Todos ellos, verdugos de una España que asomaba de nuevo la cabeza a través del aro y que esperaba su dorado relevo para echar una mano a la generación que lideraban Carlos Jiménez y Alberto Herreros, dos pupilos surgidos de la prolífica cantera de Estudiantes.

Italia y España se desquitaban del papel ejercido en el campeonato del mundo de 1998, donde habían sido cuartofinalistas y en el que Yugoslavia se había impuesto a Rusia en la final, demostrando que si los Estados Unidos acudían con universitarios a un torneo intercontinental eran una selección más.

Obradovic cierra el milenio
La productiva relación de títulos continentales entre Zeljko Obradovic y Panathinaikos comenzaba en el curso 1999-2000. Año en el que los verdes sumaban su segunda Copa de Europa y la primera, de las cinco posteriormente cosechadas, con el técnico serbio en los banquillos, el cual posee el récord absoluto de la competición con ocho entorchados desde la dirección técnica, con cuatro clubes diferentes -Partizan Belgrado, Joventut, Real Madrid y Panathinaikos-.


La fuerza del pabellón OAKA y la brillantez del cóctel mezclado por Obradovic a partir de dos griegos Alvertis, Fotsis y un ramillete internacional con Gentile, Johnny Rogers, Rebraca, Bodiroga y el israelí Kattash quien se vengaba de sus compatriotas Sharp, Jamchi, Sheffer en la cita de Salónica con el Maccabi Tel Aviv. Un partido que cerraba el milenio y abría un periodo extraño para el baloncesto europeo de clubes con una campaña convulsa en el plano extradeportivo que pudo costar caro al deporte de la canasta.

miércoles, 6 de junio de 2012

Drazen Petrovic, homenaje al 'genio de Sibenik'

Hablar de Drazen Petrovic es hablar de uno de los mejores talentos de este deporte y el líder de una de las mejores generaciones de jugadores. Petrovic vivió siempre con devoción el baloncesto, influenciado por su hermano Aleksandar quien guió sus primeros pasos sobre el parqué. Drazen era un jugador diferente, desequilibrante, irrepetible, letal e irreverente, cuyas proezas anotadoras en la república croata lo llevaron a ser bautizado como ‘el Mozart del baloncesto’.

Los inicios en Sibenik
La habilidad de Petrovic con el balón y su descaro hizo que de manera precoz debutara en la Prva Liga con tan sólo 15 años, en el club de su localidad natal, Sibenik, donde alcanzó sendas finales de Copa Korac -desaparecida segunda competición europea-, cayendo en ambas ocasiones ante el Limoges.

Su capacidad de esfuerzo, dedicación y devoción por el baloncesto fueron parte de los motivos de su éxito. Durante su trayectoria profesional, desde Sibenik hasta su experiencia en la NBA, solía pedir las llaves del pabellón para practicar y mejorar su infalible tiro a canasta. Una muestra de su compromiso, trabajo y amor propio.


El poder de los Petrovic lidera en Zagreb
La llamada de la Cibona a Aleksandar sirvió de trampolín para que un lustro después, 1984, Drazen emulara a su hermano y se enrolara en las filas de un conjunto que dominó con autoridad el continente europeo bajo la batuta de la familia Petrovic.

Este equipo de Zagreb estaba dirigido por Mirlo Novosel y contaba en su plantilla, además de ambos hermanos, a jugadores de la talla de Cutura, Nakic, Knego o Cvjeticanin, apellidos que pasaban a ser recitados por todos los aficionados al deporte de la canasta.

Drazen celebra una jugada con la camiseta de la Cibona

Durante su estancia en el conjunto azul de la Cibona, Petrovic se erigió como el principal verdugo de los intereses continentales de los equipos españoles, en especial el Real Madrid, pasando a ser la particular 'bestia negra' de los blancos. No en vano, las temporadas de 1985 y 1986 acabaron coronando, de manera consecutiva, a la Cibona como la nueva reina indiscutible de Europa.


Una nueva y brillante generación de jugadores
Yugoslavia parecía verse salpicada, durante varias décadas, por gotas de talento que se repartían a lo largo de sus seis repúblicas. Una hornada con sobrada capacidad para conseguir mayores hitos que las generaciones anteriores.

Nombres como los de Zarko Paspalj, Toni Kukoc, Dino Radja y Vlade Divac crecían deprisa, firmando contratos profesionales con la mayoría de edad recién cumplida, convirtiéndose en habituales protagonistas de las tertulias deportivas yugoslavas como la gran esperanza baloncestística del país.

La madurez y hermanamiento de la nueva hornada
En 1988 llegó el momento para que los Paspalj, Radja, Kukoc y Divac tuvieran su prueba de fuego, junto a Petrovic, en el combinado nacional absoluto. Existían dudas de si las individualidades se iban a anteponer al grupo. Por ello, durante la concentración del equipo se tuvo un factor en cuenta: asignar las habitaciones a los jugadores en función de la personalidad.

La tranquilidad, alegría y vitalidad de Divac se mezclaron con el nerviosismo, agitación y obsesión por el balón de Petrovic. Dos mundos distintos que encontraban en la amistad y en el balón sendos lugares donde unirse. El resto de los convocados con la ‘plavi’ sintió el mismo efecto, y como si de un elixir se tratara, transformando a la selección en una gran familia.


Aquellos tres meses de entrenamientos en la montaña fueron la antesala de la presentación pública en los JJ.OO de Seúl. El campeonato respondió a la buena química del equipo y los condujo a la final donde esperaba uno de los enemigos favoritos del pueblo yugoslavo: la U.R.S.S. A pesar de los esfuerzos, la plata dejaba un regusto amargo.

El Real Madrid de Petrovic
Pocos jugadores han dejado tanta huella en el Real Madrid en tan poco tiempo, pasó de villano a héroe en un corto espacio. En el conjunto blanco se adjudicó una Copa del Rey y una Recopa, en la mítica final ante el Snaidero de Caserta de Óscar Schmidt Becerra, donde el croata anotó 62 puntos y otros 44 los firmó el brasileño.

Aunque su llegada no fue completamente exitosa, ya que no pudo ayudar a romper la hegemonía liguera del Barcelona.


En aquella temporada en el cuadro merengue Petrovic compartió vestuario con el que había sido uno de sus principales rivales deportivos durante la década: Fernando Martín.


El oro se queda en casa
En 1989, el Europeo de Zagreb era la mejor manera de comprobar el estado de madurez de un joven grupo que jugaba en casa, con la responsabilidad de triunfar. Yugoslavia ejerció un dominio atroz sobre el resto de selecciones, colgándose el oro con un juego de alta escuela.

Fuera de las canchas, el mundo estaba cambiado a pasos agigantados, rompiendo barreras y fronteras: el comunismo se resquebrajaba por los huecos que dejaba el muro de Berlín. Yugoslavia era la fachada de una casa ruinosa, cuyos inquilinos empezaban a mostrar su contrariedad. Croacia sacaba a relucir sus diferencias históricas con Serbia, que habían nacido en el siglo XVIII, para pedir su independencia.

Yugoslavia, campeona de Europa de baloncesto en Zagreb.
El sueño americano
Tras el europeo de Zagreb, la liga de baloncesto norteamericana reclutó a los mejores jugadores ‘plavi’: Divac (Los Angeles Lakers) y Petrovic (Portland Trail Blazers), aunque Drazen ya había sido elegido tres años antes, pero nunca había dado el salto definitivo a la NBA.


Drazen no se aclimató al ritmo de juego estadounidense, su partida desde el banquillo desquició algo al ‘genio de Sibenik’. La competencia en Portland era extraordinaria con jugadores como: Drexler, Porter, Ainge y Young, hombres que tenían la confianza del cuerpo técnico.

En aquella época Drazen conversaba todos los días con Divac, quien vivió la ‘fiebre amarilla’ con los Lakers, adaptándose perfectamente al juego angelino rápido y espectacularmente dirigido por ‘Magic’ Johnson.

Petrovic junto a la estrella de los Trail Blazers, Clyde Drexler

El amargo triunfo en Argentina
La temporada finalizó y tanto Petrovic como Divac se percataron, en su vuelta a casa. que la situación era diferente a como la habían dejado. Especialmente porque los problemas económicos habían avivado las corrientes secesionistas. Al mismo tiempo, el combinado nacional -bajo bandera yugoslava- defendía candidatura en el Mundial de Argentina de 1990, una buena oportunidad de mostrar la unidad del grupo.

Yugoslavia se proclamó campeona del mundo, habiendo dejado en la cuneta a combinados tan legendarios como Estados Unidos -semifinales- y la Unión Soviética -en la final-, vengando de esta forma la anterior derrota olímpica.

Pero no todo fue alegría en aquel torneo, el primer abrazo espontáneo, nada más acabar el partido, entre Petrovic y Divac se empañó cuando apareció, acto seguido, un espectador con la bandera croata, la cual fue rechazada por el pívot de los Angeles Lakers. Aquel simple gesto fue clave para el comienzo del fin de la amistad de ambos.


Las repercusiones fueron inmediatas y Vlade Divac fue considerado enemigo público para los medios de comunicación croatas, basándose en aquel gesto, y su origen serbio, para hacer campaña política contra él.

New Jersey recupera al 'viejo' Drazen
La vuelta a Estados Unidos significó la segunda temporada de ambos en la NBA, y Drazen comenzó a mostrarse reacio a seguir la amistad con Divac. Por otro lado, la carrera deportiva de Petrovic parecía despegar. El cambio de aires de Portland a New Jersey sirvió para sacar al ‘genio de Sibenik’ de su hibernación en el banquillo. New Jersey estaba descubriendo a aquel jugador que había asombrado y enamorado a la vieja Europa.

Yugoslavia se resquebraja
Croacia y Eslovenia fueron las dos primeras repúblicas en declararse independientes, el conflicto bélico de los Balcanes volvía a asolar una zona históricamente dañada. Los hilos que habían mantenido unidos al país se habían roto y la sangre volvía a manar en Europa, en una cruel guerra civil de hermanos contra hermanos, donde no había ni buenos ni malos, siendo todos responsables de la barbarie.

La amistad de Divac con el resto de integrantes ‘plavi’ con orígenes croatas también se deteriororó: Toni Kukoc y Dino Radja se sumaron al distanciamiento que ya había iniciado Drazen Petrovic.

Croacia se estrena bañada en plata
En los JJ.OO de Barcelona, de 1992, la guerra continuaba devastando la antigua Yugoslavia, que no pudo acudir a defender título al encontrarse sancionada por los organismos internacionales. Croacia, en cambio, estaba clasificada para la disciplina de baloncesto en su estreno olímpico.

Aquella Croacia destilaba talento, junto a los Petrovic, Kuloc y Radja, se habían sumado importantes jugadores como Vrankovic, Tabak, Perasovic, Komazec, Cvjeticanin y Naglic. Un extraordinario equipo que plantó cara al legendario equipo de ensueño: el ‘Dream Team’, quienes se adjudicaron el oro.

'
Petro' se aclimata a los Nets
Petrovic, se había convertido en una referencia en New Jersey Nets, convirtiéndose en un jugador franquicia y en uno de los favoritos del público. Sus números se acercaban a los conseguidos en Europa con 22 puntos de promedio por partido. La estrella croata brillaba, por fin, en el firmamento de la NBA.

El trágico 7 de junio
La temporada en Estados Unidos tocó a su fin y Petrovic se enroló con el equipo nacional croata para los partidos clasificatorios para el europeo que se disputaba en Polonia. A la vuelta, el avión hizo escala en Alemania para partir desde allí a Zagreb, pero en el último momento Drazen y su novia decidieron volverse en coche.

Era un día caluroso, un 7 de junio de 1993, Petrovic aprovechó para descansar y se quedó dormido, mientras ella tomó los mandos el coche. Su inexperiencia al volante la impidió sortear a un camión cruzado en la autopista; el turismo colisionó, Drazen nunca volvió a despertar. Paradójicamente, tuvo el mismo trágico final que uno de sus rivales, y después compañero, de las canchas: Fernando Martín.

Con 28 años se perdía una de las trayectorias más importantes del basket europeo. Un jugador único, con una depurada técnica, descarado, provocador y capaz de solventar por sí mismo un partido. Ángel y demonio que no dejaba indiferente a nadie en el parqué.


100.000 personas despidieron en Zagreb al ‘genio de Sibenik en un multitudinario entierro.

Divac, por presiones políticas, no asistió al funeral y tardó un tiempo en pisar Croacia para dedicar su último adiós a su amigo Drazen. Como él dijo: “Para crear una amistad hacen falta años, pero se puede destruir en segundos”.

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