viernes, 25 de septiembre de 2026

The Sisters Of Mercy: himnos oscuros que no pierden el tren

The Sisters Of Mercy pertenecen a ese selecto grupo de bandas que pueden presumir de ser un referente en su género. Y es que aunque al cantante británico Andrew Eldritch, único miembro original de la formación, no le guste la etiqueta, el rock gótico debe mucho a Sisters, como se lo debe también a Bauhaus, The Cure, Siouxsie and the Banshees o Fields of the Nephilim.

 Otra de las curiosidades de los Sisters es que sobreviven gracias a su patrimonio musical. Un legado que no es amplio, de apenas tres álbumes de estudio, pero que ha seducido a varias generaciones con su atmósfera oscura y envolvente. Es más, el último trabajo es el 'Vision Thing' (1990). Más de siete lustros viviendo de las rentas sonoras, como un buen ahorrador que invirtió bien sus dividendos.


The Sisters Of Mercy + Real Farmer en la Sala Wagon (Madrid), 24 de septiembre de 2026

La Sala Wagon, situada en el ático de la Estación de tren de Chamartín, fue en el pasado la mítica Sala Macumba. Una curiosa metáfora de la trayectoria de The Sisters Of Mercy, legendarios hasta finales del milenio y con una fiel legión de seguidores, siempre teñidos de negro, que no abandonan a la hermandad.

Pero primero fueron los neerlandeses Real Farmer los encargados de comprobar el estado del local y del público con una ejecución muy heredera del punk y una actitud rebelde que recordaba por momentos, en el plano estético, a Eddie Vedder en los primeros Pearl Jam. Cumplieron, sin más.

Después le tocaba el turno a los hombres de oscuro —en este caso los guitarristas Kai (japonés) y Ben Christo (inglés), acompañados por el propio Andrew, cómodo e incluso sonriente—, quienes, lejos de ser previsibles, tiraron de un repertorio en el que se mezclaban los himnos de toda la vida, rarezas y alguna joya que nunca ha entrado en ningún disco oficial. 

First And Last And Always era la primera de una sorprendente lista donde se cruzaban obviedades como la minimalista y contundente Alice, siempre muy celebrada, junto a piezas más inéditas con una gran melodía como Don't Drive On Ice o I Will Call You, nuevo guiño post-punk que bien habrían firmado The Mission, si me perdonan el comentario. Todo fluía, aunque gran parte del sonido estuviera enlatado a través de la caja de ritmos denominada Doktor Avalanche. Otro más de la familia, en este caso desde las sombras.

En Eyes Of Caligula y Quantum Baby se nota la entrada del nuevo siglo. Se palpa que son cortes nuevos de las últimas giras donde distintas influencias, incluso más metaleras, inspiran la nueva era. Ambas hacían de prólogo para More, con esos sintetizadores e inconfundibles coros alargando el clímax. Es aquí cuando el público madrileño se hizo sentir. También con la dulce Here, que combina muy bien la guitarra española con la eléctrica.

El tramo final llegaba con On The Beach, I'm On Fire y el hedonismo que contiene Temple Of Love, con la cual se daba paso al necesario receso para los músicos e innecesario para el aficionado, quien ya ha entrado en ebullición y necesita mantener la temperatura.


Los bises eran esperados y también inesperados, muy a la altura del setlist de la noche. Colours, de la etapa de The Sisterhood, para acabar con dos grandes éxitos —si es que el resto no lo eran— como Lucretia My Reflection, con las guitarras llevando el timón a buen puerto, y ese eterno repique que es This Corrosion. Una clásica manera de terminar un atípico repertorio de un singular grupo que mantiene siempre su encanto y sello propio.


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