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miércoles, 2 de abril de 2014

De la portería derribada por Laumen a la del Bernabéu

Las porterías son tan indispensables en un partido de fútbol como los son el balón o los propios jugadores. Vamos a repasar tres momentos de la historia en los que los tres palos tuvieron un gran protagonismo, acaparando toda la atención y teniendo al mes de abril y a Jupp Heynckes como testigo en dos de ellas.


Herbert Laumen: de profesión, perforador de porterías
A principios de los años 70, el Borussia Mönchengladbach estaba disfrutando de su momento más dulce, de una de sus mejores etapas. El campeonato del curso 1969-1970 les convertía en uno de los rivales a batir para la siguiente temporada, 1970-71.

El secreto estaba en un plantel tremendamente equilibrado con Berti Vogts en la defensa; Rainer Bonhof y Günter Netzer en la media, la cual contaba con los goles de Jupp Heynckes y Herbert Laumen, dos artilleros de lujo para la delantera de los llamados 'potros' -debido a la juventud que atesoraba este equipo dirigido por el técnico Weisweiler-.


De tal palo, tal aluminio
Laumen defendió la camiseta del Gladbach desde 1962 a 1971. En su última temporada para los de Renania vivió uno de los momentos más anecdóticos de la competición alemana. Era el 3 de abril de 1971, el Borussia jugaba en casa, en el viejo Bökelberg, contra el Werder Bremen. El marcador reflejaba empate en el marcador y Laumen era llamado a filas para buscar el postrimero gol salvador.

En el minuto 88, el balón sobrevolaba la portería visitante y el ímpetu de Laumen a la hora de rematar le hizo adentrarse en la portería y engancharse en las redes, como un pescado luchando por librarse de su captura. La fuerza con la que arremetió el ariete tiraba abajo el marco de madera que caía presa de un huracán llamado Laumen.


El partido fue suspendido, siendo el Werder Bremen el ganador oficial. La Federación Alemana consideró que era responsabilidad del equipo local proporcionar una segunda portería de repuesto, por lo que fue multado con 1.500 marcos alemanes.

Laumen y el palo roto en Bökelberg
Laumen, enrededado en las mallas de la portería caída.
La segunda ensaladera del Borussia no corrió peligro, a pesar de no conseguir los dos puntos aquella jornada, dado que los resultados favorecieron los intereses del Gladbach. pero este insólito momento del fútbol germano sirvió para que la Bundesliga obligara a todos los clubes a cambiar sus travesaños y palos de madera por los de aluminio, además de tener una portería de sustitución.

Una parte de los restos de aquel carcomido poste de madera se exhiben, actualmente, en una urna en el nuevo estadio del Borussia, como una de las joyas del museo que fueron testigo de uno de los episodios más curiosos del club y protagonizado por uno de sus mejores delanteros, Laumen, que junto a Heynckes comanda la clasificación histórica de goleadores del Mönchengladbach.


El arco de Jorge Campos

El Mundial de Estados Unidos también vivió un capítulo semejante a los 20 minutos del duelo de octavos de final entre Bulgaria y México, en el impresionante Giants Stadium de Nueva York. Era el 5 de julio de 1994.

El hábil y veloz Hristo Stoitchkov había abierto pronto un marcador que quedaba nivelado, poco rato después, con el lanzamiento magistral de García Aspe a la escuadra, desde los once metros.

Un saque de esquina botado por Balakov y prolongado por Kostadinov hacia el área encontraba la oposición de Marcelino Bernal, quien cabeceaba providencialmente para despejar. La fuerza con la que apareció el futbolista, le hizo adentrarse en el arco defendido por el excéntrico Jorge Campos hasta engancharse con las mallas.

Antes de caer al suelo, Bernal se había agarrado al lateral de la red forzando la barra superior de la portería, la que mantenía fija la malla, destensándola. Para evitar contratiempos, la organización del Campeonato del Mundo sustituyó la protería por otra nueva en un vertiginoso relevo que apenas llevó siete minutos.




Los 75 minutos más bochornosos de la historia del Real Madrid
El rendimiento ofrecido por el Real Madrid en la campaña 1997-98, dirigida por Jupp Heynckes, estaba resultando muy deficiente. El Alavés había echado a los merengues de la Copa del Rey y en Liga eran incapaces de aguantar el ritmo del Barcelona de van Gaal. La plantilla parecía abocada a la suerte que deparara la aventura continental. Un riesgo para un club que llevaba 32 años sin levantar la 'orejona', desde 1966, con el sexto título sumado por Gento para el equipo de Chamartín.

La Copa de Europa se había convertido en una obsesión tanto para el presidente Lorenzo Sanz como para gran parte de los seguidores blancos, para quienes la conquistas del máximo cetro europeo permanecían olvidadas en antiguas fotografías en blanco y negro.

Por ello, el mandatario blanco había reunido una plantilla de garantías mezclando a hombres de la casa -Sanchís y Raúl-, con futbolistas nacionales de gran peso en el vestuario -Amavisca, Morientes y Hierro-, junto a grandes fichajes foráneos -Panucci, Roberto Carlos, Mijatovic, Seedorf, Suker, Redondo o Illgner-. El papel de secundarios lo ofrecían, de manera notable, Karembeu, Víctor y Fernando Sanz, hijo del presidente.


El duro camino hacia Ámsterdam
El Real Madrid había superado cómodamente la primera fase, liderando un grupo formado por Rosenborg, Olympiacos y Oporto, cediendo sólo una derrota en su visita a Noruega. Europa asomaba en el horizonte como la única posibilidad de convertir un año desastroso en una temporada buena o inolvidable, dependiendo del resultado en la Champions. Una apuesta complicada, de las que pocas veces se saca rédito.

El Bayer Leverkusen era el contrincante de cuartos de final. Una aspirina para mitigar los dolores de haberse quedado fuera de los dos torneos nacionales -Liga y Copa-. El empate en Alemania y el triunfo en casa, por 3-0, permitían a los madridistas plantarse en semifinales contra otro equipo germano: el Borussia Dortmund.

A pesar de que los negroamarillos eran los campeones vigentes del torneo, se daba por bueno el emparejamiento, dado que los de Dortmund habían eliminado al Bayern Múnich, la 'bestia negra' del Real Madrid.


La portería del fondo sur
El 1 de abril de 1998, mientras los jugadores formaban y el himno de la Champions League sonaba, un centenar de hinchas situados en el fondo sur, pertenecientes a la peña Ultras Sur, se subían a la valla metálica situada detrás de la portería. La valla cedía y con ello se llevaba el rudimentario sistema de sujeción de la red, que estaba enganchada a la propia reja, debido al efecto dominó, la portería se derrumbaba contra la verde lona como un púgil golpeado. 

Eran las 20:44 horas. El bochorno estaba a punto de arrancar. Jupp Heynckes asistía atónito desde el banquillo, reviviendo otra experiencia similar a la que ya había padecido con Laumen en 1971.


Alrededor de la portería caída, como si fuera un cadáver al que analizar, aparecieron numerosos operarios y trabajadores del club, que se movían nerviosamente, revoloteando despistados sin poder dar una solución. La idea de devolverla a su sitio a través de un taco de madera era inviable.

Después de muchos minutos de duda, se decidió acudir por una de las porterías de entrenamiento que había en la antigua Ciudad Deportiva, donde se encuentran actualmente las Cuatro Torres. Es decir, a dos kilómetros de distancia del Bernabéu.

Agustín Herrerín, actualmente delegado de campo, capitaneó aquella aventura en la que intervino también la policía y dos colaboradores de lujo que ejercieron de porteadores y a los que el Real Madrid compensó posteriormente económicamente . Hubo que regatear todo tipo de obstáculos físicos para recoger la portería y subirla a un camión con dirección al Santiago Bernabéu, sirenas incluidas y en dirección contraria. Más propio de una comedia que de un prólogo de un partido de Copa de Europa.

La operación de emergencia duró 75 minutos y estuvo cerca de suponer la eliminación madridista por suspensión del encuentro, y que finalmente 'sólo' costó una sanción económica y un partido de suspensión. Un mal menor ante el severo castigo que podría haber sido la derrota en los despachos.



Con el visto bueno del colegiado Mario van der Ende a la nueva portería, que quedaba anclada provisionalmente, se iniciaba el partido, con más de una hora de retraso, donde Morientes y Karembeu fueron los autores de los dos goles, renta suficiente para acceder a la final, dado que no se pasó del empate a cero en el Westfalenstadion.

La Séptima Copa de Europa pasaba de ser una opción a ser una realidad. Una realidad que tomaba forma definitiva en Ámsterdam a través de Mijatovic, con la Juventus y Zidane enfrente, un enemigo muy íntimo que escribía aquel capítulo ejerciendo de villano antes de ser parte de la historia del Real Madrid como héroe. Una historia que pudo haber tenido un colofón diferente sin la presencia de Agustín Herrerín.

viernes, 8 de marzo de 2013

El miedo escénico del Santiago Bernabéu: las remontadas europeas del Real Madrid

Siempre que el Real Madrid tiene un resultado adverso en una eliminatoria se suele hablar del 'espíritu de Juanito', del 'miedo escénico' y de las 'mágicas noches Europeas en Chamartín', una conjura para la remontada que hace tiempo que no se produce y que se acuñó con seis partidos claves en la historia del equipo blanco donde se mezclaban varios factores.

Europa por aquel entonces era una duda constante, nadie conocía con certeza a los rivales y el factor cancha tenía un peso importante. Los equipos españoles solían sufrir mucho en el extranjero y era extraño ver ganar a los nuestros en campo contrario, incluso ante rivales inferiores, con lo que adquiría gran importancia jugar el partido de vuelta ante tu público, que en el caso madridista era un ambiente diferente al actual con un 'gallinero' (parte alta del graderío del Bernabéu) abarrotado e implicado que se dejaba contagiar por el ambiente del fondo sur.

Con el público metido en el partido la consigna era ser firmes e intentar embotellar al equipo contrario en su campo desde los inicios y ser los primeros en chutar a puerta. En el descanso, había que dar una sensación de ansiedad y aparecer antes de que el árbitro estuviera en el campo. Un ideario que aplicó el Real Madrid a rajatabla en aquellos años. Estas fueron sus siete principales víctimas.

1. Copa de Europa (5 de noviembre de 1975), Real Madrid 5-1 Derby County (1-4)

Derby CountyLa vieja Copa de Europa enfrentaba, por aquel entonces, en eliminatorias directas a los campeones de las distintas ligas. Un formato atractivo y peligroso El Derby County era el vigente campeón de Inglaterra, un segundo título para la institución, y último hasta ahora, que confirmaba las buenas vibraciones que había tenido el equipo, tres años antes, con el mítico entrenador Brian Clough y que en esa temporada tenía a Dave Mackay en la dirección técnica.

La competición partía de los treintaidosavos de final donde merengues y carneros (rams, en alusión al animal de su escudo) se habían deshecho del Dinamo de Bucarest y Slovan de Bratislava, respectivamente.

En el duelo de ida de dieciseisavos de final, en el Baseball Ground, los ingleses se habían impuesto por un rotundo 4-1, dos de los tantos desde el punto de penalti, ante un equipo blanco que llegaba herido a Madrid por el varapalo recibido. Aún así, el público acudió en masa a un Chamartín que rozó los 100.000 espectadores.

El técnico yugoslavo Miljan Miljanic, uno de los pioneros a la hora de trabajar el apartado físico en el entrenamiento, dirigía a un equipo que presentaba el siguiente once: Miguel Ángel; Sol, Benito, Pirri, Camacho; Breitner, Del Bosque, Netzer; Amancio, Santillana y Roberto Martínez (4-3-3).


Roberto Martínez anotó los dos primeros, a los 3' y 51', Santillana puso de cabeza el tercero en el 55' que desnivelaba la eliminatoria para los blancos, un minuto después era el Derby el que marcaba con un golazo a la escuadra. A falta de diez minutos para el final, Pirri igualaba el resultado de la ida, desde los 11 metros, para jugarse una prórroga donde el cántabro Santillana tenía la habilidad para controlar el balón con el pecho, hacer un sombrero y golpear de volea. La gesta estaba concluída.

El camino del conjunto blanco llegó hasta las semifinales donde la 'bestia negra' de los madridistas, el Bayern de Múnich, se imponía con un equipo de ensueño con el que dominaba Europa y en el que Maier, Beckenbauer, Rummenigge, Gerd Müller o Uli Hoeness se dedicaban a coleccionar 'orejonas' por afición.

2. Copa de Europa (19 de marzo de 1980), Real Madrid 3-0 Celtic (0-2)

El segundo capítulo se producía en cuartos de la Copa de Europa de 1980 con otro incómodo marcador traído desde tierras británicas. En aquella temporada estaba otro balcánico en los banquillos, Vujadin Boskov y el reto de disputar la final en casa dado que la UEFA celebraba las bodas de plata de la Copa de Europa y había elegido el Bernabéu como sede de la final.

El equipo del Real Madrid estaba formado por: García Remón; Sabido, Benito, Pirri, Camacho, Del Bosque, Stielike, Ángel, Juanito, Santillana y Cunningham.

Celtic GlasgowOtra vez Chamartín respondía en un día festivo y familiar dada la fecha. El cuadro merengue salió revolucionado con un Sabido que realizó varias entradas escalofriantes para amedrentrar a los jugadores del Celtic.

Aquel día el Real Madrid tardó en disparar a puerta, en cambio los 'bhoys' dispusieron de más ocasiones en los primeros instantes. Antes del descanso, un córner de Cunningham, con su habitual estilo con el exterior del pie derecho, generaba dudas en la defensa de los escoceses y Santillana aprovechaba para rematar desde el suelo.

Los siguientes 45 minutos cumplieron los cánones de las remontadas con el plantel madridista lanzado en tromba y encerrando al conjunto de Glasgow. Una pared de Juanito con Cunningham, primer futbolista inglés en fichar por el Real Madrid, terminaba en la testa de Santillana quien con inteligencia amortiguaba el cuero hacia Stielike para empatar la eliminatoria.

El encuentro se abrió para ambos conjuntos, con los merengues permutando posiciones y apareciendo por oleadas hasta que un tsunami llamado Juanito cabeceaba a las mallas el tercero, el que volteaba el marcador. Ángel y demonio, un futbolista genial que empañó sus habilidades con su temperamento y agresividad.
Brian Clough y Peter Taylor en la final de Madrid

En semifinales, el Hamburgo de Kevin Keegan y Felix Magath echaban a los blancos con la misma medicina: un 2-0 en Chamartín fue respondido con rotundidad por un histórico y doloroso 5-1 de los teutones, quienes finalmente se quedaron rozando la 'orejona' para ser acariciada y besada por esa dupla mítica formada por Brian Clough, Peter Taylor en el Nottinghan Forest, único club del mundo que tiene la curiosidad de haber ganado más torneos continentales que nacionales. (2 Copas de Europa y una Supercopa de Europa frente a una Liga inglesa).


3. Copa de la UEFA (12 de diciembre de 1984), Real Madrid 6-1 Anderlecht (0-3)

La competición de la UEFA era el segundo título europeo en importancia, por delante de la Recopa al que acudían los campeones de las Copas nacionales, aunque a veces por su calidad de los integrantes en el torneo se convertían en el título más duro de todos los disputados.

El por qué era sencillo. Para luchar por la Copa de Europa sólo había un representante por país, aquella campaña fue el brillante Athletic de Javi Clemente, mientras que en la UEFA podían aparecer hasta cuatro clubes de Ligas como la española, alemana o italiana, conjuntos que generalmente habían crecido en calidad al fichar más estrellas por no haber sido vencedores en sus campeonatos ligueros el curso anterior.

En el torneo de la UEFA de 1984-85, cayeron en primera ronda el Atlético, Real Betis y Real Valladolid -se ganó el puesto europeo tras haber ganado la extinta Copa de la Liga-, dejando al Real Madrid como único representante español tras la primera criba que se convirtió en un calvario con el choque de dieciseisavos ante el Rijeka (1-3, 3-0) en otra meritoria remontada que gozó de bastantes favores arbitrales y que dejo a los yugoslavos diezmados.


En octavos tocaba el Anderlecht. Los blancos tenían una buena mezcla de veteranía y juventud, comandada por una generación de jugadores surgidos de la cantera y denominados como la 'Quinta del Buitre' (Martín Vázquez, Míchel, Pardeza, Sanchís y Butragueño).

Los merengues saltaron al césped con: Miguel Ángel; San José, Sanchís, Gallego, Camacho; Míchel (Salguero, min. 55), Stielike, Lozano (Martín Vázquez, min. 71); Butragueño, Santillana y Valdano.

 Los 'malvas de Bruselas' traían un cómodo 3-0 y una flamante estrella, de apenas 18 años, como Enzo Scifo llevando la manija de los belgas quienes sufrieron desde el principio con una apabullante primera media hora local que redujo la ventaja (con goles de  Sanchís, Butragueño y Valdano) y destrozó la defensa adelantada del Anderlecht. 

El 3-1 de Frinmann pareció estropear la fiesta que se estaba viviendo en las gradas, pero de nuevo Valdano y Butragueño dejaban el partido finiquitado que acababa con la guinda de un 'hat-trick' del 'Buitre' en el último suspiro. En una de sus mágicas exhibiciones.


4. Copa de la UEFA (24 de abril de 1985), Real Madrid 3-0 Internazionale (0-2)

El Real Madrid caminaba con paso firme y triunfal por la UEFA, al Anderlecht siguió un correoso Tottenham de Glenn Hoddle y en semifinales esperaba uno de los 'cocos', el Inter de los Zenga, Bergomi, Altobelli, Brady y Rummenige.

Como era costumbre, los blancos sufrieron en el Guisseppe Meazza interpretando un papel de equipo encerrado que tan malos resultados ha dado históricamente a los blancos. Pero los merengues estaban tranquilos, a pesar de los dos goles había una extraordinaria confianza en dar la vuelta en Madrid a la eliminatoria y por ello Juanito dedicó a Bini, jugador interista, aquella frase mitad en español, mitad en italiano y totalmente chulesca:  “Noventa minuti en el Bernabéu son molto longo”.

Escudo del Inter en los 80, conocido como 'Il Biscione'. Fuente DDF

Los 90 minutos de Chamartín dieron la razón a Juan Gómez. El Real Madrid fue fiel al decálogo de acciones en una remontada. Aquella noche jugaron con: Miguel Angel, Chendo, Salguero (Fraile 24´), (Juanito 76´), Stielike, Camacho, Michel, San José, Gallego, Pineda, Santillana y Valdano.

Santillana subía el 1-0 antes del primer cuarto de hora fruto del empuje inicial de los blancos y elevaba el segundo al electrónico con un remate de cabeza, marca de la casa, en el momento clave del choque, en el 43'. Con la eliminatoria igualada, el Inter se lanzó al ataque y se abrió el duelo. Stielike salvaba bajo palos un gol cantado y acto seguido era Míchel el que certificaba la proeza con un fuerte chut.

Después de rondas igualadas y remontadas inverosímiles, el Real Madrid se enfrentaba en la final a un rival de menor entidad y deshabituado a las presiones. Los blancos vencieron con holgura en Hungría al Videoton, 0-3, para tener una vuelta relajada y plácida en la que incluso perdieron por la mínima, 0-1. En aquella época el torneo de la UEFA se decidía a doble encuentro. Los madridistas estrenaban de este modo su palmarés en la competición y se alzaban con el primer título.


5. Copa de la UEFA (11 de diciembre de 1985), Real Madrid 4-0 Borussia M'gladbach (1-5)

Athletic, Sporting, Osasuna y Real Madrid eran los representantes de la Liga entre los 64 conjuntos candidatos a conseguir la UEFA, sólo rojiblancos y merengues llegaron a octavos de final donde esperaban el Sporting de Portugal y el Borussia Mönchengladbach.

La victoria de los vizcaínos en San Mamés no sirvió para pasar de ronda y los otros 'leones', los de Lisboa, se imponían con un contundente 3-0 en el José Alvalade.

El equipo blanco y vigente campeón de la competición vivió otra de sus habituales pájaras europeas en las que parecía un 'sparring' al que pagaran por encajar goles para después voltear el combate. En aquella ocasión, el correctivo fue todavía más duro. El partido se celebró en Düsseldorf en lugar de Mönchengladbach ya que el
Rheinstadion disponía de mayor capacidad.

El frío, el campo helado y el gran juego del Gladbach se atragantaron al Real Madrid. Los alemanes estaban dirigidos por uno de sus grandes mitos del club teutón, Jupp Heynckes, y contaban con jugadores como Uwe Rahn o Hans-Jörg Criens que aquella noche pasaron como un tren de mercancías sobre el conjunto madridista.


Para añadir épica, Molowny no podía contar para el duelo de vuelta con varios de sus hombres claves como Hugo Sánchez, Chendo y Gordillo, a ellos se añadía la lesión a última hora de Sanchís. Los elegidos para aquella noche fueron: Ochotorena; San José (Cholo 75'), Maceda, Salguero, Camacho; Míchel, Ricardo Gallego, Juanito (Martín Vázquez 90'); Valdano, Santillana y Butragueño.

El mismo guión que en anteriores ocasiones era interpretado en Chamartín. Valdano, en el 7' y en el 20', ponía el miedo en el cuerpo a los germanos que reculaban hasta parapetarse en su campo. El Madrid no se entretenía en las celebraciones y el balón no dejaba de moverse. Con la mitad del trabajo hecho, el tercero se hizo de rogar y apareció en una jugada de pizarra que acababa con una volea de Santillana, a los 76', antesala del cuarto, obra también del cántabro en el 89'.

El delirio llegaba a las gradas y al césped con imágenes históricas como la montaña humana sobre Santillana mientras otros jugadores corrían sin sentido gritando por el césped. El posterior cambio de Juanito y sus saltos hacia el túnel de vestuario cierran el álbum de recuerdos madridistas de aquella hazaña.

6. Copa de la UEFA (16 de abril de 1986), Real Madrid 5-1 Inter Milán (1-3)
Si los octavos de final habían sido duros, no menos fueron los cuartos ante el Neuchatel donde Juanito y Stielike revivieron sus antiguos desencuentros en el vestuario de Chamartín con un duelo frente a frente en busca de las semifinales.

El futbolista alemán había recalado en el conjunto suizo y la suerte caprichosa de los bombos quiso servir una dosis de ración de morbo a la historia. Ambos protagonizaron varios roces durante el partido que serían 'coronados' con un salivazo del malagueño a Stielike dejando definitivamente patente las diferencias que siempre existieron entre ambos jugadores. Juanito protagonizaba otro de sus enésimos capítulos como diablo, como jugador irascible e incontrolado capaz de lo peor. El Real vencía por un global de 3-2 a los helvéticos (3-0 y 0-2).      



En semifinales tocaba reeditar el partido de la anterior campaña. El Inter se había impuesto en la ida, por 3-1, y la vuelta parecía complicarse con la lesión de Sanchís.

El Madrid jugó con: Agustín; Chendo, Camacho, Maceda, Sanchís, (Salguero 13´), Gordillo,
(Juanito 111´), Butragueño, Michel, Hugo Sánchez, Gallego y Santillana.

En esta ocasión, los neroazzurri no cayeron en la trampa de los primeros minutos y supieron sostener las embestidas iniciales. Cuando los italianos se las prometían felices llegaba el psicológico tanto de Hugo Sánchez en el 44', desde los once metros y tras una discutible pena máxima sobre Míchel.

Gordillo adelantaba a los de Chamartín a los 63' y otorgaba momentáneamente el pasaporte a la final. Acto seguido era Brady el que anotaba para los interistas, de penalti y Hugo Sánchez, de nuevo, nivelaba la desventaja de la ida desde los once metros merced a una vertiginosa acción de Butragueño.

En la prórroga, Santillana permanecía fiel a su cita con el gol ante los interistas, su particular verdugo, anotando con un testarazo y más tarde culminando una contra que suponía la manita.


7. Copa de la UEFA (30 de abril de 1986), Real Madrid 5-1 Colonia (0-2)
 
La segunda final consecutiva de la UEFA se resolvió en Chamartín con otro inapelable 5-1 ante el Colonia. Un buen equipo en el que destacaban Schumacher, Pierre Littbarski y Klaus Alloffs como principales referentes. Los germanos se adelantaron en el marcador y después cayeron bajo el embrujo del "miedo escénico". Hugo Sánchez y Gordillo, en apenas cuatro minutos, recuperaban la ventaja para los blancos. En el segundo tiempo, un doblete de Valdano y otra postrimera diana de Santillana dejaban vía libre para el título.

El Colonia supo dar la réplica en la vuelta, en un semivacío Olímpico de Berlín, con un 2-0 que se quedaba corto y que daba el segundo título de la UEFA a los madridistas. Un bicampeonato que nadie ha alcanzado y un trofeo que no volvería a las vitrinas del Santiago Bernabéu.


El fin del miedo escénico
En muchas ocasiones ha recurrido el madridismo y el periodismo a invocar el 'espíritu de Juanito' y el ambiente de las grandes remontadas. Lo cierto es que el 'miedo escénico' ha desaparecido de Chamartín por un ambiente más sosegado y las grandes gestas han quedado en las hemerotecas y en la mente de los aficionados.

Durante las últimas décadas sólo el Estrella Roja, en cuartos de final de la Copa de Europa (1986-87) y el temido Bayern Múnich, 1988 y 2002, han sufrido una remontada que ni tenían la magia de estos partidos ochenteros ni la desventaja para convertirlas en gestas. Hazañas que todavía son recordadas cuando el Real Madrid sufre un revés en Europa y que forjaron parte de su leyenda en el continente.

domingo, 11 de marzo de 2012

Laumen, el perforador de porterías del Borussia

El Borussia Mönchengladbach o Gladbach, forma con la que se denominó a la ciudad inicialmente, dominó durante un lapso de tiempo el fútbol germano. Es el club representativo de Mönchengladbach, población perteneciente a Renania del Norte y que dista a poca distancia tanto del cauce del río Rin como de la frontera con los Países Bajos.

Mönchengladbach, mapa

Breve historia de Prusia
Prusia fue un antiguo estado situado en centroeuropa, en sus orígenes, siglo XIII, habitado por un pueblo báltico, que nunca llegó a ser cristianizado, que recibió el nombre de borusios. En su etapa de mayor expansión, siglo XVIII, el territorio de Prusia llegó a extenderse por Polonia y territorios de Rusia y Alemania. Se le considera precursor y germen de la actual Alemania, de hecho tuvo como capital a Berlín.

La historia de Prusia se entremezcla con la de Alemania, durante el siglo XX, hasta su disolución, tras la II Guerra Mundial (1945). Los territorios prusianos fueron repartidos entre: Polonia, la U.R.S.S. y los diferentes landers de las, por entonces, recientemente creadas R.D.A. y R.F.A.

Borusianos por Alemania 
El nombre de Borussia, prusianos en latín, ha sido una denominación muy popular para bautizar a los clubes deportivos en Alemania. Los más aclamados son el de Mönchengladbach y el de Dortmund.

Con menor repercusión, homenajean al extinto estado Prusiano y a sus primeros habitantes, equipos situados en Wuppertal (Wuppertaler SV Borussia), Fulda (Sportclub Borussia 1904 Fulda), Neunkirchen (Borussia Neunkirchen), Friedenstal (Herforder Sportverein Borussia Friedenstal) y Colonia (Sport-Club Borussia Lindenthal-Hohenlind).

escudo del Borussia Mönchengladbach

Los primeros pasos del Gladbach
Aunque los orígenes se remontan al club Turnverein Germania 1889, oficialmente se considera el año 1900 como el momento en el que el Borussia aparece en escena. A pesar de ser una institución histórica y de estar arropado por un público muy fiel, los resultados no acompañaban en los primeros años.

Es en los 60 cuando el club despierta del letargo, con un celebrado título de Copa. Posteriormente, en 1965, el Gladbach se estrenaba oficialmente en la recién creada Bundesliga.

Los años 70 fueron la década dorada del cuadro teutón, es cuando el equipo se consolida en la élite, aupado por las estrellas emergentes que hacían que los títulos se fueran sumando.

El nombre de Borussia también conquistaba el continente, como Prusia había dominado Europa siglos atrás, alzándose con la Copa de la UEFA en dos ocasiones -siendo el primer club germano en proclamarse vencedor de la competición- que pudieron ser más, perdiendo por el balón doble de los goles en un duelo fratricida contra el Eintracht, en la primera final europea entre dos equipos alemanes.

Entremedias se escapaba la oportunidad de coronarse con la 'orejona', pero el Liverpool frenó el ímpetu de los borusianos. La negativa de los ‘reds’ a jugar la Intercontinental, otorgó la oportunidad al Gladbagh de conseguir un inesperado trofeo, pero otro histórico del fútbol mundial, Boca Juniors, impedía el triunfo (1978).

La plantilla, en la época dorada, estaba repleta de estrellas como: Vogts, Jensen, Heynckes, Wimmer, Netzer y Laumen, a los que se añadieron posteriormente jugadores como Allan Simonsen y Uli Stielike. El poder del equipo llegó a ser por momentos insultante: como el 7-1 del año 1971 al Inter de Milán -que por culpa de una lata de coca-cola lanzada desde la grada y que impactó a un jugador interista se anuló el resultado- o el sonrojante 12-0 al otro Borussia, el de Dortmund, en 1978.

Borussia campeón de la Bundesliga
La plantilla del Borussia con la ensaladera de campeón de la Bundesliga.

Los días de vino y rosas quedaron atrás, como un bonito recuerdo. El título copero de 1995 fue un brindis a aquellos momentos de gloria que poco a poco se iban perdiendo. Por perder, hasta abandonaban por primera vez la máxima categoría, eran años complicados en los que los ascensos eran los nuevos momentos históricos del equipo de Renania, una ciudad de apenas 200.000 habitantes que sigue teniendo el segundo mejor registro de la Bundesliga, por detrás de su gran rival: el Bayern de Munich.

Palmarés:
Bundesliga 5: 1969-70, 1970-71, 1974-75, 1975-76, 1976-77
Copa 3: 1959-60, 1972-73, 1994-95
Copas de la UEFA 2: 1974-75, 1978-79 

En la actualidad parece que el club ha olvidado sus últimos sinsabores, mitigado con la actual generación de futbolistas, como el venezolano Arango, el alemán Hanke, y en especial dos jóvenes valores: Marco Reus y Patrick Hermann, surgido de la prolífica cantera del Gladbagh, donde también han aparecido legendarios jugadores como Lothar Matthäus, Günter Netzer, Jupp Heynckes, Marko Marin, Sebastián Deisler y Herbert Laumen o que ha servido como primer club para estrellas del fútbol alemán como Uwe Rahn, Berti Vogts, Stefan Effenberg y Uwe Kamps.

Gran ambiente en las gradas 
Como en la gran mayoría de estadios de la Bundesliga, la atmósfera del Borussia Park es extraordinaria. En 2004, el moderno feudo del Borussia abría sus puertas, sustituyendo al mítico Bökelberg. La nueva sede del Gladbach se levantaba sobre una antigua zona militar usada por los británicos, con un aforo para 54.000 espectadores. El equipo es conocido como ‘los potros’, por aquella capacidad en los años 70, de la mano del técnico Weisweiler, para sacar nuevos jóvenes valores al césped.

La institución cuenta con el respaldo de más de 40.000 socios, siendo la cuarta masa social más grande del país. El ambiente se puede comprobar en instantes como el momento en el que los hinchas entonan el emotivo tema.: 'Die Seele Brennt'.

estadio del Borussia, Borussia Park

Equipación 
El uniforme del Borussia es blanco, acompañado por los otros dos colores corporativos del club: el negro y el verde. A lo largo de los años la combinación de los tres tonos ha dado lugar a diferentes indumentarias, propio de la idiosincrasia de los clubes germanos.

Borussia Park

Herbert Laumen 
Nacido en el propio Moenchengladbach, la misma población que ha servido de cuna para personajes tan dispares como Goebbels, ministro nazi de propaganda o el creador del método Pilates.

Laumen junto a Netzer, Vogts y su paisano Heynckes, también natural de la ciudad, escribieron las páginas más exitosas del club. Laumen era un delantero rompedor, de disparo seco, que junto a Heyckness se convirtieron en la pesadilla de las defensas de la Bundesliga, de hecho todavía comandan la lista de máximos artilleros del club (195 goles para Jupp y 97 para Herbert).

Laumen defendió la camiseta de 'los potros' desde 1962 a 1971. En su última temporada para los de Renania, vivió uno de los momentos más anecdóticos de la competición alemana.

máximos goleadores del Borussia. Criens, Heynckes y Laumen
Máximos artilleros de la historia del Gladbach: Criens, Heynckes y Laumen.
De tal palo, tal aluminio 
El 3 de abril de 1971, el Borussia jugaba en casa, en el viejo Bökelberg, contra el Werder Bremen. Aquel día vestían de rojo, el Gladbach se estaba jugando la liga y Laumen había salido como suplente, llevando el 12 a su espalda. El marcador reflejaba el 1-1, cuando en el minuto 88 un balón sobrevoló la portería del Werder, Laumen saltó y al caer quedó enganchado en las mallas, como un atún atrapado por las redes, la fuerza con la que se adentró en la portería hizo que ésta se desencajara como un castillo de naipes movido por el viento.


El partido fue suspendido y posteriormente se decretó al Bremen como ganador del encuentro, al ser responsabilidad del equipo local el no haber podido proporcionar una segunda portería de repuesto, por lo que fue multado con 1.500 marcos alemanes.

Laumen y el palo roto en Bökelberg
Laumen, enrededado en las mallas de la portería caída.

El segundo título del Borussia no corrió peligro, dado que los resultados de la jornada acompañaron los intereses del Gladbach, pero este insólito e histórico momento del fútbol sirvió para que la Bundesliga obligara a todos los clubes a cambiar sus travesaños y palos de madera por los de aluminio, además de tener una meta de sustitución.

Una gran parte de los restos de aquel poste de madera se exhiben, actualmente, en una urna en el nuevo estadio del Borussia, como una de las joyas del museo que fueron testigo de uno de los capítulos más curiosos del club y de la historia del fútbol teutón.

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