jueves, 1 de octubre de 2026

Pasaron 30 años, sin Placebo y sin móviles no somos nadie

 Dicen que hay que volver al sitio donde uno fue feliz: a veces no es solo el lugar, son las sensaciones. Dicen que un placebo es una sustancia o tratamiento sin valor médico que te hace mejorar porque crees que funciona.

El grupo Placebo siempre funcionó muy bien, desde sus inicios, creando maravillosas sensaciones con un rock alternativo en ocasiones muy melancólico pero que ha hecho muy feliz a sus seguidores. Ahora, 30 años después de su homónimo álbum de debut, Brian Molko y Stefan Olsdal nos devuelven a su pasado discográfico, al espacio donde fuimos felices.

Placebo + Elisabeth Elektra en el Movistar Arena (Madrid), 1 de octubre de 2026 

La idea de Placebo para este tour no es novedosa. Molko y Olsdal quieren homenajear estas tres décadas sobre los escenarios tocando canciones de sus dos primeros trabajos: 'Placebo' (1996) y 'Without You I'm Nothing' (1998), con el que sedujeron al mismísimo David Bowie, casi nada. Y eso son palabras mayores, porque el éxito ha sido vasto y a la vez comedido. Nunca han llenado estadios ni su merchandising ocupa millones de estanterías, pero su calidad es incuestionable. Una banda de culto masivo. Un 'mainstream' entre minorías, especialmente fuera del Reino Unido. La contradicción por bandera, como una pastilla no hecha para curar, pero que cura. Es decir, un Placebo.

Uno no sabe cómo actuar cuando escucha a Placebo. No sabe si reír, si llorar, si mirar al infinito o las tres cosas a la vez. El Movistar Arena, antiguo WiZink Center y perpetuo Palacio de los Deportes, recibía al belga de nacimiento, nacionalizado británico y estadounidense, Brian Molko, y al sueco más madrileño del planeta, Stefan Olsdal. Tan internacionales como algunos de sus temas.

El electropop de la escocesa Elisabeth Elektra precedía al repaso por los dos primeros álbumes de Placebo, como si fuera 1998 de nuevo y el nuevo milenio nos estuviera esperando. Sin móviles. Una exigencia habitual del grupo y que esta noche adquiría un especial sentido por este imaginario retroceso en el tiempo a 1996. Disfrutando del momento y la gente aceptando el reto de no sacar fotos ni grabar vídeos. Disfrutando de los primeros acordes de Pure Morning, con el que iniciaban el homenaje a los exitosos comienzos de la formación. Desde el estilo más sucio e influenciado por el grunge de 'Placebo' al más melancólico y maduro del 'Without You I'm Nothing'.


Sonaron Come Home, You Don't Care About Us, Bionic, con ese maravilloso solo de guitarra tan noventero y tan propio de la música que se cocinaba en Seattle en aquel momento, Without You I'm Nothing, palabras mayores ante esta maravilla, Allergic, 36 Degrees... si fueran jugadores de baloncesto, el Movistar Arena estaría viviendo un partido de las estrellas. Un All-Star Game en toda regla. Molko y Olsdal se intercambiaban los papeles y guitarras constantemente, con unas perennes reivindicaciones tanto políticas, con guiños a Palestina o Ucrania, como sexuales, suponiendo otra de las firmas habituales de la dupla, cuyo aspecto andrógino y ambiguo ha arrastrado tanto fieles como detractores.

La lista no paraba: I Know, que mejora en directo con los años y es otra de las cualidades de este dueto en la actualidad, aunque convertido en sexteto para el tour, porque dan un toque distinto a sus temas en vivo que en el estudio. Lo cual se agradece y es casi una rareza en un panorama musical más dado a llevar partes pregrabadas que a interpretar de otro modo sus propias canciones. 

Era el momento de las piezas menos habituales de estas décadas y que han recuperado su hueco en el repertorio para lucirse como se merecen: Scared Of Girls, la destructiva y a la vez reparadora My Sweet Prince, Lady Of The Flowers, la reciente Helen Keller, que ahora sale a la palestra como nuevo single tras haber sido una pista oculta. Mientras que Bruise Pristine y Nancy Boy aceleraban el espectáculo a su primer final.


El bis concluía con el guitarreo espectacular de Every You Every Me y dos versiones clásicas, ahora llamadas covers para que parezcamos más modernos: el erotismo de I Feel You de Depeche Mode y el que usan para cerrar los shows, que no es otro que el embrujador Running Up That Hill de Kate Bush, el cual bordan espectacularmente, como todo lo que tocan Molko y Olsdal. Un par de reyes Midas que no paran de recetarnos su mejor medicina en píldoras musicales desde 1996, cuando apenas había móviles.


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