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viernes, 20 de septiembre de 2013

Poderoso caballero es don dinero: La evolución de las equipaciones de fútbol, las marcas y los patrocinadores

Las indumentarias de fútbol han dejado de ser las equipaciones impolutas que antaño diferenciaban dos equipos sólo por los colores. Uno de los primeros cambios llegó con los escudos, más tiempo llevó el empleo de los dorsales -según la IFFHS corresponde a un lugar tan poco futbolero como Australia, durante el encuentro en 1911 entre el Leichhardt y HMS Powerful- por último, aparecían la publicidad y el nombre del jugador impreso atrás.

Chapman numera a los jugadores
En el viejo continente, un adelantado a su tiempo como el entrenador Herbert Chapman introducía los números en el Arsenal en 1929. No fue la primera revolución que acometió, las variaciones tácticas -con el dibujo denominado WM- y las mangas blancas en la camiseta 'gunner' fueron otras de sus aportaciones. En el curso 1939-40, la liga inglesa oficializaba el uso de los dorsales. Siempre del 1 al 11, identificando su posición en el campo. El 2 correspondía al lateral derecho, 3 al izquierdo, 9 al delantero...

El último equipo profesional en utilizarlos en su espalda fue el Celtic. Los de Glasgow, siempre fieles a las tradiciones, fueron obligados por la federación escocesa en 1994 a numerar la zamarra verdiblanca. Para evitar confusiones con los árbitros tenían rotulados los pantalones en su parte delantera.

Escena del famoso Celtic-Atlético de 1974, partido con 71 faltas.
El mayor evento futbolístico, la Copa del Mundo, accedió a instaurar los dorsales desde la edición de Brasil 1950. Fue a partir de Suiza 1954 cuando el número elegido para cada uno de sus jugadores por las distintas federaciones -comprendido entre 1 y 22- no cambiaba durante todo el torneo.

Surgen las camisetas personalizadas
La costumbre de que un jugador portara el mismo dorsal durante un torneo fue durante años una práctica habitual sólo en los deportes practicados en Norteamérica y en las Copas del Mundo de fútbol. El azar quiso que una persona ajena a la Confederación Brasileña eligiera el '10' para Pelé en la convocatoria de Brasil de 1958, iniciando el mito sobre el número que después lo han engrandecido genios como Maradona, Puskás, Platini, Francescoli, Hagi...

La Premier fue la primera gran competición doméstica en implantarlo. El curso 1993-94 recibía a los futbolistas con su dorsal conservado para toda la campaña y el nombre imperso a su espalda. Además, obviamente, de poder elegir fuera del rango habitual del 1 al 11.

La FIFA había tomado nota e introdujo la personalización de las camisetas durante el Mundial de Estados Unidos (1994). Un país donde siempre ha sido costumbre verlos en las ligas profesionales -ya fuera NBA, NFL o NHL- y que había dado extraordinarios beneficios en el apartado del merchandising.

Brasil-Holanda, cuartos de final de 1994
La Liga española, dado el éxito en otros torneos domésticos, modificaba su reglamento para oficializar la serigrafía de los nombres de los futbolistas en las equipaciones en el curso 1995-96. Una campaña de grandes novedades, como la aparición de la tercera sustitución.

Las marcas deportivas visten a los equipos
El deporte estuvo dominado, tras la Segunda Guerra Mundial, principalmente por las marcas surgidas de la población alemana de Herzogenaurach donde los hermanos Dassler rompieron relaciones para crear sendos imperios: Adidas y Puma. Junto a ellos, otras empresas como Umbro o Le Coq Sportif fueron entrando dentro del atractivo mercado del fútbol.

Puma

Curiosamente, el privilegio de ser el primer logotipo en aparecer en una camiseta de un club no fue ninguna de las citadas, ni siquiera Nike -que permanecía como un gigante dormido ajeno al fútbol- el elegido fue Admiral Sportswear.

La firma británica, fundada en 1914, había sido el proveedor de Inglaterra durante el Mundial de 1966. Su notoriedad internacional creció cuando el Leeds United arrancaba el curso 1973-74 con el logotipo en un costado, siendo la primera ocasión en la que un plantel profesional mostraba la marca que lo vestía. Una temporada para recordar en la entidad en el plano deportivo que concluyó con la Liga y el relevo en los banquillos de Brian Clough por Don Revie, tras más de una década en el cargo. Un reemplazo que fue llevado a la gran pantalla en la película 'The Damned United'.

La fama arropó a Admiral que inmediatamente logró un acuerdo con la Federación para la comercialización de la indumentaria de la selección inglesa por espacio de cinco años, con el consiguiente éxito de ventas de la réplica oficial y la enorme repercusión que obtuvo la propia compañía.

Admiral Sportswear

También se puede hablar de lealtades en este campo del marketing. El Bayern viste Adidas desde 1968, aunque no se mostraran las tres rayas o el logotipo hasta unos años después y el PSG vive una constante comunión con Nike, al igual que Boca Juniors e Inter de Milán.

El fallido intento reciente de algunos clubes de confeccionar su propia ropa -casos de Athletic, Real Betis o Real Murcia- ha demostrado que las marcas seguirán vinculados al fútbol por mucho tiempo, librando una batalla que se ha convertido casi exclusivamente en un mano a mano entre Nike y Adidas, con permiso de Puma, quien parece observarlos en la lejanía.

Aparece la publicidad en las equipaciones
El negocio del fútbol iba creciendo y cualquier fuente de ingresos era bienvenida. Las marcas comerciales se habían convertido en algo habitual, ya fuera mostrándose en el marcador o en las vallas publicitarias. Faltaba dar un paso más, patrocinar directamente a los clubes tras haberlo hecho con los propios futbolistas a través de sus botas.

La primera entidad en tomar tal decisión fue el Eintracht Braunschweig. El equipo del león, campeón de la Bundesliga en 1967, rompió las reglas y a través de un vacío legal se embolsó 100.000 DM de la empresa local de licores Jägermeister para incluir el logotipo de la compañía en el pecho. El pequeño club de la Baja Sajonia arrancaba en 1973 una nueva etapa en el deporte que pudo haber ido a más ya que la idea inicial era renombrar a la institución, petición denegada por la Federación Alemana.

Jägermeister

La inyección económica bañada en alcohol permitió a los amarillos y azules disponer de una privilegiada posición financiera que hizo posible la contratación del legendario jugador Paul Breitner y luchar de tú a tú frente a los colosos de Alemania. Un gran hito para el equipo más modesto en alzar la ensaladera. Actualmente, el club ha regresado a la Bundesliga sin el ciervo guiando los designios del Eintracht.

La senda abierta por el Eintracht llegó a otros países, el Liverpool cedía bajo los encantos de los yenes posibilitando que la empresa nipona Hitachi decorara la mítica camiseta roja en 1979. Si bien, un club semi-amateur se había apuntado previamente a esta fiebre del oro por apenas 1.000 libras. Era el modesto Kettering Town.


España abre las puertas a la publicidad
Nuestro fútbol no permaneció ajeno a esta nueva tendencia. La posición económica de los clubes españoles quedaba deteriorada ante las alternativas de ingresos que tenían los rivales europeos. La Asamblea de la Liga aprobaba la incursión de un anunciante en la parte delantera de la camiseta en un espacio de 100 centímetros cuadrados. Un salvavidas lanzado a la deriva ante la desastrosa situación económica de muchas entidades.

El pionero en España fue el Racing de Santander quien sorprendía el 27 de diciembre de 1981 en su aparición en el Santiago Bernabéu con el patrocinio de Teka. Precisamente, su rival de aquel día, el Real Madrid, conquistaba Europa, tiempo después, en dos ocasiones con el logo de la empresa multinacional alemana como testigo. Un contrato que se alargó por ocho años.

Real Madrid y Teka

Fidelidad a las empresas
Empresas identificadas con clubes de fútbol
La publicidad es un negocio. Por ello, son extraños y singulares los casos de entidades deportivas que mantengan casi un acuerdo vitalicio con sus patrocinadores. Los tres equipos profesionales que más tiempo llevan luciendo a sus sponsors son:
  • PSV y Philips, desde 1982. 
  • Celta y Citroën, desde 1986.
  • Inter de Milán y Pirelli, desde 1995.
El PSV no es el único caso de un club ligado estrechamente a una empresa. El Philips Sport Vereniging tiene su reflejo en Leverkusen con Bayer, en la Peugeot con el Sochaux y ha empujado a la Volkswagen a comprar las acciones del Wolfsburgo o a que el cofundador del software SAP sea el presidente del Hoffenheim. El grupo de hipermercados Casino fue el responsable del nacimiento del Saint-Etienne y de su famosa equipación verde. Otra relación muy duradera es la del fabricante de componentes electrónicos Videoton, que acompaña al equipo húngaro desde 1962.

Al otro lado del charco tenemos ejemplos en la cementera Cruz Azul en México o la cervecera Cristal de Perú. Recientemente, un gigante como Red Bull aglutina instituciones deportivas en Austria, Estados Unidos y Alemania, dando el paso definitivo a la globalización.

Red Bull, New York
Las empresas se amoldan a las rivalidades
Los colores representan a los clubes y también a las empresas. El problema es cuando un anunciante evoca al rival. Esa es la coyuntura que padeció Coca-Cola con sus paneles rotulados en la Bombonera, cuyo blanco sobre rojo podría recordar al aficionado de Boca Juniors a su enemigo de River Plate, mutando rápidamente a un azul marino sobre blanco o amarillo para sortear las quejas.

La misma transformación sufrió McDonald's en las inmediaciones del campo del Besiktas. Los tonos corporativos de la cadena de restaurantes, amarillos y rojos, eran una 'ofensa' por coincidir con otros de los equipos de la ciudad, el Galatasaray. El gigante de la comida rápida pasó a ser una imagen en blanco y negro.

Existe la opción salomónica. Una vía inteligente para no tocar el corazón de los aficionados. Uno de los primeros en averiguarlo fue Zanussi cuando descubrió que sus ventas bajaban en Cataluña por su patrocinio al Real Madrid. Muchas empresas tomaron nota apadrinando a los dos grandes clubes de cada país, eludiendo favoritismos. Así la cerveza Quilmes, aparecía en la equipación tanto de River como de Boca. Otra bebida alcohólica, Carling, hacía lo mismo con la del Celtic y Rangers, por citar los ejemplos más notorios.

En España, se ha dado este caso con el propósito de que las entidades más importantes de una provincia promocionaran un mismo proyecto. El fantasmagórico 'Aeroport Castelló', en el cual todavía no ha aterrizado ningún avión, planeaba sobre la elástica de Villarreal y C.D. Castellón.


Esta batalla de los anunciantes de ceder ante los clubes no siempre ha remado en la misma dirección. La anterior temporada, el conjunto galés del Cardiff ha invertido el camino. Los mecenas del club, de origen malasio, han transformado los 'pájaros azules' en rojos. Un capricho para encandilar al mercado asiático. La entidad se postraba de rodillas ante el benefactor.

Pero no sólo los modestos han sucumbido. Uno de los motivos por lo que se argumenta la salida del técnico murciano José Antonio Camacho del Real Madrid fue cuando supuestamente se sintió presionado por Adidas para que David Beckham saliera obligatoriamente titular en su once ante el Espanyol.

Poderoso caballero es don dinero
El poema de Francisco de Quevedo conserva su esencia en el mundo del fútbol del siglo XXI. Nada ni nadie parece escapar a la influencia del dinero. Los torneo nacionales han renombrado sus campeonatos bajo el paraguas de las entidades financieras: BBVA en España, Barclays y Capital One en Inglaterra o Santander en la Libertadores.


Las casas de apuestas llevan un tiempo merodeando peligrosamente sobre los resultados y se estampan en el pecho de los futbolistas. Los organismos internacionales como la UEFA protegen a medias, por un lado supervisan el descontrol que se produce alrededor del balón y por otro añaden su propia parafernalia con un grupo reducido de patrocinadores que acuden con sus propias reglas y condiciones, además de las propias de la FIFA.

Sin ir más lejos, se prohíbe que dos equipos coincidan en sus sponsors. Real Madrid y Milan tuvieron un doble duelo en la Champions en 2009 luciendo Bwin. El visitante de cada uno de los choque tuvo que modificar el espacio publicitario para no parecer el mismo. Los merengues optaron por jugar en San Siro con la leyenda "win".


La última 'moda' es la de que algunos estadios de fútbol pierdan su clásica denominación para ser auspiciados. España ha tenido el ejemplo en el RCD Mallorca con Son Moix. El feudo bermellón, de poco más de una década de vida, ha sido conocido por su título original y después por dos casas comerciales como Ono Estadi y actualmente Iberostar. Osasuna siguió el mismo camino durante unos años, tras llegar a un acuerdo con el Gobierno Navarro. Esta política amenaza con alcanzar a otros clubes.

Una práctica habitual en otros países como Inglaterra -Arsenal con el Emirates- y especialmente Alemania, donde Allianz, Trolli, Veltins, Signal Iduna, Mercedes-Benz... evocan a la vez nombres de empresas y a campos de primera división. Patrocinios que desaparecen cuando el equipo disputa la competición europea por decisión de la FIFA, una de tantas contradicciones que presentan los tejemanejes del deporte rey.

Los presupuestos disponen de balances positivos a costa de perder la esencia de los clubes. Los aficionados se amoldan resignados y los jugadores se han transformado en instrumentos del mercado. El fútbol moderno enferma, ha tomado un peligroso color, el color del dinero.

miércoles, 27 de marzo de 2013

La singular final México - Brasil del Panamericano de 1975

Las competiciones deportivas suelen terminar con un único vencedor que se proclama campeón de un torneo recibiendo el título o la medalla de oro. En algunas singulares ocasiones se rompe esa norma, tal y como ocurrió en los Juegos Panamericanos de 1975.

Los Juegos Panamericanos
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se disputaban desde 1926, fueron el punto de partida y la principal motivación para extender un evento similar a todo el continente americano. El inicio de la Segunda Guerra Mundial aplazó el estreno de la cita hasta 1951, año en el que se inauguraron los primeros Juegos Panamericanos en Buenos Aires.
Mapa de América
Los Juegos Panamericanos, celebrados cada cuatro años, fueron creciendo en número de atletas y países participantes con el paso de los eventos. En la actualidad son 42 naciones las que entran en liza, duplicando los 21 que tomaron parte en Argentina en 1951, al igual que los deportes practicados, que han pasado de los 18 de Buenos Aires a los 46 de la XVI edición celebrada en Guadalajara 2011.

El fuego americano
Al ser una versión continental de los JJ.OO, se siguió en sus comienzos el ritual marcado por el COI e iluminado por la llama que se enciende en el templo de Hera (Olimpia) y que da el pistoletazo a la fiesta del deporte olímpico.

Posteriormente se optó por buscar un referente distinto, más acorde con la historia del continente y que condujo a la organización a buscar distintas alternativas como el Cerro de la Estrella (México), Brasilia o el acertado actual emplazamiento: la llamada ciudad de los dioses o Teotihuacan (México). Es decir, la fastuosa megalópolis que maravilló a los españoles a su llegada al Nuevo Mundo y en la que se practicaba el ancestral juego de pelota.
La calzada de los muertos de Teotihuacan, vista desde la pirámide de la Luna

Celebración de los Juegos
El hecho de tener países situados tanto en el hemisferio norte como en el sur del planeta hace que las fechas varíen en función de la zona donde se vayan a celebrar los campeonatos. En Estados Unidos y Canadá se opta por julio y agosto mientras el otro país norteamericano, México, suele elegir el otoño o la primavera, siendo cerca de los equinoccios los momentos preferidos por la mayoría de las naciones anfitrionas.

Hasta el momento se han disputado 16 veces los juegos Panamericanos, todas ellas correspondientes a los juegos de verano por un intento de hacer una cita de deportes invernales que terminó siendo un fracaso. El lugar elegido para aquella probatura fue la provincia de Mendoza (Argentina) en 1990, primer intento y único de la organización.

Deportes practicados
La mayor crítica que han recibido los organizadores del comité es el hecho de no incluir en su programa deportes de gran arraigo en el continente, de procedencia precolombina, y con un enorme nexo cultural con la tierra como el lacrosse de Estados Unidos o el citado juego de pelota mesoamericano.

En su lugar, se han incluido en el listado deportes no recogidos por el COI, aunque sí reconocidos por la institución, como el rugby 7, beisbol, softball, pelota vasca, raquetbol (similar al squash) o el juego de los bolos, disciplinas que se entremezclaban con otras más tradicionales como el atletismo, gimnasia rítmica y artística, además de los habituales torneos por equipos de voleibol, balonmano, hockey, baloncesto o fútbol.
Juegos Panamericanos

El fútbol en los Juegos Panamericanos
La pasión con la que se vive el fútbol en el continente, a excepción de algunas importantes potencias en el medallero como Estados Unidos, Cuba o Canadá, obligó a que el balompié fuera parte del programa desde la primera edición celebrada en Buenos Aires donde la albiceleste se colgó el oro, un gesto que extendió en las dos siguientes citas de los juegos. Gracias a aquellos triunfos, Argentina comanda la clasificación con 11 metales, seguidas por México y Brasil, indudables protagonistas en la edición de 1975.

Palmarés en fútbol de los Juegos Panamericanos (1951-2011):


Los Juegos Panamericanos de 1975
Ciudad de México asumía el papel de anfitriona para la VII cita de los Juegos Panamericanos repitiendo el papel ejercido en 1955. La capital azteca volvía a vestir sus mejores galas para un encuentro internacional, tras los JJ.OO de 1968 y el Mundial de 1970, y al igual que en la Copa del Mundo su candidatura llegó de rebote, en el último momento tras la imposibilidad de otras naciones para organizarlo.

En aquella ocasión fueron 33  los países que participaron en el mitín de 1975: Antillas Holandesas, Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Bermuda, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Costa Rica, Colombia, Cuba, El Salvador, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Islas Vírgenes, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela.
Juegos Panamericanos de México 1975

El fútbol en el Panamericano de 1975
El torneo de fútbol tenía de partida a tres claros favoritos: México, Brasil y Argentina. Tres selecciones que dominaron con autoridad las dos fases de liguillas, de las que constaba el formato del torneo, con abultados marcadores que mostraban la potencia de sus combinados. Los anfitriones alcanzaron la final con 26 tantos a favor y 4 en contra mientras que la canarinha superaba a la albiceleste, en su lado del cuadro, por diferencia de goles, sólo habían cedido un gol por 32 anotados. México y Brasil iban a cerrar el certamen de los Juegos desde el césped.

La final de 1975
El 25 de octubre de 1975 el majestuoso Azteca, con una asistencia de casi 105.000 espectadores, servía de escenario para la lucha por el oro. La pugna por la última presea para engordar el medallero de ambas federaciones.

El Tricolor presentaba a una futura estrella en su plantilla en la figura de un jovencísimo Hugo Sánchez quien apenas contaba con 17 años pero que asumía galones de veterano y servía de asistente en el primer tanto local marcado por Héctor Tapia. La fiesta se instalaba en las gradas hasta que en los minutos finales el colegiado argentino decretaba un penalti a favor de la 'verdeamarela' que era ejecutado por Claudio Adao. El encuentro llegaba a una incierta prórroga. El Azteca había enmudecido por un instante.

camiseta de México

Durante el tiempo extra los focos del estadio se apagaron, primero los del sector oeste y más tarde los del lado contrario, a lo que se sumaron varias invasiones de aficionados en un Azteca que empezaba a quedar en semipenumbra, con la única iluminación del pebetero. Ante esta situación, el colegiado argentino decretó el final del choque. Era el último día de los Juegos y no había margen para repetir el partido por lo que se decidió de manera salomónica considerar a ambos conjuntos como vencedores.

La FIFA intervino para que el encuentro se volviera a disputar. Ya era tarde, la 'verdeamarela' había regresado a casa y los Juegos Panamericanos habían vivido su jornada de clausura. México y Brasil se colgaban el oro.

Desde aquel otoño de 1975, el Azteca nunca ha vuelto a tener problemas con la iluminación, México no ha perdido nunca en una final con Brasil -de las cinco que ha disputado desde entonces- y ninguna selección ha vuelto a compartir un metal.

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