Nadie parece acordarse de ellas, pero gracias a aquellas cintas grabábamos los partidos, videoclips, conciertos y películas que forman parte de nuestra colección de recuerdos
Se suele decir que las separaciones no traen nada bueno, aunque, a veces, distanciarse y ver las cosas con perspectiva puede suponer iniciar un camino alternativo que no se habría tomado anteriormente. El grupo británico The Mission sigue los pasos que ya marcaron bandas tan dispares como Dio, Megadeth o Gamma Ray, quienes tienen en común desvinculase de la formación matriz, casos de Black Sabbath, Metallica o Helloween, demostrando que los esquejes también pueden brotar, florecer y echar raíces.
Los músicos Wayne Hussey y Craig Adams fundaron The Mission en 1986, ambos eran exmiembros de Sisters Of Mercy, formación referencia del rock gótico que había nacido a finales de los setenta. El tándem Hussey y Adams pronto recogió los frutos, merced a la gran acogida de los discos editados entre 1986 y 1996, marchando a rebufo de los demás, pero a buen ritmo.
Si el objetivo de un grupo es disfrutar con lo que hacen y tratar de dejar huella, The Mission ha logrado incluir su nombre entre los referentes del rock, en la vertiente más oscura, aunque contradictoriamente su vuelta de tuerca al sonido de los Sisters daba como resultado una melodía más alegre y colorida.
The Awakening y The Mission en la Sala But de Madrid, el 14 de octubre de 2016 No es fácil ser telonero cuando acumulas más de una década sobre los escenarios. Por ello, el combo sudafricano The Awakening cumplió con una nota alta en su aparición en la Sala madrileña But. Solo le faltó a Ashton Nyte algo de química con el público para haber rozado el sobresaliente, dado que no fallaron a la hora de hacer carburar a una audiencia ya entrada en edad y donde las canas triunfaban entre las cabelleras.
Con un leve retraso, The Mission hizo aparición sobre las tablas del local del barrio de Chamberí. Cerrando el quinteto se encontraba Wayne Hussey, tan dicharachero como de costumbre, acompañado de una botella de vino, como viene siendo habitual, y dispuesto a repasar tres décadas de los mejor de su cosecha.
El set del repertorio no dejaba de dudas de las intenciones, arrancando de golpe con Beyond The Pale, Serpent's Kiss y Like A Hurricane. Con un nivel tan alto era lógico que existieran altibajos cuando fueron salpicando temas de los discos más nuevos, el último recientemente editado hace escasos meses.
Como si todo estuviera medido, y haciendo de nuevo un guiño a los seguidores más clásicos, Hussey, reinterpretó el Like A Child de un modo más acelerado a la versión habitual, movido bajo los hilos del bajo de Craig Adams, quien se iba animando a cada minuto, y bañado bajo la sensual voz de la corista femenina, la gran sorpresa de esta gira, un contrapunto sonoro que recordaba a la etapa más oscura de los Sisters, cuando Hussey y Adams eran parte del gran combo británico.
La primera parte del concierto terminaba con otra apuesta fuerte y bien calculada. Met-Amor-Phosis, perteneciente al último trabajo, encajaba a la perfección entre tres clásicos como Severina, Tower of Strength y Wasteland, terminando así el primer bloque de la noche.
Tras el descanso La sensualidad mostrada con la sentida revisión del Bird Of Passage en formato acústico dio paso a una de las canciones más hermosas y dulces de la historia del rock, Butterfly On A Wheel, evidenciando que uno de los grandes logros de The Mission fue popularizar el gótico y llevarlo a las pistas de baile a través de los teclados y la suave voz de Hussey.
Craig Adams (i), con el bajo y Wayne Hussey (d), a la guitarra.
Para poner el broche final a esta nueva exhibición y derroche de talento de los Mission, escogieron un corte muy apropiado. El estribillo de Deliverance se eternizaba mientras Hussey se mezclaba con el público y Adams dibujaba esa atmósfera única a través de sus cuatro cuerdas. "Brother, sister, give me deliverance", clamaba Madrid, banda y público, fundiéndose en un solo lema, hermanándose, cerrando esta comunión perfecta de casi dos horas de duración que valen por otros treinta años.
El fútbol y la música tienen en común emocionar y reunir a grandes cantidades de público alrededor suyo. Por eso, me he propuesto presentar mis diez canciones favoritas que traten en su letra sobre el fútbol, por eso no incluiré ni himnos de clubes, ni cánticos habituales de las gradas de los estadios o canciones que todos relacionamos con el fútbol pero que en su contenido no se hable de él, como el You'll Never Walk Alone, el Dale Cavese y un largo etcétera.
1. Slade - Give Us A Goal (1977)
Uno de los grupos referentes en la música glam y que el tiempo ha reconocido su influencia, -en grupos sobre KISS o Twisted Sister-, escribió un tema en 1977 sobre el gol con un videoclip en el que aparecían ataviados con bufandas y cantando entre hinchas en el estadio del Brighton & Hove Albion, quien jugaba ese día ante el Burnley.
Los británicos Slade no solo nos dejaron este futbolero 'Danos un gol', sino que su célebre Cum On Feel the Noize se ha popularizado entre los hinchas del mundo del fútbol como parte del repertorio habitual.
2. The Mission - Draped In Red (2007) Wayne Hussey, además de ser un referente en la música gótica -primero como miembro y guitarrista en The Sisters Of Mercy y más tarde como fundador y cantante en de The Mission-, es un enamorado del fútbol, concretamente del Liverpool.
En el disco 'God Is A Bullet' (2007) dejó patente su pasión por el equipo 'red' con Draped In Red, cuya letra empieza con un "Two five zero five zero five", 250505, o lo que es lo mismo, el 25 de mayo de 2005, la fecha en la que el Liverpool logró con Rafa Benítez la Champions en los penaltis ante el Milan en Estambul, tras igualar un 0-3 con el que se cerró el primer acto, en uno de los desenlaces más espectaculares del fútbol moderno.
3. Iron Maiden - Weekend Warrior (1992)
Los también británicos Iron Maiden siempre ha tenido una estrecha relación con el balompié. El bajista Steve Harris es un apasionado del fútbol y del West Ham United, exhibiendo los colores granate y celeste tanto en los conciertos como en sus discos a través de ese juego de palabras que es 'Up The Irons', un grito que sirve para animar al grupo musical como al club, conocidos como los 'Irons'.
También hay un guiño más directo al West Ham en otros trabajos como el 'Somewhere In Time' o el 'Virtual XI', undécimo disco de la formación y que terminó siendo un homenaje al fútbol.
Las tragedias ocurridas en los estadios durante la década de los 80 debido al auge de la violencia por parte de los grupos ultras hicieron tambalear la seguridad en el deporte. Heysel, en 1985, fue el detonante de muchos cambios y de una concienciación social de la cual también Harris tomó nota al escribir en 1992, para el álbum 'Fear Of The Dark', junto a Janick y Gers, sobre la mentalidad agresiva de estos hooligans a los que bautizan como 'guerreros de fin de semana'.
Iron Maiden posando con parte de la plantilla del West Ham United
4. Die Toten Hosen - Bayern (2000)
Al igual que Iron Maiden, los alemanes Die Toten Hosen también se identifican con una institución deportiva a la que incluso han apoyado económicamente y llegado a patrocinar, ese equipo es el Fortuna Dusseldorf.
Su devoción por los colores rojiblancos son notorios en muchos videoclips, como Tage Wie Diese, al igual que también lo son sus odios futbolísticos, fobias que se hacían públicas en el año 2000 con la arriesgada canción Bayern, en la cual no ocultan su manía al equipo más popular de Alemania.
"Quiero decir, si tuviera 20 años y fuera supertanlentoso
y el Real Madrid ya me hubiera llamado,
y los jóvenes del Manchester,
si también hubiera jugado ya para Alemania
y estuviera mentalmente muy bien a tope
y Uli Höness estuviera detrás de mi"
"No abriría mi puerta,
Por que a mi no se me ocurriría ir con gente como la del Bayern"
"No tengo nada contra Múnich
Solo que nunca iría al Bayern"
5. Edoardo Bennato & Gianna Nannini - Un' Estate Italiana (1989)
El dúo formado por los canta autores italianos Edoardo Bennato y Gianna Nannini interpretaron el tema principal del Mundial de Italia de 1990. Se trataba de una canción alegre, muy pop y con el deseo de que se celebraran muchos goles bajo la noche estrellada de un verano italiano que vio coronar a Alemania Federal frente a la Argentina de Maradona por 1-0, un resultado que terminó siendo muy habitual en este Mundial tan escaso de goles.
6. New Order - World In Motion (1989)
New Order fue la formación surgida en Manchester tras la disolución de Joy Division por el fallecimiento de Ian Curtis. Los New Order quisieron también mostrar su apoyo a la selección inglesa para el campeonato de Italia'90, donde los 'pross' eran uno de los favoritos al torneo.
Algunas de las estrellas de aquel plantel -como Paul Gascoigne, John Barnes o Peter Beardsley- asomaban en el vídeo promocional donde se repetía varias veces y con orgullo "We're playing for England". Quedaron cuartos en aquella cita. La mejor clasificación nunca obtenida desde 1966. Un papel digno, pero por debajo de las expectativas de una de las mejores generaciones de fútbol británico de las últimas décadas.
7. The Lightning Seeds - Three Lions (1996)
Inglaterra ejercía de anfitrión en la Eurocopa de 1996, tres décadas después de haber sido sede de una Copa del Mundo, por ello el lema utilizado era el del "fútbol vuelve a casa".
El grupo inglés The Lightning Seeds se juntó con los humoristas Baddiel & Skinner para hacer un tema pegadizo que repasaba los éxitos y fracasos de la selección nacional, conocida como los tres leones, relatando las acciones de Moore, Banks Lineker..., las cuales se entremezclaban tanto en el texto como en las imágenes del vídeoclip.
8. Andrés Calamaro - Maradona (1999)
Para muchos, entre los que me incluyo, Diego Armando Maradona es el mejor jugador de la historia. La admiración por el '10' se ha trasladado también a la música donde distintos artistas han rendido su particular tributo al astro argentino.
De todos esos temas me quedo con el que escribió Andrés Calamaro. El artista argentino es un seguidor acérrimo del fútbol, como se puede apreciar en otros títulos tan futboleros como Estadio Azteca -el monumental estadio mexicano- u Otro Amor en Avellaneda, dedicado al Club Atlético Independiente, uno de los cinco grandes del fútbol en Argentina.
9. Queen - We Are The Champions (1977)
Es sin duda la melodía con la que más se relaciona en el deporte a los ganadores. Fue escrita por Freddy Mercury, según argumentan algunas fuentes, para el Manchester United. Si bien, ninguno de los miembros de Queen mostró nunca abiertamente sus gustos futbolísticos.
Este éxito de Queen suena desde la temporada 2001-02 cuando se entrega el título al campeón de la Champions, que es justo lo que trata de describir la letra, esa sensación indescriptible de ser campeones. Un trofeo que levantó el propio United en 2007, para júbilo de aquellos que pensaban que así se cerraba el círculo que existió entre los 'diablos rojos' y el cantante.
Voy a terminar con un grupo de mi ciudad, concretamente del distrito de Hortaleza, y que relata de un modo muy alegre lo que es disfrutar el fútbol desde el graderío como un entretenimiento más. Ese debería ser el espíritu con el vivir el fútbol.
"Y con mi bota de vino y mi bocata de salchichón, nos vamos a ver el furbol como Dios está mandao".
Pocos grupos musicales pueden presumir de la inagotable capacidad de producir discos como la que tiene Paradise Lost. El grupo británico, fundado en 1988, no ha dejado de brotar música desde su estreno en 1990 para firmar catorce álbumes de estudio en apenas un cuarto de siglo.
La prolífica carrera de los de Yorkshire siempre ha ido acompañada de una extraordinaria actitud camaleónica, reinventándose en cada nuevo trabajo, ofreciendo un nuevo punto de vista, como un dodecaedro formado por multitud de caras y una misma base.
Paradise Lost, el cual toma nombre del relato del siglo XVII escrito por John Milton, coincide con el poema en la temática religiosa y un tono épico que en manos del dúo compositor formado por Nick Holmes -cantante- y Greg Mackintosh -guitarra principal y teclados- se hace más tenebroso.
Esta formación de culto, que curiosamente nunca ha llegado a calar profundamente en Inglaterra, ha creado escuela y adeptos con cada paso, aunque no los suficientes para la gran repercusión que han tenido. Son pioneros en varios estilos musicales como el doom metal, un subgénero del heavy metal al que se le otorga una atmósfera más tranquila, y de esa fusión tan personal del gótico con el metal, donde los violines o los teclados pasan de ser un envoltorio a liderar algunas de las composiciones.
Paradise Lost, 6 de noviembre en la Sala Arena de Madrid
Con un leve retraso, respecto al horario previsto, salió el quinteto de las sombras de la Sala Arena para extender la oscuridad que alberga su último disco, cuyo protagonismo destacó sobre el resto de trabajos.
Era lógico. Los británicos presentaban 'The Plague Within' y sobre él construyeron un recorrido que a veces sufría salpicaduras de otros discos anteriores del combo. Arrancaron con No Hope in Sight, un tema con mucha pegada que exige varios cambios en la gargante de Holmes, pasando de insinuar a desgañitarse con voz gutural.
Widow fue el primer guiño al pasado, a ese momento en el que el grupo coqueteaba con el death metal antes de decantarse por la innovación. Un CD muy acorde al actual, donde se ha profundizado en los raíces para ofrecer una estructura muy densa y pesada, con una batería tremendamente atronadora y dominante, con alguna concesión a la melodía pero endureciendo en líneas generales la oferta musical.
Los teclados de Erased, Praise Lamented Shade y Enchantment significaron la primera tregua con esa ambientación más gótica, pausada pero a la vez potente, lo suficiente para seguir manteniendo la atención de un público participativo que parecía haber contagiado a un irreconocible Holmes, quien incluso bromeaba con las primeras filas del abarrotado recinto madrileño.
Antes de que llegara el necesario descanso, As I Die y Requiem hacían de perfecto puente entre los inicios de la formación, la confirmación y su madurez compositiva, una de las claves del éxito de PL.
El arranque épico de Return To The Sun fue el mejor pretexto para encarar la recta final con otro corte más de este último álbum, flanqueando a dos de los mejores himnos de Paradise Lost, dentro de la extensa colección que atesoran y que desgraciadamente muchos de ellos quedaron olvidados en sus maletas.
Faith Divides Us - Death Unites Us sonó deliciosa, creando ese sonido a la vez grandioso y sugerente que An Eternity Of Lies continuó para rescatar, por último, el clásico Say Just Words, el que demuestra la sobresaliente creatividad de un quinteto de lujo que ha instalado su paraíso en la tierra y al que la versatilidad no le pierde. Amén.
El tiempo a veces pasa muy deprisa, en especial cuando te fijas en un momento concreto y tienes que echar la mirada atrás para recordarlo. 'Memorias de una cinta VHS' celebra su quinto aniversario. Una cita que siempre es especial, aunque este año lo es más por una casual coincidencia.
Viajando en DeLorean
Curiosamente, el 21 de octubre de 2015 era la fecha en la que los personajes Marty McFly y Doc llegaban desde el pasado con su célebre coche DeLorean en la trilogía de 'Regreso al futuro', una de las películas más representativas de la década de los 80 y que más marcaron a toda una generación.
Hoy quiero dedicar esta entrada a ir atrás en el reloj para situarnos en el instante en el que ambos partieron para viajar en el tiempo: el 26 de octubre de 1985. Por eso, vamos a repasar lo que aconteció en aquel momento tanto en el deporte, el cine y la música -los tres elementos claves de este blog-. ¡Vamos a poner en marcha el DeLorean!
El deporte en 1985 Nacidos en 1985
Estos son los futbolistas más notables que nacieron en ese año:
Guillermo Ochoa (México), Gary Cahill (Inglaterra), Pablo Zabaleta (Argentina), Filipe Luis (Brasil), Rafinha (Brasil); Lassana Diarra (Francia), Valón Behrami (Suiza), Antonio Valencia (Ecuador); Wayne Rooney (Inglaterra), Cristiano Ronaldo (Portugal), Raúl Albiol (España), Diego Alves (Brasil), Gustavo Cabral (Argentina), Rubén de la Red (España), Łukasz Fabiański (Polonia), Mario Gómez (Alemania), Ezequiel Lavezzi (Argentina), Lukas Podolski (Alemania), Luka Modric (Croacia), Asamoah Gyan (Ghana), Abel Aguilar (Colombia), Charlie Adam (Escocia)...
También fue el año en el que nacieron dos de nuestros jugadores de baloncesto más internacionales: Marc Gasol y Rudy Fernández.
El fútbol en España España tenía por entonces tres torneos nacionales: Liga, Copa y la Copa de la Liga, que solo tuvo vigencia durante cuatro temporadas, desde 1983 a 1986, ambos inclusive. En el mencionado 26 de octubre de 1985, el Real Madrid era líder, jornada octava, de una Liga que terminaría ganando. Habiendo sido el Barcelona el vencedor del anterior curso, 1984-85. El 'Pichichi' fue Hugo Sánchez tanto para la campaña 1984-85, defendiendo la camiseta del Atlético, como la 85-86, tras su fichaje por el Real Madrid. El 'Zamora' fue a parar en sendas temporadas a los guantes de Ablanedo, quien asumió el papel de portero del Sporting Gijón durante toda su carrera deportiva. La Copa del Rey coronó al Atlético en 1985 y al Real Zaragoza en 1986. La citada Copa de la Liga había sido para el Real Madrid y cerraría el palmarés con el título del Barcelona de 1986. El fútbol en Europa La Copa de la UEFA recayó por partida doble en el Real Madrid, siendo sus dos únicos trofeos de la competición, superando al Videoton en 1985 y al Colonia en 1986 en sendas finales, a doble partido.
La desaparecida Recopa fue para el Everton en 1985, con el recién desaparecido Howard Kendall como técnico, y el Dinamo de Kiev fue el campeón en 1986 tras imponerse al Atlético de Madrid.
La máxima competición, la Copa de Europa, había vivido uno de sus episodios más negros con la 'tragedia de Heysel' que midió a dos de los colosos del momento -Juventus y Liverpool- y que terminó con triunfo italiano en aquella célebre final de 1985 con un solitario gol de Platini.
A raíz de los incidentes y del número de fallecidos, que ascendieron a casi cuatro decenas, el máximo órgano continental, la UEFA, inhabilitó la participación europea de todos los clubes ingleses durante cinco años. El Liverpool, como único responsable señalado por la UEFA, fue sancionado por diez años, castigo que fue posteriormente reducido a seis.
Si hablamos de las principales ligas europeas... El fútbol en el resto de Europa
En Italia el Hellas Verona había sido el sorprendente campeón en 1985, mientras que en 1986 fue la Juventus quien se llevara el 'scudetto'. De hecho, aquel fin de semana de octubre, los 'bianconeros' ya comandaban la tabla con 14 puntos, con tres de diferencia sobre Milan y cuatro al Nápoles, quien se había reforzado en 1984 con la llegada de Maradona desde el Barcelona.
El Bayern sumaba ensaladeras con la misma contundencia que en la actualidad. En 1985 arrancó una era con tres Bundesligas consecutivas. A pesar de ello, a fecha de 26 de octubre de dicho año, el Bayern era cuarto en Alemania, eso sí, a tres puntos del líder, el Werder Bremen.
La ciudad de Liverpool dominaba un novedoso fútbol inglés que había ya instaurado, desde 1981, los tres puntos por victoria. Everton y Liverpool se alternaron en el título y subcampeonato en sendas campañas de 1985 y 1986, el cual todavía no era denominado como Premier League.
Para terminar, recordar que en aquella época, a nivel de selecciones de fútbol, Italia era la vigente campeona del mundo (1982) y Francia había vencido a España en la Eurocopa de 1984.
Los jugadores más relevantes eran: Maradona, Platini, Sócrates, Francescoli. Lineker, Zico, Butragueño, Schuster, Belanov, Rummenigge...
El baloncesto en España y el resto del continente
El Real Madrid dominaba el deporte de la canasta en la recién creada Liga ACB que llevaba en pie desde 1983. Los títulos nacionales de 1985 y 1986 no se tradujeron en triunfos europeos, donde la Cibona de los hermanos Petrovic dictaba sentencia con un doblete recordado en la Copa de Europa ante el propio club merengue y el Zalguiris, o lo que era lo mismo, un duelo entre Drazen Petrovic contra Fernando Martín y después frente a Arvydas Sabonis, tres de las estrellas europeas del momento.
La desaparecida Copa Korac, por su parte, era propiedad casi en exclusiva del baloncesto italiano. Olimpia Milán y Banca di Roma vencieron, en 1985 y 1986, respectivamente, a los también clubes italianos de Varese y Caserta.
Para terminar el apartado del deporte y dado que en ocasiones he hablado de rugby, el cinco naciones, que pasó a ser seis con la entrada de Italia en el siglo XXI, había sido para Irlanda en 1985 y el de 1986 fue compartido entre Francia y Escocia.
El cine en 1985
No sé si es que es una época que miro con más nostalgia y eso me hace ser menos crítico o la calidad de aquella época era extraordinaria comparándola con la cartelera actual.
Aquí van algunos de los estrenos de 1985:
Terminator, de James Cameron
Érase una vez en América, de Sergio Leone
Los gritos del silencio, de Roland Joffé
Amadeus , de Milos Forman
Dune , de David Lynch
Superdetective en Hollywood , de Martin Brest
2010: Odisea Dos, de Peter Hyams
Brazil, de Terry Gilliam
Desaparecido en combate, de Joseph Zito
Único testigo, de Peter Weir
Loca Academia de Policía 2, de Jerry Paris
James Bond: Panorama para matar, de John Glen
Starfighter, de Nick Castle
Lady halcón, de Richard Donner
La selva esmeralda, de John Boorman
Starman. El hombre de las estrellas, de John Carpenter
La lista de las diez canciones más escuchadas del año fue una pugna entre Wham!, el dúo que popularizó a George Michael, y la eterna reina de las pistas de baile, Madonna. Entre medias se colaron muchos claíscos que siguen sonando como Foreigner y Dire Straits, el temazo de a-Ha, al que acompañaba un inolvidable vídeo, y una canción de Tears For Fears que no ha perdido vigencia porque hace poco la cantante neozelandesa Lorde ha hecho una versión del mismo, demostrando que el arte, y la moda, son cíclicos.
1 Wham! Careless Whisper
2 Madonna Like A Virgin
3 Wham! Wake Me Up Before You Go-Go
4 Foreigner I Want To Know What Love Is
5 Chaka Khan I Feel For You
6 Daryl Hall and John Oates Out Of Touch
7 Tears For Fears Everybody Wants To Rule The World
8 Dire Straits Money For Nothing
9 Madonna Crazy For You
10 a-ha Take On Me
Don't You Forget About Me
Los que sois habituales seguidores de este rincón sabéis que hoy también se cumplen años del fallecimiento de un amigo. Así que, aprovecho para despedirme, daros las gracias a todos por vuestra incondicional fidelidad a este blog y, si me permitís, cierro con una dedicatoria a José Luis a través de un tema representativo de 1985 cuyo título lo dice todo: Don't You Forget About Me, de los escoceses Simple Minds.
Un grupo alcanza la madurez cuando cuenta con una carrera musical suficientemente extensa, tienen tanto el sonido como el estilo definidos y su formación apenas ha sufrido altibajos o incluso ha sabido permanecer estable. Tres facetas cumplidas con creces por Placebo.
Veinte años y siete discos son la herencia que por ahora han plasmado la dupla formada por dos viejos compañeros de escuela, Brian Molko y el escandinavo Stefan Olsdal, capaces de reinventarse en cada álbum y siendo uno de los mejores exponentes del actual rock británico.
La experimentación siempre ha acompañado a Placebo en sus trabajos. Una característica que encaja muy bien con el significado del nombre del grupo, como un ensayo o una prueba con la que contentar a la audiencia.
Regreso de Placebo a Madrid
Coincidiendo con el vigésimo aniversario de la formación del grupo, en Londres, en 1994, Placebo ha dado comienzo a otra agotadora gira que casi se ha solapado con la del actual disco, el 'Loud Like Love', la cual había traído recientemente -en julio de 2014- a la formación a la capital de España, un destino muy poco habitual en otros tours.
La cita en esta ocasión era el Palacio de Vistalegre, confirmando que su reclamo está a la altura de los grandes de la industria del rock, de las bandas que tienen rédito para tocar ante grandes aforos y no en pequeñas salas.
Concierto de Placebo: Madrid, Palacio de Vistalegre -29 de mayo de 2015-
El público respondió de manera perezosa a la apertura de puertas que dio paso, minutos después, a los teloneros. Los encargados de tal labor correspondieron a uno de los innumerables proyectos paralelos del propio Stefan Olsdal bautizados como Digital 21. Un inclasificable sonido procedente de las cuerdas del sueco, la percusión electrónica, un teclado y un cuarteto formado por dos violines, violoncelo y viola. Una amalgama experimental que tiraba más a la pistas de baile que al pop o rock convencional.
Con algo de retraso y una entrada más que considerable, que poco a poco fue ocupando los espacios vacíos de la plaza de toros de Carabanchel, aparecieron Placebo dispuestos a deleitar a la siempre animosa audiencia madrileña.
El micrófono fue el único obstáculo que se encontró Molko en su puesta en escena. Su rasgada voz apenas era capaz de sobreponerse al resto de instrumentos. Un contratiempo que restó lucidez a los primeros temas -entre ellos Loud Like Love y Every You Every Me- y que afortunadamente quedó olvidado a partir del quinto corte.
Y es que Placebo tenía muchas ganas de agradar, ofreciendo mejores sensaciones que en la anterior descarga en Madrid -a pesar de coincidir bastante en su repertorio-, como si el vigésimo aniversario supusiera una mayor responsabilidad.
Black-Eyed, Twenty Years, Too Many Friends, Special Needs alternaron distintas épocas y evidenciaron algunos de los diferentes registros que ha hecho gala la formación -del rock más oscuro y alternativo al más popero, pasando por un tono más intimista-, variantes que han ofrecido siempre el tándem Molko y Orsdal, los cuales mostraron su lado más cercano, hablando en castellano, en una ciudad que es también residencia del bajista nórdico.
El ruedo taurino no paró de saltar con el tercer y penúltimo repecho de emociones que traía la noche formado por cinco 'miuras' del calibre de Exit Wounds, Meds, Song To Say Goodbye, Special K y The Bitter End, siendo Meds una de las más celebradas, con Molko notando el cariño del público español en cada estrofa, dentro de una sentida ejecución del tema donde el reivindicativo bajo del sueco -enarbolando la bandera arcoíris del movimiento gay- dibujó una versión más personal.
El amargo final proporcionado por The Bitter End fue más corto de lo que podría parecer dando paso al mismo bis que ya eligieron en julio, a excepción de un regalo procedente del pasado y que se llama Teenage Angst, venido directamente de su debut de 1996.
Tras esta sorpresa asomaron Running Up That Hill, Post Blue e Infra-red, los cuales volvieron a servir de broche definitivo para el trío, reconvertido hoy en un sexteto, y donde se presentó al enésimo batería del grupo. Un puesto que parece siempre cojear en la alineación de los londinenses.
No hay duda de que Placebo ha vuelto a conquistar Madrid, y viceversa. La estampa de Molko y Orsdal solos en el escenario y ensimismados ante los atronadores aplausos que los acompañaron hasta la última nota así lo atestiguan.
Una grandiosa faena a la que se le hubieran agotado los calificativos si hubieran incluido otros clásicos como This Picture, Days Before You Came, Slave To The Wage, Taste In Men, My Sweet Prince, You Don't Care About Us o Without You I'm Nothing. El día que lo hagan, saldrán por la puerta grande.
El fado ha sido siempre la música con la que se ha asociado internacionalmente a Portugal. Considerada tradicionalmente como la música del alma, la melancolía y tristeza que desprenden sus cantos coinciden con los sentimientos que desgrana Moonspell, el mejor exponente rock de nuestros vecinos en la Península.
La terna formada por Anathema, My Dying Bride y Paradise Lost inspiraron a multitud de formaciones a lo largo del planeta, entre ellos a unos jóvenes lusos que aspiraban en 1990 a sacar cuanto antes la cabeza del caparazón en la dura industria musical.
El lisboeta Fernando Ribeiro se convirtió en la voz y el faro con el que guiar a los recién nacidos Moonspell en un proyecto con pasado en el black metal y un prometedor futuro debido a la calidad de las letras, producto del alma de poeta que conserva su cantante, y la variedad de sus sonidos, manejándose entre el doom y el gótico, manteniendo una senda musical muy parecida a la realizada por Paradise Lost.
De hecho, Moonspell se ha convertido con el paso de los años en los perfectos discípulos de Paradise Lost. Ambos han apostado por un estilo personal alejado de las directrices comerciales, aumentando y disminuyendo la dureza de sus obras, unas veces por capricho, otras veces por experimentación y creatividad.
Si lo habitual en la vida de un grupo es mantener un estilo constante o ir suavizando tu oferta disco tras disco, tanto Paradise Lost como Moonspell han optado por alternar sus apuestas más heavys con las más accesibles, casos del disco 'Host' (1999) en los ingleses y 'Sin Pecado' (1998) en los portugueses, dos trabajos que bien los podría haber firmado Depeche Mode y que supusieron otro punto de inflexión para el enésimo cambio de tono de sendos grupos.
Ahora ha tocado otro vaivén en la trayectoria de los lusitanos. Moonspell presentaba en Madrid su undécimo disco, 'Extinct (2015)', un retorno a las raíces más clásicas dentro del gótico.
El cartel de la gira 2015 no podía ser más apropiado. La foto del 'Monumento a los Descubrimientos', situada en el barrio de Belém de la capital portuguesa, servía de anuncio al tour de la formación más internacional de Portugal, en su nueva conquista por el viejo continente.
Septicflesh y Moonspell en la Sala Caracol, 26 de marzo de 2015
La Sala Caracol ha recibido una buena sesión de dos de las mejores formaciones latinas que se pueden encontrar en el panorama del metal extremo.
A la formación madrileña que abrió fuego, de manera muy digna, le siguió un grupo consagrado que ha vuelto a la carretera tras una ruptura que amenazó con fulminar la trayectoria de Septiflesh.
Los griegos ofrecieron un show muy potente donde demostraron que, a pesar de tratarse de una formación de death metal, los cambios de ritmo y la ambientación orquestal contribuyen a darle un tono melódico y accesible a su propuesta musical plagada de riffs pesados y voces guturales.
El lleno era total cuando Moonspell hizo entrada en el escenario de la Caracol. Sin más preámbulos, la colosal figura de Fernando Ribeiro inundó la sala para comenzar desgranando los temas de su último trabajo, los cuales se sitúan de nuevo en su vena más oscura y moderada.
Breathe (Until We Are No More)fue interpretada de forma impecable y deliciosa, anunciando que la noche iba a girar en torno al último trabajo, sin olvidar los grandes éxitos del quinteto lisboeta que asomaron por partida doble justo cuando sonaba la cuarta y quinta canción de la noche, que correspondieron a Opium y Awake!, abanderadas del aclamado álbum 'Irreligious' (1996).
Ribeiro disfrutaba con el resultado que estaba teniendo el show, su mirada le delataba y su tono cercano, dialogando mucho en castellano, y bien, lo confirmaba.
No había pausa. El 'Extinct (2015)' seguía de estreno. Un disco notable cuyo pecado es que se mueve mejor en la intimidad de una habitación o de unos cascos que en la amplitud de un concierto con un público deseoso de participar de la fiesta. Es un trabajo con claras influencias en Sisters Of Mercy y Type O Negative, a base de arreglos orquestales y atmósferas con teclados que invitan a la meditación y ensoñación, antes que a moverse sin remisión en la pista.
Después de esta lógica licencia del combo luso al nuevo CD, donde brilló el tema The Last Of Us -candidato a clásico en próximos repertorios-, comenzó el repaso a los grandes éxitos, especialmente del 'Wolfheart' (1995).
La comunión entre Moonspell y la audiencia madrileña era absoluta. Un hechizo que se perpetúa desde los orígenes con esta formación. Mephisto y Vampira invocaron a todas las almas de la Caracol para después unirse en una danza galaico-portuguesa que toma por nombre Ataegina. El perfecto anticipo para Alma Mater, el éxito que abrió las fronteras de Portugal para el grupo, emulando a Vasco Da Gama, y que sonó a despedida, un prematuro adiós que se pospuso para deleitar un imaginado bis.
Ribeiro y compañía no se querían marchar sin dejar de nuevo una profunda huella en sus vecinos. Wolfshade (A Werewolf Masquerade) alteró con su contundencia y dulzura, mezclada con esos camaleónicos cambios de registros en las voces y en la percusión.
El perfecto preámbulo para el éxtasis final y el himno de los himnos, porque Full Moon Madness tiene algo que embriaga, un encanto mágico que te sumerge entre las melodías que dibujan Ricardo Amorim con la guitarra y Pedro Paixao con los teclados. El colofón con el que volver a enamorar a Madrid hasta una nueva cita.
Moonspell es como una mujer irresistiblemente atractiva que da igual que vaya desarreglada o con la mejor de sus galas, despeinada o recién salida de la peluquería, siempre va a provocar la atención allá por donde camine. Como esta noche.
El placebo es una sustancia inocua capaz de experimentar efectos positivos sobre cualquier persona, a pesar de no contar con ninguna propiedad particular. Este es el título que eligieron dos viejos compañeros de escuela, Brian Molko y el escandinavo Stefan Olsdal, tras reencontrarse en Londres y decidir fraguar un proyecto musical clave en la escena musical británica de principios de los 90.
Contrario a su definición, Placebo como banda siempre tuvo características propias, un toque personal que abarca desde la voz nasal, con el timbre personal y rasgado de Molko, pasando a la poética guitarra de Olsdal, capaz de entonar embaucadoras ráfagas de notas musicales que siguen el compás de una potente batería, ahora en manos de Steve Forrest.
Placebo se ha sabido manejar con soltura entre las emociones y la sensualidad, dos terrenos donde dejan huella con elegancia. La apuesta natural de unos artistas que juegan habitualmente con la ambigüedad sexual y los excesos como reclamo ante su variopinto público.
Encasillados como una banda de rock alternativo y habitualmente dentro del britpop –aunque Molko naciera en Bélgica y Olsdal en Suecia-, con frecuencia se han mantenido aparte de la etiqueta, ya que su música no acaba de encajar con las tendencias marcadas por los abanderados tanto de la primera ola formada por Oasis, Blur o Pulp como en la siguiente hornada capitaneada por Keane y Coldplay.
Si bien es cierto que conservan lazos en común con otros representantes del movimiento, con Radiohead en la experimentación electrónica o Suede en la temática del desamor y la desolación, además de tener un líder de idéntica apariencia frágil y andrógina, como Brett Anderson.
Placebo presenta todos estos adjetivos a cuentagotas, mezclándolos en una coctelera, ofreciendo a veces el lado más íntimo en sus partituras y letras para en otras atacar con un estilo demoledoramente agresivo, casi autodidacta, a través de unas guitarras que abrazan el punk mientras Molko se debate en la oscuridad a luchar contra sus miedos y obsesiones, traducidas en metafóricas estrofas.
Concierto de L.A. y Placebo: Madrid, Palacio de los Deportes -30 de julio de 2014-
El recinto elegido para esta gira de Placebo a su paso por Madrid fue una versión reducida del Palacio de los Deportes, con un telón negro separando el graderío de la pista, estrechando las distancias y acrecentando el calor reinante en el pabellón.
El papel de teloneros recayó sobre los mallorquines L.A., quienes exhibieron sus cualidades en un mini-concierto rotundo con grandísimas sensaciones, invitando no sólo a degustar de su cuidadísimo indie-pop sino de apuntar su nombre para sucesivas giras, trasladando la magia de una noche veraniega en el mediterráneo al corazón de la capital.
Con extraordinaria puntualidad, y protegidos por un discreto juego de luces y monitores, saltaron Placebo, convertidos eventualmente en sexteto para este tour denominado como el 'Loud Like Love', séptimo disco de la formación.
El set elegido se compuso de 20 temas que a pesar del vigésimo aniversario de la banda no supusieron un esperado repaso a la excelente discografía de Placebo, más bien la presentación en sociedad del último trabajo, sonando siete cortes durante la noche, y llevando hacia el ostracismo al anterior redondo: 'Battle For The Sun'.
Obviamente, hubo espacio para que los grandes himnos de la banda se hicieran hueco en el repertorio, motivando los mejores momentos de la velada. En especial cuando se sucedieron Meds, Song To Say Goodbye, Special K y The Bitter End, cuatro clásicos ofrecidos con acierto, bajo una dosis algo más pequeña de lo imaginado.
Porque gustara o no el listado de canciones que aparecieron, la energía y profesionalidad de Placebo es indudable, sacando el mejor sonido posible a través de los bafles, dejándose de artificios y poses, dando prioridad a la música sobre los grandilocuentes discursos -aunque se echara de menos algún comentario extra de Olsdal, cuya casa en Chueca delata su cariño por Madrid y su vida nocturna-.
Ofrecieron un show enérgico que podría haber rozado el sobresaliente si hubieran tenido la valentía de cambiar en Madrid el guión establecido en esta gira de tocar casi por completo el 'Loud Like Love', compensando así la ausencia de Placebo en la capital española en los últimos años, rescatando lo mejor de su lucido equipaje en estas dos décadas de continuos viajes.
Entre las 'píldoras' que no aparecieron: 20 Years, This Picture, Days Before You Came, Taste In Men, Black-Eyed, My Sweet Prince, You Don't Care About Us, Pure Morning o Without You I'm Nothing... demasiadas ausencias para una noche que prometía y aún así acabó cumpliendo.
La relación entre los cantantes y otros miembros de la banda son parte de la esencia de la historia de la música pop-rock: rivalidades, envidias y excesos de egos que han terminado por romper en algunos casos la trayectoria de algunas bandas. Suede no fue una excepción.
Suede, la gran esperanza británica
Los críticos musicales abrazaron con ternura el nacimiento de Suede. Su irrupción coincidió con el de otras formaciones británicas que devolvían a los grupos del país a conquistar las ondas, en detrimento de otros estilos que arrasaban desde Estados Unidos como un temido huracán.
Blur, Oasis, Pulp, Elastica, Radiohead, Placebo y los propios Suede fueron etiquetados en los primeros años de la década de los 90 como britpop, un orgulloso sello de identidad que a la vez servía como denominación de origen. La prensa anglosajona se frotaba las manos con esta espontánea generación musical a la que mimaba, en ocasiones en exceso, y que seguía la estela de los Stone Roses.
Suede en 1992 aparecía en la publicación "Melody Maker" tildándoles como la gran esperanza de las islas. Eran unos jóvenes imberbes que todavía no disponían de un disco de debut y ya sentían tanto las miradas del público como de la prensa especializada.
Cumpliendo con creces
Los focos de la actualidad del movimiento se situaron al principio sobre Blur y Oasis, cuyas riñas reescribían los desencuentros ya vividos por otras formaciones, alimentando páginas con incendiarias declaraciones y generosos titulares. Un escenario aparentemente poco adecuado para sobresalir en portada.
Los dos primeros discos de Suede resultaron extraordinarios, como si el combo capitaneado por Brett Anderson hubiera dedicado su tiempo sólo a componer, evitando distracciones de los medios de comunicación.
'Suede' (1993) y 'Dog Man Star' (1994) sonaban sobresalientes, soberbios, un torrente de frescura entre la mediocridad. Un pop-rock elegante y sensible que cautivaba desde la primera estrofa. Brett Anderson y su lugarteniente Bernard Butler recibían alabanzas y símiles por doquier. David Bowie parecía haber encontrado un digno heredero.
El personal carácter de Bernard Butler distanció poco a poco al guitarrista del resto de compañeros. Su anunciada despedida no pillaba a nadie sorprendido. Su lugar era reemplazado por un joven seguidor del grupo, Richard Oakes, quien mostraba grandes aptitudes en las seis cuerdas.
El precio que tuvieron que pagar fue elevado. Suede perdía gran parte de su carisma compositiva con la salida de Butler y pronto se plasmó en los siguientes trabajos: 'Coming Up' (1996) todavía conservaba algo de frescura, una magia que se iba evaporando a medida que pasaban los años. 'Head Music' y, en especial, 'A New Morning' (2002) hacían presagiar oscuros nubarrones sobre el grupo, cuya escasa repercusión comercial condenaba al combo londinense a comunicar su disolución.
Los inesperados regresos
Dos sorpresas esperaban a los fans en el nuevo milenio. Primero, la reconciliación de Anderson y Butler junto con la edición de un proyecto paralelo que tomaba por nombre The Tears (2005). Y por otro, el regreso de Suede para 2011. Sin embargo, ambas noticias no eran del todo satisfactorias. The Tears no terminaba de cuajar y la vuelta a los escenarios de Suede sería sin Butler.
Con estas premisas desembarcaban en Madrid tras una década sin pisar los escenarios de la capital y con un nuevo disco bajo el brazo: 'Bloodsports' (2013).
Suede, La Riviera de Madrid -9 de noviembre de 2013-
Madrid es una plaza segura para Suede. El cartel de no hay billetes confirmaba el tirón mediático que atesora el grupo en España. Por eso, el quinteto salió a escena con una aplastante seguridad y un repertorio arriesgado, tan itinerante como la gira que están ofreciendo por Europa.
Brett Anderson hacía el papel de maestro de ceremonias, con camisa blanca, pantalón oscuro y su inconfundible sonrisa. El público no necesitaba más. La contagiosa energía de Anderson ejercía de contrapunto con la actitud estática de sus compañeros, a excepción de un entregado Oakes. Las luces estaban sobre Brett y también las miradas del local. Eso era lo esencial.
El repertorio empezó de la mejor manera posible con un Daddy's Speeding lento y sosegado que abría terreno para la más de hora y media prevista. La oportunidad de presentar 'Bloodsports' no era desperdiciada y tres cortes aparecían de una tacada, un arriesgado experimento que ponía a prueba la fidelidad de Madrid.
Todo salía a pedir de boca. Los temas se iban desgranando con la misma facilidad con la que la camisa de Anderson se empapaba de sudor. A él le daba igual, estaba en su salsa y hasta se permitía interpretar una cara-b como Killing Of A Flash Boy tras rescatar a la audiencia con el Animal Nitrate y posteriormente con The Drowners.
Los cartuchos se iban agotando y quedaban algunas balas perdidas en el camino -imperdonable que no sonaran We Are The Pigs, Everything Will Flow, My Dark Star o Pantomime Horse- . Poco importaba, sus cuatro compañeros de fatigas asemejaban un atrezo donde Anderson rememoraba sus poses del pasado, siempre estudiadas, y los baños de multitudes de los que tanto disfruta. Él era la indiscutible estrella de la noche.
El final del concierto era una vorágine de emociones: Still Life era cantada con una infinita delicadeza que contrastaba con la agresividad del So Young, revelador título para un hombre que presenta un aspecto tan jovial, casi el mismo que deslumbró al mundo entero en aquel concierto de la MTV emitido en 1993.
Metal Mickey y Beautiful Ones ponían el punto y seguido para la traca final compuesta de una inesperada She's In Fashion -en acústico- y un lógico cierre a través de New Generation. Un himno adecuado para despedir a su vieja legión de seguidores que han disfrutado del regreso de un clásico de los noventa y de una de las mejores voces del pop-rock.
El peso de la cultura estadounidense sobre Europa ha sido notorio desde el siglo XX. El cine y la música han ayudado a que el estilo de vida americano se trasladara a otros puntos del planeta, convirtiendo a la ciudad de Nueva York en la capital del mundo.
En el corazón de Manhattan, un pequeño bar abierto en 1973 iba a servir de trampolín para futuras bandas. Un templo del rock en el que su dueño, Hilly Kristal, terminó viendo desfilar a gran parte de los protagonistas de la música punk y del new wave -derivación del punk a la que se le fue sumando elementos como teclados o instrumentos electrónicos, un anticipo del gótico y del synth pop-.
El CBGB
El nombre completo del local era CBGB & OMFUG. Un confuso título que respondía a las iniciales de "Country BlueGrass Blues" y "Other Music For Uplifting Gormandizers". La primera parte se debe a tres géneros musicales: Country, blues y bluegrass -o música folk tradicional irlandesa y escocesa-. La segunda corresponde a una frase del propietario para referirse al abanico de estilos que se escapaban de la anterior definición, englobándolos en la frase "otra música para melómanos glotones".
Para acortar, los habituales se referían al sitio como CB's. Un espacio que abría sus puertas a todo tipo de expresión de cultura, incluyendo la lectura de poemas, y que acabó siendo, contra todo pronóstico, la cuna del punk americano. Allí acudía un público tan variopinto y selecto como Andy Warhol, Paul Simon, Mick Jagger o Bruce Springsteen.
Una concentración de estrellas bajo el toldo
La lista de grupos que tocaron tras el famoso toldo del 315 de la calle Bowery es amplia. Un elenco encabezado inicialmente por Willy Deville, Television, Misfits, The Police, Talking Heads, Blondie, B-52, The Cramps, Patti Smith, The Dictators y The Ramones, responsables de asociar al punk con el CBGB.
La ubicación del CBGB parecía la más indicada para apadrinar el punk estadounidense. El estilo musical venido de Londres propio de los desheredados, nihilistas y políticamente incorrectos tenía un altavoz adecuado en un barrio sin apenas atractivo turístico ni comercial, con alto grado de delincuencia y poblado tanto por antiguos veteranos de guerra como jóvenes sin futuro desencantados por la sociedad.
The Ramones
Los Ramones fueron los grandes apadrinados de Hilly Kristal. La formación practicaba una música simple ajena a las complejas composiciones que imperaban en aquella década en el rock. El sonido vivo y directo era el adecuado para ser interpretado en una sala de tales dimensiones. El 16 de agosto de 1974 comenzaba el matrimonio entre Ramones y CBGB con el primer concierto del cuarteto en el recinto. Un idilio que se mantendría durante muchos años, siendo uno de las paradas habituales en sus giras
El combo formado en Queens tenía ingredientes suficientes para pasar al estrellato. Los miembros acogían el apellido Ramone a la par que se enfundaban las chaquetas de cuero, un efectivo caparazón con el que interpretar un repertorio que invitaban a la alegría y a la fiesta. Todo ello bajo un icónico logotipo inspirado en el sello presidencial del gobierno del país y que aún pervive en la cultura popular y urbana.
Blitzkrieg Bop, Sheena Is A Punk Rocker, Do You Remember Rock & Roll Radio o I Wanna Be Sedated entraban en el listado de clásicos de la formación. Los Ramones disfrutaban del éxito personal que chocaba con los problemas personales vividos en el seno del grupo.
En recuerdo a los Ramones, el cantante Joey Ramone -fallecido a comienzos del siglo XXI, al igual que Johnny y Dee Dee- dispone de una plaza en su querida Nueva York en la intersección de East Second con Bowery, cerca de lo que fue el CBGB.
Patti Smith
La llamada 'madrina del punk' ponía el toque femenino e intelectual al estilo punk. Patti Smith editó en 1975 su disco de debut llamado 'Horses', aunque no era la única faceta artística en la que se desenvolviera. Su paso por París acentuaron su pasión por la interpretación, la pintura o la poesía. Una mujer polifacética que empezó siendo asidua a las sesiones nocturnas del CBGB para terminar como parte de él y que dejaba perlas musicales como el Because The Night, coescrita con Bruce Springsteen. The Dictators
Los Dictators son otra formación de la 'gran manzana' clave en la historia del punk y habitual en el CBGB. La carrera del grupo, donde todos sus integrantes actualmente son judíos, arranca en 1973 y abarca varias décadas, si bien su producción discográfica es escasa para el tiempo que han permanecido en escena.
La formación siempre ha contado con la presencia de Ross "The Boss" Friedman, miembro original del grupo y uno de los pilares donde se asentó una leyenda del heavy-metal como Manowar, donde participó en la etapa dorada del grupo desde 'Battle Hymns' a 'Kings Of Metal', o lo que es lo mismo desde 1979 hasta 1988.
El CBGB echa el toldo
Los problemas económicos, y las presiones municipales del alcalde Guiliani acabaron con la mística en 2006. Las viejas paredes repletas de grafitis y el viejo toldo dejaban atrás 32 años de conciertos. El germen del punk perdía una referencia y la música uno de sus garitos más mágicos. No en vano, Guns N' Roses ofreció un acústico en 1988, Bad Religion dejaba su huella y Pearl Jam actuaban en 1991 para su club de fans.
Entre el 9 y el 13 de octubre se anunciaron los últimos shows en el CBGB. The Dictators cerró la serie antes del concierto final ofrecido el día 15 con participación de Blondie, Patti Smith y Flea de Red Hot Chili Peppers. El setlist concluyó con el Gloria de Van Morrison intercalado con los grandes éxitos de los Ramones.
El final del sueño de Kristal
Hilly Kristal, dueño del local, fallecía apenas unos meses más tarde del cierre definitivo. Una de las lonas de su local, dado que la original fue robada a mediados de los 80, se trasladó al museo del Rock and Roll de Cleveland, Ohio, donde es exhibido como una reliquia de la música.
Una tienda de ropa masculina, John Varvatos, ocupa actualmente el local. Los diseñadores optaron por respetar la nostalgia del establecimiento con innumerables guiños al rock: discos de oro, guitarras, bajos, pintadas en las paredes y fotos de los Ramones decoran la nave.
El director de cine Randall Miller presentó durante este año una película dedicada a todos los momentos vividos en aquel local de Hilly Kristal. El título elegido para la cinta fueron las mismas cuatro letras que asomaron en aquella vieja tela blanca donde se refugió la música punk: el CBGB.