viernes, 6 de junio de 2014

Los niños del 'Habana': pioneros del fútbol en Inglaterra

Los futbolistas españoles no siempre han sido tan propensos a emigrar como los son actualmente. Hubo un tiempo en el que era extraño que nuestros jugadores se aventuraran a otras Ligas. El gallego Luis Suárez fue uno de los primeros en probar suerte, convirtiéndose en una de las referencias del Inter de Milán.

Uno de los destinos más complejos siempre había sido Inglaterra. El estilo de juego practicado en las islas y nuestra nula adaptación a las cultura británica no fueron obstáculo para que Nayim y los denominados 'Three Amigos' -Roberto Martínez, Sebas Fernández e Isidro Díaz-  abrieran una senda inexplorada, un camino que ya había sido abierto por los verdaderos pioneros: los niños que desembarcaron en 1937 procedentes del Habana.

Los horrores de la Guerra Civil
La Guerra Civil Española se había iniciado en julio de 1936. La dureza de la batalla y la crueldad de los combates crecía con el paso de los años. En especial con los bombardeos indiscriminados, transformando la península en un laboratorio de pruebas para ejercicios militares. Los ataques aéreos del sur fueron obra de los republicanos -Ceuta, Tetuán, Sevilla, Córdoba...-, con la excepción de Zaragoza y Valladolid, mientras que los del norte llevaban el sello franquista y la firma de la Luftwaffe.


Las fuerzas áreas conjuntas italianas, alemanas y del bando nacional, contrario a la República, devastaron la población de Guernica (Gernika) en una de las operaciones dentro de la campaña de Vizcaya. Un panorama desolador extraordinariamente plasmado por Picasso en su célebre cuadro.

El miedo a que se repitieran los ataques forzó a que muchos ayuntamientos facilitaran el traslado de sus habitantes más jóvenes al extranjero -Reino Unido, Bélgica, Rusia o Francia, principalmente-, mientras se miraba con recelo cualquier movimiento en los cielos.

En 1937, desde las costas vascas, partieron numerosos buques con menores en su interior, huérfanos forzosos de la guerra civil. Uno de aquellos barcos, el Habana, salió el 20 de mayo de 1937 hacia Southampton. Un viaje sin billete de vuelta para muchos de sus ocupantes.

expedición País Vasco

La llegada del Habana a Inglaterra
A pesar de que el Gobierno Británico se mantuvo reacio a acoger a los evacuados, finalmente cedió un espacio que no era sufragado por el Estado sino por un comité creado con tal fin, sin recurrir a los fondos públicos y necesitando de la ayuda desinteresada de la población de Southampton, la cual se volcó con sus nuevos vecinos.

Las donaciones privadas y la actividad de la propia comunidad local lograron que todas las necesidades de los niños estuvieran cubiertas, desde el equipamiento de las tiendas de campaña pasando por alimentos y ropa.


Los niños, superado el proceso de aclimatarse a su nueva situación, empezaron a realizar representaciones culturales como danzas populares y actividades deportivas, partidos de fútbol, donde el juego vivo y novedoso de alguno de los chicos logró llamar la atención de personas vinculadas a clubes profesionales de la región.

Impresionaron por encima del resto: Raimundo Pérez de Lezama, portero nacido en Baracaldo, y Sabino Barinaga, delantero de Durango. Dos vizcaínos que se enrolaban en el segundo equipo del Southampton, el club que había servido en el pasado de improvisada equipación para el Athletic al no encontrar los habituales tonos azules y blancos. Una casualidad que transformó la camiseta del conjunto vasco al rojiblanco que conocemos en la actualidad. Ahora dos imberbes vascos, por azares del destino, iban a enfundarse la elástica del Southampton. Un guiño del destino.

Pérez Lezama, posando con su equipación de portero.
El regreso de algunos de los exiliados
Southampton fue víctima de los bombardeos alemanes entre 1940 y 1941, era uno de los objetivos marcados en rojo por la Luftwaffe dado que en los alrededores de la población se fabricó el Spitfire -el legendario caza de la Royal Air Force británica-.

El mismo estruendo que alejó a aquellos jóvenes de sus casas resonaba para recordarlos que su nuevo refugio tampoco era seguro. Obligados por tales circunstancias, muchos de aquellos niños, convertidos prematuramente en adultos, regresaron a sus orígenes, en busca de un trabajo y de un porvenir.

Raimundo Pérez de Lezama pensó en trabajar en los Altos Hornos. Una visita previa al campo del Arenas de Getxo y una prueba por el club de apenas 10 minutos valió para demostrar que aquel novedoso estilo exportado de las islas: sacando con la mano y dirigiendo el balón siempre al compañero, le iba a valer un contrato profesional en la Liga y un salto posterior al mejor equipo de la competición: el Atlético de Bilbao -renombrado en época franquista-.

El cancerbero alternó en su carrera grandes exhibiciones con llamativos errores, siempre con un estilo moderno, eso sí, -heredado de su etapa inglesa-, novedoso e incluso circense, como las crónicas que hablan del portero vasco colgándose del travesaño o saliendo del área, práctica poco habitual en España. Un tipo peculiar que tuvo el honor de alzarse con el trofeo Zamora en 1947 e innumerables títulos en sus 16 temporadas bajo la meta de San Mamés.  

La racha goleadora de Sabino Barinaga  garantizó un futuro exitoso del vizcaíno en España. Las 62 dianas anotadas en 13 partidos en Inglaterra eran suficiente carta de presentación para que el Athletic y el Madrid trasladasen su lucha en los terrenos de juego a una batalla por su traspaso que cayó del lado blanco tras un breve paso por el filial rojiblanco.


Barinaga se gana el corazón de Chamartín
La carrera deportiva de Barinaga en el Madrid C.F. -en época republicana perdió la corona y la consideración de Real- duró una década, desde 1940 a 1950, con una breve cesión al Valladolid. Diez años en los que el 'inglés de Durango' no paró de sumar hitos para los merengues.

Barinaga abrió el marcador de Chamartín en el estreno del feudo madridista, el 14 de diciembre de 1947 ante Os Belenenses. El sueño del presidente Santiago Bernabéu tomó forma con la inauguración del coliseo madridista y el vasco se encargó de escribir su nombre en la historia del Madrid.

Los 70 tantos anotados en Liga le sitúan todavía en lo más alto de la tabla de artilleros históricos de la entidad. Goles que también se trasladaron a la Copa del Generalísimo, como su recordado póquer ante el Barcelona en la remontada 11-1 al Barcelona, tras haber caído 3-0 en Les Corts, dentro de las semifinales de la campaña 1942-43 que finalmente se adjudicó el Atlético (Athletic) de Bilbao.

Un choque visto desde la Ciudad Condal como el 'escándalo de Chamartín' y que precipitó la animadversión entre los dos clubes, debido entre otras cosas, y tal como argumentaron desde el equipo culé, al trato vejatorio que recibieron los azulgranas en aquella cita copera desde su llegada a la capital.

11-1, Madrid - Barcelona

Emilio Aldecoa entra en la historia del fútbol español
Centenares de niños no reclamados por sus familias se vieron obligados a proseguir con su destierro en la islas. Alguno de los cuales siguió la misma suerte que Lezama y Borinaga, convirtiéndose en futbolistas profesionales, en nuestros pioneros en la cuna del fútbol.

Entre aquellos chicos del Habana que continuaron en Inglaterra estaba el bilbaíno Emilio Aldecoa. Su pasión por el balón la siguió desarrollando en su trabajo en la compañía English Electric, donde participó en el equipo de la empresa.

La II Guerra Mundial frenó el desarrollo de las ligas domésticas británicas ya que la mayoría de las plantillas estaban en el conflicto bélico. En un intento por parte del Estado de conservar las costumbres propias del país, propuso recomponer los equipos de fútbol a partir de futbolistas semiprofesionales o amateurs que no estuvieran en combate.

La Primera división era inviable ponerla en marcha. En cambio, sí que era factible disputar una competición regional, con menores costes de desplazamientos, siempre y cuando los partidos se disputaran el sábado con luz solar, sin recurrir a los focos, para no llamar la atención.

El Wolverhampton Wanderers se hizo con los servicios de Aldecoa en 1943, cuya fama en la English Electric había llegado a los oídos del equipo de los 'lobos'. Aldecoa pasaba a ser, de este modo, el primer futbolista nacido en España que participaba en un club profesional de fútbol en Inglaterra y el primero en anotar un gol. Un futbolista que llamó la atención, tanto por su el impecable aspecto de galán, alejado del rudo arquetipo, y por su estilo juego: un exterior zurdo habilidoso que podía desempeñar las labores de interior.

Wolverhampton

Aldecoa tuvo una prolífica carrera que le condujo al Coventry City, antes de regresar al Athletic de Bilbao y pasar por el Barcelona, la verdadera pasión del llamado 'inglés', un vasco que no terminó de encajar en la entidad vizcaína y que encontró acomodo tanto en Valladolid como en el Barça, donde se vengó de los rojiblancos con un doblete en Copa y un inexplicable baile que le valió el odio de la afición de los 'leones'.

Los hermanos Gallego, José y Antonio, son otros de los pioneros nacidos en España y que tuvieron su presencia en el campeonato británico con destinos como Cambridge City y Norwich City, respectivamente. Dos refugiados que encontraron hueco en Inglaterra, una nación que rehusó acoger, en un principio, a una generación rota por las bombas, que recuperó parte de sus energías en un país extraño donde aprendieron a madurar deprisa y a disfrutar de un deporte que cambió sus vidas, tanto como con la propia guerra.

miércoles, 21 de mayo de 2014

La cuchara de madera y el bastón de José Nasazzi

El deporte profesional siempre busca como objetivo final el triunfo en una competición, una victoria que queda representada en un trofeo, el cual servirá para recordar en un futuro el éxito de aquella temporada. A veces no es así, ni la gloria tiene título y el fracaso se lleva premio.


La cuchara de madera
El rugby es un deporte peculiar, en muchos aspectos, con detalles que le diferencian de los demás. Para empezar, la caballerosidad que destilan los jugadores contrasta con la dureza de sus acciones en el césped, las cuales desaparecen con el pitido final para dar paso a una confraternización entre sendos equipos en el llamado 'tercer tiempo'. Una envidiosa situación que sólo se vive con el balón ovalado.

Por sumar más peculiaridades, el torneo por países más importante del continente, el VI Naciones, premia al peor equipo de los que compiten -práctica seguida también en Australia y Nueva Zelanda en sus ligas nacionales-. Un hecho insólito en un mundo donde solo vale ganar y siempre se recompensa a los triunfadores.

balón

La tradición de la cuchara de madera, al igual que el propio rugby, proviene de los ambientes académicos, exactamente de Cambridge, donde se ordenaba a los alumnos de Matemáticas en tres grupos, siendo el último el de las peores notas y a los que se identificaba con el trozo de madera -similar a la expresión cabeza de serrín utilizada en España-, término que evolucionó hasta la cuchara de madera y que se contraponía al de nacer con una cuchara de plata.  

La distinción entregada en la Universidad se hizo más grande con el tiempo, alcanzando el metro y medio de longitud, adquiriendo un tono burlón y casi humillante para el estudiante que lo llevaba. Esta costumbre se fue rompiendo a medida que las calificaciones se comenzaron a mostrar en orden alfabético, siendo en 1910 la última vez en la que se otorgó.

Estudiante de Cambridge con la última 'wooden spoon' entregada.
El salto de la palabra desde las aulas Cambridge al rectángulo de juego vino de los propios alumnos que convirtieron al rugby en un pasatiempo habitual de los estudiantes.

En los últimos años existe discrepancia sobre los destinatarios de este 'premio', los hay quienes piensan -principalmente en países latinos como Italia o Francia- que solo los que no consiguen ninguna victoria en el VI Naciones deben ser considerados y otros -como el estudioso John Griffiths- que señalan que cualquiera que ocupe el último puesto al finalizar la quinta jornada es el poseedor de la cuchara.

El bastón de Nasazzi
Se trata de uno de los galardones más desconocidos del fútbol, en parte porque el poseedor no lo luce y por otro lado porque el trofeo no existe en sí. Un honorífico reconocimiento que pasa de manos, de selecciones, sin que ellas mismas lo sepan, y que todo comenzó cuando Uruguay se proclamó campeón en 1930.

El capitán del equipo charrúa en la primera edición de la Copa del Mundo era José Nasazzi. El futbolista uruguayo, de origen italiano, tenía unas grandes dotes de mando y una envidiable personalidad que le llevaron, además de liderar al equipo en el campo, a portar el brazalete de la 'celeste'.

José Nasazzi

Nasazzi defendió la camiseta de tres clubes de la capital uruguaya: Lito, Bella Vista y Nacional. Precisamente, con su nombre se bautizó el campo de fútbol de Bella Vista. A pesar de que el futbolista se encontraba todavía en activo y jugando con la camiseta de un rival, Nacional, tras un traspaso en el que había donado parte del dinero al equipo de sus amores.  

Su dilatada carrera profesional se tradujo en un relevante palmarés con la selección de Uruguay:
En dicho partido de 1930, disputado contra Argentina en el Estadio Centenario de Montevideo, fue cuando se produjo la discusión entre sendos capitanes con el objeto de que se usara el balón que cada uno llevaba a la cita. Una de las primeras anécdotas que arrojaba la recién estrenada Copa del Mundo.

Aquel 30 de julio de 1930, Uruguay venció a Argentina por 4-2. José Nazarri levantaba, como capitán de los celestes, el máximo galardón, que distinguió a los uruguayos por cuatro años como campeones del mundo, la Copa Jules Rimet -entregada hasta 1974, año en el que se empezó a entregar en su lugar la Copa del Mundo de la FIFA-.

De este modo, se repitió la victoria que ya habían vivido en los JJ.OO, en otra edición del clásico del Río de la Plata ante el mismo contrincante, Argentina.

Uruguay, Argentina, 1928, JJ.OO, José Nasazzi, Manuel Ferreira,
José Nasazzi (Uruguay) y Manuel Ferreira (Argentina), antes de la final olímpica de 1928

Esta victoria de Uruguay ha servido de arranque para un trofeo virtual que se conoce con el nombre del bastón de Nasazzi, en honor del capitán celeste, y que contó a Uruguay como el primer poseedor.

El sistema es el siguiente, el primer país que venció a los charrúas en partido oficial, aunque sea amistoso se quedaba momentáneamente con el título, como si de un púgil se tratara en busca del cinturón del campeón.

Brasil, el 6 de septiembre de 1931, arrebató a Uruguay el mando para perderlo en manos de España en la única victoria, hasta ahora, de la Selección a la 'canarinha' en unos Mundiales. Fue en 1934, en Génova, con el legendario Zamora entre los palos y una extraordinaria exhibición de Lángara. A la 'Furia Roja' le duró poco su nueva condición e Italia era el siguiente de una larga lista de equipos, algunos de los cuales no han sabido que defendían el cetro.

La única regla que existe es que el encuentro sea reconocido por la FIFA y que se resuelva el marcador en los 90 minutos, excluyendo prórrogas y penaltis. Existen varias webs donde se puede hacer la evolución y el país que lo pone en juego.
Costa Rica es desde 2016 el actual defensor del bastón, desde su última victoria ante Colombia. Una responsabilidad que puede que incluso ellos mismos desconozcan. Un título sin premio que no para de circular por el planeta y que comenzó cuando Nasazzi levantó el Jules Rimet hace 84 años.

domingo, 11 de mayo de 2014

Las peores catástrofes aéreas en la historia del fútbol

La prometedora selección de Zambia, que aspiraba con clasificarse al Mundial de Estados Unidos 1994, vio truncada su meteórica progresión debido a un lamentable accidente de aviación ocurrido en las costas de Gabón en abril de 1993. El fútbol se vestía de nuevo de luto con otra catástrofe aérea que se sumaba a otras que padecieron otras selecciones o clubes.

Zambia, bandera

Principales siniestros aéreos en el mundo del fútbol

1. Superga (1949)- Torino
A mediados del siglo XX, el mejor equipo de Italia era el Torino. El conjunto 'granata' era el rival a batir para lograr el título de Liga. Los números avalaban la calidad de una escuadra memorable que era imbatible en su estadio, donde llegó a conseguir una racha de 93 encuentros consecutivos sin perder.

El 3 de mayo de 1949, el Torino viajó a Lisboa para jugar un partido amistoso contra el Benfica, homenajeando al jugador Francisco Ferreira, debido a la amistad que le unía con el capitán Valentino Mazzola, máximo anotador del equipo y padre de Sandro Mazzola -ídolo del Inter de Milán en la década de los 60 y 70-.


Valentino Mazzola, capitán del 'Toro', junto a su hijo Sandro.

Al día siguiente, en el viaje de vuelta, el avión que llevaba al equipo de regreso a casa se estrelló en la madrugada contra la muralla de la basílica de Superga. La escasa visibilidad se apunta como el principal motivo de un accidente en el que no hubo supervivientes, llevándose consigo a los 18 jugadores y entrenadores que había viajado a Portugal. Sauro Tomá, al encontrarse lesionado en su menisco, no viajó a Lisboa y escapó del cruel destino.


La base del combinado 'azzurri' se componía de futbolistas del 'Toro', lo que motivó que para la identificación de los cadáveres se llamara al seleccionador italiano Vittorio Pozzo. Los ataúdes entraron en el templo en orden, como cuando salían al campo, mientras a través de la megafonía se anunciaban sus nombres.

La conmoción del suceso llegó a todos los rincones del planeta. El club argentino River Plate se ofreció a jugar un partido a beneficio de los familiares de las víctimas con jugadores como Alfredo Di Steffano, Lambruna, Rossi, Carrizo…como reclamo. El encuentro se disputó el 26 de mayo, comenzando una amistad que hoy pervive entre ambas instituciones.

El Torino ha incluido la franja característica de la camiseta de River en sus equipaciones como homenaje. Un gesto devuelto por los bonaerenses quienes han incluido en numerosas ocasiones el tono granate en la camiseta de los millonarios. Otros clubes que estrecharon lazos con el 'Toro' a raíz de esta desgracia fueron el Benfica y Corinthians.


2. Múnich (1958)- Manchester United

El United partía el 6 de febrero de 1958 desde Belgrado rumbo a Manchester, tras su clasificación frente al Estrella Roja en la Copa de Europa, previa escala en Múnich para repostar. El avión intentó despegar para continuar su ruta pero el hielo y la nieve impidieron realizar la maniobra, colisionando la aeronave sobre una edificación.

Fallecían 23 personas, incluyendo a 8 futbolistas de la primera plantilla y al prometedor Duncan Edwards. Entre las personas que se salvaron del desastre hay que destacar a Bobby Charlton, Bill Foulkes y el entrenador Matt Busby, piezas claves en el futuro de la institución mancuniana.


Desastre aéreo de Munich, United, 1958
Reloj situado a las afueras de Old Trafford y que representa la hora del accidente áereo. Foto tomada por PeeJay2K3
Esta tragedia frenó una de las mejores generaciones del equipo de los 'diablos rojos' pero no impidió que con orgullo, casta y una nueva hornada de jugadores, amasada por el técnico escocés, y conocida como 'Busby Babes', se consiguieran grandes éxitos. Charlton, Bill Foulkes, George Best (quien llegaba en 1963) y el escocés Law, que lo había hecho la temporada anterior -1962- fueron los responsables de guiar al Man U a lo más alto en los siguientes años .


3. Dinamarca (1960)- Dinamarca B
La nave en la que tenía pensado desplazarse el equipo danés, en 1960, no pudo despegar del aeropuerto de Kastrup (Copenhague), estrellándose contra el mar. Perecieron 8 integrantes de la segunda selección escandinava y del equipo junior, candidatos a haber formado parte del combinado olímpico danés.


4. Chile (1961)- Green Cross
El Green Cross, equipo de Santiago de Chile, regresaba de la localidad de Osorno tras disputar un partido de Copa, dentro de una campaña bastante exitosa donde el club se encaminaba hacia su ascenso a Primera. La plantilla se dividió en dos grupos para volver a casa, dado que una de las aeronaves realizaba más escalas que la otra.

El segundo avión desapareció, el 3 de abril de 1961, por causas indeterminadas y necesitó diez días para que se localizaran en la Región del Maule, en un lugar con un nombre tan desafortunado como Cerro Lástimas, donde los restos de la aeronave se mezclaron con los cuerpos calcinados de 24 personas -incluyendo a 8 jugadores del Green Cross, el entrenador y el masajista del club-.

Green Cross, escudo


En honor al club, posteriormente reconvertido en el Club de Deportes Temuco, se renombró aquella temporada la Copa de Chile en Copa Green Cross.


5. La Paz (1969)- The Strongest
El continente sudamericano se veía de nuevo sacudido por otra luctuosa noticia. En este caso era el avión que transportaba al conjunto boliviano de The Strongest y que se había precipitado sobre la Cordillera Tres Cruces, dejando atrás a 16 miembros de la plantilla del 'tigre' y 3 responsables del equipo técnico.

Muchos clubes del continente dieron muestras de apoyo. Empezando por su gran rival, Club Bolívar y siguiendo por Boca Juniors, quien también había respondido previamente al Green Cross chileno. Destacar que se celebró un clásico carioca entre Fluminense y Flamengo con el objetivo de recaudar fondos para las familias de los fallecidos.



6. Pucallpa (1987)- Alianza Lima
Uno de los capítulos más tristes del fútbol peruano se vivió en 1987 con el accidente aéreo sufrido en su desplazamiento a Pucallpa para enfrentarse contra el conjunto local, el Deportivo. Antes de aterrizar en el aeropuerto limeño, el artefacto caía cerca del mar de Ventanilla arrebatando la vida a 43 personas, 16 de ellos futbolistas del Alianza Lima. Posteriores investigaciones han señalado que el tren de aterrizaje y la falta de pericia del piloto en los vuelos nocturnos fueron los motivos del fatal accidente del que sólo salvó su vida el propio aviador.

Los aliancistas disputaron el resto del torneo con sólo un integrante de la plantilla, el lesionado Juan Reynoso, al que se le sumaron gente de la cantera y jugadores prestados por el equipo chileno del Colo-Colo, un espontáneo gesto que hizo que surgiera un hermanamiento entre ambas instituciones.

Alianza y Colo-Colo


7. Gabón (1993)- Zambia
El futuro de la selección de Zambia se truncó en un fatídico desplazamiento que trasladaba al equipo nacional desde Isla Mauricio a Dakar (Senegal), en una vieja aeronave militar que se precipitó en el mar. Las relaciones internacionales entre Zambia y Senegal quedaron tan dañadas por este hecho como las esperanzas de las familias y allegados de localizar los 80 cadáveres.


El presidente, tres técnicos y 18 futbolistas encontraron la muerte aquel 27 de abril de 1993. Los tres jugadores más prometedores de esta camada zambiana: Musonda, Johnson Bwalya, y Kalusha Bwalya, no viajaron debido a sus compromisos internacionales, construyéndose alrededor de ellos el forzado relevo generacional en la selección.

Dinamarca, posiblemente reflejada en el dolor vivido por ellos mismos en 1960, fue una de las primeras federaciones que se prestó a echar una mano con personal técnico para afrontar el decisivo partido de Zambia contra Marruecos, donde las llamadas 'balas de cobre' -chipolopolo- se jugaban el billete para el Mundial de 1994 con apenas un mes de margen tras la tragedia.

Zambia había liderado su grupo de clasificación para entrar a una segunda fase donde se encuadró con Marruecos y Senegal. El conjunto zambiano llegó a Casablanca con muchas opciones de acceder a la Copa del Mundo, sólo la derrota podía impedir el estreno del país en la Copa del Mundo. Así fue. El Ghrissi, a los 50 minutos de juego, acababa con todas las esperanzas de un país que estaba todavía de luto.


La recompensa de la Copa África
La vida recompensa, en algunas ocasiones, el dolor generado. El karma de la nación que había recorrido el explorador doctor David Livingstone se llenó de energía positiva en el momento que por primera vez regresaban a Gabón, tras el suceso de 1993, con motivo de la Copa de África de 2012.

Selecciones favoritas como Ghana o Costa de Marfil fueron incapaces de derrocar a un equipo, dirigido por Hervé Renard, que se sentía fuerte por el recuerdo de la catástrofe aérea de 1993, en cuyo honor jugaron y triunfaron en el máximo torneo del continente africano.

Zambia In Memory of 93
Zambia 2012
La simbólica visita de los internacionales de Zambia a las playa donde se encontraron los restos del fuselaje y la presencia en la expedición del presidente de la federación, Kalusha Bwalya, antiguo capitán del mítico equipo siniestrado, unieron y fortalecieron la fe de un equipo que pasó de ser la sorpresa a sorprender. y que no sólo alcanzó el éxito que parecía escrito para la generación perdida de 1993 sino que lo superaron al convertirse en campeones de África tras ganar a Costa de Marfil en los penaltis.

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