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miércoles, 13 de marzo de 2024

Depeche Mode toca el cielo de Madrid con 'Memento Mori'

 Ser fieles a uno mismo y a la vez seguir evolucionando es una de las tareas más complicados que puede tener una persona, y también un grupo musical. Depeche Mode no ha perdido la esencia desde que en 1980 nos regalaran sus primeras sintonías, aunque se han quedado atrás en el camino varios pilares de la formación. Ahora son Martin Gore y Dave Gahan los que sostienen como dueto el proyecto. Dos patas fuertes para elevar a lo más alto uno de los mitos de la música electrónica.

El prematuro fallecimiento de Andrew Fletcher en 2022, fundador de Depeche Mode, y elemento clave del grupo, no es uno de los temas recurrentes de su último trabajo 'Memento Mori', que pese al nombre tan apropiado, dado que en latín significa "recuerda que morirás", ya estaba previsto anteriormente, desde la época de la pandemia.

 

Depeche Mode pertenece a esa eclosión de grupos británicos que se movían a finales de los 70 y principios de los 80 entre el pop y el rock a base de sintetizadores y de percusión electrónica para dibujar melodías embriagadoras. Por ahí desfilaban Duran Duran, Erasure, New Order, Soft Cell, Pet Shop Boys o The Cure. 

El tiempo castiga a todos. A algunos menos. The Cure y Depeche Mode son los que mejor se adaptaron a los cambios, sobreviviendo a modas y nuevos públicos, sobreviviendo a estilos y nuevas pautas. Con esta reciente metamorfosis afrontaban una nueva gira para presentar el decimoquinto álbum de estudio.


Depeche Mode en el WiZink Center de Madrid, 12 de marzo de 2024

El 'Memento Mori Tour' siguió en Madrid la ruta establecida en otras ciudades. El oscuro sonido del genial tema My Cosmos Is Mine, como invitando a los presentes a adentrarse en un desconocido mundo, se solapaba con el estilo más popero y alegre de Wagging Tongue.

Si alguien pensaba que el último disco iba a ser el protagonista, estaba equivocado, era solo una excusa. A partir del tercer corte, Walking In My Shoes, indicaban que el camino iba a ser largo. Un largo paseo por una colección de éxitos tan significativa que uno no sabe nunca cuál es el tema más famoso de este grupo.

La voz de Dave Grahan tiene alma de prestidigitador, de mago de las palabras, de seductor del viento. Una sensualidad que roza el erotismo y cuyo siseo provoca bailar a su ritmo, como una serpiente engatusada e hipnotizada con su encantador, quien giraba como una peonza abriendo las manos en esa característica danza tan marca de la casa.

It's No Good, Policy Of Truth precedían a una versión distinta de In Your Room, una remezcla hecha por Butch Vig de Garbage, y que es más hipnótica y tenebrosa, pero igual de sensual. Como conversaciones entre amantes en un minúsculo espacio.

Depeche Mode siempre ha sido un pionero en poner nombre a unos actores que cumplían con su papel en la oscuridad y a espaldas del mundo. Disfrutando y sufriendo en silencio. Maestros, siervos y esclavos, dolor que se convierte en placer y que funde lágrimas y saliva. Tabúes rotos. Literatura erótica que ya vieron la luz antes de que las librerías abrazaran con pasión este género.  

 Depeche Mode han hablado como tantos grupos de drogadicción y adicciones, pero se han sabido mover con soltura y como nadie con otras temas como religión y sexualidad, a veces entremezclándolos, como solo Madonna y ellos lo han sabido hacer. Pecados que se hacen públicos entre oraciones. Gemidos en la almohada mientras se invoca a un ser superior.  

Everything Counts abría la etapa más relajada del concierto con Precious y Speak To Me allanando el camino a las emociones. Era el momento de Martin Gore para sentir los focos en exclusiva sobre su sempiterno corte de pelo tan ciberpunk y futurista. Strangelove y Somebody se exhibían tan frágiles que parecía que fueran a evaporarse por la calle Goya.  


Depeche Mode parece pecar de simple, pero ahí está la complejidad. Sus grandes temas son varios tonos de teclado perfectamente encadenados. Una contraseña corta pero efectiva y segura para conseguir la fiabilidad. La fórmula la han vuelto a repetir en este nuevo álbum, con temas como Ghost Again, con un estilo que evoca a New Order y un videoclip deudor de Ingmar Bergman en el 'Séptimo Sello'.

El repertorio seguía con I Feel You, y esa maravillosa guitarra tan country que con poco hace tanto, A Pain That I'm Used To, Behind the Wheel, con sentida dedicatoria al ausente Andrew Fletcher, para seguir con Black Celebration y Stripped, ese prodigioso corte con alma industrial que los alemanes Rammstein también incluyen en sus repertorios.

John The Revelator, del último álbum, se colaba por delante de un Enjoy The Silence sorprendente que incluyó a una bailaora de flamenco, Belén López, quien hechizaba un tema ya de por sí mágico, además de dar un toque puramente español a la fiesta.


Todavía quedaba más: el dueto cantaba y susurraba Waiting For The Night, como si fuera una nana, para acabar con Just Can't Get Enough y Never Let Me Down, haciendo que las manos del público se movieran como una marea gigante de brazos al son del compás.

Personal Jesus cerraba el espectáculo. El mismo tema a modo de plegaria que sedujo en su día a Marilyn Manson, aunque hable de la tortuosa relación entre Priscilla y Elvis Presley, el mismo libro que enamoró a Sofia Coppola, y que ahora encandilaba a las 15.000 personas presentes en el WiZink Center. Dice el dicho que de Madrid al cielo. Y es así, pero con Depeche Mode el camino es aún más fácil de realizar. "Reach out, touch faith".

sábado, 24 de junio de 2023

Rammstein quema en Madrid su propia hoguera de San Juan

 El inglés es tradicionalmente el idioma del rock. Triunfar con otras lenguas es y fue siempre difícil. Por un lado, porque es la más internacional, y eso hacía y hace que pocos grupos se aventuraran a probar con su lengua natal.

Alemania fue una excepción. La contundencia y sonoridad de su idioma permitió que muchas bandas germanas se animaran a usar el alemán, como Die Toten Hosen, Die Ärzte, Oomph! o Kraftwerk, pioneros en ese aspecto, mientras otras triunfaban con el inglés por bandera, como Scorpions, Blind Guardian, Helloween o Accept. 

Rammstein escogió el camino más difícil, hacerse internacionales con el alemán. Curiosamente esta vía les ha llevado a ser actualmente los más famosos de todos los grupos germanos.

Rammstein practica un metal industrial digerible y hasta bailable. La reconocida voz de Till Lindemann y su especial modo de cantar son otros de sus sellos de identidad, junto a la puesta en escena: circense, teatral y cinematográfica, no en vano su popularidad en Estados Unidos empezó cuando el director David Lynch se dejó seducir por sus melodías para la onírica película 'Carretera Perdida' (1997). Luego llegaría más publicidad a través de la gran pantalla con 'xXx' (2002), que contaba con Vin Diesel y un explosivo inicio que encajaba con la filosofía de este sexteto teutón.

 

Rammstein regresaban ahora a Europa para realizar una gira de estadios, con el octavo disco bajo el brazo, 'Zeit' (2022), y la polémica por una denuncia por abuso sexual abierta por la Fiscalía de Berlín contra el cantante de la formación. Con esta dicotomía se presentaban en Madrid.

Rammstein en el estadio Metropolitano, 23 de junio de 2023

Hay dos cosas que el público ha aprendido esta noche: el sonido del Metropolitano es muy mejorable y el espectáculo visual de Rammstein es inmejorable. El dúo de pianistas francesas, conocidas como Abelard, fueron las encargadas, desde un lateral de la pista del Metropolitano, de amenizar la espera, que se hizo más larga de lo deseable.

Los primeros temas del grupo se podían unas veces intuir por el sonido del teclado y otras por el acompañamiento coral de la grada, repleta de seguidores de todos los rincones de España y de muchos alemanes. Una afición colorida y simpática que elegía o camisetas con el logo del grupo o equipaciones de la selección alemana, además de otros atuendos más atrevidos como el de Blancanieves, haciendo referencia al videoclip del grupo. Rammlied se intuyó entre la neblina y Links 2-3-4 se tarareó, al igual que Sehnsucht, más luminosa.


Y es que el atrevimiento es una de las marcas de la casa, con un escenario sobrio a la par que futurista, con aroma 'orwelliano', donde fueron desfilando todo tipo de fuegos artificiales, juegos de luces y números teatrales, especialmente con Puppe y ese siniestro gigantesco carrito de bebé, o el habitual show macabro plagado de mucho humor negro cuando interpretan Mein Teil, su particular versión del caníbal de Rotemburgo

Con Mein Herz Brennt el Metropolitano se tiñó más de rojo, si cabe, y con Zeit, una de las cuatro del último álbum que sonaron, conquistaron todos los corazones. Un tema muy solemne que encaja bien como contrapunto a otros cortes más metaleros y que parece desaparecer y evaporarse con majestuosidad.

El siguiente bloque de temas surgió tras una sesión de baile desde lo alto de la torre, la cual se asemejaba al ojo de Sauron descrito por Tolkien. Una sesión que bien podría ser parte de la nueva edición del festival Tomorrowland. Tras ello Du Hast y Sonne sonaron atronadoras y espectaculares, reclamando su protagonismo en el momento justo.

Quedaban pocos temas en el tintero y mucha noche, pero lo que nunca faltan conejos en la chistera. De la nada, como por arte de magia, el sexteto aparecía en el mismo lugar en el que las pianistas galas habían empezado su actuación para cantar una versión más minimalista de Engel, con los móviles iluminándose en el feudo colchonero como si fueran luciérnagas que saludan al verano. Su vuelta al escenario sobre lanchas surcando un mar de manos quedará en el imaginario colectivo de los presentes.

Ausländer y Du Riechst So Gut precedían a una versión sentida de Ohne Dich, anunciando el último tramo de canciones.

Algunas se estaban quedando fuera y otras habían tomado sitio en esta gira, así de complicados son los repertorios cuando un grupo empieza a tener tablas y años de escenario. La homónima Rammstein e Ich Will profundizaron en los comienzos de la formación, cuando no llenaban estadios y visitaban salas pequeñas como Macumba en la estación de Chamartín. Eran otros tiempos, aunque por entonces ya utilizaban el fuego y la puesta en escena como reclamo.

Con una elocuente canción como Adieu, que contiene muchos 'goodbye' y 'auf Wiedersehen' decidían poner fin a un repaso por su discografía en forma de 21 temas y mucha dosis de gasolina. Elevándose en las alturas y mezclándose con el fuego decidían marcharse del Metropolitano. No hay humo sin fuego. Y siempre hay fuego si está Rammstein, máxime en una noche de San Juan, donde a falta de hogueras las llamaradas renovaban lo viejo y lo malo. Justo cuando hay mucho que purificar.

lunes, 22 de abril de 2013

Rammstein y David Lynch: El fuego camina con ellos

El rock tradicionalmente ha hablado inglés. Es un estilo musical fuerte y sonoro que encaja con el idioma utilizado por Shakespeare y que ha forzado a muchos nuevos grupos a abandonar su lengua materna sin importar su procedencia. Alemania no ha sido una excepción, las raíces germánicas ayudaban al cambio aunque con el paso del tiempo la tendencia ha variado para cantar o titular en alemán: Die Ärzte, Die Toten Hosen, Lacrimosa, Oomph!, Wir Sind Helden y Rammstein triunfan con éxito tras la senda marcada por Kraftwerk o Die Krupps.

Die Ärzte

El universo de David Lynch
David Lynch es uno de los directores de cine más inspiradores de la industria de Hollywood. Lynch ha creado un universo particular donde rodar. Un espacio personal inquietante sacado del mundo de los sueños con personajes estrambóticos que se escapan de los arquetipos habituales. Antes de dirigir su película más intimista, que terminó siendo la más accesible, 'Una historia verdadera' (1999), envolvía a crítica y público en otra historia confusa, surrealista, adictiva y potente que tomaba por nombre 'Carretera perdida' (1997).

Carretera perdida, Lost Highway, David Lynch
 
La pasión del autor por la música es otro de los sellos de sus obras, junto al compositor Angelo Badalamenti han tejido las piezas adecuadas para cada una de las producciones como quedó demostrado en la icónica serie de televisión Twin Peaks (1990-91), que enganchó a millones de personas para seguir las evoluciones del misterioso asesinato de Laura Palmer bajo las delicadas notas orquestadas por Badalamenti, y que más tarde tuvo una continuación en la cartelera -a modo de precuela- bajo el título de 'Fuego camina conmigo' (1992).

Previamente, con 'Corazón Salvaje' (1990) había encontrado a Elvis Presley y Chris Isaak -con su célebre Wicked Game- como los mejores aliados para aportar un sonido sesentero a la cinta, pero las escenas oníricas que generaba Lynch en su cabeza para su siguiente cinta, 'Carretera Perdida', necesitaban un sonido transgresor, moderno y violento que acompañara las agresivas piezas de jazz creadas por Badalamenti.

El pesado grupo alemán llama a las puertas de Lynch
Lynch encontró artistas tan rompedores y novedosos en la música como el estilo que practicaba el director de Montana en la gran pantalla. El polifacético Trent Reznor, líder de Nine Inch Nails, trajo de la mano a Marilyn Manson quienes habían revolucionado el mundo del metal, un año antes, con su celebrado 'Antichrist Superstar'. La pesadilla preparada por Lynch abrazaba una adecuada  banda sonora iniciada y terminada con un mito como David Bowie.

A ellos se sumó un, por entonces, semi desconocido grupo alemán, Rammstein, que según cuentan solía enviar maquetas al cineasta para que las escuchara. El estilo industrial de los germanos encajaba a la perfección con el listado de temas ejecutados por Reznor y Marilyn Manson, quien dejaba dos joyas como Long Hard Road Out Of Hell y I Put A Spell On You, temas que se revoloteaban en el ambiente como una polilla ante la luz de una bombilla.

David Lynch

El maestro de la intriga demencial, capaz de colocar inconexas piezas que terminan encajando en un inquietante puzle, se volvió a coronar con 'Carretera Perdida' y colocó a Rammstein en la autopista del éxito comercial, justo en el instante en el que salía al mercado su segundo trabajo: 'Sehnsucht'.

Rammstein, furia desde el otro lado del muro
La formación surgió en 1994 en Alemania con un sexteto capitaneado por el peculiar áspero tono de voz de Till Lindemann dentro de un estilo que alterna y combina el metal industrial con recursos y aspectos propios de la música electrónica. La procedencia de la mayoría de los miembros es de la extinta R.D.A. (República Democrática Alemana)

La ciudad germana de Ramstein -próxima a Kaiserlautern- y el accidente aéreo que se produjo en la cercana base aérea norteamericana -donde varios cazas italianos impactaron entre sí y contra el público en un espectáculo acrobático en el año 1988- pudieron ser el motivo para dar nombre a un grupo que ha llegado a superar los 20 millones de copias vendidas de una discografía que abarca 6 álbumes de estudio y 2 discos en directo.


Rammstein, 21 de abril de 2013. Palacio de los Deportes (Madrid)
El grupo alemán ha heredado el estilo de la escenografía de grandes del rock como los Rolling Stones, Kiss, Iron Maiden, Alice Cooper o AC/DC. Para esta cita de 2013, un DJ con temas remezclados de Rammstein, e imágenes de  la directora de cine habitual del III Reich -Leni Riefenstahl-, sirvieron de aperitivo para la bacanal que se tenía prevista.

Los entremeses fueron llegando poco a poco hasta darse de bruces con uno de los primeros grandes éxitos: un Sehnsucht (nostalgia) que aceleraba a un receptivo público madrileño que necesitaba pocos incentivos para seguir el enérgico y a la vez rítmico sonido del combo teutón.

Rammstein, Madrid
La pirotecnia y la teatralidad habían asomado por el Palacio de los Deportes para tomar forma definitiva con dos temas premonitorios: Feuer Frei! (¡Fuego a discreción!) y Mein Tail (Mi parte), canción que sirvió para recrear la grotesca historia del 'caníbal de Rotemburgo', que todavía conmociona a Alemania. El atrezzo preparado incluía una humeante olla y la transformación de Till Lindemann en un macabro y sangriento chef dispuesto a cocinar al teclista. El primer plato acababa con un suave sorbete como Ohne Dich, una dulce licencia en el intenso repertorio.

Foto prestada por mi colega Vidal: pollobarba
El pabellón recuperaba su temperatura de cocción alternando cortes del primer y último disco para saciarse con los clásicos de la formación. Links, 2-3-4 (que explica la orientación política de Rammstein), Du Hast e Ich Will, las cuales sonaron potentes y magistrales, haciendo brincar y saltar a una fogosa audiencia que respondía de manera marcial ante la llamada del metal más bailable.

Rammstein Madrid, 2013

Tras un breve descanso, Rammstein abrió el segundo set con una novedosa y sentida versión a piano del Mein Herz Brennt que anticipaba el calor irradiado desde Sonne para culminar con otra alegoría apta solo para adultos.  La primera había sido sufrida por el teclista con Bück Dich y la segunda se alcanzaba tanto con el contenido de  la letra de Pussy como a través del cañón de espuma, los cuales ponían fin al show e inundaban a los asistentes en un extenso orgasmo visual y sonoro de casi dos horas de duración. Danke Rammstein.

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