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domingo, 13 de julio de 2025

De Madrid al cielo; de AC/DC al infierno, con cuernos

 La vida es corta y hay que ver y hacer muchas cosas. Hay que ir una vez al menos a Nueva York, a Roma, París o a Londres, y no te olvides de Florencia. Hay que ver la Mona Lisa, también la de El Prado, y hay que ver a AC/DC en directo, aunque no te emocione. Es uno de esos grupo de obligado visionado, de esos dinosaurios del rock que lo mismo un día se extinguen y no habrá un Steven Speilberg para mostrarlos en pantalla.

AC/DC tienen muchas particularidades. Una de ellas es tener una tipografía propia que hace que su logo sea una marca propia reconocible universalmente y que se vende sola. Otro detalle importante es que su música ha traspasado generaciones y gusta aunque no guste. Una música muy identificable y que suena a ellos mismos, denominación de origen propia con sello de calidad.

Otro punto interesante es que generalmente se considera una banda australiana, por su nacimiento en Sidney, aunque la procedencia de algunos miembros de Glasgow, especialmente los hermanos Young -Malcolm y Angus-, y ahora el propio Stevie Young, sobrino de Malcolm, fallecido en 2017, hacen que también se considere como escocesa. Una reivindicación que incluso saltó al Parlamento en Edimburgo.


AC/DC y The Pretty Reckless en el Estadio Metropolitano de Madrid, 12 de julio de 2025

Iron Maiden, Metallica, Rolling Stones, Kiss y Guns N' Roses son algunos de los grandes nombres del rock. AC/DC es parte de esta alineación de mitos, sin duda, con el aliciente extra de llevar una década sin tocar por Madrid, demasiado tiempo para una sociedad tan esclava del reloj y tan necesitada de entretenimiento.

Uno no está para perder oportunidades, y menos para perderse una gira de AC/DC, por eso la expectación era máxima y el Metropolitano iba a acogerlos por dos noches, tras el éxito de ventas de la primera parada.  

AC/DC tiene alma de blues pero espíritu de rock: empezando por sus leyendas, acerca del origen del nombre, polémicas, principalmente religiosas por sus coqueteos con el diablo, y hasta historias repletas de exceso, como el trágico final del primer cantante, Bon Scott. Una biografía de puro rock.

The Pretty Reckless ejercieron de perfectos teloneros. Hard-rock y una líder al frente, la estadounidense Taylor Momsen, que llama la atención solo con su presencia: larga melena rubia, herencia de su pasado ruso, carácter, actitud y potente voz. Encandiló al público que iba llenando las pistas y asientos del Metropolitano.  

Empezaron con Death By Rock And Roll, y cantaron nueve temas, entre ellos Going To Hell, supongo que por la autopista que tenía preparada después AC/DC, y terminaron con el medio tiempo Take Me Down, muy blues y ochentero, y que bien podrían haber firmado Guns N' Roses o Bon Jovi.


La noche parecía querer apuntarse también al concierto de AC/DC. El estadio del Atlético iba oscureciéndose para ser bañado de nuevo por las luces del escenario y salpicado en el graderío y pistas por los cuernos luminosos de color rojo que llevaba la gente en sus cabezas, como si fuera un aquelarre colectivo. Silencio, nervios y primeros acordes de If You Want Blood (You've Got It). Con el calor que hacía, cualquier líquido es válido, aunque la sangre no hidrate como debe.

AC/DC acumula décadas de experiencia y cientos de éxitos. Decir cuál es su mayor aportación es entrar en una discusión, pero decir que Back In Black es un ejercicio de superación y de crecimiento personal es indudable. Un tema, una portada y un álbum en color negro para superar la muerte de Bon Scott. 

Los hits iban cayendo intercalados. Los más famosos se colaban entre los más habituales y alguno menos popular. Café para cafeteros en algunos momentos. Porque Thuderstruck se la sabe todo el mundo: es patrimonio sonoro de la humanidad.

Hells Bells obligaba a bajar la campana que estaba suspendida. Los tañidos transforman momentáneamente el Metropolitano en el Millerntor de Hamburgo, donde juega el St. Pauli y donde suena esta melodía cada vez que saltan los jugadores al césped. Bonita liturgia para un club de culto.

 

Angus Young se mostraba en plena forma, haciendo honor al apellido pese a su pelo cano. Carreras alocadas, esos pasos y ese caminar que todos hemos imitado en alguna ocasión. Como un niño revoltoso en el pasillo de casa de sus abuelos. Y esa maestría con la guitarra. Incluso tocándola con una corbata, después de haberse desprendido de su eterna indumentaria de colegial.

El calor era tan intenso que Angus se había despojado de la corbata y se había quitado varios botones de la camisa, como si fuera tu tío cuando pierde los papeles en la boda de tu prima. Brian Johnson tampoco estaba mejor, y su boina se había transformado en un momentáneo gorro de baño ante tanto sudor.


Y más calor emanaba la caldera del Metropolitano cuando se interpretó el Highway To Hell. Esta canción es parte de la cultura pop, aunque ellos ejerzan de maestros del rock. Referentes absoluto en el género, ha aparecido en multitud de películas de distintos géneros, incluyendo los Simpsons. Es un grupo que le encaja a Bart, no hay duda. 

Dirty Deeds Done Dirt Cheap, High Voltage, Riff Raff precedían a You Shook Me All Night Long. Whole Lotta Rosie acompañaba a una versión extendida del Let There Be Rock, con Angus Young como maestro de ceremonias junto a su inseparable guitarra. Riffs imposibles, plataformas que se elevaban o lluvia de confetis. El stage era una constante caja de sorpresas. Un espectáculo de magia con varias chisteras.

El bis final llegaba con otro par de clásicos. ¿Y a estas alturas, cuáles ya no son clásicos? T.N.T. es otro tema con pasado y futuro hollywoodiense, de las que asoman y saldrán en multitud de películas. El último tema de la noche era el For Those About to Rock (We Salute You), con salvas de cañones incluidas para recordar que el rock sigue muy vivo y que con AC/DC seguirán presentando batalla.


domingo, 6 de julio de 2025

Iron Maiden celebra 50 años muy heavys en el Metropolitano

 Dicen que a los 50 años llega la madurez de una persona, su plenitud personal y profesional, la estabilidad que siempre se desea. También aparecen los primeros achaques de edad y, a veces, una crisis psicológica por no haber logrado ciertos objetivos.

El grupo británico Iron Maiden nació en 1975. Por lo tanto, cumple medio siglo desde su creación. Son referentes absolutos del heavy-metal y de numerosos grupos. Junto a Steve Harris, sempiterno bajista y fundador de la banda londinense, han desfilado multitud de músicos y hasta 17 discos de estudio.

 El público ha ido a la par que la 'Doncella', a excepción de un pequeño porcentaje de relevo generacional. Es una afición fiel que ha crecido y va envejeciendo con Iron Maiden, con sus achaques de identidad, con sus crisis de edad, pero siempre escuchando buena música.

Aprovechando la cifra redonda, con las 50 velas en la tarta, el grupo ha querido hacer una de esas giras en las que rememorar tiempos pasados, donde parece que el tiempo se detiene al son de la misma melodía. Desde 'Iron Maiden', primer álbum, al 'Fear Of The Dark'. Es decir, solo iban a sonar temas compuestos hasta 1992. Un baño de juventud en el Metropolitano ante una audiencia madura. 

Iron Maiden + Avatar en el Estadio Metropolitano de Madrid, 5 de julio de 2025

El Estadio Metropolitano de Madrid abría sus puertas para una nueva cita con la 'Doncella', tan habituado ya al feudo del Atlético de Madrid como el propio Conor Gallagher. Antes de que los ingleses realizaran su particular aquelarre musical, el escenario saludaba a los suecos Avatar.

Avatar parece vivir en una contante actuación circense, con maquillaje, mimos y un aire a alegre cabaret. Es un cruce visual entre el personaje de 'El Cuervo', popularizado por Brandon Lee, KISS, King Diamond, Ghost o Marilyn Manson. Agitado, no mezclado. Musicalmente también beben de Machine Head, Sepultura e incluso fogonazos de Gamma Ray. 

Unas veces con un tono melódico y otra más gutural. Heavy metal con ramalazos de death, procedentes de la inagotable cantera musical de Göteborg, desde Ace Of Base hasta los propios Avatar, pasando por At The Gates, Dark Tranquility, Evergrey, In Flames o Hammerfall, entre otros. La formación escandinava arrancó con un pepino como Dance Devil Dance, sorprendieron con The Dirt I'm Buried In, tan heredera del pop sueco como un Ikea, y Madrid danzó con ellos hasta el Apocalipsis, mientras atronaba el Hail The Apocalypse.

Avatar Madrid
 La fórmula de Iron Maiden volvía a ser sencilla, y efectiva, como si el mundo volviera a estar en 1992 debatiéndose si disfrutar del Tour del Fear Of The Dark o de los Juegos Olímpicos de Barcelona, algo parecido a lo que le pasó al bueno de Bruce Dickinson cuando pudo ser olímpico como esgrimista. Y es que este hombre del Renacimiento moderno acumula habilidades como maestro cervecero, piloto de avión, historiador, esgrimista y... ¡cantante!

Bruce Dickinson ha sido el segundo, cuarto y es el primer cantante de Iron Maiden. Un galimatías numérico que se explica por el hecho de que Bruce sucedió a Paul Di' Anno, fallecido en 2024, y después relevó a Blaze Bayley, quien había reemplazado previamente a Bruce, en una etapa incomprendida por muchos fans con más luces que sombras, y eso que fue una fase oscura a nivel musical. Después de esos vaivenes como la voz de la 'Doncella', Bruce siempre ha demostrado ser el mejor, el hombre idóneo para cantar para Iron Maiden. 

 Y con esa voz tan personal, los Maiden empezaban a desempolvar los primeros temas del concierto, rescatados del fondo del armario, porque tanto Murders In The Rue Morgue, Wrathchild, Killers, con la primera aparición de la mascota Eddie sobre el escenario, o Phamtom Of The Opera son tan antiguas como poco habituales en los últimos repertorios de la 'Doncella'. Vieja escuela. Un buen epílogo donde Simon Dawson, batería sustituto de Nicko McBrain, pudiera mostrar las habilidades y ser examinado.


The Number Of The Beast asomaba en quinto lugar, o sexto si incluimos los acordes de The Ides Of March como apertura. Un número diabólico, el seis, para exhibir la interminable lista de éxitos de los británicos. El público movía las manos al unísono, creando un mar de brazos, y otras acompasaba con palmas. Entrega total. Comunión absoluta entre grupo y seguidores.

La música, la puesta en escena, con tres pantallas gigantes, el carisma de sus integrantes, empezando por el bajista Steve Harris, cuya adoración por el West Ham siempre está presente, máxime habiendo tocado en su estadio unos días antes, hacen de este grupo uno de los más grandes de la historia. ¿O es el más grande realmente?

La terna formada por The Clairvoyant, Powerslave, con una proyección de pirámides que casi nos llevaban al Calderón en metro, 2 Minutes To Midnight daban paso a otra de las sorpresas de esta gira, porque Rime Of The Ancient Mariner es compleja. Compleja por su extensión, por su texto de corte clásico y por los cambios de ritmo marca de la casa y cortesía de las cuerdas de Gers, Smith y Murray. Trece minutos de épica y megalomanía. Trece minutos de grandiosidad.


Si los jugadores de cartas siempre tienen un jugada maestra esperando, las grandes bandas tienen sus ases, aunque el resto de cartas estén a la altura. Run To The Hills, que da nombre a esta gira, Seventh Son Of A Seventh Son, The Trooper, con Bruce ondeando una bandera de España tras haber paseado la Union Jack, Hallowed Be Thy Name e Iron Maiden eran el repóquer decisivo, que no definitivo, pese a ser una jugada redonda.


Iron Maiden Madrid
Fotos publicadas por Iron Maiden en su cuenta @ironmaiden

La voz de Winston Churchill en su célebre discurso de la II Guerra Mundial anticipaba el único bis y un final de altos vuelos con Aces High y la imagen de un Spitfire sobrevolando los cielos, que no los del Metropolitano. La teatralidad alcanzaba máximas cotas con Fear Of The Dark, donde la oscuridad -con Bruce iluminando el escenario con un farol como si fuera un solitario personaje surgido de la pluma de Charles Dickens-  y una sola voz ahuyentaban al silencio en Madrid.

Fotos publicadas por Iron Maiden en su cuenta @ironmaiden

Ya solo quedaba Wasted Years como colofón, evidenciando que Iron Maiden no ha malgastado ninguno de sus 50 años recién cumplidos y que el medio siglo le sienta realmente bien, más maduro y siempre en lo alto de la cima.


sábado, 13 de julio de 2024

Más de 72 temporadas y dos noches amando a Metallica

A los grupos musicales les pasa como a ciertas personas. Da igual lo que hagan porque ya nos tienen ganado. Metallica pertenece a ese colectivo. Los de San Francisco ya no van a innovar, o al menos en el corto plazo. Aquella explosión de 'thrash metal' hizo que la audiencia y la crítica alabaran en la década de los 80 aquel estilo musical rápido, pesado y contundente, que supuso un punto mayor, si cabe, de agresividad en el 'heavy metal', que ya de por sí era y es potente.

Overkill y Metallica se repartieron esta paternidad, pero Metallica acaparó con los años todos los focos y las portadas de las revistas. De hecho, encabezan actualmente esa etiqueta llamada 'los cuatro grandes del thrash metal' (The Big Four), donde comparten estrellato con Megadeth, Anthrax y Slayer. 

 El éxito de Metallica se debe a sus cinco primeros trabajos: 'Kill'em All' (1983), 'Ride The Lightning' (1984), 'Master Of Puppets' (1986) y '...And Justice For All' (1988). Estos cuatro ases del thrash, junto al álbum negro 'Metallica' (1991), polémico en su momento por ser más comercial, conforman la época dorada del cuarteto. Y es que a partir de entonces las críticas han rodeado cada nuevo disco, aunque sus giras siguieran en auge y tuvieran la misma, o más, repercusión.

Metallica se basa en James Hetfield, voz y guitarra, y Lars Ulrich, batería, como sus dos pilares. Ambos fundaron en California a este mito vivo del rock. En la travesía han contado con distintos compañeros de viaje: desde Dave Mustaine, quien posteriormente a su marcha fundaría Megadeth, pasando por el malogrado bajista Cliff Burton, quien falleció en un trágico accidente, pasando por Jason Newsted. Una nómina de renombre hasta dar con Robert Trujillo, quien se ha asentado junto a Hetfield, Ulrich y Kirk Hammet, quien lleva tantos años en el cuarteto que parece que lo hiciera desde el principio.

Esta es la familia de Metallica, que al final es como ese viejo amigo de toda la vida al que le perdonas todo, o casi todo. Compartiste esa época más radical y alocada propia de la juventud, luego pasó por un momento más oscuro, e incluso tuvo algún desvarío. Al final se ha establecido y hasta se ha aburguesado, perdiendo la inocencia y el descaro, pero sus conversaciones te siguen encandilando. Sigue siendo él. Ha cambiado, pero permanece la esencia. 

Metallica Metropolitano Madrid

Metallica, Architects y Mammoth WVH en el Metropolitano de Madrid, 12 de julio de 2024. Primera noche.

Pese a tener una dilatada carrera profesional, Metallica no es de las bandas que hayan sido tan habituales en Madrid. Atrás queda su primera descarga en la capital, en un lejano 1987 y en un desaparecido Pabellón del Real Madrid, donde los blancos jugaban al baloncesto y ahora hay cinco inmensas torres, una metáfora muy baloncestística. El tiempo pasa para todos, también para Metallica. No en vano, esta es la segunda vez que tocaban en el Metropolitano, solo que en 1996 era conocido popularmente el recinto como 'La Peineta' y el Atlético de Madrid no lo tenía como principal hogar deportivo. Tempus fugit.

Con el pretexto de presentar el undécimo disco de estudio, llamado '72 Seasons' (2023), los cuatro jinetes volvían a España con un formato novedoso: dos conciertos en una única ciudad, con repertorios distintos, y desiguales al de otras citas del tour, además de contar con teloneros diferentes. Más no se podía pedir.

Otra de las novedades, a medias, era el escenario, con una forma circular que dejaba en el centro un lugar para los privilegiados, emulando el célebre foso y exclusivo 'Snake Pit', aunque este fuera más estrecho y con forma de pentágono. Un círculo amplio que permitía una gran visibilidad desde muchos puntos de la pista y del graderío. Un gran acierto.

Alrededor se situaban ocho torres que parecían los clásicos depósitos de agua neoyorquinos. Estas torres, además de tener robot de luces, servían de pantallas y estaban decoradas con la silueta de los principales edificios madrileños, como la Torre Picasso, las Torres KIO o el icónico Pirulí de Torrespaña.

El sol castigaba con justicia a los aventureros que querían poblar el perímetro del escenario circular. Hubo que esperar a las 18:30 para que apareciera Mammoth WVH, el grupo del hijo del legendario Eddie Van Halen. Los norteamericanos dejaron huella con su hard rock con mucho estilo. 

El siguiente en aparecer era Architects, grupo británico de Brighton que practican un metalcore que bebe mucho de Korn, Linkin' Park y BMTH, unas veces melódicos y otras perturbando con la voz gutural. El cantante, Sam Carter, sorprendió luciendo la equipación retro de España en la Eurocopa de 1996. La sorpresa vino cuando mostró que debajo llevaba la camiseta de Inglaterra.

Pocos minutos después, el silencio se adueñó para dar paso a la pieza del éxtasis del oro del compositor Ennio Morricone, The Ecstasy Of Gold, de la película 'El Bueno, el Feo y el Malo', dirigida por Sergio Leone e interpretada por Clint Eastwood, y cuya escena final está curiosamente rodada en la provincia de Burgos, recreando un cementerio figurado bajo el nombre de 'Sad Hill', que servía de inicio para el inicio del concierto de Metallica en Madrid. Un recurso habitual en un gira atípica.

El espectáculo arrancó explosivo, marca de la casa, muy de vieja escuela. Creeping Death y Harvester Of Sorrow dejaron el listón demasiado alto. El grupo comenzó a desgranar temas de su discografía, algunos pocos habituales en el pasado y más habituales en el presente. También había tiempo para lucir el '72 Seasons' con el tema homónimo. James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo, tratando de chapurrear castellano, se divertían. Hasta improvisaron Kirk y Robert un extraño dueto instrumental bajo el nombre de 'Sangría Brain'. La noche era perfecta, el repertorio algo menos.

Repertorio de Metallica en Madrid, 12 de julio
Repertorio de Metallica en Madrid, 12 de julio, via setlist.fm

The Day That Never Comes fue el punto de inflexión. La química con el público estaba siendo buena, pero faltaba una comunión total y fue tras la instrumental Orion cuando la carrera no iba a tener final. Como si fuera el cuadro de la 'Noche estrellada' de Van Gogh, miles de luces de móviles se multiplicaron entre los fans para saludar a la sensible Nothing Else Matters donde James trataba de lucirse. Un pequeño paréntesis para esta locomotora que iba desbocada y a gran velocidad, al ritmo que imponía un entregado Lars desde el kit de batería.

Sad But True siguió la línea más clásica y moderada, porque el tramo final iba a ser una locura colectiva formada por Battery, Fuel y Seek & Destroy. Balones gigantes con el logo del grupo caían del cielo para ser jugados en la arena, como niños en un parque de bolas. Miles de personas se sumían en distintos pogos donde todo el mundo saltaba y se entremezclaba. Sudor, alegría y aquel tema del CD de algún adolescente, ya convertido en adulto, que no paraba de sonar en su día y que hoy atronaba por los amplificadores. El verano había llegado al Metropolitano y se estaba rodando un anuncio improvisado de Estrella Damm.


 Cuando parecía que no se podía detener más el tiempo, o retrocederlo, es cuando las manijas del reloj estallaban y Master Of Puppets reinaba en este adorable caos. El histórico himno de Metallica de 1986, que sedujo a la generación pasada y que se ha colado en las listas de Spotify de nuevos oyentes, algunos no vinculadas al mundo del rock, por su aparición en la popular serie ‘Stranger Things’. Un punto final mágico acorde a un grupo de leyenda, quien guarda un hermoso idilio con Madrid, aunque no vengan tanto como parece. Se lo perdonaremos.

Metallica, Ice Nine Kills y Five Finger Death Punch en el Metropolitano de Madrid, 14 de julio de 2024. Segunda noche.

Abrieron la jornada dominical los bostonianos Ice Nine Kills, quienes mostraron un metalcore pegadizo al que le añaden constantes referencias cinematográficas, casi teatrales, como si se tratara del catálogo de un viejo videoclub. Versiones particulares de ‘American Psycho’, a través del tema Hip To Be Scared que transforma al cantante Spencer Charnas en Patrick Bateman, ‘Cementerio de Animales’, 'La matanza de Texas' ‘Viernes 13’, ‘Pesadilla en Elm Street’, ‘IT’, ‘El Silencio de los corderos’ o la primera parte del ‘Resident Evil’, donde una actriz emulaba sobre las tablas a Milla Jovovich en su lucha contra los afectados por el Virus-T. Homenajes al séptimo arte con mucha clase. Los estadounidenses convirtieron el feudo rojiblanco en un divertido pasaje del terror. Un show muy entretenido tanto en lo musical como en lo escenográfico. 


Five Finger Death Punch tiene un estilo personal pero a la vez influencias variadas. Se pueden ver trazas de Rob Zombie, Pantera, principalmente, incluso a Faith No More, en la voz y el estilo de Mike Patton, o también de Iron Maiden en sus melodías, pero con un resultado final más vanguardista, como si fueran una versión nu metal 2.0 y groove 1.5. Son de Las Vegas y son una apuesta segura. Tenían que caldear el ambiente y la temperatura subió muchos enteros. No en vano, su cantante se dedicó a rociar con agua las primeras filas, como un bombero sin manguera.

Dicen que las segundas partes no son mejores que las primeras, para desdecir esta sentencia está 'El Padrino', que abarca más y es más completa, 'Terminator', que es más espectacular que la primera entrega, 'Regreso al Futuro', donde añaden un giro de tuerca más a la historia, o 'El Señor De los Anillos', donde rebosa más magia su secuela. Algo parecido pasaba con el arranque del segundo día de Metallica en Madrid, con un setlist más apabullante, completo, espectacular, ingenioso y fascinante. 

  Como si fuera el Día de la Marmota, aunque el calendario no se hubiera detenido en un 2 de febrero, Metallica subía al mismo escenario del otro día, en el mismo estadio y tras haber escuchado el ‘Éxtasis del Oro’ del genio Morricone. Otro día más en la oficina ante un público igual pero algo distinto, e igualmente receptivo. 

Sin más presentaciones, Whiplash saltaba al césped madrileño junto a For Whom The Bell Tolls. Coincidiendo con los 100 años Hemingway y justo cuando en Pamplona se celebran los Sanfermines, su memoria volvía a ser evocada con este tema, cuya letra está inspirada en la obra homónima de Hemingway, la cual versa sobre la experiencia personal del escritor como reportero en la guerra civil en España.

 No había tiempo para respirar, la siguiente bocanada de aire era a través de Ride The Lightning, The Memory Remains y Lux Aeterna. Curiosamente, los denominados como cuatro hombres de negro, han optado por un amarillo chillón para identificar su último CD. Un color llamativo que dejaba pinceladas alegres en la grada y el escenario. Este último trabajo, ’72 Seasons', que no se puede decir que sea malo, ni tampoco que sea bueno, no nos engañemos; es un álbum con algún detalle y momento de brillantez, pero al que le falta continuidad y algo de alma. Es como ese delantero que no tiene mal disparo, pero que no te firma más de 10 goles por temporada; cumple, pero no satisface.

Hablando de goles, los tantos de la selección española en Berlín ante Inglaterra surgían primero como un rumor y luego como una noticia entre algunos de los asistentes que lograban algo de cobertura. Un bien tan preciado en esta noche como el whisky durante la Ley Seca.

Volviendo a la música, los clásicos se alternaban con los nuevos y los más recientes con los de siempre. Un carrusel del que era difícil salir. The Call Of Ktulu se entremezclaba con Welcome Home (Sanitarium) y Wherever I May Roam, casi nada. El valhalla de los sonidos.

 También había tiempo para la improvisación y la sorpresa, propia de los magos y de Metallica cuando toca en directo. Kirk Hammett y Robert Trujillo hicieron su particular homenaje a España interpretando el Bienvenidos de Miguel Ríos.

The Unforgiven es ese tema tan elegante que tendría que estar expuesta en un museo y exhibida en una urna de cristal. La oscuridad de las gradas perdía por instantes su anonimato con la aparición de las luces de los móviles, quienes asomaban al exterior como luciérnagas en un ritual de apareamiento. Mientras el resto de cámaras trataban de guardar para la posteridad esta bonita estampa.

Inamorata dio paso a la parte más inflamable del concierto, cuando las llamaradas parecían atrapar a los cuatro jinetes mientras interpretaban Fight Fire With Fire y Moth Into Flame. Mucha tralla. Potencia al límite.

Dicen que siempre hay que quedarse con hambre para el segundo plato y el postre. También en los conciertos hay que dejar energías para las despedidas. One es única, es un bello y angustioso canto antibelicista. Se basa en la cinta ‘Johnny cogió su fusil’, en ese sufrimiento de una persona seriamente mutilada que se ve atrapada en su propio cuerpo devastado. Una cárcel de huesos y carne que no le deja salir. Los riffs de guitarra sonaban como ráfagas desde un nido de ametralladoras, con James dejándose la voz en cada estrofa.

Mientras los goles regresaban por un momento a un Metropolitano donde no había fútbol pero donde siempre se respira fútbol, máxime si España se estaba jugando a la vez ser campeona de Europa. El tanto de Oyarzabal devolvió el protagonismo al balón. Más alegría para una noche desbordante. La vida podría ser tener cada dos días a Metallica tocando en la capital, pero desgraciadamente la vida tiene otros planes, generalmente más aburridos.

Para terminar, una pesadilla convertida en la canción soñada para muchos. Porque la idea de Enter Sandman parte de una nana tarareada a los niños. A unos niños que ya son adultos y que ya no creen en monstruos que salen del armario, pero que siguen amando muchas temporadas después a esos ídolos que estaban en sus paredes en forma de póster. Esos ojos que eran los últimos que te miraban al dormir. Buenas noches, Metallica: somos campeones de Europa y vosotros del mundo del rock.


sábado, 24 de junio de 2023

Rammstein quema en Madrid su propia hoguera de San Juan

 El inglés es tradicionalmente el idioma del rock. Triunfar con otras lenguas es y fue siempre difícil. Por un lado, porque es la más internacional, y eso hacía y hace que pocos grupos se aventuraran a probar con su lengua natal.

Alemania fue una excepción. La contundencia y sonoridad de su idioma permitió que muchas bandas germanas se animaran a usar el alemán, como Die Toten Hosen, Die Ärzte, Oomph! o Kraftwerk, pioneros en ese aspecto, mientras otras triunfaban con el inglés por bandera, como Scorpions, Blind Guardian, Helloween o Accept. 

Rammstein escogió el camino más difícil, hacerse internacionales con el alemán. Curiosamente esta vía les ha llevado a ser actualmente los más famosos de todos los grupos germanos.

Rammstein practica un metal industrial digerible y hasta bailable. La reconocida voz de Till Lindemann y su especial modo de cantar son otros de sus sellos de identidad, junto a la puesta en escena: circense, teatral y cinematográfica, no en vano su popularidad en Estados Unidos empezó cuando el director David Lynch se dejó seducir por sus melodías para la onírica película 'Carretera Perdida' (1997). Luego llegaría más publicidad a través de la gran pantalla con 'xXx' (2002), que contaba con Vin Diesel y un explosivo inicio que encajaba con la filosofía de este sexteto teutón.

 

Rammstein regresaban ahora a Europa para realizar una gira de estadios, con el octavo disco bajo el brazo, 'Zeit' (2022), y la polémica por una denuncia por abuso sexual abierta por la Fiscalía de Berlín contra el cantante de la formación. Con esta dicotomía se presentaban en Madrid.

Rammstein en el estadio Metropolitano, 23 de junio de 2023

Hay dos cosas que el público ha aprendido esta noche: el sonido del Metropolitano es muy mejorable y el espectáculo visual de Rammstein es inmejorable. El dúo de pianistas francesas, conocidas como Abelard, fueron las encargadas, desde un lateral de la pista del Metropolitano, de amenizar la espera, que se hizo más larga de lo deseable.

Los primeros temas del grupo se podían unas veces intuir por el sonido del teclado y otras por el acompañamiento coral de la grada, repleta de seguidores de todos los rincones de España y de muchos alemanes. Una afición colorida y simpática que elegía o camisetas con el logo del grupo o equipaciones de la selección alemana, además de otros atuendos más atrevidos como el de Blancanieves, haciendo referencia al videoclip del grupo. Rammlied se intuyó entre la neblina y Links 2-3-4 se tarareó, al igual que Sehnsucht, más luminosa.


Y es que el atrevimiento es una de las marcas de la casa, con un escenario sobrio a la par que futurista, con aroma 'orwelliano', donde fueron desfilando todo tipo de fuegos artificiales, juegos de luces y números teatrales, especialmente con Puppe y ese siniestro gigantesco carrito de bebé, o el habitual show macabro plagado de mucho humor negro cuando interpretan Mein Teil, su particular versión del caníbal de Rotemburgo

Con Mein Herz Brennt el Metropolitano se tiñó más de rojo, si cabe, y con Zeit, una de las cuatro del último álbum que sonaron, conquistaron todos los corazones. Un tema muy solemne que encaja bien como contrapunto a otros cortes más metaleros y que parece desaparecer y evaporarse con majestuosidad.

El siguiente bloque de temas surgió tras una sesión de baile desde lo alto de la torre, la cual se asemejaba al ojo de Sauron descrito por Tolkien. Una sesión que bien podría ser parte de la nueva edición del festival Tomorrowland. Tras ello Du Hast y Sonne sonaron atronadoras y espectaculares, reclamando su protagonismo en el momento justo.

Quedaban pocos temas en el tintero y mucha noche, pero lo que nunca faltan conejos en la chistera. De la nada, como por arte de magia, el sexteto aparecía en el mismo lugar en el que las pianistas galas habían empezado su actuación para cantar una versión más minimalista de Engel, con los móviles iluminándose en el feudo colchonero como si fueran luciérnagas que saludan al verano. Su vuelta al escenario sobre lanchas surcando un mar de manos quedará en el imaginario colectivo de los presentes.

Ausländer y Du Riechst So Gut precedían a una versión sentida de Ohne Dich, anunciando el último tramo de canciones.

Algunas se estaban quedando fuera y otras habían tomado sitio en esta gira, así de complicados son los repertorios cuando un grupo empieza a tener tablas y años de escenario. La homónima Rammstein e Ich Will profundizaron en los comienzos de la formación, cuando no llenaban estadios y visitaban salas pequeñas como Macumba en la estación de Chamartín. Eran otros tiempos, aunque por entonces ya utilizaban el fuego y la puesta en escena como reclamo.

Con una elocuente canción como Adieu, que contiene muchos 'goodbye' y 'auf Wiedersehen' decidían poner fin a un repaso por su discografía en forma de 21 temas y mucha dosis de gasolina. Elevándose en las alturas y mezclándose con el fuego decidían marcharse del Metropolitano. No hay humo sin fuego. Y siempre hay fuego si está Rammstein, máxime en una noche de San Juan, donde a falta de hogueras las llamaradas renovaban lo viejo y lo malo. Justo cuando hay mucho que purificar.


sábado, 10 de junio de 2023

GN'R: los dinosaurios del rock llevan pistolas y lucen rosas

 Los dinosaurios llegaron a dominar el planeta para después desaparecer. Algo parecido está ocurriendo con la música, donde los clásicos del rock, casi dinosaurios de este estilo, que en su día conquistaron la audiencia del planeta, se resisten a ser extinguidos mientras dan sus penúltimos, últimos, y antepenúltimos coletazos.

En el ya lejano 1993 Guns N' Roses visitaron el Vicente Calderón de Madrid en medio de una gira mundial donde eran los dioses del Olimpo. Sus temas no solo eran cantados por metaleros, sino que sus baladas y medios tiempos eran parte de la banda sonora de una generación. 

 

 

Hasta la película más taquillera del momento, Terminator 2, contenía un tema y un guiño al grupo angelino, cuando Arnold Schwarzenegger iba armado y con unas rosas. Nada casual, porque el actor fue una de las piezas claves de la colaboración de GN'R en la película de James Cameron. 

El siglo XXI trajo la marcha de todos los pesos pesados de Guns N' Roses a excepción de Axl, quien siguió preparando material y realizando giras, ya no por estadios, sino por grandes pabellones, como el Palacio de Vistalegre, donde estuvo en 2010 acompañado de Sebastian Bach. Desde 2014 se empezó a vislumbrar el regreso de Duff McKagan y de Slash a la banda, tras limar sus respectivas diferencias, logrando de este modo la vuelta a los tours colosales.

En 2017 GN'R tocaban de nuevo en el Vicente Calderón. Indirectamente este idilio con la casa deportiva del Atlético de Madrid se ha replicado en su nuevo hogar, dado que la banda norteamericana ha elegido el Metropolitano como una de sus paradas en el tour mundial.

Guns N' Roses y The Pretenders en el estadio Metropolitano, 9 de junio de 2023

The Pretenders descargó su show mientras la luz todavía iluminaba el coliseo rojiblanco. No escondieron sus cartas ni sus temas más célebres, como Don’t Get Me Wrong y I'll Stand by You, los cuales sonaban mientras el público iba llenando sus asientos.

Con extrema puntualidad, Guns N' Roses hacía rugir los altavoces ante un Metropolitano que mostraba un casi lleno en pista, pero mostrando algunas zonas despobladas en el primer y segundo anillo. Algo sorprendente, pero no iba a ser la única sorpresa del día.

It's So Easy era la encargada de abrir una lista interminable de canciones que alternaba grandes clásicos con piezas del futuro nuevo álbum, Absurd o Hard Skool, con versiones conocidas con otras más desconocidas, caso de Wichita Lineman. Incluso hubo tiempo para estrenar algún corte en esta gira. Era una noche larga y extenuante con un menú extenso, como esos restaurantes de carretera que ofrecen todo tipo de cocina a buen precio.

El grupo estaba voluntarioso, especialmente Axl, quien correteaba con el mismo espíritu que en 1993, cuando Barcelona había sido capital olímpica, aunque se voz era la que sufría más altibajos, distorsionando el producto final. La acústica del estadio tampoco acompañaba ni a él ni a sus compañeros de reparto, no sincronizados en ocasiones, pero dando lo mejor de sí mismos.

Como si el público fuera un perro que recibe cada cierto tiempo su premio, Guns N' Roses iba sumando muescas en su repertorio y salpicándolo de grandes éxitos con el que engatusar a su audiencia. Welcome To The Jungle asomó entre los arbustos casi a hurtadillas, siendo una de las más valoradas de este sorprendente arranque.

Los homenajes en forma de versiones no paraban, algunos más habituales, Live And Let Die, y otros casi inéditos. You Could Be Mine sonó mejor instrumentalmente, con Slash prodigioso a las seis cuerdas, que vocalmente, donde seguía dibujando en el aire esa gráfica de dientes de sierra. Unas veces el timbre no llegaba y otras se pasaba.


Estranged, que en su momento hizo saltar la banca al costar su vidoeclip varios millones de dólares, se mostraba igual de grandiosa y megalómana, destacando en una sucesión de arriesgadas canciones poco o nada habituales. 

El tramo final de la noche devolvía a los Guns N' Roses a su versión más esperada, la de los 'greatest hits', como el que deja caer sus cartas al final con emoción y teatralidad para enseñar a todos que tiene la combinación mejor. 

Civil War, con guiño al pueblo ucraniano, abría el grupo de los elegidos, de los escapados del pelotón en esta maratoniana jornada de rock que alcanzaría las tres horas. Luego venía Sweet Child O'Mine y Novemeber Rain, con Axl como maestro de ceremonias al piano. Un trío de ases al que se le colaba el comodín de This I Love. Y es que había cabida tanto para las pistas del 'Chinese Democracy' como de las hechas por Slash o Duff en su etapa en Velvet Revolver.

Knockin' On Heaven's Door y Nightrain podrían haber sido un buen final, pero a este final le quedaban más finales. Yesterdays parecía hacernos ver que el concierto se había iniciado ayer y seguía hoy, pasada la medianoche y sin evidenciar nada cansancio sobre el escenario. 

 

Patience y Paradise City eran el perfecto colofón de una gira que devuelve al grupo a los grandes escenarios y lo hace con un repertorio enorme de 33 canciones durante 3 horas y media. Tan enorme como el legado que siguen dejando estos dinosaurios del rock. Más vivos que nunca y con ganas de seguir haciendo historia.


miércoles, 31 de marzo de 2021

Diez curiosidades sobre la Copa del Rey de fútbol

La Copa del Rey o Copa de España es el máximo torneo copero que se disputa en España. ¿Cuáles son sus mayores curiosidades? Te las contamos.

1. Es el campeonato más antiguo de España y de los más antiguos de Europa

La Copa es el torneo más antiguo celebrado en España. Se empezó a disputar en 1903 y ya supera desde hace tiempo el centenar de ediciones. Por ejemplo, LaLiga de primera división se empezó a jugar en 1929.

Otros países de la Europa continental tardaron más en estrenarse con sus trofeos de Copa, como Francia (1917), Italia (1922), Alemania (1934), no así Inglaterra, que puede presumir de la denominada F.A., que desde 1871 es el más antiguo del mundo o el trofeo de Copa de Escocia, que también mira desde la lejanía con su 1874 como año de creación.

 

2. La primera edición se jugó en un hipódromo y no tuvo una final

La primera edición de la Copa se disputó en 1903 en el desaparecido Hipódromo de la Castellana de Madrid, donde están actualmente los Nuevos Ministerios, y la final, que en realidad no fue final sino el partido decisivo de un triangular entre el Madrid FC y el Athletic, todo ello ante la presencia del monarca Alfonso XIII. Los rojiblancos, que por aquel entonces jugaban de azul y blanco, se convertían de este modo en los primeros campeones al imponerse a los madrileños y al Español, que era el tercer conjunto participante.

El juego de los vascos en aquella Copa fue tan atractivo que surgió posteriormente en un grupo de estudiantes vizcaínos la idea de fundar en Madrid un club similar, dando el pistoletazo de salida al Atlético de Madrid.

Curiosamente el hipódromo de la Castellana también fue el primer emplazamiento donde se disputó el primer Clásico entre el Madrid, que por entonces no era Real, y el Barça.

 

3. El título más democrático de España

No hay torneo en España que tenga tantos campeones, actualmente catorce, y subcampeones distintos, los cuales superan la treintena. Entre los campeones que han escrito su nombre en el palmarés están: 

  • Barcelona
  • Athletic Club
  • Real Madrid
  • Atlético de Madrid
  • Valencia CF
  • Real Zaragoza
  • Sevilla FC
  • RCD Espanyol
  • Racing Irún/Real Unión Irún
  • Club Ciclista/Real Sociedad
  • Real Betis
  • RC Deportivo de La Coruña
  • Arenas de Guecho
  • RCD Mallorca

Incluso hay otro equipo, la UD Levante -actualmente denominado como Levante UD-, que pese a no estar incluido en el palmarés de la RFEF es reconocido desde 2007 como campeón de Copa por el Congreso de los Diputados tras reclamar la entidad 'granota' la Copa de la República conseguida en 1937.

 

4. Cinco clubes tienen el trofeo en propiedad

Estos son los clubes que cuentan en sus vitrinas con el trofeo en propiedad: el FC Barcelona, Athletic Club, Real Madrid, Sevilla FC y Atlético de Madrid. El trofeo del Campeonato de España se lo pueden quedar en propiedad aquellos clubes que lo ganen tres veces seguidas o cinco de forma alterna tras haberse entregado por última vez.

En el caso del club hispalense fue una decisión extraordinaria por producirse en 2010, año en el que España ganó el Mundial, y por la presencia del presidente Del Nido entre los directivos de la RFEF. 


 5. Un torneo con varias denominaciones y con dos reyes

A lo largo de su historia, la Copa de España ha recibido hasta cuatro denominaciones distintas en función del tipo de Gobierno existente, aunque siempre ha permanecido el título de Copa de España.

    Campeonato de España Copa de Su Majestad el Rey (1903-1930)
    Campeonato de España Copa de Su Excelencia el Presidente de la República (1931-1936)
    Campeonato de España Torneo nacional de fútbol (1939)
    Campeonato de España Copa de Su Excelencia el Generalísimo (1940-1976)
    Campeonato de España Copa de Su Majestad el Rey (denominación recuperada desde 1977)

 

Todos los títulos suelen tener un dominador al que se le considera rey de la competición. La Copa de España se puede decir que ha contado con dos reyes a lo largo de su historia. El clásico, que es el Athletic Club y el más moderno, el Barcelona. Los culés adelantaron a los leones en el palmarés en 1998, por lo que se podría considerar a los azulgranas como los reyes del siglo XXI y a los vascos como los reyes del siglo XX.

 

6. Depende de la Federación Española, no de LaLiga

El organizador del trofeo de Copa es la Real Federación Española de Fútbol, por lo que las decisiones dependen de la RFEF, como el uso del VAR o la elección de los balones, que en este trofeo del K.O. son fabricados por Adidas, marca con el que la Federación tiene un acuerdo, en lugar de los Nike que usaba LaLiga en el pasado o los actuales de Puma.

7. Los filiales no pueden participar, aunque uno hizo historia

La Copa del Rey la juegan todos los equipos de Primera, todos los de Segunda y algunos de Segunda B y Tercera. A partir de la temporada 1990-91 dejaron de participar los filiales, aunque se encontraran en la categoría de plata. El filial que más lejos llegó en una edición de Copa fue el Castilla, que alcanzó la final de 1980 ante el propio Real Madrid en el Santiago Bernabéu. 

Desde la campaña 2019-20 el fútbol más modesto también tiene representación en la Copa con clubes de las federaciones territoriales, evidenciando que es un trofeo que no para de cambiar tanto en su formato como en el número y procedencia de los participantes.

 

8. Los goleadores de la Copa son leones

Dos leyendas del Athletic protagonizan este apartado. Gainza logró ocho goles en un mismo partido en una eliminatoria ante el Celta de 1947 que supuso un 12-1 en San Mamés, récord absoluto en un encuentro en el fútbol español, pero él no es el máximo anotador de la competición, ese honor le corresponde a Zarra, autor de 81 dianas en 74 partidos con el Athletic Club, desde 1940 a 1955.


9. Varias sedes para un mismo trofeo

Habitualmente los trofeos de Copa en muchos países suele tener una ciudad que hace de sede e incluso un estadio que alberga este tipo de encuentros -como Wembley en Inglaterra, París en el caso de Francia o el Estadio Olímpico de Berlín en Alemania-. La Copa en España ha variado de ciudad y de estadios, aunque es Madrid donde más veces se ha disputado, la final se ha jugado también en otras ciudades como Barcelona, Bilbao, Sevilla, Valencia, Zaragoza...

Y dentro de Madrid han sido muchos los emplazamientos usados, empezando por el hipódromo de la Castellana, el viejo campo de O'Donnell, Vallecas, Santiago Bernabéu, Vicente Calderón, el antiguo Metropolitano -el que estaba cerca de la Avenida Reina Victoria- y el nuevo Metropolitano, la nueva casa del Atlético de Madrid.

 

10. Un título, muy 'alegre'

El trofeo de la Copa, compuesto por 10 kilos de plata de ley y valorado a partir de los 10.000€, dependiendo del valor de la plata en dicho momento, fue ideado, es fabricado y restaurado desde hace más de medio siglo en la Joyería Alegre de Madrid, próxima a la Puerta del Sol, concretamente en el número 3 de la calle de Espoz y Mina. 

Esta joyería es también la que se encarga de restaurar y preparar el trofeo de campeón de primera división en España.

La Copa Federación, la hermana pequeña

Para finalizar... Los equipos de Segunda B y Tercera -tercer y cuarto nivel del fútbol español- no participantes en la Copa del Rey se enrolan desde 1945 en la llamada Copa Federación, la cual podría considerarse una hermana pequeña de la Copa del Rey. Una Copa para los clubes más modestos y de categorías más bajas. Desde 2020 los semifinalistas de este torneo entran también en el sorteo de la Copa del Rey.

Y estas son las curiosidades más destacables de la Copa del Rey, de este trofeo que tantas pasiones despierta desde hace muchos años y que no para de cambiar para así mantener su magia.


lunes, 8 de julio de 2019

Bon Jovi usa viejas canciones para seguir enamorando a Madrid

La carrera musical de Jon Bongiovi nunca habría tenido el mismo desenlace sin la aportación de cuatro grandes músicos, dos de los cuales -el teclista David Bryan y el baterista Tico Torres- todavía siguen siendo parte de la formación de la banda desde 1981. Las cuerdas es donde la formación ha experimentado más cambios en estos años: primero fue el bajista Alec John Such, desde 1994, y más tarde el carismático guitarrista Richie Sambora, tras abandonar el grupo en 2013 por decisión personal. A ellos también habría que añadir el breve paso de Dave Sabo, posteriormente fundador de Skid Row. Otro de los elementos claves del rock de New Jersey, siempre bajo la sombra musical del gran Bruce Springsteen.

Los dos primeros discos de Bon Jovi -dando un nombre más comercial al apellido del cantante- estaban más marcados por el peso del teclado y la excesiva velocidad en la producción. El éxito rotundo para el grupo estadounidense llegaba con el tercer y cuarto trabajo, caracterizados por el sonido de las guitarras de Sambora y un estilo musical más variado, desde el hard rock más ochentero al country -que le serviría después a Jon para interpretar la BSO de la película Arma Joven II. Un western moderno que demandaba melodías más actuales para seducir a otras generaciones-.

Los álbumes 'Slippery When Wet' y 'New Jersey' elevaron muy alto el listón musical al quinteto, tanto en crítica como en ventas, rozando los 50 millones de discos. Son dos obras indispensables para entender el auge en popularidad del rock de finales de siglo XX. Lo que explica que Bon Jovi fuera un pionero en cruzar el telón de acero y encabezar un concierto de vanguardia de la URSS, además de liderar un cartel del Monster Of Rock de 1987, incluso por delante de W.A.S.P. y Metallica.


Las fronteras musicales también se derribaban con 'Keep The Faith' en 1992, en lo que fue el último gran impacto en ventas. Posteriormente 'These Days' suponían en 1995 un pequeño giro musical que fue bien recibido por el público y la prensa especializada, por oscurecer algo el sonido y otorgarle una madurez al trabajo. El último halo de esperanza a una gran carrera que amenazaba con difuminarse entre temas intrascendentes y canciones lentas sin sustancia.

Desde 2000 la producción discográfica ha continuado, sin la brillantez del pasado ni la magia del principio, pese a algún interesante fogonazo. Además de no contar ya con la guitarra de Richie Sambora. Ahora regresaban a Madrid con el reciente 'This House Is Not For Sale'. tras dejar huella en 2013 con un concierto en el que rebajaron el precio de las entradas por la situación económica del país.

Bon Jovi en el Wanda Metropolitano de Madrid, 7 de julio de 2019

Con una extraordinaria puntualidad, casi británica, el combo estadounidense salía ante un público mayoritariamente femenino que llenaba el coliseo rojiblanco -aproximadamente 50.000 personas-, bajo un escenario formado por varios paneles gigantescos que permitía mostrar las evoluciones de los músicos sobre el escenario. Un muro luminoso que acapararía la mirada de todos durante las siguientes dos horas y media.

Bon Jovi, Madrid, 2019, This House Is Not For Sale,

Arrancaron con el tema que da nombre al último disco, This House Is Not For Sale, para después hilar tres clásicos de golpe -Raise Your Hands, You Give Love A Bad Name y Born To Be My Baby-. . Y es que la noche pedía más temas antiguos que nuevos. Una noche para pocos experimentos y ofrecer las fórmulas que funcionan y han funcionado.

Por mucho que pases los años, la música de Bon Jovi de la década de los 80 y 90 sigue teniendo magnetismo, tanto como su cantante, quien no dejaba de brincar y sonreír al público, rendido ante uno de los grandes sex-symbols del mundo del rock, quien no ha perdido ni una pizca de su atractivo, ni siquiera de su forma física. Un estado envidiable que también parecen compartir, a su manera, David Bryan y Tico Torres.

Bon Jovi, Madrid, 2019, This House Is Not For Sale,

Uno de los grandes peros del concierto fue la acústica del recinto, además de la dificultad de Jon para llegar a ciertas notas más exigentes -todo ello con la lupa encima suya tras la polémica sobre el uso de playback en esta gira-. Por otro lado, el resto de miembros del grupo permanecían en un discretísimo segundo plano, exceptuando a David Bryan. Algunos de ellos en sus grises, y prácticos, papeles de músicos de estudio a los que cuesta cuajar en directo, porque no hay que olvidarse que sustituir a Sambora y hacer sombra a Jon Bon Jovi es complicado en todos los aspectos.

Amen y Bed Of Roses, con estribillos en español, fueron las baladas marca de la casa escogidas para la ocasión, para acaramelar a un público que lleva tiempo enamorado de su figura, y que sirvió de preámbulo para mostrar nuevos temas que pronto eran devorados por viejos himnos.


Los seis últimos temas no se movieron de la década dorada del grupo, de los 80 y 90, de la época que el público mayoritariamente quería escuchar. Desde Wanted Dead Or Alive hasta Bad Medicine. Justo la medicina que reclamaba la afición madrileña que rebosaba el estadio y no dejaba de cantar o corear, especialmente cuando I'll Be There For You y Livin' On Prayer terminaron por coronar una gran noche de viejas canciones y músicos que parecen ser conservados en formol, aunque la voz y las canas evidencien que los años pasan incluso para las grandes estrellas del rock.

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