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sábado, 16 de mayo de 2015

Silvio Piola, el eterno artillero del fútbol en Italia

La historia del deporte está llena de grandes gestas y de marcas que se van rompiendo con la llegada de nuevas estrellas, con el paso de los años. En Italia, si hablamos de fútbol, hay un jugador que sobresale por los registros anotadores y por la profunda huella que dejó en cada uno de los clubes que participó: él es Silvio Piola, el eterno artillero del 'calcio'.

Silvio Piola

El gran Silvio Piola nació en 1913 en la pequeña población de Robbio, en el punto medio de un cuadrado imaginario formado por las localidades de Vercelli, Novara, Pavia y Milán. Al norte de Italia, en pleno corazón de Lombardía.

Piola vino al mundo en un momento complicado de la historia de la humanidad, justo a las puertas de la Gran Guerra (1914-1918) que posteriormente condenaría a todo el planeta a revivir todas las penurias con el segundo conflicto armado (1939-45). En ambas contiendas, Italia participó.

Piola, el antiguo moderno delantero
Los sencillos gustos del Piola alejado de los terrenos de juego chocaban con su estilo moderno sobre el césped. Era un amante de la pesca y la caza, placeres que disfrutar en la naturaleza, en la soledad. Ese carácter esquivo no tenía su prolongación en el fútbol, donde participaba de la acción, de recibir de espalda, de asociarse y esperar a los compañeros e incluso rematar de chilena -recursos poco vistos por aquel entonces-, y, en especial, era famoso por su acierto ante la meta contraria y por luchar cada balón.

escudo del Pro Vercelli

La estrella del modesto gran Vercelli
Piola se crió bajo el abrigo de uno de los equipos más populares en aquella época de principios de siglo. Antes de que se instaurara el profesionalismo, el Pro Vercelli y el Genoa eran los absolutos dominadores del 'calcio'. Sólo el conflicto bélico y una sanción de la federación evitaron una hegemonía mayor del denominado como equipo de los 'leones'.

Entre 1908 y 1922 el conjunto lombardo se había convertido en siete ocasiones campeón de Italia. Un palmarés que todavía le mantienen como el séptimo equipo con más 'scudettos' del país.

La desaparición del fútbol amateur y la irrupción de los grandes equipos de Turín y Milán apartaron del camino del éxito a los camisas blancas, los cuales iniciaron una peregrinación por todas las divisiones del fútbol transalpino hasta su reciente regreso a Serie B, después de más de seis décadas sin pisar la categoría de plata del 'Calcio'.

Piola debutó con 16 años en el Pro Vercelli. Dejó números de auténtico veterano -51 goles en 127 partidos- durante las cinco campañas que estuvo en el club de sus amores, hasta 1934, justo en la penúltima temporada en la que la gran institución dejaba la primera división para no volver nunca más.

Giacomo Blason, Giuseppe Viani, Silvio Piola, Virgilio Felice Levratto y Attilio Ferraris (Lazio, 1935)
La estrella lazial del norte
El fútbol no era ajeno a los cambios políticos que había experimentado el país. A pesar de los deseos de Piola por estar en algún equipo del norte, las fuertes presiones políticas del Partido Fascista y del general Vaccaro condujeron al lombardo a la capital, a jugar en la Lazio, el equipo mimado por el gobierno, donde incluso Benito Mussolini era socio.

Con la camiseta blanca y celeste, y el águila como referente, Piola siguió escribiendo versos sobre el verde tapete a razón de 143 goles en 227 partidos durante 9 temporadas. Guarismos que le condujeron a formar parte de la selección nacional de Italia. Una de las más potentes del continente.


El nuevo atacante de Vittorio Pozzo
Piola se convirtió desde el primer momento en el referente ofensivo del nuevo esquema del seleccionador de Italia Vittorio Pozzo. Para refrendar su convocatoria, el futbolista se estrenó en Viena con un doblete ante el 'equipo maravilla' austriaco de Matthias Sindelar. No había duda de que el idilio de Piola con el gol se había trasladado también con la casaca nacional.

La Italia de Pozzo afrontó el Mundial de 1938 con el objeto de cerrar un ciclo maravilloso de títulos. La 'azzurra' había vencido la Copa del Mundo de 1934, bajo amenaza del propio Duce en caso de perder, y se había colgado el oro en los JJ.OO. de Berlín. Entre medias, el plantel había empezado a transformarse fruto de la edad de algunos jugadores y del empuje de los jóvenes.

Piola, Italia
Alineaciones de la Italia doble campeona del Mundo
Un relevo obligado donde se mantuvo la dupla en la medular formada por el 'juventino' Giovanni Ferrari y el interista Giuseppe Meazza, posteriormente también del Milan y motivo por lo que el estadio lleva hoy en día su nombre. Ellos fueron el pilar sobre el que Pozzo construyó su segundo proyecto mundialista, con Piola como nuevo ariete.

Italia - Inglaterra en Florencia, 1952. Piola es el tercero por la izquierda, de pie.

La rigidez de Pozzo en las concentraciones, con una actitud casi castrense, su capacidad para liderar los vestuarios y la calidad de sus futbolistas, empezando por la pareja Ferrari-Meazza y terminando con el acierto de Piola -5 dianas en el Mundial-, condujeron al segundo campeonato consecutivo de Italia en la Copa del Mundo celebrada en Francia, haciendo de Pozzo el único seleccionador que ha logrado dos Mundiales.

Huída a Turín
La ideología política de Piola, simpatizaba con el fascismo, y la irrupción de los nazis en Roma en 1943 obligaron a que el delantero, excesivamente popular ya por entonces, marchara de la capital para evitar ser reconocido y enrolado a filas.

En Turín, y bajo la camiseta 'granata' del Torino, disputó el extraño campeonato de entreguerras, donde coincidió con Mazzola, Ossola, Castigliano y Loik, todos ellos víctimas, años después -en 1949- de la desgraciada tragedia de Superga, el accidente aéreo que acabó con la plantilla turinesa.

Piola en el Torino FIAT
Del Torino pasó a la Juve, donde estuvo cerca de conseguir el que hubiese sido su primer campeonato de Liga. Piola contaba con 34 años y pocos podrían apostar a que todavía le quedaban páginas por escribir. Su segunda temporada como 'bianconeri' sirvió para dar el testigo al emergente Boniperti como futuro santo y seña de la entidad blanquinegra.

El sorprendente desenlace en el Novara
Rara vez un futbolista que deambulaba por la treintena era capaz de ofrecer todavía fútbol en sus botas. La venta de Piola al Novara fue todo un acierto para la escuadra lombarda. El delantero exprimió su talento en estos últimos años dando un ascenso a la élite a la entidad en su temporada de debut y nada menos que 86 goles a lo largo de siete campañas.

Con casi 41 años, y el Novara evitando el descenso a Serie B, Piola colgó las botas definitivamente, dejando un rosario de registros, alguno de ellos todavía no superados.

Logros de Silvio Piola: legado
  • Posee una media de casi un gol por partido en la selección italiana, 30 en 34 duelos.
  • Nunca consiguió el 'Scudetto', pero se proclamó campeón de la serie B con el Novara.
  • Dos veces máximo artillero de la Liga. Fue 'capocannoniere' en la 1936-37 y 1942-43.
  • En el centenario de su nacimiento, septiembre de 2013, la Lazio rediseñó la camiseta para homenajear a Piola, colocando el número de goles en su equipación y dotándola de un gusto clásico. 
  • Los 274 goles anotados en Serie A siguen siendo récord absoluto en Italia. El segundo de la lista, Francesco Totti, todavía está a una gran distancia de goles. Una brecha que presumiblemente nunca recortará.
  • Piola disputó 24 años de carrera deportiva a nivel profesional. Toda una plusmarca para el fútbol de época de entreguerras. 
  • Noveno jugador más veterano en jugar en Italia. Zoff, en 1983, rompió el registro de Piola de la retirada más tardía, que estaba en 40 años y 159 días.
  • También Zoff fue el responsable de superar, en la década de los 80, los 537 partidos como profesional de Piola.
  • Los equipos de Novara y Pro Vercelli cambiaron los nombres de sus estadios por el de Silvio Piola, agigantando la leyenda del mejor delantero del 'calcio', idolatrado en Italia y casi desconocido en el resto de Europa.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

El curso que el Hellas Verona enamoró a Italia

La historia de la primera división italiana, la llamada Serie A, está marcada por la lucha entre los principales clubes del país. Al igual que España, en el país transalpino existe un estrecho grupo de equipos que entran siempre en las quinielas por hacerse con el 'Scudetto'. Dicho selecto tren de cabeza está formado por Milan, Inter y Juventus.

Scudetto

Los dos equipos de Roma fueron la lógica excepción, dada las grandes inversiones realizadas, a cuatro décadas de títulos repartidos entre dichas cinco escuadras -Juventus, Inter, Milan, Lazio y Roma-. Una tendencia habitual en Italia sólo rota en tres momentos: el Nápoles de Maradona, la Sampdoria de Mancini y Vialli y el sorprendente Hellas Verona.

Hellas, el club tradicional de la ciudad
El Hellas es el equipo histórico de Verona, y el más popular. Creado en 1903 por un grupo de alumnos que a petición de su profesor de Historia y Arte pusieron el nombre de Hellas, que es la manera clásica como los griegos llaman a su tierra, deriva de Helios (dios del sol).

En su escudo aparece la mencionada escalera, una bandera tricolor y una pequeña figura de dos perros mastines en honor al primer señor de Verona de la familia Scala, Mastino I. Todo el conjunto se sitúa sobre un fondo rayado amarillo y azul, tonos representativos de la ciudad.

Símbolos y colores que comparte en cierta medida con otro de los equipos de la población, de la periferia de Verona, y que desde hace un tiempo se mantiene en la máxima categoría. El partido contra el Chievo es conocido como el 'derbi de la Scala'.

EScudo del Heelas Verona

El Hellas rompe las quinielas 
El curso 1984-85 arrancaba en Italia. La considerada por aquel entonces como mejor Liga del continente tenía un quinteto principal con Juventus, Roma, Inter, Nápoles y Milan como claros candidatos al título. Incluso el Torino, el cual cumplía el décimo aniversario de su campeonato, contaba con opciones al 'scudetto'.

En el vagón de los olvidados se encontraba el Hellas Verona, quienes a pesar de haber sumado un par de buenas campañas tras su regreso a la élite -con un par de finales de Coppa incluidas-, seguían con el estigma de haber esquivado un descenso desde Serie B en 1981.

Platini, Boniek y Rossi (Juventus), Sócrates y Passarella (Fiorentina), Zico (Udinese), Falcao, Cerezo y Conti (Roma), Altobelli y Rummenigge (Inter), Aldo Serena (Torino), Baresi (Milan) y Maradona (Nápoles) acaparaban las portadas de los rotativos transalpinos a mediados de los ochenta. Periódicos de tirada nacional en los que raramente asomaban los jugadores del Hellas, hasta aquella temporada.

Michel Platini, el '10' de la Juventus

La clave del éxito comenzó por una gran dirección tanto táctica como institucional. La dupla formada por Emiliano Mascetti, máximo goleador de la historia del club y director deportivo en aquella etapa, junto a Osvaldo Bagnoli, gran estratega capaz de generar variantes en el esquema de los Gialloblu, dio pronto sus frutos. La amistad surgida entre ambos y el entendimiento deportivo fue otro de los motores de los veroneses.

La construcción de una familia
La buena relación que emanaba el tándem Mascetti-Bagnoli se vio rodeada de una serie de futbolistas jóvenes y talentosos a los que les faltaban minutos en los equipos grandes y que terminaron contagiados del espíritu del vestuario, convirtiendo a la plantilla en una insuperable familia que compartía el tiempo de ocio en grupo. Esta política sirvió de base para el ascenso a Serie A y de trampolín para el 'scudetto' de 1984-85.

El equipo necesitaba un fichaje de prestigio para dar el salto de calidad. El elegido fue Lothar Matthäus, quien se encontraba cerca de dar el salto desde el Borussia Mönchengladbach al Bayern Múnich. Ante la imposibilidad de contratarle se pasó al segundo de la lista: Hans-Peter Briegel.

El polivalente futbolista germano, procedente del Kaiserlautern e internacional con Alemania, hizo pareja de foráneos con Preben Elkjær  -en una etapa en la que sólo se permitían dos extranjeros por equipo y donde no existía el término comunitario o europeo-.

El once tipo de aquel Hellas campeón era el formado por: Garella; Ferroni I, Marangon I; Briegel, Tricella, Fontolan I; Fanna, Volpati, Galderisi, Di Gennaro, Elkjær. Una escuadra que jugaba de memoria y en el que cada pieza conocía perfectamente su rol de sacrificio y de generosidad, bajo la batuta paternalista de Bagnoli.

Hellas Verona

Una temporada de ensueño
El curso 1984-85 no pudo empezar mejor para los veroneses, quienes firmaron cuatro triunfos, entre ellos Nápoles -en el debut en Italia de Maradona, anulado por el marcaje de Briegel- y Juventus -con gol de Elkjaer, quien anotó sin una de sus botas-, además de un empate -ante el Inter- en las cinco primeras jornadas, aupando al Hellas a lo más alto de la tabla.

Lugar que no abandonaron en toda la temporada, a pesar sentir de la persecución ejercida por los 'neroazzurro' y de la lógica presión por la falta de costumbre de la institución de luchar por la Liga. El clásico 'mal de altura' que el entrenador Bagnoli siempre supo gestionar, con su habitual tranquilidad.

El alegre fútbol de los 'gialloblu' encontraba su recompensa en los favorables marcadores que sonreían al conjunto de Verona. La tensión saltó en uno de los duelos menos esperados, contra el Avellino, en una derrota no prevista que se vio minimizada por el empate en aquella jornada de Inter y la derrota del 'Toro'. La ciudad de Romeo y Julieta respiró tranquila.

El discurso optimista de Bagnoli caló en la plantilla, cada vez más consciente de la posibilidad de hacer historia ante el ilusionado público del Estadio Bentegodi, quienes llenaban las curvas de banderas amarillas y azules desde la primera fecha.

Hellas Verona, once, equipo titular

El respeto que produjo la segunda vuelta del campeonato fue amainando con tres citas claves que disputaron en febrero. Por un lado, el sufrido triunfo ante Udinese (con 3-5 final) y las tablas frente a Inter y Juve. Empates indispensables teniendo en cuenta que la victoria todavía contaba por 2 puntos y que ambos eran los principales perseguidores en la clasificación.

El golpe de mando definitivo se produjo en Florencia al barrer a la Fiorentina por 1-3. Era la señal definitiva de que no iban de farol. Un mensaje recibido por el resto de escuadras de Italia. Los 'mastines' andaban sueltos, con hambre de títulos.

Durante la primavera, la distancia de seis puntos acaudalada menguó peligrosamente después de caer en casa al Torino, en la segunda derrota de toda la temporada. Un revés que no fue aprovechado por el resto de candidatos y que dejó en bandeja a los de Verona para optar matemáticamente al 'Scudetto' a sólo 100 kilómetros de casa.

La invasión de Bérgamo
Alrededor de 120 autobuses y unos 10.000 aficionados tomaron Bérgamo para colorear de amarillo y azul las gradas del viejo estadio del Atalanta. El conjunto bermascano se adelantó y Elkjaer niveló la contienda. El resultado favorecía a ambos: los locales rubricaban su mejor presencia en toda su historia en Serie A y los veroneses se hacían con el campeonato. Todo esto hizo que los minutos finales se vivieran con una alegría compartida en la grada y un pacto de no agresión en el césped.


Verona tocó aquella tarde el cielo con un dedo, enamorando al 'calcio' con un juego atractivo que supuso otra licencia para un 'tapado' en la Serie A. Una tendencia que se ha frenado con el paso del tiempo. La Sampdoria fue en 1991 el último encargado de escribir su propia versión de Cenicientas que cambian el sentido a los cuentos y que se cansan de no acudir a la fiesta del 'Scudetto'.

El plantel de Bagnoli se desmontó en la edición siguiente del 'calcio'. Las nuevas estrellas veronesas salpicaron a los grandes del torneo transalpino, si bien todos dejaron parte de su corazón en la ciudad de los 'Capuletos y Montescos', tanto que volvieron a los 25 años para disputar un partido homenaje a aquella inolvidable temporada del Hellas Verona.

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