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sábado, 12 de septiembre de 2026

La melancolía y la infinita tristeza de Billy Corgan regresan 30 años después en formato operístico

 Smashing Pumpkins escribieron en los años 90 dos trabajos memorables, 'Siamese Dream' (1993) y 'Mellon Collie and the Infinite Sadness' (1995). La banda de Chicago, muchas veces enmarcada dentro del 'grunge', el sonido nacido de Seattle que copaba las radios y la MTV, vivió su mayor éxito en esta etapa.

Mientras la mayoría de grupos musicales tienen su disco de referencia, Smashing Pumpkins puede presumir de contar con dos álbumes muy diferentes entre sí y con himnos generacionales en su interior. Del sonido denso y trabajado del 'Siamese' al más barroco y directo del 'Mellon', del rock alternativo de 13 temas a una amalgama encerrada en un doble LP con 28 cortes que caminan entre varios estilos, como quien se acerca a un bufet libre y combina carne, pescado y un sinfín de salsas en el mismo plato.

En el panorama actual musical donde muchas formaciones de los 80 ó 90 sacan a pasear una gira temática basada en sus mejores momentos, el cantante Billy Corgan ha sido presa de esta nostalgia pero con un giro de tuerca muy personal, dejando su sello característico, porque para algo siempre se ha salido de los estándares habituales. Arriesgado y atrevido, como es él.

Con motivo del 30º aniversario de la gira del 'Infinite Sadness', Corgan se ha embarcado en un ambicioso tour más sinfónico y visual, donde toda la escenografía y la imaginería que rodea a la portada y al libreto lucen más. Un proyecto personal donde el perfeccionismo es llevado a su máximo esplendor.

Billy Corgan en el Palacio Vistalegre Arena (Madrid), 11 de septiembre de 2026

Los primeros acordes a piano, que casualmente coinciden con las últimas notas del disco para sellar esta obra maestra, daban paso a esta sinfonía de imágenes, sonido y emociones, con el público debidamente sentado para otorgar mayor solemnidad a ese tono operístico que acompaña a esta gira, con orquesta, coro y sopranos incluidos, en lugar de haber contratado músicos de estudio y haber interpretado el disco de principio a fin como sonaba en el vinilo o CD.

Y la ocasión era un espectáculo creado por y para Billy Corgan, cuya melodía del Tonight, Tonight era suficiente reclamo para atraer a un público que ha hecho llenar el Palacio Vistalegre de Carabanchel por dos noches en un espectáculo distinto al habitual, porque en realidad Corgan es distinto a los habituales. Un incomprendido, en ocasiones.


De la canción más representativa de los Smashing, con permiso de Disarm o de 1979, seguía este hermoso paseo onírico donde la edulcorada versión de la potente Jellybelly, rivalizaba con la sensibilidad de Galapogos, la calma de Thirty-Three, ya con Billy Corgan al micrófono para este tema, o la belleza de Beautiful, convirtiendo la plaza de toros en una inmensa habitación donde se entonaban delicadas nanas sin que nadie tuviera la menor intención de acostarse.

Era difícil conciliar el sueño con esos cambios de ritmo que tiene el 'Mellon', aunque quedaran algo amortiguados presentados de forma orquestada, porque si algo tiene este disco es un inusual estilo ecléctico donde se mezclan estilos que no parecen encajar como ese barman del que dudas si está usando algún criterio al agitar tantos zumos y alcoholes en una coctelera, aunque luego confiesas que encajan y que se te ha subido, justo la misma experiencia que este elepé. 


Si el 'Mellon Collie' es una alegoría del tiempo, del paso de la juventud a la madurez, a su ya maduro público se le estaba pasando el tiempo volando, ensimismado en la colorida escenografía y en esa imaginería que en la portada es un cruce entre la obra del genial artista Rafael y los efectos especiales del cine mudo de George Méliès, pero que en este tour son un guiño al modernismo y retrofuturismo.

Muzzle es energía pura y Lily (My One And Only) sosiego absoluto. La vida misma. Una jornada en la gran ciudad. Stumbleine suena todavía más grandiosa con orquesta. Como un árbol que va perdiendo hojas lentamente en otoño mientras es pintado. Puro arte con breves pinceladas, como las que ofrecía Corgan cantando de vez en cuando.

Zero reclamaba su papel de gran canción del grupo, llevando buena parte del merchandising de la banda su nombre, por lo que Billy regresaba a su papel de maestro de ceremonias, para así cerrar este primer acto, y momentáneamente los ojos con Thru The Eyes Of Ruby, un acertado broche final, que no definitivo.

 El segundo acto arrancaba con la hermosa In The Arms Of Sleep, un prólogo estupendo para escarbar todos nuestros recuerdos mientras evocábamos en nuestra imaginación aquel viaje nocturno en coche junto a la formación clásica de los Smashing —con James Iha, D'arcy Wretzky y Jimmy Chamberlin en el recuerdo— al ritmo de la eterna 1979, transformada en melancolía en esta ocasión.

La noche todavía era lo suficientemente joven para seguir desgranando medios tiempos como By Starlight —otro de esos cortes que ganan en este formato —, embobarse con la ternura de To ForgiveCupid de Locke para revolucionarse con la locura que supone adentrarse en el vértigo de X.Y.U. o un siempre enrabietado Bullet With Butterfly Wings reclamando su rol de estrellas en el firmamento de los Smashing, y convertidas en melodías a veces irreconocibles pero también disfrutables.  

 El desorden en el orden de las canciones lejos de no parecer organizado, estaba premeditado para acabar con ese Porcelina Of The Vast Oceans, que es una invitación a surcar el mar de nuestros recuerdos con sus virajes a estribor y babor. Los mismos tumbos que daban algunos en sus sillas, perplejos ante tanta parafernalia en escena, tan poca guitarra y tan poco Corgan.


Si el disco terminaba con las mismas notas del inicio, mostrando ese bucle temporal que al sol le sigue la luna, por lo que Tonight, Tonight, esta vez sí cantada por Corgan, era la noche a la que seguirá el día. Y qué noche de emociones, de melancolía y de una infinita tristeza de Billy Corgan que hoy ha hecho muy feliz a parte de su público, mientras que ha confundido a los que no sabían a lo que iban. Así es él y así somos el resto del mundo.


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