La proximidad geográfica ha convertido a los portugueses Moonspell en uno de los grupos más habituales dentro de la agenda cultural de conciertos en las ciudades españolas. Pese a la frecuencia con la que vienen, fruto también de la prolífica producción musical de los lusos, el público siempre responde a la cita con fidelidad, agradeciendo la cercanía de Fernando Ribeiro y compañía en los escenarios, además de su buen hacer sobre las tablas.
Moonspell volvía a pisar la capital española casi unos meses después de la última vez y dos años desde su anterior visita a la Sala Caracol, evidenciando que el idilio de la banda lisboeta con sus vecinos es continuo y mutuo.
El motivo en esta ocasión era la presentación de un disco que llegaba recién sacado del horno, sin tiempo a ser degustado por la audiencia, pero con buenas sensaciones tanto por la temática como por la producción musical, mucho más orquestada que en anteriores trabajos y con un punto más de metal, menos gótico y más sinfónico, en otro enésimo giro de tuerca al estilo del grupo.
El nombre elegido para el disco no era otro que '1755', la fatídica fecha del terremoto que asoló a Portugal en otro mes de noviembre, y especialmente a Lisboa, por estar a poca distancia del epicentro, destruyendo edificios y dejando multitud de fallecidos tanto por acción directa del temblor como por las consecuencias posteriores de la tragedia. Y sobre este desastre versaba este disco de Moonspell, una obra conceptual dispuesta a ser mostrada a sus seguidores hispanos.
Moonspell en la Sala Caracol, Madrid a 8 de noviembre de 2017
A las 19:30 horas se abrían las puertas de la sala situada en las inmediaciones de Embajadores para dar comienzo al directo de Norunda, banda hispano-lusa novel pero con tablas en la música, donde demuestran que no son principiantes. Su heavy-metal con ramalazos a veces más pesados y otras más rockeros tuvieron buena respuesta.
Bizarra Locomotiva era la siguiente formación en desfilar. Si la misión de los teloneros es entretener y generar en el espectador un futuro interés, esta formación portuguesa lo consiguió con creces. Primero por la potencia de sus canciones, un metal industrial con voz gutural, y también por el magnetismo de su cantante, Rui Sidónio, con gran parecido físicamente a Till Lindemann de Rammstein, compartiendo también con él la fuerza e hiperactividad, incluso el histrionismo.
Rui Sidónio se implicó tanto en su actuación que pronto abandonó el micrófono para bajar a la pista y entremezclarse en la gente, invitando a formar parte del espectáculo, incitando a perder la vergüenza y dejarse llevar, atrapando las miradas y provocando en cada gesto. Todo ello ya lo había conseguido antes de que Fernando Ribeiro apareciera por sorpresa a cantar uno de los temas, O Anjo Exilado, junto con el resto de compañeros de Moonspell, anunciando el plato fuerte de la noche.
En una noche muy lusa, con Norunda a medio camino de Lisboa y Madrid, además de los portugueses Bizarra Locomotiva, quedaba el mayor orgullo metalero de Portugal: Moonspell, con un disco cantado entero en portugués y con el terremoto de 1755 como tema principal. Y así es como empezó el turno de los chicos de Fernando Ribeiro.
La estrechez de la Sala Caracol no permitió un atrezo demasiado grande para recrear los distintos capítulos del álbum. Si bien, Ribeiro a través de las letras, de su voz y de los distintos atuendos, en especial con la potente Todos Os Santos y la versión convertida en un tenebrosa nana de la Lanterna Dos Afogados iba poniendo la teatralidad que la obra se merecía, mientras su garganta trataba de agarrarse con fuerza al micrófono, visiblemente debilitada por la exigencia sonora que posee el disco, mucho más grave y desgarrador que en otros trabajos.
Después de tocar todos los temas del CD, apenas editado este mismo noviembre, Moonspell no se quiso olvidar del resto de su discografía y comenzó a desgranar poco a poco lo mejor de su material ante su legión de seguidores, en menor número que en otras ocasiones pero igualmente ruidosos y receptivos.
Vampiria, con la capa cubriendo al espigado cantante, iniciaba la segunda parte del show, mucho más celebrada por sonar algunos de los antiguos grandes éxitos y nuevos clásicos de la banda lisboeta. Desde Alma Mater a Opium, pasando por Awake o Breathe (Until We Are No More), todos ellos con el epílogo habitual del Full Moon Madness, tan embriagador como de costumbre, sensual y sombrío, seductor y potente. Una melodía para ser danzada en la oscuridad cuando el suelo haya dejado de temblar.
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jueves, 9 de noviembre de 2017
jueves, 8 de diciembre de 2016
Moonspell ofrece a Madrid el lado más oscuro de la luna
El grupo gótico portugués Moonspell regresaba a Madrid con motivo del multitudinario tour 'Road To Extinction', el cual vivía una segunda parte tras haber sido presentado el disco durante 2015, con gira incluida por España durante aquella primavera.
La enésima vuelta de tuerca al inclasificable estilo musical de Moonspell había supuesto que el décimo trabajo, 'Extinct', estuviera marcado por un techno muy oscuro, en un extraño cruce entre Depeche Mode y Type O Negative, al cual le combinaba muy bien el metal sinfónico. Un trabajo de gran aceptación tanto por crítica como por público, acostumbrado a los inesperados cambios de registro de los lisboetas, quienes al igual que Paradise Lost, su creatividad nunca deja de sorprender.
Der Weg Einer Freiheit y Moonspell en la Sala Changó, 7 de diciembre de 2016
Antes de que saltaran los lusos al escenario de la coqueta y reducida sala chamberilera, la atención se centró sobre un trío de complicado nombre y potente ejecución: Der Weg Einer Freiheit, procedentes de Baviera, los cuales realizaron un curso acelerado de black metal con el menor número de instrumentos posibles. Pese a ello, sonaron con una contundencia descomunal, demostrando que hay futuro en esta joven formación germana.
Después de la habitual espera entre grupo y grupo, llegó la entrada de Moonspell a la Sala Changó, bajo la melodía de Perverse... Almost Religious, el tema que abría el disco 'Irreligious'. Precisamente, los dos cortes siguientes elegidos por el quinteto luso fueron Opium y Awake, también perteneciente al mismo álbum. El cantante Fernando Ribeiro aprovechó para anunciar la sorpresa de la noche, que no era otra que homenajear precisamente a ese disco, 'Irreligious', que cumplía dos décadas, en una noche en la que desgranaría todos los temas del segundo trabajo de su carrera.
El Ojo de Horus no dejó de observar la hora siguiente, cayendo uno tras otro los éxitos del citado disco de 1995, el que terminó por abrir las puertas de Moonspell al mundo entero, tras haberse entreabierto con 'Wolfheart' (1994).
Hablando de abrir puertas y golpearlas, Ribeiro no pudo resistirse a interpretar, de forma teatral, Vampiria para después atacar con Alma Mater, el primer tema internacional de Moonspell, el que ha servido de denominación de origen del grupo, donde fluyen las notas del teclado entre la guitarra y el bajo, mientras Ribeiro alterna una voz gutural con otra más melódica.
Tras una breve pausa, Moonspell regresó para tocar, ahora sí, tres de los nuevos cortes del último disco, 'Extinct', la dulce Domina, uno que va camino de convertirse en un nuevo himno, Breathe (Until We Are No More), y otro menos imaginado, The Future Is Dark. con un baño de discurso previo de realidad política. Ambos sirvieron de antesala para el lógico cierre, el que lleva produciéndose desde hace mucho tiempo: Full Moon Madness, tan embriagador como siempre, tan mágico como ver asomar la luna llena entre las nubes.
Las bandas musicales son como las personas: estrechan lazos con ciertas ciudades que al principio son ajenas y luego acaban convirtiéndose en un segundo hogar. El idilio de Moonspell con Madrid viene ya de lejos, agigantándose cada ocasión que los lusos visitan a sus vecinos españoles, presos de este magnetismo que ejerce tanto la luna como el sonido de Moonspell.
La enésima vuelta de tuerca al inclasificable estilo musical de Moonspell había supuesto que el décimo trabajo, 'Extinct', estuviera marcado por un techno muy oscuro, en un extraño cruce entre Depeche Mode y Type O Negative, al cual le combinaba muy bien el metal sinfónico. Un trabajo de gran aceptación tanto por crítica como por público, acostumbrado a los inesperados cambios de registro de los lisboetas, quienes al igual que Paradise Lost, su creatividad nunca deja de sorprender.
Der Weg Einer Freiheit y Moonspell en la Sala Changó, 7 de diciembre de 2016
Antes de que saltaran los lusos al escenario de la coqueta y reducida sala chamberilera, la atención se centró sobre un trío de complicado nombre y potente ejecución: Der Weg Einer Freiheit, procedentes de Baviera, los cuales realizaron un curso acelerado de black metal con el menor número de instrumentos posibles. Pese a ello, sonaron con una contundencia descomunal, demostrando que hay futuro en esta joven formación germana.
Después de la habitual espera entre grupo y grupo, llegó la entrada de Moonspell a la Sala Changó, bajo la melodía de Perverse... Almost Religious, el tema que abría el disco 'Irreligious'. Precisamente, los dos cortes siguientes elegidos por el quinteto luso fueron Opium y Awake, también perteneciente al mismo álbum. El cantante Fernando Ribeiro aprovechó para anunciar la sorpresa de la noche, que no era otra que homenajear precisamente a ese disco, 'Irreligious', que cumplía dos décadas, en una noche en la que desgranaría todos los temas del segundo trabajo de su carrera.
El Ojo de Horus no dejó de observar la hora siguiente, cayendo uno tras otro los éxitos del citado disco de 1995, el que terminó por abrir las puertas de Moonspell al mundo entero, tras haberse entreabierto con 'Wolfheart' (1994).
Hablando de abrir puertas y golpearlas, Ribeiro no pudo resistirse a interpretar, de forma teatral, Vampiria para después atacar con Alma Mater, el primer tema internacional de Moonspell, el que ha servido de denominación de origen del grupo, donde fluyen las notas del teclado entre la guitarra y el bajo, mientras Ribeiro alterna una voz gutural con otra más melódica.
Tras una breve pausa, Moonspell regresó para tocar, ahora sí, tres de los nuevos cortes del último disco, 'Extinct', la dulce Domina, uno que va camino de convertirse en un nuevo himno, Breathe (Until We Are No More), y otro menos imaginado, The Future Is Dark. con un baño de discurso previo de realidad política. Ambos sirvieron de antesala para el lógico cierre, el que lleva produciéndose desde hace mucho tiempo: Full Moon Madness, tan embriagador como siempre, tan mágico como ver asomar la luna llena entre las nubes.
Las bandas musicales son como las personas: estrechan lazos con ciertas ciudades que al principio son ajenas y luego acaban convirtiéndose en un segundo hogar. El idilio de Moonspell con Madrid viene ya de lejos, agigantándose cada ocasión que los lusos visitan a sus vecinos españoles, presos de este magnetismo que ejerce tanto la luna como el sonido de Moonspell.
viernes, 30 de noviembre de 2012
La Académica de Coimbra, cuna del fútbol ibérico
Portugal está vertebrada por un eje norte-sur que sirve de vía de comunicación para las dos ciudades más importantes del país, Lisboa y Oporto. Durante este trayecto, el turista se encuentra una de las paradas obligatorias en su viaje por tierras lusas, se trata de la monumental Coimbra.
Coimbra, una escalera al cielo
La ciudad está caracterizada por calles estrechas y empinadas que serpentean y suben al infinito, mientras multitud de escaleras y arcos decoran un camino que habla de su historia, un pasado romano y árabe que sirvió de cuna para las primeras dinastías de la monarquía lusa, honores que comparte con la coqueta Guimarães, y que le supuso recibir el título de capital del reino.
La Universidad de Coimbra
Pero por encima de todo ello destaca su Universidad, aula de multitud de portugueses y que es uno de los prestigiosos emblemas de Coimbra. Se trata de la primera institución académica del país, fechada en el siglo XIII, y una de las más antiguas del continente europeo, un listado encabezado por la de Bolonia que inició su actividad docente, aproximadamente, en el siglo XI.
Primer club ibérico de fútbol
No sólo Coimbra fue pionera en la educación, en el deporte también marchó un paso por delante de su tiempo cuando el 3 de noviembre de 1887 se creaba el primer club de fútbol de la península ibérica bajo el color negro de las capas estudiantiles. En aquel momento, un grupo de alumnos, de ahí el apodo de os estudiantes, fusionaban dos equipos de la ciudad, el Clube Atlético y la Academia Dramática, que hasta 1917 no pudo disputar su primer encuentro oficial como Académica de Coimbra.
El equipo de la Universidad
Sus primeros jugadores eran universitarios, un derroche de pundonor y energía en el campo fruto de su juventud y vitalidad, lo que los llevó a ganarse otro de sus ‘orgullosos’ apodos, el de briosa. Durante un tiempo se mantuvo el carácter estudiantil en la plantilla, incluso siendo los jugadores obligados a matricularse en la Universidad.
A pesar de que esta medida se ha perdido, el club nunca ha renegado de su origen entre pupitres y pizarras. De hecho, su primer presidente Luiz Antonio Gomes, fue un estudiante de Derecho que más tarde se convirtió en decano de la Universidad coimbrese y en la plantilla todavía se mantiene la tradición del canelao, una novatada recogida de los patios de recreo y que consiste en el clásico pasillo de ‘bienvenida’.
Coimbra se siente igualmente orgullosa tanto del reconocimiento de su equipo de fútbol como de la reputación y categoría de la actividad docente que emana de sus aulas, y es que la vida de ambos está entrelazada. El escudo de la Académica, un nombre muy apropiado, está compartido con la asociación de estudiantes. Se trata de un emblema con la silueta de la torre del reloj que marca el camino de este decano del fútbol portugués.
La capa negra estudiantil como equipación
El solemne tono negro sirve, junto al blanco, de colores para la equipación de la Académica. Una idea recogida del atuendo de los universitarios que a pesar de la sobriedad de sus capas inundan con alegría una ciudad que rebosa de animación durante el calendario lectivo y que vive y se mueve al ritmo que marcan los estudiantes que son parte de la hinchada del club, denominada desde 1985 como la ‘Mancha Negra’ y que, como no podía ser de otro modo, acude al Cidade enfundados en sus capas que utilizan como improvisada alfombra para la salida de los jugadores del club y de la ‘Seleçao’ cuando juega en la cuna del fútbol luso.
El profesionalismo en el deporte estuvo a punto de acabar con la magia del equipo que terminó entrando en el juego del mercado e hizo desligar a la entidad de la vida de la facultad. La firma del acuerdo entre la Universidad y el club, junto a la llegada de la ‘Mancha Negra’, marcó un nuevo comienzo para la entidad en la década de los 80.
El 'segundo equipo' de Portugal
Toda esta filosofía ha hecho que la entidad nacida en las orillas del río Mondego ocupe el corazón de muchos portugueses que pasaron gran parte de su juventud por sus agitadas calles. La popularidad de la Académica camina por detrás de los ‘tres grandes’ del fútbol luso.
Los clubes más exitosos y con más seguidores en el país vecino están representados por tres animales (águilas, dragones y leones) y otros tantos colores: rojo para el Benfica, azul para el Porto y verde para el Sporting. Todos ellos cuentan con una mancha negra en Coimbra. Un club con un pequeño palmarés a su espalda, con sólo dos Copas, pero con una gran historia detrás que sirvió de escuela para jugar al fútbol en la península ibérica en un remoto noviembre de 1887.
Coimbra desde una de las márgenes del río Mondego. |
La ciudad está caracterizada por calles estrechas y empinadas que serpentean y suben al infinito, mientras multitud de escaleras y arcos decoran un camino que habla de su historia, un pasado romano y árabe que sirvió de cuna para las primeras dinastías de la monarquía lusa, honores que comparte con la coqueta Guimarães, y que le supuso recibir el título de capital del reino.
Arco de Almedina, del siglo XII. |
Pero por encima de todo ello destaca su Universidad, aula de multitud de portugueses y que es uno de los prestigiosos emblemas de Coimbra. Se trata de la primera institución académica del país, fechada en el siglo XIII, y una de las más antiguas del continente europeo, un listado encabezado por la de Bolonia que inició su actividad docente, aproximadamente, en el siglo XI.
Aspecto de la Universidade de Coimbra. |
No sólo Coimbra fue pionera en la educación, en el deporte también marchó un paso por delante de su tiempo cuando el 3 de noviembre de 1887 se creaba el primer club de fútbol de la península ibérica bajo el color negro de las capas estudiantiles. En aquel momento, un grupo de alumnos, de ahí el apodo de os estudiantes, fusionaban dos equipos de la ciudad, el Clube Atlético y la Academia Dramática, que hasta 1917 no pudo disputar su primer encuentro oficial como Académica de Coimbra.
El equipo de la Universidad
Sus primeros jugadores eran universitarios, un derroche de pundonor y energía en el campo fruto de su juventud y vitalidad, lo que los llevó a ganarse otro de sus ‘orgullosos’ apodos, el de briosa. Durante un tiempo se mantuvo el carácter estudiantil en la plantilla, incluso siendo los jugadores obligados a matricularse en la Universidad.
A pesar de que esta medida se ha perdido, el club nunca ha renegado de su origen entre pupitres y pizarras. De hecho, su primer presidente Luiz Antonio Gomes, fue un estudiante de Derecho que más tarde se convirtió en decano de la Universidad coimbrese y en la plantilla todavía se mantiene la tradición del canelao, una novatada recogida de los patios de recreo y que consiste en el clásico pasillo de ‘bienvenida’.
Coimbra se siente igualmente orgullosa tanto del reconocimiento de su equipo de fútbol como de la reputación y categoría de la actividad docente que emana de sus aulas, y es que la vida de ambos está entrelazada. El escudo de la Académica, un nombre muy apropiado, está compartido con la asociación de estudiantes. Se trata de un emblema con la silueta de la torre del reloj que marca el camino de este decano del fútbol portugués.
La capa negra estudiantil como equipación
El solemne tono negro sirve, junto al blanco, de colores para la equipación de la Académica. Una idea recogida del atuendo de los universitarios que a pesar de la sobriedad de sus capas inundan con alegría una ciudad que rebosa de animación durante el calendario lectivo y que vive y se mueve al ritmo que marcan los estudiantes que son parte de la hinchada del club, denominada desde 1985 como la ‘Mancha Negra’ y que, como no podía ser de otro modo, acude al Cidade enfundados en sus capas que utilizan como improvisada alfombra para la salida de los jugadores del club y de la ‘Seleçao’ cuando juega en la cuna del fútbol luso.
El profesionalismo en el deporte estuvo a punto de acabar con la magia del equipo que terminó entrando en el juego del mercado e hizo desligar a la entidad de la vida de la facultad. La firma del acuerdo entre la Universidad y el club, junto a la llegada de la ‘Mancha Negra’, marcó un nuevo comienzo para la entidad en la década de los 80.
El 'segundo equipo' de Portugal
Toda esta filosofía ha hecho que la entidad nacida en las orillas del río Mondego ocupe el corazón de muchos portugueses que pasaron gran parte de su juventud por sus agitadas calles. La popularidad de la Académica camina por detrás de los ‘tres grandes’ del fútbol luso.
Los clubes más exitosos y con más seguidores en el país vecino están representados por tres animales (águilas, dragones y leones) y otros tantos colores: rojo para el Benfica, azul para el Porto y verde para el Sporting. Todos ellos cuentan con una mancha negra en Coimbra. Un club con un pequeño palmarés a su espalda, con sólo dos Copas, pero con una gran historia detrás que sirvió de escuela para jugar al fútbol en la península ibérica en un remoto noviembre de 1887.
martes, 22 de marzo de 2011
Eusebio, la 'perla negra' que brilló en el Benfica
Eusebio (Portugal). Mundial Inglaterra 1966
25 de enero de 19425 de enero de 2014
Eusebio es catalogado por muchos especialistas como la figura deportiva más famosa del fútbol portugués y uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, además de ser considerado el primer gran delantero que el continente africano dio al mundo. Nacido en Mozambique en 1942, su cénit a nivel internacional llegó con la Copa del Mundo de 1966 donde los 9 tantos anotados le valieron la Bota de Oro en dicho torneo.
La pelea entre Benfica y Sporting
Eusebio da Silva empezó a jugar a muy temprana edad con el club de su ciudad natal, el Sporting Club Lourenço Marques, entidad satélite del Sporting de Lisboa. Cuando cumplió 18 años, los rumores sobre su talento habían llegado a los grandes equipos de Portugal, provocando una batalla entre los dos clubes lisboetas más importantes -Sporting y Benfica-, quienes pugnaban por su fichaje.
La acritud de aquella puja y la formalización de sus papeles como ciudadano luso, obligaron a Eusebio a refugiarse, bajo nombre falso, durante seis meses en una pequeña aldea del Algarve, donde había llegado de forma clandestina en 1960. Cuando se disipó el polvo de aquella pelea; Eusebio se había convertido en jugador del Benfica.
El debut exitoso ante Pelé
Eusebio tenía como características una gran velocidad, explosividad, la potencia, un toque excepcional y habilidad en los regates. En su partido de debut con el Benfica marcó un 'hat-trick', en un célebre encuentro amistoso disputado en París, en junio de 1961, contra el Santos brasileño, en cuya alineación se encontraba Pelé, el cual anotó un doblete en el primer duelo Eusebio-Pelé. Una batalla que tendría bastantes combates por brindar, ya fuera en enfrentamientos entre Santos y Benfica o entre Brasil y Portugal.
En 1962, a la edad de 20 años, el jugador se convirtió en el principal artífice del segundo triunfo consecutivo del Benfica en la Copa de Europa, en esta ocasión frente al Real Madrid de Alfredo Di Stéfano, marcando un doblete en aquella histórica victoria por 5-3 que suponía el relevo entre ambos clubes en la hegemonía continental. El Sport Lisboa e Benfica (SLB) se coronaba como el nuevo rey de Europa.
Eusebio estaba en el punto más alto de su carrera profesional, poco después era elegido 'jugador Europeo del año 1965'. El Mundial de Inglaterra esperaba a la 'pantera negra', dispuesto a consagrarle como una leyenda, en el estreno de la 'Seleçao' en una Copa del Mundo.
El Mundial de Inglaterra: la consagración
Durante el campeonato de Inglaterra 1966 fue donde Eusebio se convirtió definitivamente en un fenómeno global, anotó dos tantos contra Brasil que sirvieron a Portugal para eliminar a los por aquel entonces campeones del mundo.
La siguiente ronda eran los cuartos de final contra la exótica y desconocida Corea del Norte. La selección portuguesa, que iba perdiendo sorprendentemente por 0-3 en los primeros 25 minutos de juego, protagonizó una remontada excepcional, gracias a los cuatro goles que anotó la 'perla negra' para rubricar el definitivo 5-3.
Eusebio llevaba el número 13 a la espalda y anduvo pensando si la derrota parcial por 0-3 tenía algo que ver con la mala suerte que daba el dorsal.
Los números de una leyenda del fútbol
Marcó 41 goles en 64 partidos internacionales. En total, consiguió 320 dianas en 313 partidos en el torneo doméstico. Eusebio jugó en el Benfica durante una década y media, en la que conquistó 11 títulos de Liga con el conjunto encarnado y 4 Copas de Portugal -además de la citada Copa de Europa-. Posteriormente, aceptó la oferta del continente americano jugando en equipos estadounidenses, mexicanos y canadienses.
Regresó a Portugal, con el Beira Mar, donde sufrió otra gravísima lesión de rodilla que no le impidió embarcarse otra vez en la aventura norteamericana: primero en Las Vegas, aunque entre medias disputó unos cuantos partidos con el conjunto de la ciudad lusa de Tomar, y una segunda escala en New Jersey. Es decir, un total de 9 equipos, y siempre perforando la portería contraria para cualquiera de los clubes en los que se participó.
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Estatua de Eusebio, foto tomada por P. Fernandes |
Nota: La precaria salud del astro había dado el primer susto severo en 2012 cuando un infarto noqueaba a Eusebio en Polonia, debilitando notablemente su estado físico. El pasado 5 de enero de 2014, una parada cardiorrespiratoria apagaba el brillo de la 'perla negra' con apenas 72 años, envolviendo a Portugal en un profundo luto.
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