Mostrando entradas con la etiqueta heavy-metal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta heavy-metal. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de julio de 2025

Iron Maiden celebra 50 años muy heavys en el Metropolitano

 Dicen que a los 50 años llega la madurez de una persona, su plenitud personal y profesional, la estabilidad que siempre se desea. También aparecen los primeros achaques de edad y, a veces, una crisis psicológica por no haber logrado ciertos objetivos.

El grupo británico Iron Maiden nació en 1975. Por lo tanto, cumple medio siglo desde su creación. Son referentes absolutos del heavy-metal y de numerosos grupos. Junto a Steve Harris, sempiterno bajista y fundador de la banda londinense, han desfilado multitud de músicos y hasta 17 discos de estudio.

 El público ha ido a la par que la 'Doncella', a excepción de un pequeño porcentaje de relevo generacional. Es una afición fiel que ha crecido y va envejeciendo con Iron Maiden, con sus achaques de identidad, con sus crisis de edad, pero siempre escuchando buena música.

Aprovechando la cifra redonda, con las 50 velas en la tarta, el grupo ha querido hacer una de esas giras en las que rememorar tiempos pasados, donde parece que el tiempo se detiene al son de la misma melodía. Desde 'Iron Maiden', primer álbum, al 'Fear Of The Dark'. Es decir, solo iban a sonar temas compuestos hasta 1992. Un baño de juventud en el Metropolitano ante una audiencia madura. 

Iron Maiden + Avatar en el Estadio Metropolitano de Madrid, 5 de julio de 2025

El Estadio Metropolitano de Madrid abría sus puertas para una nueva cita con la 'Doncella', tan habituado ya al feudo del Atlético de Madrid como el propio Conor Gallagher. Antes de que los ingleses realizaran su particular aquelarre musical, el escenario saludaba a los suecos Avatar.

Avatar parece vivir en una contante actuación circense, con maquillaje, mimos y un aire a alegre cabaret. Es un cruce visual entre el personaje de 'El Cuervo', popularizado por Brandon Lee, KISS, King Diamond, Ghost o Marilyn Manson. Agitado, no mezclado. Musicalmente también beben de Machine Head, Sepultura e incluso fogonazos de Gamma Ray. 

Unas veces con un tono melódico y otra más gutural. Heavy metal con ramalazos de death, procedentes de la inagotable cantera musical de Göteborg, desde Ace Of Base hasta los propios Avatar, pasando por At The Gates, Dark Tranquility, Evergrey, In Flames o Hammerfall, entre otros. La formación escandinava arrancó con un pepino como Dance Devil Dance, sorprendieron con The Dirt I'm Buried In, tan heredera del pop sueco como un Ikea, y Madrid danzó con ellos hasta el Apocalipsis, mientras atronaba el Hail The Apocalypse.

Avatar Madrid
 La fórmula de Iron Maiden volvía a ser sencilla, y efectiva, como si el mundo volviera a estar en 1992 debatiéndose si disfrutar del Tour del Fear Of The Dark o de los Juegos Olímpicos de Barcelona, algo parecido a lo que le pasó al bueno de Bruce Dickinson cuando pudo ser olímpico como esgrimista. Y es que este hombre del Renacimiento moderno acumula habilidades como maestro cervecero, piloto de avión, historiador, esgrimista y... ¡cantante!

Bruce Dickinson ha sido el segundo, cuarto y es el primer cantante de Iron Maiden. Un galimatías numérico que se explica por el hecho de que Bruce sucedió a Paul Di' Anno, fallecido en 2024, y después relevó a Blaze Bayley, quien había reemplazado previamente a Bruce, en una etapa incomprendida por muchos fans con más luces que sombras, y eso que fue una fase oscura a nivel musical. Después de esos vaivenes como la voz de la 'Doncella', Bruce siempre ha demostrado ser el mejor, el hombre idóneo para cantar para Iron Maiden. 

 Y con esa voz tan personal, los Maiden empezaban a desempolvar los primeros temas del concierto, rescatados del fondo del armario, porque tanto Murders In The Rue Morgue, Wrathchild, Killers, con la primera aparición de la mascota Eddie sobre el escenario, o Phamtom Of The Opera son tan antiguas como poco habituales en los últimos repertorios de la 'Doncella'. Vieja escuela. Un buen epílogo donde Simon Dawson, batería sustituto de Nicko McBrain, pudiera mostrar las habilidades y ser examinado.


The Number Of The Beast asomaba en quinto lugar, o sexto si incluimos los acordes de The Ides Of March como apertura. Un número diabólico, el seis, para exhibir la interminable lista de éxitos de los británicos. El público movía las manos al unísono, creando un mar de brazos, y otras acompasaba con palmas. Entrega total. Comunión absoluta entre grupo y seguidores.

La música, la puesta en escena, con tres pantallas gigantes, el carisma de sus integrantes, empezando por el bajista Steve Harris, cuya adoración por el West Ham siempre está presente, máxime habiendo tocado en su estadio unos días antes, hacen de este grupo uno de los más grandes de la historia. ¿O es el más grande realmente?

La terna formada por The Clairvoyant, Powerslave, con una proyección de pirámides que casi nos llevaban al Calderón en metro, 2 Minutes To Midnight daban paso a otra de las sorpresas de esta gira, porque Rime Of The Ancient Mariner es compleja. Compleja por su extensión, por su texto de corte clásico y por los cambios de ritmo marca de la casa y cortesía de las cuerdas de Gers, Smith y Murray. Trece minutos de épica y megalomanía. Trece minutos de grandiosidad.


Si los jugadores de cartas siempre tienen un jugada maestra esperando, las grandes bandas tienen sus ases, aunque el resto de cartas estén a la altura. Run To The Hills, que da nombre a esta gira, Seventh Son Of A Seventh Son, The Trooper, con Bruce ondeando una bandera de España tras haber paseado la Union Jack, Hallowed Be Thy Name e Iron Maiden eran el repóquer decisivo, que no definitivo, pese a ser una jugada redonda.


Iron Maiden Madrid
Fotos publicadas por Iron Maiden en su cuenta @ironmaiden

La voz de Winston Churchill en su célebre discurso de la II Guerra Mundial anticipaba el único bis y un final de altos vuelos con Aces High y la imagen de un Spitfire sobrevolando los cielos, que no los del Metropolitano. La teatralidad alcanzaba máximas cotas con Fear Of The Dark, donde la oscuridad -con Bruce iluminando el escenario con un farol como si fuera un solitario personaje surgido de la pluma de Charles Dickens-  y una sola voz ahuyentaban al silencio en Madrid.

Fotos publicadas por Iron Maiden en su cuenta @ironmaiden

Ya solo quedaba Wasted Years como colofón, evidenciando que Iron Maiden no ha malgastado ninguno de sus 50 años recién cumplidos y que el medio siglo le sienta realmente bien, más maduro y siempre en lo alto de la cima.


domingo, 25 de junio de 2023

Mötley Crüe y Def Leppard devuelven a Madrid a los 80

 La nostalgia vende. La música, el cine y la moda han descubierto que las generaciones que vivieron ciertas épocas, y las que no, ansían con disfrutar de detalles que evoquen aquellos momentos, muchas veces idealizados y otras veces justamente alabados. La década de los 80 está siendo una de las favoritas a nivel de marketing. 

Mötley Crüe y Def Leppard vivieron su mejor etapa musical en los 80 y 90. Unos eran los chicos malos del hard-rock californiano y los otros la sofisticación y el vanguardismo de la primera hornada de la denominada New Wave of British Heavy Metal, la nueva ola del 'heavy metal' británico, donde compartían espacio con Iron Maiden, Venom, Motorhead o Saxon, entre otros.

Cuando Mötley Crüe y Def Leppard anunciaron una gira juntos por el planeta, los aficionados fantasearon con la posibilidad de su llegada a España. Algo que finalmente se produjo. Una única visita a nuestro país. Una única y esperada visita.


Los Sex, Mötley Crüe y Def Leppard en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid, 24 de junio de 2023

La acústica que proporciona el Auditorio Miguel Ríos perdona su distancia a la capital. Por un lado ganas y por otro pierdes, como la vida misma. Los Sex fueron los primeros en salir al escenario. Un nombre premonitorio para lo que vendría después. La banda madrileña cumplió con su papel a la perfección. Bajo el incesante sol, practicaron un rock con toques clásicos para una formación moderna y joven.

La simpática película 'Jacuzzi al pasado' (2010) habla de varias personas cansadas de su día a día en pleno siglo XXI y que, tras meterse en un jacuzzi, aparecen en 1986, en un festival. La pasión por Crüe en la película está patente en uno de los protagonistas. Una pasión contagiosa.

Anoche fueron muchas más personas las que entraron a ese jacuzzi, incluyendo el grupo californiano: Vince Niel, desmejorado físicamente y fantástico a nivel de voz, Nikki Sixx, con su magnetismo intacto, y Tommy Lee, todo carisma y alegría desbordada. A ellos, ante la ausencia en el tour de Mick Mars por temas de salud, se ha juntado John 5. Como si a los más malos del colegio se les juntara el nuevo, el que fue expulsado de otra escuela. Una acertada decisión dado el poder visual que tiene el guitarrista ex Marilyn Manson y Rob Zombie, quien usó, como es habitual en él, guitarras inimaginables y recursos varios. El equilibrio perfecto entre una banda nostálgica de los 80 y un guitarrista contemporáneo.

Mötley Crüe fue Mötley Crüe. Su espectáculo fue crudo, directo y atronador, casi garajero. También incluyó dos atractivas y esculturales coristas con poca ropa y cuando los integrantes del grupo se dirigieron al público fue para pedir que las seguidoras mostraran sus pechos y hablar de alcohol. Durante dos horas el reloj retrocedió 40 años. Era un gusano temporal previsible y esperado. Hasta deseado. Un tigre siempre es un tigre.

Musicalmente los Crüe fueron directos y sin concesiones. Empezar con Wild Side es toda una declaración de intenciones y toda una metáfora de su manera de entender la vida y la música. Cualquier canción era celebrada y aclamada, cualquier miembro del grupo era vitoreado y aclamado.

Incluso se atrevieron con algún tema más 'moderno', como ese Saints Of Los Angeles o el propio The Dirt, extraído de una de las biografías más directas y sinceras hechas en el rock. Cero edulcorante. 

Tommy Lee dejó momentáneamente su papel secundario, que nunca ha sido así, para pasar de la batería al piano, previa conversación con el público. Es un niño encerrado en el cuerpo de un adulto y ahí reside su encanto. Home Sweet Home sonó deliciosa y dulce.

Kickstart My Heart fue la última elegida para sonar. El tema que explica la sobredosis de Sixx y que pasó de un suceso que pudo ser mortal a una canción exitosa e inmortal. Puro Crüe. Es su tema que explica lo que son y cómo son, porque pocas personas habrían compartido con tanto arte sus desgracias. Ahí reside su gracia.

Casi sin tiempo para renovar el escenario, apenas 20 minutos, sirvieron para que Def Leppard tomaran el relevo en el Miguel Ríos. Son de la misma quinta, pero mucho más maduros en todos los aspectos. Si Crüe es descarado, Def Leppard es sofisticado. Unos son muy estadounidenses y los otros muy británicos, británicos en su versión de té con pastas a las cinco de la tarde.

El show de los de Sheffield fue tremendamente profesional y serio, con Joe Elliot impecable. Supieron alternar grandes clásicos con temas menos conocidos para sus no incondicionales, que poblaban las dos pistas del recinto madrileño.

Let's Get Rocked, con ese sonido tan vanguardista y barroco propio de algunos grupos en los 90 que querían aparentar modernidad, asomó pronto, como un Gordo de Navidad madrugador. El disco 'Hysteria' fue el gran homenajeado de la noche, tanto como Rick Allen, quien mostró su gran habilidad en la batería pese a tener solo un brazo por un accidente automovilístico. 

La capacidad de Allen de manejar su kit de batería con los pies junto al set acústico en mitad del concierto, donde mostraron Savage, Collen y Campbell sus habilidades, fueron dos de los grandes aciertos de los británicos, quienes también tiraron de nostalgia para mostrar sus imágenes en los videomarcadores. Fotos de color sepia que han perdido el color, pelos rubios que ahora son canos. Tempus fugit.

Rocket, Hysteria y Pour Some Sugar On Me fueron las más aplaudidas. Rock Of Ages y Photograph las últimas en ser tocadas. Un show que se quedó algo corto y al que le faltó algún colofón extra.

Pasada la medianoche, las luces se apagaban en el escenario y el público miraba sus móviles para ver las fotografías sacadas. El viaje por la década de lo 80 había terminado y se iniciaba su vuelta a casa. A su dulce hogar tras más de 4 horas de buen rock.


sábado, 10 de junio de 2023

GN'R: los dinosaurios del rock llevan pistolas y lucen rosas

 Los dinosaurios llegaron a dominar el planeta para después desaparecer. Algo parecido está ocurriendo con la música, donde los clásicos del rock, casi dinosaurios de este estilo, que en su día conquistaron la audiencia del planeta, se resisten a ser extinguidos mientras dan sus penúltimos, últimos, y antepenúltimos coletazos.

En el ya lejano 1993 Guns N' Roses visitaron el Vicente Calderón de Madrid en medio de una gira mundial donde eran los dioses del Olimpo. Sus temas no solo eran cantados por metaleros, sino que sus baladas y medios tiempos eran parte de la banda sonora de una generación. 

 

 

Hasta la película más taquillera del momento, Terminator 2, contenía un tema y un guiño al grupo angelino, cuando Arnold Schwarzenegger iba armado y con unas rosas. Nada casual, porque el actor fue una de las piezas claves de la colaboración de GN'R en la película de James Cameron. 

El siglo XXI trajo la marcha de todos los pesos pesados de Guns N' Roses a excepción de Axl, quien siguió preparando material y realizando giras, ya no por estadios, sino por grandes pabellones, como el Palacio de Vistalegre, donde estuvo en 2010 acompañado de Sebastian Bach. Desde 2014 se empezó a vislumbrar el regreso de Duff McKagan y de Slash a la banda, tras limar sus respectivas diferencias, logrando de este modo la vuelta a los tours colosales.

En 2017 GN'R tocaban de nuevo en el Vicente Calderón. Indirectamente este idilio con la casa deportiva del Atlético de Madrid se ha replicado en su nuevo hogar, dado que la banda norteamericana ha elegido el Metropolitano como una de sus paradas en el tour mundial.

Guns N' Roses y The Pretenders en el estadio Metropolitano, 9 de junio de 2023

The Pretenders descargó su show mientras la luz todavía iluminaba el coliseo rojiblanco. No escondieron sus cartas ni sus temas más célebres, como Don’t Get Me Wrong y I'll Stand by You, los cuales sonaban mientras el público iba llenando sus asientos.

Con extrema puntualidad, Guns N' Roses hacía rugir los altavoces ante un Metropolitano que mostraba un casi lleno en pista, pero mostrando algunas zonas despobladas en el primer y segundo anillo. Algo sorprendente, pero no iba a ser la única sorpresa del día.

It's So Easy era la encargada de abrir una lista interminable de canciones que alternaba grandes clásicos con piezas del futuro nuevo álbum, Absurd o Hard Skool, con versiones conocidas con otras más desconocidas, caso de Wichita Lineman. Incluso hubo tiempo para estrenar algún corte en esta gira. Era una noche larga y extenuante con un menú extenso, como esos restaurantes de carretera que ofrecen todo tipo de cocina a buen precio.

El grupo estaba voluntarioso, especialmente Axl, quien correteaba con el mismo espíritu que en 1993, cuando Barcelona había sido capital olímpica, aunque se voz era la que sufría más altibajos, distorsionando el producto final. La acústica del estadio tampoco acompañaba ni a él ni a sus compañeros de reparto, no sincronizados en ocasiones, pero dando lo mejor de sí mismos.

Como si el público fuera un perro que recibe cada cierto tiempo su premio, Guns N' Roses iba sumando muescas en su repertorio y salpicándolo de grandes éxitos con el que engatusar a su audiencia. Welcome To The Jungle asomó entre los arbustos casi a hurtadillas, siendo una de las más valoradas de este sorprendente arranque.

Los homenajes en forma de versiones no paraban, algunos más habituales, Live And Let Die, y otros casi inéditos. You Could Be Mine sonó mejor instrumentalmente, con Slash prodigioso a las seis cuerdas, que vocalmente, donde seguía dibujando en el aire esa gráfica de dientes de sierra. Unas veces el timbre no llegaba y otras se pasaba.


Estranged, que en su momento hizo saltar la banca al costar su vidoeclip varios millones de dólares, se mostraba igual de grandiosa y megalómana, destacando en una sucesión de arriesgadas canciones poco o nada habituales. 

El tramo final de la noche devolvía a los Guns N' Roses a su versión más esperada, la de los 'greatest hits', como el que deja caer sus cartas al final con emoción y teatralidad para enseñar a todos que tiene la combinación mejor. 

Civil War, con guiño al pueblo ucraniano, abría el grupo de los elegidos, de los escapados del pelotón en esta maratoniana jornada de rock que alcanzaría las tres horas. Luego venía Sweet Child O'Mine y Novemeber Rain, con Axl como maestro de ceremonias al piano. Un trío de ases al que se le colaba el comodín de This I Love. Y es que había cabida tanto para las pistas del 'Chinese Democracy' como de las hechas por Slash o Duff en su etapa en Velvet Revolver.

Knockin' On Heaven's Door y Nightrain podrían haber sido un buen final, pero a este final le quedaban más finales. Yesterdays parecía hacernos ver que el concierto se había iniciado ayer y seguía hoy, pasada la medianoche y sin evidenciar nada cansancio sobre el escenario. 

 

Patience y Paradise City eran el perfecto colofón de una gira que devuelve al grupo a los grandes escenarios y lo hace con un repertorio enorme de 33 canciones durante 3 horas y media. Tan enorme como el legado que siguen dejando estos dinosaurios del rock. Más vivos que nunca y con ganas de seguir haciendo historia.


lunes, 3 de abril de 2023

W.A.S.P., cuatro décadas de reinado sobre los escenarios

El cantante Blackie Lawless suma más de cuatro décadas al frente de W.A.S.P., banda de 'heavy-metal' afincada en Los Angeles y que ha tenido la mala fortuna de vivir a la sombra de otros grandes nombres de la ciudad. O al menos no tener tantos focos sobre ellos como deberían.

Lawless lleva muchos años siendo pragmático. Sabe que al rock le han salido hace tiempo canas y no se complica la vida. Su producción musical parece estancada desde 2007, pero no su presencia incasable sobre los escenarios, donde suele tocar los temas más clásicos de su discografía, aquellos con los que crecieron su ya maduro público.

W.A.S.P. nunca llenó estadios como Guns N' Roses y tampoco ha tenido una impactante vuelta al ruedo como sí lo ha está haciendo Mötley Crüe. Dos bandas con las que compartieron cartel en su día, antes de que se separaran sus caminos desde la ciudad angelina.

Lawless ya no cuenta con sus escuderos del pasado, especialmente Chris Holmes, ni con un disco nuevo debajo del brazo, pese a la reedición de esa joya que es el 'Crimson Idol' de 1992, pero cualquier excusa o motivo, como son 40 años, han hecho que el gigantón neoyorquino, de casi dos metros, vuelva a pasar por España para hacer una gira a su estilo, con los temas que la gente quiere escuchar.


W.A.S.P. en la Sala la Riviera, 2 de abril de 2023

Sin teloneros y con unas mortecinas luces que iluminaban el escenario donde se recreaban carteles ficticios como si fuera una feria ambulante. Un circo carnavalesco donde destacaba el pie del micrófono que viene luciendo Blackie en las giras con huesos figurados y un cráneo. Un guiño a la época más canalla del grupo, aquella del sudor, la sangre y la provocación. Una etapa que ha quedado atrás.

El público llenaba La Riviera y se mostraba entregado desde que sonaron los primeros acordes de The Doors, anunciando el principio del concierto. Las vacaciones de Semana Santa y el hecho de caer en domingo ayudaron a la venta de entradas. Todo parecía indicar que iba a ser una noche para no olvidar, pero no iba a ser así.

El sonido y la voz fueron los peores aliados de Lawless durante la noche. El repertorio no varió un ápice a lo que vienen tocando en esta gira. Es decir, un popurrí de temas de sus cinco primeros discos. Algunos más extendidos y otros en versión reducida, solapando casi un corte con otro. 

L.O.V.E. Machine y Wild Child dieron paso a los tres temas del 'Crimson Idol', el álbum más idolatrado y promocionado por Lawless. En esos temas es cuando mejor funcionó el timbre de Lawless y cuando más se pudo lucir Doug Blair con su guitarra.

A esas alturas del concierto, tres monitores ya decoraban el atrezzo, donde se reproducían vídeos e imágenes, como el simpático videoclip de Blind In Texas, con cameo incluido de ZZ Top, y donde se mostraba el lado más amable de los angelinos dentro de aquellos años más descarados, más provocadores y que les hizo granjear mala fama.


 El bis se abría con Animal (Like A Beast), la canción cuya polémica letra y explícita portada supusieron la censura del grupo. Como explicaban por los monitores, Lawless y W.A.S.P. fueron una de las primeras bandas, de las 15 que ocupó la primera lista, señaladas por la mujer de Al Gore, Tipper Gore, y las mujeres de otros senadores en aquella campaña que significó, a mediados de los 80, el nacimiento de la etiqueta 'parental advisory', la pegatina que advertía a los padres del contenido de ese disco.

Curiosamente, otra de las barreras para tocar este tema era el propio Lawless quien desde que abrazó el cristianismo consideraba poca adecuada la canción, la cual había quedado apartada quince años del repertorio.

Para terminar el concierto, el grupo acababa con el ya célebre colofón del I Wanna Be Somebody, con los coros siendo repetidos por todo el público, a quienes se les hacía corto este repaso de más de cuatro décadas. 

Desgraciadamente es lo que hay. El genio que escribió y compuso una de las grandes obras del heavy metal se está haciendo mayor y su voz ya no es la misma. Su música fue la banda sonora personal de la infancia, adolescencia y juventud de lo que hoy es su madura audiencia, quienes también han crecido. El tiempo vuela y siempre en la misma dirección. Mirar atrás es un acto de nostalgia, como también lo es un concierto de W.A.S.P.


lunes, 28 de mayo de 2018

La juventud nunca dejará de ser salvaje con Skid Row

Skid Row fue uno de los últimos grupos en tomar la buena ola musical del rock duro en la década de los 80 y 90, cuando el rock movía a las masas y cada poco tiempo se fraguaba una estrella dispuesta a conquistar el planeta. El grupo nació en el momento y lugar adecuado, en la New Jersey que había vuelto internacional Bruce Springsteen, al abrigo de otro de los talentos musicales de la ciudad, Jon Bon Jovi.

Skid Row fue fundado en 1986 por Dave Sabo, quien incluso llegó a ser el primer guitarrista del grupo Bon Jovi antes de la llegada de Richie Sambora, y el bajista Rachel Bolan, para más tarde sumar al proyecto al batería Rob Affuso y al guitarrista Scotti Hill, el joven cantante Sebastian Bach completaba el póker de miembros reclutados.

La formación debutó en 1989 con un disco de título homónimo que resultó un abrumador éxito de ventas y su lanzamiento directo al Olimpo debido al éxito de sus singles y de sus poderosas baladas, que pasaban a convertirse en himnos del hard-rock y el heavy-metal de finales de los 80, con un sonido que podría ser un cruce entre Poison, Mötley Crüe y Guns N' Roses.

Skid Row, logo, band, logos, grupo, heavy, hard-rock, New Jersey,

La gira conjunta entre Bon Jovi y Skid Row en 1989 deterioró la amistad del grupo con Jon Bon Jovi y Richie Sambora, quienes recientemente también rompieron los lazos, y la relación profesional, donde incluso se reclamaba dinero por los derechos de autor en el álbum de debut de Skid Row. Todo ello precedió a la publicación de 'Slave To The Grind' (1991), que suponía la confirmación absoluta de este diamante, de este grupo de chicos de barrio capaces de componer grandiosos temas e interpretarlos con un cantante con sobresaliente magnetismo, tanto por su característico timbre de voz como por su angelical aspecto, convirtiéndose en un icono sexual que rivalizaba con el mismísimo Bon Jovi por conquistar al público femenino.

La apuesta de Skid Row de clásico hard-rock ochentero llegaba justo a tiempo del cambio que estaba por venir, de la influencia que el grunge iba a realizar sobre la música más dura, oscureciendo los sonidos y volviéndolos más crudos y directos. Incluso Skid Row se sumaba a esta revolución con el infravalorado 'Subhuman Race' (1995), capaz de mezclar el heavy, el metal alternativo y el grunge que practicaban Alice In Chains y Soundgarden con un producción que buscaba un sonido tosco, casi recién sacado del garaje.

Este tercer disco era el final discográfico de la formación clásica. El inicio del divorcio con Sebastian Bach, expulsado de la banda por disparidad creativa, y quien comenzaba una interesante carrera profesional, alternando la música con el teatro en Broadway, el cine o la TV.

La ausencia de Sebastian Bach no impedía que ni el cantante canadiense ni el resto de Skid Row, quienes han usado hasta el momento a tres sustitutos al micrófono y dos discos más de larga duración -2003 y 2006- además de varios E.P. , siguieran interpretando sus viejas canciones o realizaran giras, como este tour denominado 'United World Rebellion', con Sabo, Nolan, Hill todavía en la carretera, sin Affuso ni Bach, pero con el sudafricano ZP Theart como nuevo miembro y nueva voz.




Skid Row y Double Crush Syndrome en la Sala Mon de Madrid, 28 de mayo de 2018

Las puertas de la Sala Mon, antigua Penélope, se abrieron con exquisita puntualidad para degustar a uno de los principales exponentes del rock de los ochenta y noventa. Antes de que Skid Row resucitaran sus antiguos himnos sobre el escenario del local madrileño, los alemanes Double Crush Syndrome movilizaron al personal con notable éxito, a base de una buena dosis de rock impregnado de punk y de un saber hacer encima de las tablas, ejerciendo el papel de perfecto anfitrión. Uno de los tatuajes que lucía el cantante germano en su costado decía 'Youth Gone Wild', explicando la pasión compartida que tenía este trío alemán y el público español por el combo de New Jersey.

Double Crush Syndrome, 2018, Skid Row, Sala Mon, Madrid,

Skid Row arrancaba con algo de retraso y tras los acordes del Blitzkrieg Bop, obra de sus vecinos en la 'Gran Manzana' y grandes referentes musicales del quinteto. Y no sería el único guiño de los Skids a los Ramones en una noche donde los norteamericanos comenzaban con un ritmo endiablado, dejando caer un tema tras otro de su etapa más clásica, de los dos primeros álbumes, con la única excepción del We Are The Damned, la única obra dentro del muevo milenio que entraba en la lista de elegidas.



El sonido de la sala fue el gran contratiempo al que se tuvo que enfrentar la banda estadounidense en la primera media hora, dado que el repertorio funcionaba a las mil maravillas por interpretar los temas más famosos del grupo, casi a modo de grandes éxitos, a excepción de dos imperdonables olvidos con In A Darkened Room y Wasted Time. Pero la cita estaba más para agradecer que para exigir, y por ello todos mostraron sus mejores caras, especialmente Dave Sabo y el cantante Zp Theart, el cual tenía la difícil papeleta de luchar con la eterna sombra de Sebastian Bach, cuya voz siempre será el listón que se marque a cualquiera que pretenda llevar el micrófono de los 'Skids'.

Skid Row, Dave Sabo, ZP Theart, Madrid, 2018, Sala Mon,
Dave Sabo (izquierda) y Zp Theart al micrófono (derecha).

A medida que se fueron solucionando los problemas con el volumen de la voz de Zp Theart, y que las canciones más aclamadas iban asomando, como las brillantes 18 & Life y Quicksand Jesus, incluyendo ambas una introducción acústica por parte de Sabo, la temperatura del concierto iba también creciendo, provocando una unión más estrecha entre la audiencia y el grupo.

Como buenos conocedores del mundo del espectáculo, Skid Row fue dejando para el final lo más granado de su cosecha, precediendo a este momento con una versión más larga del Monkey Business, donde las guitarras de Sabo y Hill mantuvieron un improvisada dueto a través de las seis cuerdas.

Dave Sabo, Scotti Hill, Skid Row, Madrid, 2018,
Dave Sabo y Scotti Hill deleitando con sus guitarras.
La nota romántica de la noche la puso I Remember You, con esa crónica rosa de un amor pasado veraniego que todos hemos vivido, breve pero intenso, y con sabor a arena y agua salada, pero siempre dejando huella, como este tema.

Mientras que el lado emotivo fue la conversación que mantuvieron Sabo y Theart, principalmente, con una niña de 11 años, presente en el concierto junto a sus familiares, y a la cual invitaron a participar con el quinteto el célebre himno que, hoy más que nunca, tomaba sentido, porque el Youth Gone Wild representaba a un grupo de veinteañeros que ahora han dejando atrás su juventud y su lado más salvaje, al igual que mayoritariamente su público ha alcanzado la madurez dejando atrás una inocencia que quedaba perfectamente reflejada por esta chica, quien parece haber heredado la pasión por el rock y por unos viejos himnos de los noventa que se resisten a ser olvidados, si las nuevas generaciones los abrazan.

jueves, 9 de noviembre de 2017

1.755 motivos para que tiemble Madrid con Moonspell

La proximidad geográfica ha convertido a los portugueses Moonspell en uno de los grupos más habituales dentro de la agenda cultural de conciertos en las ciudades españolas. Pese a la frecuencia con la que vienen, fruto también de la prolífica producción musical de los lusos, el público siempre responde a la cita con fidelidad, agradeciendo la cercanía de Fernando Ribeiro y compañía en los escenarios, además de su buen hacer sobre las tablas.

Moonspell volvía a pisar la capital española casi unos meses después de la última vez y dos años desde su anterior visita a la Sala Caracol, evidenciando que el idilio de la banda lisboeta con sus vecinos es continuo y mutuo.

El motivo en esta ocasión era la presentación de un disco que llegaba recién sacado del horno, sin tiempo a ser degustado por la audiencia, pero con buenas sensaciones tanto por la temática como por la producción musical, mucho más orquestada que en anteriores trabajos y con un punto más de metal, menos gótico y más sinfónico, en otro enésimo giro de tuerca al estilo del grupo.

El nombre elegido para el disco no era otro que '1755', la fatídica fecha del terremoto que asoló a Portugal en otro mes de noviembre, y especialmente a Lisboa, por estar a poca distancia del epicentro, destruyendo edificios y dejando multitud de fallecidos tanto por acción directa del temblor como por las consecuencias posteriores de la tragedia. Y sobre este desastre versaba este disco de Moonspell, una obra conceptual dispuesta a ser mostrada a sus seguidores hispanos.

Moonspell, Bizarra Locomotiva, Norunda,

Moonspell en la Sala Caracol, Madrid a 8 de noviembre de 2017
A las 19:30 horas se abrían las puertas de la sala situada en las inmediaciones de Embajadores para dar comienzo al directo de Norunda, banda hispano-lusa novel pero con tablas en la música, donde demuestran que no son principiantes. Su heavy-metal con ramalazos a veces más pesados y otras más rockeros tuvieron buena respuesta.

Bizarra Locomotiva era la siguiente formación en desfilar. Si la misión de los teloneros es entretener y generar en el espectador un futuro interés, esta formación portuguesa lo consiguió con creces. Primero por la potencia de sus canciones, un metal industrial con voz gutural, y también por el magnetismo de su cantante, Rui Sidónio, con gran parecido físicamente a Till Lindemann de Rammstein, compartiendo también con él la fuerza e hiperactividad, incluso el histrionismo.



Rui Sidónio se implicó tanto en su actuación que pronto abandonó el micrófono para bajar a la pista y entremezclarse en la gente, invitando a formar parte del espectáculo, incitando a perder la vergüenza y dejarse llevar, atrapando las miradas y provocando en cada gesto. Todo ello ya lo había conseguido antes de que Fernando Ribeiro apareciera por sorpresa a cantar uno de los temas, O Anjo Exilado, junto con el resto de compañeros de Moonspell, anunciando el plato fuerte de la noche.

En una noche muy lusa, con Norunda a medio camino de Lisboa y Madrid, además de los portugueses Bizarra Locomotiva, quedaba el mayor orgullo metalero de Portugal: Moonspell, con un disco cantado entero en portugués y con el terremoto de 1755 como tema principal. Y así es como empezó el turno de los chicos de Fernando Ribeiro.

Fernando Ribeiro, Moonspell, 1755, 2017, Sala Caracol,

La estrechez de la Sala Caracol no permitió un atrezo demasiado grande para recrear los distintos capítulos del álbum. Si bien, Ribeiro a través de las letras, de su voz y de los distintos atuendos, en especial con la potente Todos Os Santos y la versión convertida en un tenebrosa nana de la Lanterna Dos Afogados iba poniendo la teatralidad que la obra se merecía, mientras su garganta trataba de agarrarse con fuerza al micrófono, visiblemente debilitada por la exigencia sonora que posee el disco, mucho más grave y desgarrador que en otros trabajos.

Moonspell, Sala Caracol, 1755, 2017, Fernando Ribeiro,

Después de tocar todos los temas del CD, apenas editado este mismo noviembre, Moonspell no se quiso olvidar del resto de su discografía y comenzó a desgranar poco a poco lo mejor de su material ante su legión de seguidores, en menor número que en otras ocasiones pero igualmente ruidosos y receptivos.


Vampiria, con la capa cubriendo al espigado cantante, iniciaba la segunda parte del show, mucho más celebrada por sonar algunos de los antiguos grandes éxitos y nuevos clásicos de la banda lisboeta. Desde Alma Mater a Opium, pasando por Awake o Breathe (Until We Are No More), todos ellos con el epílogo habitual del Full Moon Madness, tan embriagador como de costumbre, sensual y sombrío, seductor y potente. Una melodía para ser danzada en la oscuridad cuando el suelo haya dejado de temblar.

domingo, 15 de octubre de 2017

Blackie Lawless homenajea su obra maestra en Madrid

Todo melómano debería tener la oportunidad de escuchar su disco favorito en directo al menos una vez en la vida. Y con esa intención la sala La Riviera de Madrid se llenó de apasionados del heavy metal de la década de los 80 y 90, además de fanáticos del 'Crimson Idol', la obra culmen del grupo norteamericano W.A.S.P., que coincidiendo con el 25º aniversario de la publicación del disco iba a ser interpretado en su totalidad.

Blackie Lawless se ha sumado a la tendencia, tan propia de esta década en el cine, la música o la moda, de echar mano de la nostalgia para sacar rentabilidad económica. Es lo que reclama un público que también ha envejecido y no se ha regenerado, al menos en el caso de W.A.S.P., motivando que las giras de este grupo tengan más de una mirada al pasado, un guiño descarado a lo que funcionó. Y el 'Crimson Idol' bien que lo hizo, aunque la crítica no fuera unánime en esas alabanzas.

Proyecto 'hollywoodiense'
No hay duda de que este quinto disco es el 'hijo favorito' de toda la producción discográfica de Lawless. Donde más creatividad desarrolló. Se trataba de un proyecto megalómano de tres años de duración con unas elaboradas letras, para dar forma a un disco conceptual al que le acompañaban vídeo e imágenes. Un resultado final tan completo como cualquier producción 'hollywoodiense'.

El cine y W.A.S.P.
El grupo angelino, y en especial Blackie, han tenido a lo largo de su carrera coqueteos con el séptimo arte. No solo por ese interés de Lawless de hacer una película con su amado 'Crimson Idol', sino también por su colaboración musical en el film de terror Ghoulies II, unos extraños personajes que parecían un diabólico cruce entre los Critters y los Gremlins, donde el cantante empezaba a popularizar los característicos dientes de sierra en el antebrazo que aún luce y son ya parte del logotipo de la banda, y una posterior participación frustrada en Terminator 2, donde incluso optó al papel del T-1000 enemigo de Arnold Schwarzenegger y Edward Furlong, todo ello bañado con música de los también californianos Guns N' Roses.

Crimson Idol, W.A.S.P., 1992, Disco, Blackie Lawless,

W.A.S.P. en La Riviera de Madrid, 3 de noviembre de 2017
El cuarteto regresaba a Madrid con la gira denominada 'ReIdolized Tour', dejando claro que el 'Crimson Idol' sería el plato fuerte de un concierto que empezaba la interpretación completa del disco publicado en 1992. Tocando los diez temas en el mismo orden, para así no romper la línea argumental, el contexto y hasta el equilibrio musical, arrancando de forma brusca para manejar varios registros a lo largo de la hora de duración de la gran obra maestra del colosal Lawless, en todos los aspectos, y no solo por su imagen impactante de casi dos metros de altura.

Una hora con el 'Crimson Idol'

La Riviera se silenciaba con el atronador inicio del 'Crimson Idol', sumergiéndose en cada pasaje de la historia del personaje ficticio creado por Lawless y que toma por nombre Jonathan Steele. Una vida que comenzaba a ser desgranada canción tras canción, en esta obra de teatro transformada en disco de rock.

Sin tener una temática excesivamente original, la magia de este álbum siempre ha sido la cohesión de cada tema, tanto argumental como instrumentalmente, siendo muchos 'riffs', melodías o golpes de batería recuperados a lo largo del disco, elaborando pequeñas piezas que finalmente forman un gran bloque sonoro con un timbre inconfundible. 

Empezando con el tema instrumental de apertura (The Titanic Overture), con título premonitorio por el desenlace final, donde las afiladas guitarras y la contundente percusión, otro de los sellos de este disco, anuncian el viaje que va a realizar Jonathan Steele desde su casa, maltratado y castigado por su padre e incomprendido por su madre, en especial, tras perder a su hermano 'Little Red' en un trágico accidente, (The Invisible Boy) pasando por la huida del 'hogar' hacia un ficticio paraíso de luces de neón (Arena Of Pleasure), un lugar donde cae en las garras de un hambriento caza-talentos musical que intenta exprimir sus cualidades y destrozar sus sueños, (Chainsaw Charlie), que a veces parecen dictadas por el destino o por la suerte de las cartas, que le avisan de su trágico destino (The Gypsy Meets The Boy).

Crimson Idol, W.A.S.P., 1992, Disco, Blackie Lawless, Riviera, Reidolized Tour,

Jonathan entra en la dinámica de ver pasar los días sedado bajo cualquier tipo de fármaco o droga, (Doctor Rockter) que le permite seguir tocando y siendo, pese a todo, el mejor artista sobre el escenario, (I Am The One), hasta darse cuenta que se ha convertido en un ídolo de barro con un ego muy grande, por lo que recapacita y pide perdón a su madre, como un hijo pródigo (The Idol), y al público que tanto le ha idolatrado (Hold On To My Heart). A todos ellos escribe su última confesión antes de convertirse en otro mártir del rock, a modo de epitafio y despedida. (The Great Misconceptions Of Me).


Blackie Lawless y sus compañeros de fatiga, cuya formación se ha estabilizado en los últimos años merced a la dupla Blair y Duda al mando de las cuerdas, y quienes ahora cuentan con la calidad en las baquetas de Aquiles Priester, se llevaban en este punto una buena ración de aplausos con el que cerraban este homenaje al disco más emblemático de la banda, salpicado constantemente con imágenes de la película que pretendía haber acompañado siempre al disco y que se proyectaron en las tres gigantescas pantallas situadas en la parte trasera del escenario.



Aún había más, al 'Crimson Idol' le siguieron varios de los temas más representativos de la extensa carrera del grupo, como L.O.V.E. Machine, Wild Child y I Wanna Be Somebody, especialmente celebrados por el público y tocados con un punto de alegría y más dinamismo, todos ellos intercalados con Golgotha, perteneciente al último álbum, donde se evidencia el nuevo bautismo personal que ha sufrido Lawless, alejado ahora de las polémicas tras abrazar el cristianismo, exorcizando los antiguos demonios, viviendo una confesión pública muy similar a la escenificada en el personaje Jonathan Steele, el alter ego de Blackie Lawless que sigue más vivo que nunca 25 años después, aunque se nota que ha madurado. 

martes, 13 de noviembre de 2012

30 años de trueno; 30 años de sudor, sangre y cuero. Tres décadas de Blackie Lawless y los W.A.S.P.

El 21 de septiembre de 1982 una banda de heavy-metal llamada W.A.S.P., cuyo significado nunca ha sido desvelado, realizaba su primer concierto en el Troubadour de Los Angeles. El grupo llevaba formado desde 1978 bajo la figura principal de su cantante, el neoyorquino Steven Edward Duren, conocido artísticamente como Blackie Lawless.

California afila sus guitarras
La agresividad a la hora de ejecutar los temas, las escandalosas actuaciones y la teatralidad de su puesta en escena (heredada de Alice Cooper y de Kiss, donde mantenía una extraordinaria relación, casi fraternal, con Ace Frehley), fueron los reclamos de W.A.S.P. para conquistar al público y a la industria musical, unos contratos que se acumularon como metales ante la cercanía del imán, en especial en el 'estado dorado' de California. En 1984, un corto pero intenso trabajo discográfico iniciaba la carrera de uno de los nombres más representativos del heavy.

logo de W.A.S.P. 30 years, 1982-2012

California se convertía en la década de los 80' en una cantera extraordianria de históricas bandas del hard-rock: Mötley Crüe, Ratt, Guns N' Roses, Quiet Riot o L.A. Guns y servía de cuna, como ya lo había hecho con el punk melódico instaurado por los Bad Religion, para el estilo que había nacido con la misión de revolucionar y acelerar el metal, el thrash que comenzaban a practicar tres de los cuatro grandes: Slayer, Megadeth y Metallica.

30 años de W.A.S.P.
El año 2012 ha servido a Blackie Lawless para echar la vista atrás y hacer balance no a la carrera de la formación, que asciende a los 14 álbumes de estudio, sino a los años más exitosos del grupo, aquellos pertenecientes a la etapa donde el cuero, el sudor y la sangre se entremezclaban.

El repertorio utilizado durante esta gira también quería rendir homenaje a uno de los discos más redondos y trabajados en los que el perfeccionista Blackie Lawless pasó gran tiempo preparando la que quería que fuera su obra culmen, una ópera-rock denominada 'The Crimson Idol' que celebraba su vigésimo cumpleaños.

Crimson Idol

El concierto de la Riviera, Madrid (9 de noviembre de 2012)
El espectáculo prometido, de más de dos horas de música con fuegos de artificio, se quedó en un efectivo show de hora y tres cuartos con una gran elección de viejos clásicos que aparecían atropelladamente ante un escenario decorado con el logotipo de la gira que cubrían tres pantallas donde se mostraban los vídeo-clips.

escenario de W.A.S.P.
Primer tercio: los viejos himnos
Durante el primer tercio del concierto, el cuarteto utilizó principalmente temas del primer disco, de título homónimo y editado en 1984, un álbum con el que los angelinos sedujeron con su estilo directo, muy digerible y pensado para ser escuchado en vivo merced a sus melódicos y pegadizos estribillos.

Sonaron en esta primera parte:
  • On Your Knees, 1984
  • The Torture Never Stops, 1984
  • The Real Me (versionando a los The Who), 1989
  • L.O.V.E. Machine, 1984
  • Wild Child, 1985
El punto más sensible de la actuación llegaba con un medley de dos de sus temas más intimistas de la primera época de W.A.S.P., el delicado medio tiempo del Sleeping (In The Fire) que se fusionaba brillantemente con el final de la sentida Forever Free, escrita para una persona muy cercana a Blackie que falleció en la carretera.
  • Sleeping (In The Fire) / Forever Free 1984, 1989
  • The Headless Children 1987
  • I Wanna Be Somebody 1984
The Headless Children y I Wanna Be Somebody eran los temas encargados de cerrar el primer bloque del repertorio, pertenecientes a la etapa más sucia y gamberra de W.A.S.P., un descenso a los infiernos como consecuencia de todos los excesos cometidos por la dupla formada por Blackie Lawless y su antiguo guitarrista, Chris Holmes, quienes representaron una parte del lado demoníaco y pervertido del rock de los 80, tan temido por la gran América puritana como atractivo para una juventud ansiosa de degustar nuevas sensaciones prohibidas que los terminó adorando.

W.A.S.P., en Madrid, 2012, Riviera
Segunda parte: El ídolo carmesí
La llegada de los '90 supone la marcha de Holmes y la continuación del elaborado camino musical marcado en 'The Headless Children' (1989). Tras tres años de dura creación y composición, Lawless vuelve en 1992 con un nuevo disco, mucho más maduro que sus predecesores, en el que destacaban la labor compositiva, la riqueza instrumental y la grandiosidad argumental con una temática conceptual propia de las ópera-rock ideadas por los Who.

El set del 'Crimson Idol' arrancó con la orquestación del The Titanic Overture, un tema alegórico que presagia el dramático final de Jonathan, nombre del protagonista y piedra angular del disco. El grupo se esforzó por condensar los mejores temas mientras los vídeos en las pantallas poníán los rostros a la tragedia del personaje: su crecimiento e incomprensión en el hogar paterno hasta su caída en el mundo de la música como un ídolo de masas. Una fábula, con toques autobiográficos, que muestra los entresijos del rock y la vida de los artistas más allá de los escenarios.

Sonaron:
  • The Titanic Overture
  • The Crimson Idol Medley (The Invisible Boy / I Am One / The Gypsy Meets The Boy)
  • The Idol
  • The Great Misconceptions Of Me 
Crimson Idol tour 2012
Tercer acto: sorpresa y punto final
Tras un parón ofrecido por un solo de batería, Blackie volvió a la carga con otro tema del 'Crimson Idol', un regalo inesperado dentro del guión preestablecido, el aplaudido Chainsaw Charlie (Murders in the New Morgue) que cerraba definitivamente el homenaje al Crimson Idol, una pieza de orfebrería y una muestra del mejor heavy-metal que presentó al mundo a un Blackie intimista y profundamente poético con frases tan magistrales como las siguientes.

The Gypsy Meets The Boy
She said, do you see what I see?, be careful to choose
Be careful what you wish for, cause it may come true
When I lay the card down will it turn up the fool?
Will it turn up sorrow? If it does then you lose

The Idol
If I could only stand and stare in the mirror could I see
One fallen hero with a face like me?
And if I scream, could anybody hear me?
If I smash the silence, you'll see what fame has done to me
Kiss away the pain and leave me lonely
I'll never know if love's a lie
Ooh - being crazy in paradise is easy
Do you see the prisoners in my eyes?

The Great Misconceptions Of Me
Welcome to the show the great finale's finally here
I thank you for coming into my theatre of fear
Welcome to the show, you're all witnesses you see
A privileged invitation to the last rights of me

El antepenúltimo tema de la noche suponía una breve concesión dentro de un repertorio en el que sólo se habían asomado cortes de sus cinco primeros proyectos. Heaven's Hung In Black, perteneciente al 'Dominator' de 2007, aparecía como otro de los ejemplos de un Lawless que con los años se ha sensibilizado (también se ha cristianizado) y que en este caso mostraba los horrores de la guerra, parafraseando a Lincoln en su discurso tras la violenta y feroz batalla de Gettysburg (1863).

W.A.S.P. con el mítico micrófono Elvis, valorado en 10.000 $ y fabricado por Disney.
Y es que la discografía de W.A.S.P. ha sido tan variada como los cambios de miembros en su formación: del tono oscuro del 'Still Not Black Enough' al acertado, e infravalorado, acercamiento a la música industrial con el crudo 'K.F.D.', pasando por discos más convencionales que siempre dejaban extraordinarias joyas como: Into The Fire o Hallowed Ground, un precioso y sincero homenaje a las víctimas del 11-S escrito por un reconocido patriota como Lawless.

Como viene siendo habitual, la divertida y participativa Blind In Texas cerraba el setlist y devolvía al público a la magia de los orígenes de la formación, a la etapa más desenfadada y alegre para un público que había disfrutado aunque no hubiera ni los fuegos de artificio previstos, ni las dos horas y media prometidas, ni las escenas turbadoras del pasado. Pero es que Blackie ha cambiado, ya no es un niño con un gran ego que pretendía ser la estrella más grande del rock, ahora es un ídolo carmesí que está a punto de llegar a los 60 años, algunos de los cuales los ha hecho cubierto de cuero, sudor y sangre, sirviendo a su gran creación, unos W.A.S.P. que han cumplido 3 décadas. Felicidades sr. Lawless.

"I don't wanna be, I don't wanna be the Crimson Idol of a million eyes. Long Live The King Of Mercy".

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...