sábado, 27 de septiembre de 2025

Tardes de diversión con Simple Plan; noches de punk con Offspring

 La vida ya es suficientemente complicada como para complicarla más, por eso hay que buscar válvulas de escape donde dar rienda suelta al entretenimiento. Un concierto es un plan muy entretenido. Un concierto de música punk es un plan muy entretenido.

Simple Plan y The Offspring no son música punk al uso. Rabia, crítica social y rebeldía en las letras; cadenas al cuello, crestas y chupas de cuero: definiciones que encajan en los grupos punk ingleses, y no tanto en las formaciones estadounidenses herederas del hardcore californiano.

El sol, la playa, el buen tiempo, el surf y los monopatines iluminaron a estas formaciones surgidas bajo el paraguas, sombrilla en este caso, de los Black Flag y Bad Religion, cuyo sello discográfico Epitaph apadrinó a muchos de ellos, incluyendo a The Offspring, quienes lograron vender hasta 11 millones de copias de su álbum 'Smash', lo que le convierte en el disco más vendido de la historia por un sello discográfico independiente.

Offspring y Simple Plan son etiquetados como punk, aunque se diferencian en varios matices. Los norteamericanos de Offspring llevan mezclando desde la década de los 90 algo de pop, y mucho más de rock y punk para crear melodías pegadizas, mientras que los canadienses Simple Plan partieron a principio del milenio de un pop con guiños punk para crear la misma fórmula musical. Música enérgica, con mucha vitalidad; sencilla, pero atractiva.


Simple Plan y The Offspring en el Palacio de Vistalegre de Madrid, 26 de septiembre de 2025

El Palacio Vistalegre está en el corazón de Carabanchel, un distrito que siempre ha sonado a rock, metal y ahora a punk en este primera tarde de viernes otoñal del año. El ambiente era festivo y juvenil, como si fuera una final de Copa del Rey en una cancha neutral, con público tanto de Simple Plan como The Offspring, y también de ambos, así lo atestiguaban las camisetas.

Dicen que la ropa negra adelgaza, que quitarse la barba rejuvenece. También habría que incluir a Simple Plan y The Offspring como método 'antiaging', mucho más natural y barato, con recuerdos incluidos en una cinta TDK o VHS que van quitando años y añadiendo alegrías. Son dos de los referentes musicales de la ola de punk popular norteamericana de finales y principios de siglo. De ahí que el interés fuera notable. Sobresaliente, incluso.

Los canadienses de Simple Plan hicieron un show digno de cabeza de cartel. Bien estructurado, directo, con grandes temas, además de un abrumador juego de luces y pirotecnia. Como si fuera un entrenador que usa su once de gala y tres cambios: 14 temas a los que solo faltó su maravillosa balada Untitled.

I'do Anything, Shut Up!, haciendo gritar a todos, Jump, provocando que el suelo de la Plaza de Toros fuera improvisada colchoneta gigantesca para saltar. La pena es que la pista y la grada todavía no mostraban su poderío. Es una lástima que la puntualidad, las obligaciones y las últimas cañas hagan estos feos a los artistas que ejercen de teloneros.

Las letras de las canciones de Simple Plan hacen honor a su nombre. Más que simples, son sencillas pero tratando temas complejos. No se complican la vida con temas existenciales o profundos, pero sí mundanos y no por ello no dejan de tener mensaje o un propósito, porque la vida es compleja, y más desde una perspectiva juvenil. De hecho, con su videoclip Untitled trataron de concienciar de las consecuencias del alcohol al volante, con unas imágenes muy cinematográficas, dramáticas y directas.

Lo nuevo no tiene por qué ser malo, y lo antiguo no tiene por qué ser bueno. Nothing Changes es la demostración. Es el tema más reciente y es tan fiel a lo que han hecho hasta ahora, que sirve como repaso a su carrera no solo en imágenes, sino también en melodía,

Welcome To My Life se convertía en una solo voz y Thank You disparaba las pulsaciones. No podía faltar el guiño a Scooby Doo, algo habitual en la trayectoria del grupo, quienes han aparecido en la BSO y son vinculados desde hace mucho con la serie animada.

 Where I Belong. I'm Just A Kid, solo que ahora son adultos que 23 años después se resisten a envejecer, aliándose con Peter Pan en la cruzada contra el paso del tiempo, y Perfect, coronaban un concierto casi perfecto, porque la perfección es complicada de lograr, especialmente si no tocan Untitled.

The Offspring ha preparado el mejor entretiempo, o intermedio, que uno recuerda para una gira. Muy americano, sí; y muy entretenido también. La Kiss Cam, y todas las versiones de cámara que se puede imaginar: otra para insultar, otra para mover el culo... El tiempo pasaba volando y casi se olvidaba de la espera.

Y, como si tuvieran prisa, el grupo estadounidense salió con lo mejor al ruedo: Come Out And Play, All I Want y Want You Bad. El reloj regresaba a finales de los 90. Y Carabanchel era California, con un público venido de varias hermandades a su baile de fin de curso.

 

La influencia del productor Bob Rock en el último trabajo de Offspring se aprecia en el sonido, al igual que lo fue para Mötley Crüe, Bon Jovi, o para Metallica en su célebre álbum negro. Aunque la verdad que no es el mejor disco de los californianos. Looking Out For #1 era la que sacaba la cabeza entre tanto clásico, demasiado popera y confusa por momentos. Buen continente para un peor contenido, aunque en directo mejora el resultado.

Staring At The Sun es velocidad y coros que se meten en el cerebro como un tren dentro de una montaña rusa, donde las sensaciones son rápidas y fugaces. 

Dexter Holland tiene una voz muy personal, singular, también su CV es extraordinariamente inusual, ya que es virólogo, concretamente Doctor en Biología Molecular, al igual que Greg Graffin, cantante de Bad Religion y también Doctor, en zoología en su caso. Dos rara avis en el universo musical que han extendido el punk californiano como un virus por el mundo.

La vena artística en la familia Holland viene también por su tío, Tom Holland, director y guionista de películas de terror, algunas tan icónicas como 'Noche de Miedo' -con uno de los carteles más terroríficos de la época-, el 'Muñeco Diabólico', con un villano muy original, 'Psicosis II', todo un reto al hacer una secuela de una obra maestra, o como 'Class Of 84', donde la estética punk inunda el metraje de un colegio ingobernable dentro de una sociedad distópica

Make It All Right es de esos temas que suenan mejor en vivo, acompañados por un agradecido público que replicaba las voces dando un juego especial a los coros. Era el segundo corte elegido del último trabajo, porque Bad Habit no necesita presentación. Es sonar los acordes y ya se enciende la mecha. Fuegos artificiales sonoros y pogos en la parte baja del coso taurino, que en esos instantes parecía una pista de coches de choque. 

El grupo no quiso olvidarse del reciente fallecimiento de Ozzy Osbourne, cantante de Black Sabbath, también solista, y eterno referente del 'heavy metal'. En su nombre sonaron himnos como Paranoid o Crazy Train. Y también I Wanna Be Sedated de los Ramones, un homenaje más habitual. Era la parte de las presentaciones, las largas conversaciones y, con ello, la pérdida algo de ritmo. Aunque el solo de batería quisiera decir todo lo contrario.

Los conciertos son como los juegos de cartas: tienes que mostrar los ases al principio y guardar algunos para el final. Gone Away sonaba casi a capela y a ritmo de piano. Algo extraño el resultado final, pese a que se intercalaban las guitarras para recuperar la forma original.

Lo que no era extraño es que Why Don't Get A Job, Pretty Fly y The Kids Aren't Alright cerraran esta primera parte antes del obligado bis. Ya no había medias tintas, ni comodines esperando, era la última mano y la gente lo disfrutaba a lo grande de los premios.

Cualquiera podría ser la penúltima. Muchas candidatas, pero el premio recayó sobre la siempre movida You’re Gonna Go Far, Kid, otro producto del genio Bob Rock, y de genios, rock y punk se daba la puntilla con Self Esteem, aumentando la autoestima y la juventud de todo aquel que haya pasado hoy cerca de Vistalegre, donde se ha vivido una gran tarde-noche de diversión y de punk, que van siempre unidas.


domingo, 13 de julio de 2025

De Madrid al cielo; de AC/DC al infierno, con cuernos

 La vida es corta y hay que ver y hacer muchas cosas. Hay que ir una vez al menos a Nueva York, a Roma, París o a Londres, y no te olvides de Florencia. Hay que ver la Mona Lisa, también la de El Prado, y hay que ver a AC/DC en directo, aunque no te emocione. Es uno de esos grupo de obligado visionado, de esos dinosaurios del rock que lo mismo un día se extinguen y no habrá un Steven Speilberg para mostrarlos en pantalla.

AC/DC tienen muchas particularidades. Una de ellas es tener una tipografía propia que hace que su logo sea una marca propia reconocible universalmente y que se vende sola. Otro detalle importante es que su música ha traspasado generaciones y gusta aunque no guste. Una música muy identificable y que suena a ellos mismos, denominación de origen propia con sello de calidad.

Otro punto interesante es que generalmente se considera una banda australiana, por su nacimiento en Sidney, aunque la procedencia de algunos miembros de Glasgow, especialmente los hermanos Young -Malcolm y Angus-, y ahora el propio Stevie Young, sobrino de Malcolm, fallecido en 2017, hacen que también se considere como escocesa. Una reivindicación que incluso saltó al Parlamento en Edimburgo.


AC/DC y The Pretty Reckless en el Estadio Metropolitano de Madrid, 12 de julio de 2025

Iron Maiden, Metallica, Rolling Stones, Kiss y Guns N' Roses son algunos de los grandes nombres del rock. AC/DC es parte de esta alineación de mitos, sin duda, con el aliciente extra de llevar una década sin tocar por Madrid, demasiado tiempo para una sociedad tan esclava del reloj y tan necesitada de entretenimiento.

Uno no está para perder oportunidades, y menos para perderse una gira de AC/DC, por eso la expectación era máxima y el Metropolitano iba a acogerlos por dos noches, tras el éxito de ventas de la primera parada.  

AC/DC tiene alma de blues pero espíritu de rock: empezando por sus leyendas, acerca del origen del nombre, polémicas, principalmente religiosas por sus coqueteos con el diablo, y hasta historias repletas de exceso, como el trágico final del primer cantante, Bon Scott. Una biografía de puro rock.

The Pretty Reckless ejercieron de perfectos teloneros. Hard-rock y una líder al frente, la estadounidense Taylor Momsen, que llama la atención solo con su presencia: larga melena rubia, herencia de su pasado ruso, carácter, actitud y potente voz. Encandiló al público que iba llenando las pistas y asientos del Metropolitano.  

Empezaron con Death By Rock And Roll, y cantaron nueve temas, entre ellos Going To Hell, supongo que por la autopista que tenía preparada después AC/DC, y terminaron con el medio tiempo Take Me Down, muy blues y ochentero, y que bien podrían haber firmado Guns N' Roses o Bon Jovi.


La noche parecía querer apuntarse también al concierto de AC/DC. El estadio del Atlético iba oscureciéndose para ser bañado de nuevo por las luces del escenario y salpicado en el graderío y pistas por los cuernos luminosos de color rojo que llevaba la gente en sus cabezas, como si fuera un aquelarre colectivo. Silencio, nervios y primeros acordes de If You Want Blood (You've Got It). Con el calor que hacía, cualquier líquido es válido, aunque la sangre no hidrate como debe.

AC/DC acumula décadas de experiencia y cientos de éxitos. Decir cuál es su mayor aportación es entrar en una discusión, pero decir que Back In Black es un ejercicio de superación y de crecimiento personal es indudable. Un tema, una portada y un álbum en color negro para superar la muerte de Bon Scott. 

Los hits iban cayendo intercalados. Los más famosos se colaban entre los más habituales y alguno menos popular. Café para cafeteros en algunos momentos. Porque Thuderstruck se la sabe todo el mundo: es patrimonio sonoro de la humanidad.

Hells Bells obligaba a bajar la campana que estaba suspendida. Los tañidos transforman momentáneamente el Metropolitano en el Millerntor de Hamburgo, donde juega el St. Pauli y donde suena esta melodía cada vez que saltan los jugadores al césped. Bonita liturgia para un club de culto.

 

Angus Young se mostraba en plena forma, haciendo honor al apellido pese a su pelo cano. Carreras alocadas, esos pasos y ese caminar que todos hemos imitado en alguna ocasión. Como un niño revoltoso en el pasillo de casa de sus abuelos. Y esa maestría con la guitarra. Incluso tocándola con una corbata, después de haberse desprendido de su eterna indumentaria de colegial.

El calor era tan intenso que Angus se había despojado de la corbata y se había quitado varios botones de la camisa, como si fuera tu tío cuando pierde los papeles en la boda de tu prima. Brian Johnson tampoco estaba mejor, y su boina se había transformado en un momentáneo gorro de baño ante tanto sudor.


Y más calor emanaba la caldera del Metropolitano cuando se interpretó el Highway To Hell. Esta canción es parte de la cultura pop, aunque ellos ejerzan de maestros del rock. Referentes absoluto en el género, ha aparecido en multitud de películas de distintos géneros, incluyendo los Simpsons. Es un grupo que le encaja a Bart, no hay duda. 

Dirty Deeds Done Dirt Cheap, High Voltage, Riff Raff precedían a You Shook Me All Night Long. Whole Lotta Rosie acompañaba a una versión extendida del Let There Be Rock, con Angus Young como maestro de ceremonias junto a su inseparable guitarra. Riffs imposibles, plataformas que se elevaban o lluvia de confetis. El stage era una constante caja de sorpresas. Un espectáculo de magia con varias chisteras.

El bis final llegaba con otro par de clásicos. ¿Y a estas alturas, cuáles ya no son clásicos? T.N.T. es otro tema con pasado y futuro hollywoodiense, de las que asoman y saldrán en multitud de películas. El último tema de la noche era el For Those About to Rock (We Salute You), con salvas de cañones incluidas para recordar que el rock sigue muy vivo y que con AC/DC seguirán presentando batalla.


sábado, 12 de julio de 2025

Mad Cool, un parque de atracciones musical con noria incluida

 El Mad Cool es un parque de atracciones musical para adultos. Con su noria, sus puestos de comida, sus carpas con promociones y varios escenarios, tres principales, en los que disfrutar de los distintos artistas con muchos decibelios. El Festival nació en 2016, en Madrid, y arrancó en la Caja Mágica, como primera sede, para después vivir tres ediciones en Valdebebas, al norte de la capital. Desde 2023 se realiza en Villaverde Alto, casi en el límite de Madrid con Getafe, de hecho hasta se pueden ver las torres de iluminación del Estadio Coliseum.

El Mad Cool es en cierto modo heredero del Festimad, en el sentido de ser un festival musical para grandes masas en Madrid dedicado al pop, rock y metal. Aunque en esencia fueran distintos, dado que el Festimad, nacido en 1994, buscaba por un lado la promoción de nuevos artistas, además de la difusión de otros más consagrados.


Nine Inch Nails, Alanis Morissette, Kaiser Chiefs, Benson Boone y Hermanos Rodríguez en el Festival Mad Cool de Madrid, 11 de julio de 2025

"Y el mundo me parece más amable, más humano, menos raro", cantaba La Cabra Mecánica y María Jiménez. Esa es la sensación que tiene uno cuando está en el Mad Cool. Público internacional con ganas de divertirse y de mantener una conversación. Porque es un festival musical, pero también da tiempo a perderse por el resto de actividades, o perderse porque sí, mientras se va de un escenario a otro. O perderse con la gente, que cada vez viene de más distintos puntos del mundo: Reino Unido, Italia, Estados Unidos o Francia, principalmente.

El viernes destacaba la actuación de dos artistas muy distintos pero con lazos en común: Trent Reznor y Alanis Morissette. Ambos son norteamericanos, el primero de Estados Unidos y ella de Canadá, los dos vivieron sus mejores momentos en la década de los 90 y el cine es una parte importante de sus biografías. Para Trent, por sus BSO junto a Atticus Ross, y para ella por sus apariciones, como su divino papel en Dogma, de Kevin Smith.


Pero antes de ellos, como si fuera una comida de picoteo, se podía probar de otros platos. Hermanos Gutierrez hicieron lo más complicado, que es abrir a las 18:00h con poca audiencia y el sol de cara. Muy acorde con el sonido que generan con sus guitarras y que teletransporta al desierto o a un película de Quentin Tarantino.

Benson Boone tiene aparentemente todo en la vida. Es un chico con suerte: tiene una familia que le adora, dedicó a sus padres uno de los temas, tiene una extraordinaria voz, juventud, vitalidad -ojo con sus acrobacias, saltos y volteretas-, simpatía, belleza, es el Paul Mescal de la música. Y tiene también un ramillete de buenas canciones, con mucha sensibilidad, como In The Stars o potentes como Sorry I'm Here for Someone Else. Terminó el show mezclándose con el público. Más de uno o una se lo hubiera llevado a casa.

Alanis Morissette empezó pronto a recibir la atención del público, para poco después perder ese gran interés. Su tercer trabajo, 'Jagged Little Pill' (1995), es reivindicativo, es un grito de rabia ante la sociedad, por parte de una mujer joven, contaba con 21 años en aquel entonces, que reclama igualdad, su papel, su rol y su espacio en la vida. El álbum cumple 30 años y su mensaje sigue intacto y su importancia musical, también.

Aquel disco contó con el apoyo de Flea, de Red Hot Chili Peppers, y de Madonna, quienes vieron potencial en este trabajo que caminaba con mucho estilo entre el pop y rock, en su variante más 'grunge'. Y quienes somos el resto de humanos para llevar la contraria a Madonna. Si ella vio algo, nosotros también. Y, además, no se equivocó.

Tiró de clásicos y otros menos clásicos. Son temas que tienen algo especial. Se lanzó con Hands In My Pocket para tener al público en los bolsillos y ya de ahí no se movieron, menos para contornearse al ritmo de sus melodías. Head Over Feet, You Learn e Ironic, con todo el mundo cantando, sonaron deliciosas.

Acabó con You Oughta Know, Uninvited, tan potente y maravillosa como siempre, y ese alegato de gratitud que desprende Thank U.

Kaiser Chiefs tiene ese alma de grupo musical de estadio, de Elland Road concretamente. El grupo de Leeds juega con los estribillos y los coros de sus seguidores. En su setlist no podía faltar Ruby o I Predict A Riot. Todo ello intercalado con un homenaje a The Ramones en forma de Blitzkrieg Bop.

 La vida te lleva por muchos caminos y los escenarios del Mad Cool te transportan a distintos viajes. El nuestro era ver a NIN. Nunca se sabe cuándo es la última vez que uno va a ver a Trent Reznor cantando como líder de Nine Inch Nails. El artista estadounidense es posiblemente uno de los grandes genios de la música contemporánea. Multiinstrumentalista, compositor, productor musical, bajo cuyo paraguas Marilyn Manson cosechó su mayor éxito. En los últimos años compone bandas sonoras para películas junto a Atticus Ross, siendo galardonados con los mayores premios existentes: Grammy, Globos de Oro y Oscars de Hollywood.

El estilo de NIN, acrónimo de la formación, es difícil y a la vez fácil de definir. Es metal fusionado con electrónica, música industrial que incita a moverse, a bailar, a vibrar mientras el ritmo corre por tus venas a través de distintos elementos: guitarras, samplers, teclados, saxofones, pianos, mesas de mezclas, baterías convencionales y/o electrónicas. 

Reznor no es el más simpático del panorama musical, tampoco el más dicharachero, él se aferra al micrófono, como si fuera un salvavidas en mitad de la inmensidad, para contornearse y desnudarse con palabras. 

Empezó con un repertorio y potente, conocidos para todos. ¡Brutal! The Beginning Of The End, Wish, March Of The Pigs o Piggy. Todo ello con un escenario minimalista, en lo estético que no en lo luminoso, para ofrecer dosis de música compleja. Gastar las balas al principio es arriesgado y ese, puede, el punto negativo a la actuación.

Bajo esa atmósfera maravillosa, oscura, asfixiante que genera Atticus Ross, la actuación seguía su trazada. Closer te conecta con otra dimensión a base de pulsos mientras todos los instrumentos se recrean entre sí. Copy A provoca electricidad. Mientas que Every Day Is Exactly the Same es una mentira, porque desgraciadamente ningún día es igual si hoy tenemos a Nine Inch Nails y mañana no. 

El desenlace era épico, como una subida al Mont Ventoux en el Tour de Francia. Escarpado, sin vegetación, exhausto y mágico. Donde el cielo y la tierra se juntan. Burn, The Perfect Drug y The Hand That Feeds. El preludio del final lo formaban la siempre vibrante Head Like A Hole, es como una descarga de energía, y esa maravilla de confesión personal llamada Hurt, la cual es desgarradoramente bella, duele y sana al escucharla, es un marchitar y una primavera a la vez, y que susurrada por Reznor te abre las puertas del paraíso. No hay mejor forma de terminar un concierto ni una jornada de festival. Ni la habrá.


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