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sábado, 5 de septiembre de 2015

Dinamarca heredó el papel de Yugoslavia en 1992

Dinamarca protagonizó en la Eurocopa celebrada en 1992 la mayor sorpresa que se ha producido nunca en la historia de un campeonato de selecciones de fútbol, junto a la posterior victoria de Grecia en 2004. Un torneo donde, a diferencia de la epopeya del cuadro heleno en Portugal, los daneses ni siquiera estaban clasificados.

Dinamarca, Danmark, Denmark, 1992, EURO,

La nueva Europa entra en escena
Los cambios políticos a los que estaba viéndose sometido el viejo continente tuvieron su lógico reflejo en el deporte.

El desmembramiento de la U.R.S.S. hizo florecer en la última década del siglo XX a las repúblicas en las que estaba formado el gigante soviético. Una transformación que se trasladó al fútbol, donde la Unión Soviética se había clasificado como primera de grupo en una ronda preliminar que había dado comienzo en 1990.

La decisión tomada fue la de ser representados para esta ocasión con una bandera distinta, un himno universal –como es la 9ª Sinfonía de Beethoven- y una denominación diferente. Así es como la Confederación de Estados Independientes saltaba a escena y cobijaba a 9 de sus repúblicas (Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Kazajistán, Kyrgyzstán, Moldavia, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán), quedando fuera las tres naciones bálticas (Estonia, Lituania y Letonia).

CEI, Comunidad Estados Independientes,
Escudo de la Comunidad de Estados Independientes (C.E.I.)

La otra gran modificación que estaba sufriendo Europa se estaba produciendo en los Balcanes, donde los ropajes que habían cubierto a Yugoslavia se estaban descosiendo para dejar desnudo a un país cubierto de cicatrices y heridas.

La sobresaliente camada formada por jugadores como Pancev, Prosinecki, Jarni, Boban, Stanic, Jugovic, Stosic, Spasic, Katanec, Hadžibegić, Suker, Ladic, Stojanovic, Bogdanović, Savićević, Jokanović, Mijatovic y Mihajlović –muchos de ellos campeones de Europa de clubes con el Estrella Roja en 1991 y campeones del mundo de selecciones juveniles en 1987, en Chile- estaba llamada a alcanzar grandes cotas, empezando por una Eurocopa cuyo billete se esfumó por la sanción impuesta por el Consejo General de las Naciones Unidas en mayo de 1992.

Estrella Roja Belgrado, Red Star, Crvena Zvezda, 1991,

Se rompía de este brusco modo el sueño de una selección que apuntaba a ser uno de los candidatos al título. Su plaza recayó sobre Dinamarca, quien había quedado en segunda posición en la fase de clasificación que habían encabezado precisamente los yugoslavos. Una invitación tan inesperada que sorprendió al propio cuadro danés.

Explota la ‘dinamita roja’
En la década de los 80 se produjeron las chispas que encendieron la mecha del fútbol en Dinamarca. Los buenos resultados sumados en la fase de clasificación para España’82, como el triunfo ante Italia –posteriormente campeona del mundo-, daban cuenta del potencial que estaba manando. Sensaciones refrendadas en la ronda preliminar de la EURO de Francia'84 donde además de conseguir el billete se tomó el fortín inexpugnable de Wembley, con un solitario gol de Allan Simonsen.

Todas estas victorias necesitaban un espaldarazo, el cual llegó por partida doble: alcanzando las semifinales de la Eurocopa de 1984 y posteriormente clasificándose por primera vez para un campeonato de mundo, el que se celebró en México, en 1986.

El grupo formado por Morten Olsen, Søren Lerby, Ivan Nielsen, Preben Elkjær, -protagonista del éxito del Hellas Verona-, John Lauridsen y Allan Simonsen, junto a los más jóvenes, como Jan Mølby, Jesper Olsen y Michael Laudrup firmaron las semifinales en Francia 1984 y un brillante estreno en la Copa del Mundo de 1986, cayendo en octavos de final. El responsable de apagar la dinamita de los escandinavos en ambos casos fue España: primero, con la emocionante tanda de penaltis en Lyon (1984) y, después, en México (1986), con una inspiradora tarde de Emilio Butragueño en Querétaro, autor de cuatro goles.

Butragueño, México, 1996, Dinamarca, España, Querétaro,

La eliminación en primera ronda de la Euro 1988, en un grupo donde España fue de nuevo el responsable de truncar las aspiraciones nórdicas con un 3-2 en el partido inaugural- se compensaba con la llegada al combinado nacional de nueva savia como Flemming Povlsen, Lars Elstrup, Peter Nielsen, Peter Schmeichel o Brian Laudrup.

Dinamarca se adentraba en la década los 90 sin billete para el Mundial de Italia y sin pasaporte para la Euro 1992. Aunque el destino tenía reservada una plaza especial para ellos.

Tres países con circunstancias complicadas
Ocho equipos estaban clasificados para la fase final de la Eurocopa que se iba a celebrar en Suecia desde el 10 de junio de 1992: Italia, Francia, Escocia, Inglaterra, Suecia, Países Bajos, C.E.I, Yugoslavia y Alemania.

Tres eran las federaciones que reflejaban los cambios políticos producidos en el viejo continente:
  • La Comunidad de Estados Independientes asumía la herencia deportiva de la U.R.S.S., aunque no todas las repúblicas estuvieran adheridas.
  • Alemania disputaba su primer torneo internacional con una selección que representara a toda la nación. La RDA cerraba en Bélgica, el 12 de septiembre de 1990, 38 años de aventura en solitario. Mientras que la RFA lo haría poco después, el 31 de octubre de 1990, en Luxemburgo.
  • El conflicto bélico de Yugoslavia seguía su escalada de odio y destrucción.
La expulsión de Yugoslavia del torneo
El Consejo General de las Naciones Unidas y la Comunidad Europea decidieron sancionar, a finales de mayo de 1992, a Yugoslavia, víctima del interminable conflicto. Este bloqueo incluyó la imposibilidad de que cualquier combinado nacional participara en cualquier evento deportivo.

Yugoslavia, Jugoslavija,
Escudo usado por la federación yugoslava de fútbol.

La prometedora Yugoslavia, que había liderado su grupo en la fase de clasificación con 7 victorias y una sola derrota –ante Dinamarca, en Belgrado- era obligada a otorgar su plaza, precisamente, al conjunto nórdico, los cuales habían quedado en segunda posición y se encontraban planificando su tiempo libre para aquel verano.

Los aliados de Dinamarca para no hacer el ridículo
Dinamarca se vio participando como invitada en un torneo donde a pesar de tener en contra ciertos elementos como la nula preparación física o la ausencia de mentalidad competitiva, tenía otros puntos a favor:
  • Carecía de toda presión deportiva
  • Uno de los grandes favoritos había sido eliminado, Yugoslavia.
  • Su bestia negra no había entrado entre los 8 mejores, caso de España
  • Podía actuar casi como local dada la cercanía con Suecia, aunque todavía no estaba construido el puente de Oresund que ha acercado en los últimos años, todavía más, sendas naciones. 

El reto de Richard Möller Nielsen
A falta de solo 10 días para que empezara la Eurocopa, el seleccionador nacional Richard Möller Nielsen fue diseñando una convocatoria a la que no aceptó uno de los líderes, Michael Laudup, al que se le juntaba el hecho de no tener una buena relación con el míster y la de arrastrar el cansancio tras una extenuante temporada con el Barcelona que había concluido con la consecución de la Copa de Europa de clubes en Wembley.

En cambio, su hermano, Brian, sí aceptó la llamada para la Euro de una selección que en su gran mayoría estaba cambiando sus vacaciones de playa y montaña por el césped sueco.

Dinamarca, Danmark, Denmark,
    El coraje de Kim Vilfort
    No todos los internacionales daneses estaban en destinos paradisíacos o disfrutando del tiempo libre, Kim Vilfort se encontraba en aquellos días en un hospital velando por su hija de 7 años, enferma de leucemia. La mujer de Vilfort fue clave para que el mediapunta del Brøndby accediera a enrolarse en esta sorprendente e histórica aventura del plantel vikingo en la cual puso la rúbrica definitiva.

    La Eurocopa de Suecia, 1992
    Los convocados para la Eurocopa acudieron al campo de entrenamiento de la federación danesa de fútbol que hay a las afueras de Copenhague. La idea que sobrevolaba la mente de la mayoría de ellos era tratar de no hacer el ridículo en los tres partidos de la primera ronda donde estaban encuadrados con Suecia, anfitriones del torneo, Francia e Inglaterra. Pero el mensaje del entrenador era otro y más sorprendente: “Vamos a Suecia a ganar”.

    Elstrup da la primera alegría
    UEFA 1992, EURO 1992,El torneo europeo, cuya gran novedad es ser el primero a nivel internacional donde aparecían los nombres de los futbolistas en la espalda, arrancó con un empate sin goles ante Inglaterra, reforzando la confianza de un equipo que había concluido la edición anterior, la de 1988, con cero puntos en su casillero.

    El gol de Tomas Brolin en la segunda cita con Suecia, en esta clásica amistosa rivalidad entre vecinos, fue una bofetada de realidad y obligaba a vencer a Francia para seguir vivos en el torneo. La postrimera diana de Elstrup ante los galos en el minuto 93 colocaba el 2-1 que prolongaba este cuento de hadas nórdico hasta las semifinales, donde esperaba la temida Holanda.

    Peter Schmeichel exprime a la 'oranje'
    Gullit, Van Basten, Rikjaard, Koeman, van Breukelen, van Aerle, Blind, Bergkamp, Winter, de Boer eran la base de la ‘oranje’, por aquel entonces vigente campeón continental. Los Países Bajos acudían favoritos a un encuentro que resultó mucho más parejo de lo esperado y que Rikjaard niveló en el último suspiro, llevando la semifinal a la tanda de penaltis.

    En la tanda desde los once metros, el guardameta holandés Van Breukelen trató de desestabilizar a los daneses en cada lanzamiento, al final fue un de los mejores jugadores de la historia de Holanda, Marco Van Basten, el único que falló en la tanda, al acertar Peter Schmeichel el lado que eligió el delantero natural de Utrecht.

    Peter Schmeichel, Danmark, Denmark,

    El sueño de verano danés se prolongó hasta su máxima expresión. Alemania, tras vencer a Suecia por 3-2, esperaba pacientemente en una inesperada final con un invitado con el que nadie contaba.

    La Alemania unificada ante la unida Dinamarca
    El modo como afrontaron los dos equipos este choque fue la clave del éxito y del fracaso. Mientras los germanos habían transformado su sede en un búnker hermético, los nórdicos vivían bajo la más absoluta relajación, bajo ese espíritu vacacional del que todavía no se habían desprendido.

    La ‘Mannschaft’ de 1992 era un equipo potente formado por referentes como: Illgner, Kohler, Brehme, Hässler, Effenberg, Riedle, Klinsmann y Sammer, primer representante de la Alemania Oriental en este reestreno de la Alemania unificada. Un equipo campeón que puso en aprietos la meta nórdica, siempre bien cubierta por un inspirado Schmeichel.

    El derechazo de Jensen a los 18 minutos rompió el lento ritmo que llevaba el encuentro y encendió los ánimos de Dinamarca y su bulliciosa hinchada, conocida como ‘roligans’, que teñían de rojo las gradas del Ullevi de Goteborg, ciudad situada justo enfrente de la costa danesa.

    El apoyo también de los aficionados suecos a sus vecinos se notó en las gradas, haciendo que Dinamarca jugara de local en un estadio que definitivamente explotó cuando Vilfort finiquitó el partido a los 78’, justamente el jugador que más estaba sufriendo a nivel personal lograba sellar la tranquilidad al nuevo y casual campeón de Europa, el que heredó el testigo de Yugoslavia, la selección que muchos apostaban como ganadora en 1992.

    domingo, 25 de enero de 2015

    La Copa Báltica: Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia se disputan el torneo más antiguo de la vieja Europa

    La pasión en Europa por el fútbol está más arraigada en el sur del continente que en el norte. Los tradicionales deportes de invierno y los desarrollados en un pabellón ocupan un hueco más relevante que el fútbol en las naciones más septentrionales. A pesar de ello, cuatro países del Báltico pueden presumir de tener uno de los campeonatos más antiguos del planeta, y también uno de los más desconocidos.

    Copa Báltica

    La Copa Báltica, pionera como torneo entre selecciones
    La primera edición de la Copa Báltica, disputada inicialmente entre Estonia, Letonia y Lituania, se adelantó por dos años al estreno del Mundial, celebrado en Uruguay en 1930, y en varios lustros al debut de la Eurocopa, que se produjo en 1960.

    Un campeonato pionero en el viejo continente que sólo era superado en precocidad por la Copa América, de 1916 y el desparecido British Home Championship, que enfrentó durante un siglo -1883 a 1984- a Irlanda del Norte, República de Irlanda, Escocia, Gales e Inglaterra.

    El mérito de estos países nórdicos también radicaba, además de la novedosa fórmula de un título a disputar entre naciones vecinas, en el hecho de que ninguno de ellos tiene al fútbol como referente, siendo el baloncesto el deporte nacional en Lituania y Estonia, rivalizando también con el esquí, mientras que en Letonia o Finlandia son más partidarios del hockey hielo.

    La Copa Báltica nació en 1928 en Tallinn como torneo de naciones anual, contando en cada edición con un anfitrión distinto que respetaba este orden: primero hacía de sede Estonia, luego Letonia y cerraba el círculo Lituania, para volver a repetir con los estonios en otro nuevo ciclo. Un campeonato interrumpido en 1934 y 1939, a causa de una enemistad surgida del baloncesto, y que posteriormente tuvo un estatus distinto con la absorción de las tres repúblicas bálticas a la U.R.S.S., desde 1940. 

    Mapa países bálticos

    La 'guerra del baloncesto' suspendió la edición de la Copa Báltica de 1939
    Un partido de baloncesto entre Lituania y Letonia correspondiente a la 3ª edición del Eurobasket, que se celebró en 1939 en Kaunas (Lituania), enturbió tanto las relaciones entre ambos durante un tiempo que obligó a la suspensión de la Copa Báltica de fútbol de esa temporada.


    El Eurobasket de 1939 concluyó con el oro de Lituania y la plata de Letonia. Además, contó con un polémico duelo entre ambos que se decidió por un punto de diferencia y una polémica canasta sobre el silbato final que detonó la queja de la expedición letona. Una protesta que salpicó la buena sintonía que se vivía en el resto de deportes.

    La Copa Báltica en la etapa soviética  
    Aunque a efectos estadísticos no se contabilicen, el triangular se celebró de una manera irregular dentro de la era soviética,  -durante 20 ediciones- entre 1940 y 1976.

    Desde 1950 sólo se dejó al segundo combinado de cada país, selección B, representar a su república, restando categoría al evento, sólo Estonia pudo disponer de su equipo absoluto.

    Como novedad de este periodo, Bielorrusia se incorporó en la década de los 70, justo antes de que se abriera un paréntesis al cuadrangular a partir de 1976. Un paréntesis que no cerraría hasta 1991, con la independencia de las tres naciones bálticas.

    Los acontecimientos políticos surgidos a finales de los 80 y principios de los 90, coronados con la simbólica caída del Muro de Berlín, anunciaban los procesos de autodeterminación de las antiguas repúblicas soviéticas.

    La independencia recuperó la Copa
    Las tres naciones bálticas emprendieron en 1990 tres caminos diplomáticos distintos en busca de un mismo destino: la separación de Moscú. Con la autonomía bajo el brazo el campeonato, y la afiliación a la FIFA recuperada, se retomó la marcha en 1991, sufriendo distintas cancelaciones en 2000, 2002, 2006, 2007 y 2009.

    Palmarés de la Copa Báltica


    Letonia encabeza la tabla con dos victorias sobre Lituania en el palmarés de esta vieja Copa que está alzando el vuelo tras la independencia de las tres repúblicas bañadas por el Báltico.

    En la actualidad se trata de un cuadrangular, al entrar Finlandia en 2012 como cuarto integrante, siendo su celebración, desde 2010, cada dos años. Un título singular por su antigüedad que se vive con pasión y sana rivalidad, que supone un incentivo para cuatro países que destacan en otros deportes pero que nunca han brillado en el deporte rey del continente.

    miércoles, 19 de marzo de 2014

    Eduard Streltsov, el Pelé ruso torpedeado por el Soviet

    Grandes talentos del deporte destinados a brillar han terminado, en muchas ocasiones, olvidados en el cajón de estrellas que pudieron ser y que nunca fueron. El caso de Eduard Strelstov (Стрельцову, en alfabeto cirílico) cumple en parte con esta máxima. Un jugador con clase suficiente para asombrar en la Unión Soviética y prometer capítulos legendarios en las Copas del Mundo, capítulos que nunca se llegaron a escribir.

    Eduard Strelstov, child, niño

    La gris juventud de Streltsov
    Eduard Streltsov nació en los suburbios de Moscú, en 1937, en el seno de una familia rota por la Segunda Guerra Mundial. Su padre, militar, había preferido rehacer su vida en Ucrania tras el conflicto bélico dejando a su madre, trabajadora de la metalurgia, el doble papel de progenitora.

    Streltsov mostró enseguida detalles de su calidad futbolística dentro del equipo de la fábrica de su madre. Una clase que no pasó desapercibida para los ojeadores del Torpedo, quienes quedaron prendados de su juego tras enfrentarse los juveniles de la entidad blanquinegra.

    A pesar de que son muchas las personas que afirman la pasión de aquel joven por el Spartak, Streltsov no desperdiciaba la oportunidad de ganar unos cuantos rublos a costa de otro de las grandes instituciones de la capital. El Torpedo abría las escotillas en 1954 para recibir a uno de sus representantes más legendarios.

    rublos soviéticos

    La URSS, dominadora de los Juegos Olímpicos
    El deporte fue siempre uno de los vehículos preferidos de propaganda del régimen comunista. Una manera de mostrar su superioridad frente a los países occidentales. La creación, en 1951, del Comité Olímpico de la URSS daba el pistoletazo a los atletas para luchar por el medallero en los JJ.OO.

    El segundo puesto obtenido por los soviéticos en Helsinki 1952 era el precedente para arrebatar el cajón más alto a los propios estadounidenses, durante la cita siguiente, la de Melbourne 1956, una edición donde el fútbol contribuía al éxito del 'ejército rojo'.

    La edad de oro de la selección soviética
    El combinado de fútbol afrontaba con sigilo la edición olímpica australiana, dado que cuatro años antes había caído en los octavos de final ante Yugoslavia, demostrando que para colgarse el oro había que ser muy constante en todo el torneo.

    URSS en los JJOO

    La convocatoria olímpica de fútbol de la URSS, en 1956, se compuso exclusivamente de futbolistas de escuadras moscovitas, con representantes de los cuatro clubes más importantes de la capital: Spartak, Dynamo, CSKA y Torpedo.

    En aquella lista destacaban Lev Yashin (portero, Dynamo), -la llamada 'araña negra', balón de oro en 1963-, Igor Netto (capitán y 'todocampista', Spartak), Anatoli Ilyin (delantero, Spartak) -autor del primer gol de la historia de la Eurocopa, en 1960-, Valentín Ivanov (delantero, Torpedo) -máximo goleador en el Mundial de 1962-, Nikita Simonyan (delantero, Spartak) o el jovencísimo Streltsov, 19 años, una de las figuras del Torpedo y pichichi del campeonato soviético el año anterior, en 1955.

    Los soviéticos disfrutaron en estos años de su mejor etapa como selección nacional -antes de su último partido oficial, disputado en 1991-, una edad dorada que se confirmaba al ocupar el pódium en los JJ.OO de Melbourne., tras vencer a Yugoslavia en la final por 1-0, y al coronarse como campeones de Europa en 1960. Un triunfo que no fue disfrutado por Streltsov, dado que su vida iba a sufrir un drástico cambio que le iba impedir acudir tanto a esa cita como a la Copa del Mundo de 1958, donde hubiera destacado como una prometedora estrella.

    Eduard Streltsov, el genio enjaulado
    Streltsov se había convertido en una de las referencias del Torpedo y apuntaba a llevar la misma responsabilidad en la cita mundialista de Suecia (1958), donde se encontraría con Pelé, el espejo con el que muchos reflejaban a Streltsov.


    Dos semanas antes de que la URSS hiciera las maletas, Streltsov fue inculpado de abusar sexualmente de una chica de 20 años de edad. A pesar de que no existían pruebas concluyentes ni la acusación contaba con una base firme, el proceso siguió adelante. Incluso recibió la promesa de un trato de favor y permitirle acudir a la Copa del Mundo si se autoinculpaba. Streltsov aceptó su condena esperando el gesto de las autoridades, el cual nunca se produjo.

    Los doce años en Siberia claudicaban el meteórico ascenso deportivo de la nueva joya del fútbol ruso, un diamante sin pulir que se quedaba encerrado en una caja. Los rumores de conspiración contra él surgieron desde el primer momento. Un comentario ofensivo hacia una de las amigas personales de Nikita Krushev -Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética- pudo ser el detonante, como también la imagen 'moderna' y los aires de libertad del propio Streltsov. Una amenaza rebelde vestida de futbolista.


    Regresa con la fuerza de un 'torpedo'
    En 1963, el Secretario General del Comité Central, Leonid Brezhnev, levantaba la sanción que quedaba finalmente en cinco años de servicio en un campo de trabajo. Tiempo suficiente para perder algo de agilidad e insuficiente para desprenderse de su magia y olfato goleador, cualidades innatas en él.

    El regreso de Streltsov en 1965 no pudo coincidir en mejor momento para la institución. Los blanquinegros del Torpedo sumaban el segundo entorchado de su historia y, tres años después, en 1968, una Copa de la Unión Soviética. Además, era honrado con el título de mejor jugador del país en dos ocasiones -1967 y 1968-.

    El legado de un mito soviético
    La figura de Streltsov en occidente es bastante desconocida. La imposibilidad de disputar un Mundial, escaparate por aquel entonces del fútbol internacional, impidió a todo el planeta degustar del arte de un icono cuya imagen sigue intacta en Rusia. No en vano, los taconazos son llamados como el 'pase Streltsov' y el estadio del Torpedo lleva su nombre.

    campo de Torpedo de Moscú, Eduard Streltsov

    A pesar de no disfrutar de una carrera continuada, y haber sufrido un cautiverio, los números de Streltsov corresponden al de una leyenda: 100 dianas para el Torpedo -segundo máximo artillero de la historia del club- y 25 tantos con el combinado nacional, de 38 partidos jugados -cuarto mejor goleador de la URSS y primero en promedio-.

    La búsqueda del reconocimiento
    Streltsov fallecía a causa de un cáncer, en 1990, con apenas 53 años de edad. Siempre defendió su inocencia, mantenida hasta el final de los días por sí mismo y su familia. Una lucha secundada por el maestro ajedrecista Anatoli Karpov, quien lidera desde 2001 el 'Comité Streltsov', encargado de esclarecer el caso, aunque sea a título póstumo.


    El reconocimiento a su persona siempre estará presente también con los premios que se otorgan en su nombre, los Strelyets, a los mejores futbolistas y entrenadores de Rusia. Otro de los logros conseguidos en estos últimos años ha sido reclamar la medalla de oro para la familia, metal que no pudo lucir Streltsov por no participar en el once titular de la final de Melbourne.

    estatua de Streltsov

    Varias estatuas recuerdan por Moscú al llamado 'Pelé ruso'. Una de ellas cerca del Olímpico Luzhnikí y otra adorna los alrededores del feudo del Torpedo, el estadio que lleva su nombre. Es raro el día que su tumba no amanece adornada con flores y, según argumenta The Guardian, incluso Marina Lebedeva, la mujer supuestamente violada por Streltsov, apareció por el cementerio en alguna ocasión.

    Suspicacias aparte, lo único que hasta ahora que es real, es que aquel turbio episodio frenó una de las más prometedoras trayectorias individuales del balompié soviético. Un moscovita bohemio con alma de '9' y la elegancia de un '10': un 'Pelé ruso'.

    jueves, 2 de mayo de 2013

    Evasión o Victoria: El 'partido de la muerte' del Dynamo

    Los escasos intentos de aprovechar el tirón popular del fútbol para plasmarlo en a la gran pantalla han terminado siendo, en la mayoría de los casos, un fracaso comercial o películas de baja calidad que pasaban inadvertidas por la cartelera. Cuando en 1981 apareció 'Evasión o Victoria' todo parecía indicar que seguiría el mismo camino, a pesar de contar con una leyenda como John Huston en la dirección y un elenco de extraordinarios actores junto a jugadores de renombre. Con el paso del tiempo, la película se ha convertido en una obra de culto.

    Para entender mejor la magia de la cinta, el trasfondo histórico del guión y las anécdotas que rodearon al rodaje, conviene echar un vistazo al libro 'un partido de leyenda', escrito por Carlos Marañón -director de Cinemanía e hijo de un mito del RCD Espanyol, Rafael Marañón-

    Un partido de leyenda, Carlos Marañón

    Evasión o Victoria (1981)
    Sinopsis:
    Rodada por John Huston en 1981 sitúa la acción dentro de un campo de concentración en plena II Guerra Mundial (1943) donde el Mayor Karl von Steiner -papel interpretado por Max von Sydow-, antiguo jugador de la selección nacional germana, logra arrastrar con su romanticismo por el fútbol al Capitán británico John Coltby (Michael Caine), también internacional por su país y ex futbolista del West Ham, con el propósito de disputar un encuentro entre un combinado del III Reich contra un grupo de prisioneros procedentes de diferentes nacionalidades.

    El espíritu del guión queda definido con la sentencia que Max von Sydow pronuncia: "Las naciones deberían resolver sus discrepancias en un campo de fútbol".
    Max von Sydow junto a Michael Caine en una escena del film.
    Análisis:
    Es una cinta que mezcla los tópicos de dos géneros: por un lado el bélico y por otro el de los deportes. El trasfondo de la guerra ofrece situaciones utilizadas en otras películas de guerra como los planes de fugas dentro de un típico escenario compuesto por soldados, barracones o las temidas alambradas. Mientras que el fútbol, eje principal, arroja también sus clásicas aportaciones con los entrenamientos, la convivencia de los deportistas y el crecimiento del grupo.

    Visto así, parece que el resultado es el de una película convencional que no debería haber pasado a la memoria colectiva dado el escaso éxito recaudado en la cartelera, a excepción de la U.R.S.S., España y Gran Bretaña. Pero la conjunción de ciertos factores como juntar estrellas de Hollywood con mitos del balompié para rescatar un episodio de la guerra, desconocido en occidente, en un proyecto que terminó implicando a muchos profesionales del fútbol, y todo ello orquestado por uno de los mejores directores del momento. Un cóctel así, estaba llamado a ser recordado con el tiempo como una obra de culto.

    El nacimiento del fútbol soviético
    La revolución bolchevique de 1917  hacía nacer la Unión Soviética bajo un paraguas de múltiples nacionalidades -15 países- y etnias. Gran parte de los primeros clubes deportivos de la U.R.S.S. tomaron el nombre de los colectivos a los que pertenecieran, como asociaciones sindicales de trabajadores. De ahí que tengamos por ejemplo al:
    • CSKA: Centro de deportes del ejército.
    • Dynamo o Dinamo: Ministerio del Interior.
    • Lokomotiv: perteneciente al gremio ferroviario.
    • Torpedo: relativo al sector del automóvil.
    • El Spartak era conocido como el "equipo del pueblo", debe su origen al esclavo Espartaco que se rebeló contra Roma.

    Apodos que se extendieron a todas las repúblicas soviéticas y países pertenecientes al eje comunista, desde Rusia a Bulgaria, desde Moscú a Kiev.

    El Dynamo de Kiev
    El campeonato soviético se disputó desde 1936 hasta 1991. El torneo fue dominado principalmente por cuatro clubes, tres moscovitas -CSKA, Dynamo y Spartak- y otro de Kiev, el Dynamo (Динамо). Los 13 títulos ligueros y los 9 de Copa cosechados por los ucranianos y el hecho de nunca haber descendido de categoría les convirtió en el equipo más relevante de la Unión Soviética.



    El club fue fundado en 1927 como parte del cuerpo de la policía, una situación que su fue relajando con la entrada del profesionalismo. Por sus filas han pasado grandes jugadores como: Oleg Blokhin, Igor Belanov, Andriy Shevchenko, Oleg Protassov, Aleksandr Zavarov, Serhiy Rebrov o Valeri Lobanovsky, el cual da nombre al estadio de la entidad blanquiazul.

    El inicio del FC Start
    En 1941 Kiev estaba sometido a dos poderes totalitarios, de un lado Stalin -quien en la década anterior había orquestado una hambruna sobre Ucrania- y por otro la reciente invasión de los nazis a la Unión Soviética. Ambas fuerzas se midieron en la capital ucraniana en un cruel combate que devastó la ciudad y destrozó al Ejército Rojo.
    La victoria de los nazis supuso otro nuevo giro en el control del país. Un cambio visto con buenos ojos por algunos de los ciudadanos kievitas. Mientras, Kiev iba recuperando parte de su ritmo: el trabajo, el ocio y el bullicio volvían.

    En una de las panificadoras de la ciudad un patrón enamorado por el fútbol fue reclutando como empleados, para jugar después del trabajo, a varios antiguos integrantes tanto del Dynamo como del Lokomotiv. El resultado no tardó en salir del horno en forma de F.C. Start -que significa inicio-. Un nuevo comienzo bajo el color rojo de las camisetas que encontraron abandonadas en un negocio cercano.

    La fama del FC Start
    El fútbol servía para ahogar la penuria de la guerra, el equipo del FC Start (CTAPT, en ciríclico) encontró rivales con los que foguearse, resolviendo con soltura sus primeros enfrentamientos disputados en 1942: 7-2 ante el Rukh -jugadores locales afines al nuevo régimen nazi-, 6-2 frente a un combinado de soldados húngaros -aliados al III Reich-, un humillante 11-0 contra un equipo formado por militares del regimiento rumano. El ciclo de victorias se cerraba con el primer gran duelo ante un conjunto alemán, el denominado PGS, con 6-0 para el Start.
    A pesar del contundente resultado ambas escuadras quedaron inmortalizadas en una imagen que transmite camaradería y buena sintonía, aunque desde las altas instancias de los poderes políticos nazis la estampa de un equipo ucraniano vestido de rojo y goleando no eran la mejor propaganda.

    El supuesto último partido de la temporada fue ante una escuadra húngara casi profesional bajo la denominación de MSG Wal, el 5-1 final demostraba que el Start era una apisonadora. Los magiares pidieron la revancha debido a que gran parte del choque dispusieron de un hombre menos -no existían las sustituciones-, la revancha se saldó con 3-2 para los ucranianos y el cartel de invictos.

    El 'partido de la muerte'
    La fama del Start motivó que el Flakelf desplegara sus alas. El once formado por parte de la hasta entonces invencible aviación alemana, la Luftwaffe, y parte del cuerpo de artilleros fue bombardeado por los kievitas con un incesante tanteo de 5-1.
    Los nazis no podían permitir tal ofensa ni que la moral de los ucranianos creciera merced a los resultados de un equipo local. Por ello, tres días después, el Start era llamado para enfrentarse de nuevo ante un dolido Flakelf, que sumaba incorporaciones al plantel. El estadio Zenit de Kiev fue el escenario elegido para un duelo con mayor tinte político en el que se pidió al once soviético realizar el saludo al Fuhrer -un gesto que había realizado la selección inglesa cuando jugó en Berlín-.

    Bajo una atmósfera cargada de presiones extradeportivas con ambiente militarizado de las gradas, a pesar de las consecuencias que siguieron ante la exhibición del conjunto vestido de rojo; el Start quiso darse el placer de vencer. Aunque el precio fuera demasiado caro. No hubo saludo inicial y tampoco piedad del Start, 3-1 al descanso y un 5-3 definitivo de un partido que no tuvo silbatazo final. 

    Las consecuencias del triunfo del Start
    Hay distintas versiones acerca del desenlace de la historia. En los países comunistas fue corriendo la voz de un dramático final con todo el equipo ejecutado en el propio terreno de juego o una versión más 'benévola' en la que habrían terminado todos en campos de exterminio. Ensalzando el carácter patriota de aquellos héroes con botas.

    Siguiendo la teoría del escritor Andy Dougan, la plantilla del Start incluso disputó un partido al día siguiente con otro festín ante el Rukh -equipo vinculado al régimen- (8-0), un resultado que habría motivado que los altos mandos nazis consideraran definitivamente al equipo ucraniano como un molesto lunar al que extirpar.

    Tras un posterior proceso de interrogatorios, dirigidos por la Gestapo, uno de los miembros del equipo -que formaba parte de los servicios secretos soviéticos- murió a causa de las palizas. El resto de la plantilla fueron trasladados al campo de concentración de Syrets (Kiev) donde la crueldad del autoritario y sanguinario comandante Paul Otto Radomski acabaron con la vida, entre otros, de 3 ex futbolistas del Start. Los cuerpos sin vida se enterraron en la fosa común en el barranco de Babi Yar.
    Babi Yar, Kiev, Kyiv
    Monumento en memoria de los fallecidos en Babi Yar (Kiev)
    Con el paso de las décadas aquellos futbolistas fueron considerados como la personificación del patriotismo de Ucrania. Los homenajes se sucedían para ser recordados para la posteridad con un monumento levantado en la entrada del campo del Dynamo de Kiev, rebautizado como Valeri Lobanovsky -eterno entrenador del club-, también se renombró al estadio Zenit, donde el Start disputó sus encuentros, como Start Stadium.
    Monumento en memoria del Start en el Valeri Lobanovsky
    El 'Partido de la muerte' y el cine
    La historia del Start se llevó al cine en dos ocasiones por parte de países del eje comunista. Los húngaros rodaron 'Two Half Times In Hell' y más tarde eran los soviéticos los que aportaban su grano de arena con 'The Third Half', ambas desde una perspectiva más exagerada, mitificando al equipo ucraniano.

    El director norteamericano John Huston contaba en su elenco de colaboradores con personas de Europa del Este. De ahí que el Start inspirara su nueva obra. El productor era húngaro, el argumento recayó sobre un yugoslavo y el guión sobre un ruso, resultando más que probable que todos ellos conocieran la historia del cuadro kievita e incluso las películas que se realizaron.

    Pelé y unas cuantas estrellas
    El contrato de Pelé con la Warner de Steve Ross, además de haber supuesto uno de los fichajes deslumbrantes del Cosmos de NY, permitía contar con el astro brasileño para distintos proyectos. El '10' se sumaba al reparto junto a los actores Sylvester Stallone, Max von Sydow, y Michael Caine, cuyo personaje curiosamente homenajea a Booby Moore -durante el metraje se sabe que es internacional con Inglaterra y ex jugador del West Ham-.

    Jugadores que aparecen en la película:
    • Bobby Moore: Mítico capitán de Inglaterra en el Mundial de 1966 al que le unía una buena relación con Pelé y Michael Caine, otra amistad célebre del legendario jugador 'hammer'.
    • Osvaldo Ardiles: Argentino, su fama creció al enrolarse en las filas del Tottenham y por ser pieza clave en el campeonato del Mundo de 1978 que concluyó con victoria de la albiceleste.
    • Kazimierz Deyna: Internacional por Polonia dentro del equipo que sorprendió en Alemania Federal de 1974. Tras el rodaje, se incorporó a la exótica Liga norteamericana.
    • Paul van Himst: Centrocampista belga que defendió la camiseta del Anderlecht durante la friolera de 16 temporadas.
    • Mike Summerbee: Jugador inglés que se convirtió en icono del Manchester City.
    • Hallvar Thoresen: Delantero noruego que desarrolló gran parte de su carrera en los Países Bajos.
    • Co Prins: Ariete del Ajax y uno de los pioneros europeos en probar suerte en el recién creado torneo de fútbol en EE.UU.
    • Werner Roth: Jugador yugoslavo del NY Cosmos, ex compañero de Pelé, ejerce el papel de capitán del combinado nazi. Internacional con Estados Unidos.
    • Otros jugadores que asoman por la cinta son: Russell Osman, Soren Lindsted o John Wark.  
    El estadio escogido para grabar fue el Nándor Hidegkuti, feudo del MTK Budapest en homenaje a uno de los protagonistas de aquella mítica selección húngara de 1954, con el aspecto vetusto para hacer creer que era el mítico Colombes de París, estadio que fue sede en los JJ.OO de 1924 y del Mundial de fútbol de 1938.

    El equipo inglés que se convirtió en nazi
    Si las escenas deportivas pretendían ser verídicas había que encontrar a jugadores profesionales que hicieran las veces de rival, junto al capitán del Cosmos neoyorquino y futbolistas semiprofesionales húngaros que se sumaron al grupo. Como cuenta Marañón en su libro, el técnico Bobby Robson fue el inesperado responsable del logro.

    Robson fue durante 13 campañas entrenador del Ipswich Town. Su larga lista de amigos y colegas llegaban hasta Hollywood, donde andaban buscando un plantel de jugadores que quisieran pasar unas vacaciones en Budapest, ciudad del rodaje, a razón de cinco semanas en una exótica ciudad, por aquel entonces era complicado y extraño viajar a un país comunista, y con un buen sueldo. Siete jugadores aceptaron la propuesta de su míster.

    La siguiente temporada al rodaje, tras unas vacaciones húngaras entre actores y con grandes dosis de alcohol, el Ipswich Town firmó la mejor campaña de su historia -subcampeón de Liga y vencedor de la Copa de la UEFA-.
    Estatua de Bobby Robson en Portman Road (Ipswich)
    Legado de la película
    El film, a pesar de ser considerado como una obra menor dentro de los trabajos de John Huston, fue posiblemente uno de los rodajes más divertidos realizados por el cineasta. Su relación con los futbolistas fue buena, un clima generalizado -exceptuando al especial carácter de Sylvester Stallone- que sirvió para perpetuar grandes amistades como la citada entre Caine y Moore o entre Summerbee y el propio actor.

    La película tuvo un relativo éxito en Inglaterra, con pase especial en Ipswich, o en España, exhibida en el festival de San Sebastián -justo en la temporada en la que la Real Sociedad se hacía con el campeonato liguero-. Con el paso del tiempo, 'Evasión o Victoria' ha ganado adeptos, en especial entre el público futbolero que recuerdan el golazo de chilena de Pelé aunque algunos olviden el resultado final del partido y que pocos sepan que el todo comenzó en una panadería de Kiev.

    miércoles, 22 de junio de 2011

    Antonin Panenka o la osadía desde el punto de penalti

    Posiblemente no exista en el mundo un lanzamiento más famoso desde los once metros que el que realizó el jugador de Checoslovaquia Antonín Panenka el 20 de junio de 1976 durante la final de la Eurocopa.

    Checoslovaquia era una nación acostumbrada a los éxitos deportivos, como los vividos con los subcampeonatos en los Mundiales de 1934 ante la Italia de Mussolini y en 1962 en Chile frente a una Brasil sin Pelé, lesionado, pero que contaba con Vavá, Garrincha y Amarildo.

    La Eurocopa de 1976
    La Eurocopa había nacido en 1960 como un campeonato europeo de naciones emulando a la Copa América de la CONMEBOL. La U.R.S.S. (1960), España (1964), Italia (1968) y la R.F.A.(1972) ya habían estampado su nombre como vencedores del torneo.

    Firma de Antonin Panenka.
    En la edición de 1976, Checoslovaquia había eliminado a la poderosa U.R.S.S., a doble partido, en el enfrentamiento de cuartos de final, primero con victoria en Bratislava -hoy en día Eslovaquia- por 2-0, con gol de Panenka, para empatar en Kiev -actualmente Ucrania- a dos tantos.

    La fase final del campeonato europeo
    La ronda decisiva del torneo, celebrada en Yugoslavia, suponía otro reto para los checoslovacos. En semifinales esperaba la ‘naranja mecánica’ de Cruyff y Neskeens. El partido terminó empate y en la prórroga el equipo de Panenka anotaba dos goles que le daba el pasaporte para la final, donde esperaba el campeón del mundo, la Alemania Federal de Beckenbauer.

    El desenlace del campeonato, disputado en Belgrado, terminaba con empate a dos, al estilo germano. Es decir, con un gol en el último minuto, que los llevaba al tiempo extra, donde el marcador no se movió. Los penaltis iban a decidir por primera vez al vencedor de un torneo internacional.

    Fue el periodista español Rafael Ballester, el que ideó este sistema pionero para dilucidar el vencedor del trofeo veraniego Ramón de Carranza, en 1962. Sustituyendo al arcaico lanzamiento de moneda. Poco a poco todos los torneos internacionales lo fueron introduciendo en sus reglamentos.

    La tanda de penaltis de Belgrado
    En el cuarto lanzamiento, Hoeness, actual presidente del Bayern Múnich, había errado su penal, mandándolo a las nubes. El último de la tanda de Checoslovaquia correspondía al jugador del Bohemians de Praga: Antonin Panenka, curiosamente también máximo mandatario a día de hoy del club checo. Estaba en juego el primer título para Checoslovaquia y el rival era el legendario portero del Bayern, Maier.
    Antonin Panenka
    Panenka fiel a sí mismo, lanzó como solía hacerlo -llevaba dos años practicándolo-, a pesar de que algunos compañeros sabedores de su peculiar estilo trataran de disuadirle. Y así lo ejecutó, por el centro y suave, con una sutil vaselina que hizo entrar el balón en la red, dando a Checoslovaquia su primer título internacional, convirtiéndose gracias a su osadía en uno de los mitos inmortales del fútbol y creando escuela con una nueva forma de materializar un penalti.


    Según Panenka, ningún guardameta era capaz de permanecer en el centro del arco en la ejecución de los 11 metros. En aquel entonces, todos tendían a lanzarse a uno de los lados en el último momento. A esta conclusión había llegado desde el instante que los entrenamientos del Bohemians concluían con una apuesta en forma de cerveza y chocolate, mientras Panenka intentaba marcar penas máximas y el cancerbero atajarlas.

    Antonin Panenka, actualmente

    Imitadores de Panenka
    Muchos futbolistas se han disfrazado de Panenka con mayor o menor éxito: como Zidane, Totti, Juan Román Riquelme, Neymar, o Sebastián Abreu, convirtiendo el descaro del bigotudo checo aquella noche de junio de 1976 en una nueva genialidad para el fútbol.

    jueves, 26 de mayo de 2011

    El encuentro de 1973 en el que Chile no tuvo rival

    La fase de clasificación del Mundial de Alemania Federal de 1974 estuvo marcada por un controvertido partido entre Chile y la Unión Soviética que ha pasado a la historia del fútbol por su singularidad y resolución.

    Condenados a jugar la repesca
    La U.R.S.S. había terminado como líder del grupo 9 de los preliminares europeos por delante de Francia y la República de Irlanda. Al tener peores números que otros campeones de grupo tenía que jugar la repesca.

    Chile, por su lado, sólo tuvo que enfrentarse a Perú a doble partido, dada la retirada de Venezuela del torneo, en un grupo de dos integrantes que no tenía acceso directo a la Copa del Mundo. Los triunfos de cada uno de los combinaron forzaron a un encuentro de desempate que se resolvió en terreno neutral, Montevideo, con triunfo de ‘la roja’ por 2-1 sobre los peruanos.

    El duelo entre Chile y la U.R.S.S. se convertía en el único enfrentamiento de repesca entre un representante de la UEFA (Europa) y otro de la CONMEBOL (Sudamérica) para decidir el último billete para el Mundial de 1974.


    La eliminatoria de repesca ante la U.R.S.S.
    El 26 de septiembre de 1973, se disputó en Moscú el partido de ida con empate a cero. Un duelo aguerrido con una colosal actuación de la dupla defensiva formada por Alberto Quintano y Elías Figueroa, considerado como el mejor futbolista chileno de todos los tiempos; un elegante zaguero con grandes dotes de mando.

    Para el 21 de noviembre de 1973 estaba prevista la celebración del encuentro de vuelta en el Estadio Nacional de Santiago de Chile. La U.R.S.S. se negó pisar ese terreno de juego. El motivo de la queja soviética era que el estadio Nacional había servido  como centro de interrogatorios, detenciones y torturas a la dictadura de Augusto Pinochet -quien había derrocado el 11 de septiembre de 1973 con un golpe de Estado al presidente socialista Salvador Allende; atrocidades que la FIFA negaba tras su última visita a la capital en los días previos a la eliminatoria.

    Estadio Nacional de Santiago

    La negativa soviética a jugar en Chile
    La selección soviética, aún estando en el continente americano disputando amistosos, rehusó jugar en Santiago, pidiendo que el partido se celebrara en un país neutral como Argentina o Perú. Petición denegada.

    La decisión de la U.R.S.S. recibió el respaldo inmediato de algunos países del Eje comunista, en especial por Alemania Oriental que ya estaba clasificada y amenazaba con no presentarse al evento mundialista. No así Polonia, que desde un principio manifestó su intención de acudir a Alemania Occidental.

    Con las relaciones diplomáticas rotas entre ambos países y las noticias contradictorias que cruzaban el charco, Chile exigió una indemnización de 300.000 $ si no se presentaban, por no poder poner a la venta entradas y por los gastos de la preparación del choque.

    La tarde más triste del fútbol
    La U.R.S.S. cumplió su amenaza y no compareció, por lo que Chile saltó al estadio sin rival y con unas gradas semivacías, en un extraño sucedáneo de partido donde pusieron el balón en juego y el centrocampista Francisco Valdés, icono de Colo-Colo y de la selección, anotó simbólicamente en un marco vacío. Curiosamente, un club al que siempre se vinculó cerca del general Pinochet.

    El partido fue dado como victoria de la ‘Roja’ por 2-0, al no presentarse el rival, en un encuentro que los rotativos chilenos calificaron como “la tarde más triste del fútbol”.


    Carlos Caszely, el incómodo socialista
    Chile disputó aquel Mundial de 1974 con un estado anímico decaído por la situación político-social del país. Los futbolistas, lejos de permanecer al margen, tomaron partido en aquella época. Uno de los más activos fue Carlos Caszely, socialista confeso y futbolista por aquel entonces del Levante, quien se negó a dar la mano a Pinochet antes de la marcha de la 'Roja' a la Alemania Federal.

    El extraordinario delantero Caszely entraba en la historia de los Mundiales al ser el primer jugador en ser expulsado por tarjeta roja en una Copa del Mundo. Hasta entonces, los árbitros podían sancionar y pedir que abandonaran el terreno de juego, pero sin mostrar cartulinas. El colegiado de aquel Chile - R.F.A. era curiosamente Dogan Babacan, indiscutible protagonista del Celtic - Atlético de Madrid de semifinales de Copa de Europa de 1974.

    La desastrosa participación de la 'roja'
    Chile cayó en la primera fase con un pobre papel. La ‘roja’ cosechó una derrota ante Alemania Federal y sendos empates ante Alemania Democrática y frente a Australia. Contra los oceánicos en un partido anodino e insulso, celebrado en Berlín, terminó con empate sin goles y una reivindicación dirigida por un grupo de espectadores chilenos que saltaron al césped con una bandera gigantesca para concienciar a la FIFA de la situación que vivía el país andino desde la llegada de Pinochet.

    Chile 1974

    El fútbol servía de megáfono para que los chilenos expatriados pudieran expresar su disconformidad con el golpe de estado sufrido, aunque el resto del mundo pareciera hacer oídos sordos a esa hermosa esquina del continente americano.

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